A mí siempre me gusta la observancia
Omar Hefling
La muerte del Indio Solari y las expresiones de amor de sus seguidores le hizo decir a alguien que el Indio era la voz de la gente rota, de los desangelados. Las escenas me llevaron a recuperar un texto escrito sobre uno y muchos que han cruzado el límite de la cordura. Tomé ciertas palabras, cierto modo lateral de elaborar una idea de una persona para hablar de un trauma insuperable casi, el abandono y luego la locura. Recuerdo sí con claridad que de quien hablo me mostraba siempre un CD como si fuera una bandera, que tenía de carátula un papel blanco escrito con una fibra azul: Los Redondos. Nunca supe si se trataba de un disco en especial, si era uno de esos compilados que te regalaban los amigos, o si era verdaderamente un disco de Los Redondos.

A mí siempre me gustó la observancia, la calculación, el pensamiento. Mirar las cosas y pensarlas y contarlas. Desde muy pequeño tengo ese hábito. Era muy chiquito. Así están las cosas:
La lluvia cae derechita, a veces no.
No siempre.
El viento pasa, pasa. Va y viene. Trae y lleva.
Gritos, ruidos lejanos. Sirenas. A veces el viento se llena de sirenas. Algo feo sucede en el mundo. El sol ilumina. El sol ilumina al mundo, a las almas, a los animales, a los árboles. El sol es generoso, ilumina a los buenos y a los malos, a los desesperados y a los dichosos. La noche, no. La noche te rodea y te quema con sus sombras. Alarga las distancias. De noche, mi alma y yo, se alejan, ella se hunde en mi dolor y yo me pierdo en la soledad infinita.
Tan distintos, el día y la noche.
La luna, se achica, se agranda, se agranda y te mira desde el cielo como un cíclope. A veces, falta a la cita. Una noche sin luna te muere de frío.
Está todo relacionado:
El arte
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Los animales
La lluvia cae derechita
El viento pasa
El sol ilumina
Los animales me despiertan mucho interés. El perro, por ejemplo. Es raro que el mejor amigo del hombre tenga cuatro patas. Además de las cuatro patas, no habla, no razona, no piensa, no escribe poemas. Pero no por eso descalifico a los perros. A mí me crió un perro de la calle. Él me enseñó a sobrevivir con su olfato. Mi perro nunca ladraba, muy pocas veces, siempre en silencio.
El silencio es parte de mi vida. Aquí todo es silencio. El silencio es mi música. Nunca dejo de pensar en el silencio. Me agrada que el silencio no se pueda medir. Ya sé, los músicos me van decir que el silencio se mide con el tiempo. Músico o no músico, la mayoría de la gente cae en esa trampa. El tiempo del silencio no tiene nada que ver con el silencio. Son dos caminos distintos, uno te lleva a la música y el otro al pensamiento. Los caminos sí se pueden medir. No todos. Ahora, que los caminos se puedan medir no garantiza nada. El hombre es un camino que desconoce. Lo que a mí me interesa del camino del hombre es la incertidumbre. La calculación a mí me ayudó a comprender que mi destino recorre un camino de desdicha. Siempre me quise apartar de ese camino, pero siempre algo, una fuerza superior a mí, me empuja sobre los mismos pasos.
Está todo relacionado:
El arte
La economía
Los animales
El ave Fénix resurge.
Sólo lo que no existe resurge. Hasta ahora nadie se dio cuenta que cuando el Ave Fénix resurge, resurge con otro plumaje.
Hay que aceptar que todo es relativo.
Hay cosas que nadie inventa y existen. Llueve y aparecen los charcos. ¿Para qué sirven los charcos? Es agua que descansa. Es agua que no quiere irse al río y prefiere perecer en la espera inútil de embarrar un zapato. Pero a veces, los charcos que se hacen solos te limpian la sangre de la cara. A veces los charcos son el único afecto para un desesperado en una ciudad.
Está todo relacionado.
Existen cosas que nadie inventa e inventos maravillosos que son anónimos. Inventos que valen la pena como la pelota, sin ir más lejos. Parece una pelotudez: una cosa esférica que pica, que rebota, que corre. ¿Cómo era un niño antes de la pelota?
Si en un tiempo lejano, el que inventó la pelota te la muestra, la hace picar, la hacer jugar en sus pies, te dice: acordate, esta cosa va a hacer felices a millones de hombres sobre la tierra.
A mí la única felicidad que tuve me la dio una pelota.
Tanto es así, que ahora escucho los partidos por radio, y por radio la pelota no se ve, pero no importa, me la imagino. Es un estado de felicidad. La felicidad de Newton.
La manzana
Newton.
Ahí cambió todo y muchos no se dieron cuenta. La dicotomía, el prisma que dispersa la luz.
