Yo sí te creo (y mi mamá también)

10.11.2023
"Yo sí te creo"  grabado de Susana Salas, artista plástica y escritora cordobesa residente en Alta Gracia
"Yo sí te creo" grabado de Susana Salas, artista plástica y escritora cordobesa residente en Alta Gracia


Su sobrenombre era Pichu porque pichuleaba todos los precios en los negocios del barrio. Como tenía un máster en "Machismo Aplicado a la Vida Barrial" le decíamos Machu Pichu, con perdón del valle sagrado de los incas. Nadie lo quería. Salvo María que se dejó envolver por los mandatos y se casó a los 16 años con un error. Y no logramos desenvolverla.

-Mary ¿qué tenés en la cara?

-Y en el cuello...

- A que te estuviste trepando al árbol de quinotos de doña Medina y te caíste jajaja...

-Jaja... eso te pasa por no avisarnos, miráte los braz....

Si tenés 16 años y como amigas a dos almas hermanas en situación de calle, solo te hace falta un pestañeo para que escuchen tus quebraduras.

Supimos entonces de golpes, puteadas y gritos, y de los comentarios de tías del antropoide: "Ay, María, María, tenés que aprender a cocinar alguna vez"…"pobre, Pichu... llega cansado del trabajo... no exagerés."

- Así, todo... no me creen...

La Negra fue una vez más el grito que activó la bomba neutrónica de nuestra adolescencia.

-¡Yo sí te creo...!

Fue como la separación del átomo en el mismísimo gallinero de casa. Lo dijo épica y tribal. En la década del setenta. A grito pelado. Con los ojos color furia, las motas del pelo de pronto lacias por la ira y un abrazo tan fuerte que se le pusieron blancas la punta de sus dedos morenos sobre la espalda amoratada de María.Y lo dijo una y otra y otra y otra vez. Y me uní al mantra. "Yo también te creo", y una cinta adhesiva invisible nos pegó a las tres y no hubo un dedo que no nos quedara con las puntas blancas.

Mamá tenía un radar para aparecer en situaciones fuera del ejido municipal de su territorio minado.

-Ay, pero qué les pasa...

-Nada, má...

-Cómo que nada....¡Aay, pero, por dios, Maria, queeeeé te pasooooó!

-Me caí del árbol de quinotos de doña Medina…

Un costado de mamá era muy perspicaz y adorable. Habrá sido una loca con sus hijas pero con las amigas de sus hijas era la pachamama. Entendió al toque que el noble árbol de doña Medina era incapaz de estrangular y que no había uno solo de sus quinotos con antecedentes de violencia doméstica.

-Mirá, María, desde que eras chiquitita y perdiste a tu mamá te convertiste en mi

cuarta hija. Lo que sea que te haya hecho el pelotudo con el que te casaste contra nuestra voluntad, podés decírmelo...

Cuando quedó en claro para todas que el árbol de doña Medina era inocente, cada una propuso lo que entendía que había que hacer.

Yo sugerí liquidar a Machu Pichu llevándolo por delante con mi Vespa toda chocada, oxidada y sin frenos. Y la Negra se ofreció a cortarle las bolas pero dejarlo con vida. Inesperadamente, fue mamá el dardo tranquilizante. Y una diosa sin clonazepam salió a la caza del homínido.

-Yo te voy a decir, Pichu, una sola cosa. Si veo a María con una vendita en el dedo meñique, voy a contarle lo que estás haciendo a todas las mujeres del barrio que no te quieren -yo incluída- y que aman a María y te vamos a dejar peor de lo que vi recién en el cuerpo de esa criatura.

-Pero, le juro… le juro que yo sería incapaz de....

-Hacéte un favor y calláte... todavía no terminé con vos… ni siquiera empecé. Si la tocás a ella estás tocando a una de mis hijas.... aaah... y te recuerdo que trabajás en la tienda de don Isaías gracias a mi marido... que si le llego a contar esto va a venir con todos sus amigos del equipo de bochas a tirártelas por la cabeza.

María pudo separarse al año y Machu Pichu desapareció del barrio y el nombre recuperó su dignidad inca ancestral. Nos enteramos un tiempo después que había muerto en un accidente automovilístico en Cruz del Eje. Mi Vespa no tuvo nada que ver porque no podía avanzar más de una cuadra sin desarmarse. La Negra tampoco porque el inservible murió con las bolas puestas. No lo lloraron ni los sauces del Canal Maestro.

Desde este mirador del tiempo, si pudiera detectar hoy a la Negra le diría todo lo que cambió para cada una de nosotras esa frase, en aquella siesta en el gallinero en la que rompiendo el silencio soldamos nuestras quebraduras.

Esa frase que hoy, más mantra que nunca, sigue con vida: "Yo sí te creo".



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Comentarios:

- Laura: Martita sos tan genial que volves arte la tragedia, hermoso lo horrible y nos animamos ( no a escribir porque ya estás vos) sino a creer. Y Susana con sus magia de colores !!! Son tan lindas las dos que quiero verlas y leerlas más !

- Lulú: ¡Excelente! 👏🏻👏🏻👏🏻

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