Número 12

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Editorial Junio 2024

El bello barrio

Editorial para una Noche de las Lecturas, en el "Palacio Evita" con unas citas del Redolés.

Hoy es hoy. No es no. El ser es y el no ser no es. Expresiones que no niegan nunca (triple negación) nila multiplicidad, ni la binariedad, ni mucho menos la diversidad.

A es = a A. Son muy pocas palabras, las cosas dicen lo que quieren decir, no es país para idiotas, aunque un conjunto de ellos pueda vivir en el país, porque -como decía el Redolés- "Aquí nadie discrimina a los negros porque todos somos negros, aquí nadie discrimina a los obreros porque todos somos obreros, aquí nadie discrimina a las mujeres porqué todas somos mujeres, aquí nadie discrimina a los chicanos porque todos somos chicanos" etc., en su libro "Barrio, bello barrio".

En suma, hoy es hoy en Tierra Media. Siempre en el mismo link: www.tierramedia.com.ar, pero cada treinta días o -como en este caso- algunos menos, pulsas la tecla o el mouse en él y ya es otra misma distinta Tierra Media. Nuestro Barrio, bello barrio, allí donde "va un hombre mitad pez y mitad hombre y todos lo quieren y le preguntan: ¿cuál es tu nombre, amigo? Y él ríe con sus ojos anaranjados de pez." Y un poco más, ¿por qué no? "Acá el presente no ha acontecido, es más aún, las balas que desgarrarán los tiernos pezones de los desaparecidos aún son plomo en lejanas minas de un continente no descubierto. Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse...".

Ni uno es de uno. Así se llama la columna que llenaba cada mes Manolo Lafuente que se nos fue, pero aún nos guía. La columna del templo. Ni él fue de él, ni nosotros de nosotros. Nadie es de nadie, y Dios contra todos, bardeaban los años setenta: la película de Herzog sobre Kaspar Hauser, también título de su autobiografía: Cada uno para sí y Dios contra todos. Chau Manolo querido, te mudaste al otro barrio, esperamos que, además de paz, haya señal allí y puedas captar este abrazo nunca tardío. Guardános un lugar.

Ah, Tierra Media, bello barrio de utopías no estúpidas, donde la revolución es seguir haciendo lo que sabíamos hacer, por generaciones. Seguir celebrando la originalidad, el ingenio, la improvisación, el método, la amistad, la diversidad, el propósito, el ritmo, el vuelo, la verdad de todas las experiencias no detectadas por el algoritmo.
Porque aquí todos somos algoritmos.

Y somos, por lo tanto, todos también suficientemente estúpidos -por desesperadamente humanos-, porque aquí no discriminamos a nadie. A lo sumo denunciamos, señalamos, advertimos: Ojo, podemos ser tan idiotas como ustedes, pero discúlpennos, resulta que la tierra media, llevada junto a todes por otro aerolito aún más grande y condensado, sigue su curso a gran velocidad y no tenemos tiempo para estupideces, con el perdón de dicha palabra.

Aqui hay mucho que seguir haciendo, mientras las actas toman nota de una degradación que rasguña la carcasa, lo que acontece por fuera de esto que podemos decir a viva voz, precisamente porque no lo oyen sus oídos, que no quieren oír.

Algo tan simple como empatía, como vínculos, como elemental humanidad, como alegría, esta última no tan producto del licor como de la certidumbre de ser parte de una labor extraordinaria. Aun cuando llevada a cabo con la rutina cotidiana que a muchos y a muchas nos pesan, y que al distraído confunde.

Sus propósitos, Marcar:

-Alto nivel de artesanía de nuestras mejores consignas;

-Un grado sincero de conciencia del momento que atravesamos; y

-Capacidad de atravesar a su vez la maraña insensata del momento.

Reconozcamos aquí la coautoría del imaginario, esa zona fantasma donde se zurcen las verdades de la mente y las de la realidad, a la que hay que seguir -qué otra cosa queda- imaginando los rumbos de su paso.

Poema de Noche de Lecturas... editorial... mensaje en una botella... mirada última y urgente, o primera y esperanzada. Importa tanto la pasión, como lo que se deja en este camino. La enseñanza de un tiempo, ese guiño de "estamos despiertos, estamos viendo lo que ocurre"; nos vemos a nosotros y tratamos de definirnos, cada uno y una de todes, en el momento de mirar cara a cara a la época y decirle, pitando un cigarro: hablá rápido, decí todo lo que tengás para decir, y ahora dejános volver al bello barrio
allí donde nuestra tierra madre, tierra media,
tan frágil y sensible como un animal desconocido, no escuche los ecos de lo necio, de lo que distrae, de lo que se jacta de ser engaño. Y pueda ella seguir obstinada en su visionaria locura, preservando el sentido, el fruto de la tierra y del sudor de todes. Preguntaba Milton Nascimento, con letra de Toninho Horta: Dónde estará la reina que la lucidez escondió?

No es que no existan los huevos de serpientes y hay refucilos en el cielo.
Los símbolos solo transmiten algo a quienes les dan crédito. Pero no todos son signos, ni se trata de esconder la cabeza, o sí, pero no como el avestruz, esa frase tan común como inexacta; sino como quien preserva todo lo posible la vida del conductor intachable.

El pueblo mismo del barrio, bello barrio.
La media, media tierra, tierra media.
El doce. El número doce. Bond. James Bond.
Tic Toc Tic Toc...



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