Violeta
Añil
Azul
Verde
Amarillo
Anaranjado
Rojo
A priori la luz no dice nada. La luz es fundamental. Tener luz es fundamental. Yo siento a la luz y es la luz que me ayuda en la observancia. Para mí los colores son muy importantes. Me entusiasman, me hacen sentir y hasta me ponen triste y me hacen llorar hasta convertirme en una lágrima. Una vez así me vi en un espejo. Es muy feo ver a una lágrima llorando.
Los otros días leí en una revista científica que los pistilos no lloran, y a mí me pareció raro eso que no lloren cuando el pistilo es el órgano femenino de la flor. ¿Sabían que el pistilo tiene ovario? Los otros días agarré una flor, que ahora no me acuerdo como se llamaba. La acaricié, busqué hasta que encontré el pistilo, y lo miré con cuidado, con mucho amor para no herir a esa flor que iba a engendrar a otra flor que mientras floreciera iría reconociendo a su flor madre y así infinitamente.
Mamá
Mamá
Mamá
Dicen que para mí es fácil gritar por las noches mil veces mamá, porque nuca tuve mamá. No es que yo no tuve mamá, nunca la conocí.
Todo está relacionado:
El arte
La economía
Los animales
La lluvia cae derechita
El viento pasa
El sol ilumina
La manzana
Newton
Las cosas que caen me interesan. Todo tiene un lugar en el universo y una música. Desde la ventana de mi cuarto, solo puedo ver un árbol. Espero con ansiedad el otoño, las hojas comienzan a caer. Una a una. Desde que la hoja seca se desprende hasta tocar la tierra, tiemblo de emoción. Ese tiempo, ese instante es irrepetible. El golpe de la hoja sobre la tierra hace temblar al mundo. Tiembla todo, para no caerme de la silla me ato con una soga. De ese modo estoy tranquilo y puedo escuchar la música. Algunas caen en valses, otras en la melancolía de tangos viejos, otras en solos de pianos.
Está todo relacionado.
El árbol
El otoño
Las hojas
La música
A mí el amor nunca me quiso. Al amor lo leí, lo vi en películas. Lo vi en los ojos de Margarita. Margarita era como un sol. Y a mí el sol de Margarita me salía hasta de noche y esa claridad no me dejaba dormir. El amor de Margarita no me quiso. Tuve mala suerte. Una vez buscando en la basura encontré unas fotos del amor y todavía las tengo conmigo.
Cada cosa tiene su misterio.
Las puertas, por ejemplo. Todo el mundo quiere abrir puertas. Eso para mí es un recuerdo. Aquí todas las puertas están cerradas. Sólo con la observancia, la calculación, el pensamiento puedo salir de aquí.
Está todo relacionado. La soledad no siempre es mala. A veces te cambia la idea que tenías del mundo. Antes, a los animales chiquitos los pisaba, los mataba. Ahora son mis amigos. Tengo una cucaracha que recorre mi cuerpo por las noches. Todas las noches hace lo mismo. Mientras me recorre yo le hablo de mis pensamientos. Tengo un gorrión que se posa en el árbol y me mira: Nunca me falla, todas las siestas regresa y se queda un buen rato. En este lugar percibo un aire conspirativo. Sospecho que quieren que me olvide de mí, para que otro ocupe mi lugar. Un enfermero me dijo que afuera la gente ya se ha acostumbrado a olvidar. Y así comienza todo. Nadie recuerda que la lluvia cae derechita, que el viento va y viene, que el sol ilumina. Y así uno termina olvidándose de uno y hasta del olvido de uno.
El río sí puede olvidarse porque el río vive yéndose, porque nunca es el mismo río. La memoria del río es el cauce, el cauce es la memoria del río. El nombre del río es el cauce, el río no puede nombrarse porque nunca se detiene, el río no tiene memoria. Se olvida a sí mismo. El cauce sueña porque recuerda. Si yo no recordara estaría muerto. Porque mi vida aquí son los recuerdos. Nadie me dice aquí porque no me dejan vivir para celebrar nuevos recuerdos. Me han convertido en un río de dolor, en la memoria que se olvida. Soy el olvido de todos, hasta de mi sangre. Mi olvido es ajeno. Estoy lleno de olvidos de otros, que yo quisiera matar.
Lo peor de todo es que no puedo hacer nada. Los pájaros se acuerdan que son pájaros, cantando. Yo podría recordar que soy un hombre, hablando con otros. Hace tanto tiempo que no hablo con nadie. Extraño el fuego. El fuego que encendía debajo del puente para abrigarme del frío. El crepitar de las maderas, ese murmullo de vida, el abrazo del calor.
Está todo relacionado.
La lluvia cae derechita
El viento va y viene y va
El sol ilumina
La manzana
Newton
El arte
La economía
El árbol
Las hojas
La música
La flor
El pistilo
Mamá
Mamá
Mamá…
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