Abran mar al navío de Rodeiro
Omar Hefling

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Ustedes posiblemente conozcan al Luis, o al Luis Rodeiro, a través de esa contracción casi familiar, esa hermandad entre una proposición y un artículo que da cuenta de alguna cercanía afectiva, pero estoy seguro que hasta ahora no conocían al marinero Luis, o al marinero Luis Rodeiro, al capitán del navío Sardina, el que tiene un amigo el Peri, el timonel de sus aventuras por los mares de palabras, pensamientos, sensibilidades que el marinero Rodeiro se propuso indagar abrazado al palo mayor de la embarcación para enfrentar las tormentas que lo arrastraron en el pasado y desdichas en el presente.
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Existe en esta ciudad un temor de altísima frecuencia hacia los referentes pensantes, prospera en cambio el halago a la insustancia, al que ejerce el palabrerío banal, el que se entrega al uso del poder político. Y en consecuencia, el reconocimiento llega tarde o fatalmente no llega nunca. Se elogia la virtud del hechicero de los porcentajes para preparar un brebaje que tiene la virtud de arrojarte a los brazos de la estupidez, jamás hacia aquellos que como hormigas se proponen alimentar la ilusión de ver entre nosotros ciudadanos emancipados.
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Pero vayamos al carozo del asunto, ya navega orondo por los estantes de las librerías Periscopio, un libro con una tapa que pronto será estampita que te entregarán junto a un escapulario de la virgen cerca de la Compañía de Jesús, los fantasmas que todavía habitan el reclamo por la vuelta del Rincón Mendocina en la calle Obispo Trejo. Periscopio, Luis Rodeiro- Escribón, recopilador y siempre navegante. se presenta como un extraordinario artefacto, un dispositivo para viajar de un mar a otro, hacia la historia y el presente, así como el oleaje que te lleva y te trae, Rodeiro te da un paseo por la historia reciente, por la historia escrita por los que hicieron un país a su medida, por el retumbar reivindicatorio de los cascos de los caballos cuyas riendas empuñaba el General, por los que nunca tuvieron nada de la sonrisa igualita a la de Gardel, detalle que para Jorge Luis Borges fue suficiente para no quererlos.
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El libro te agarra de la solapa y no te suelta, libro bien pensado, el Luis envía al Peri a que su propio amigo, u otro yo le cuente las costillas. El marinero Luis por sus convicciones las padeció todas, conoció por dentro, y no por decisión propia, cárceles y comisarías del país y no por haberse quedado con lo ajeno sino por pensar y desear un país más igualitario. Así el escribón Rodeiro pasó por la cárcel de Mercedes en la provincia de Buenos Aires, varios calabozos de la Policía Federal en la Capital Federal, la cárcel de Resistencia en Chaco, Trelew y en la Cárcel de Encausados de Córdoba desde 1970 y 1973.
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Y entre toda esa adversidad, obviamente no tuvo la suerte de Giuseppe Verdi para no ser perturbado en su inspiración -mandó que envolvieran con trapos los cascos de los caballos de sus cabalgaduras y carruajes-, el marinero Rodeiro se las ingenió para escribir junto a sus compañeros en la cárcel de Resistencia (y no es un chiste) un documento de crítica en donde calificaron el desviacionismo militarista de la organización Montoneros.
Exilio en México, redacciones, radios fueron los mares que navegó el marinero Rodeiro siempre dejando tras de sí análisis políticos agudos, con ese modo de hablar pausado, siempre reflexivo y el acompañamiento claro y tranquilizador para con los compañeros en problemas.
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Pero volvamos al principio si es que hay un principio en los mares a los que recurre Luis Rodeiro. El tipo se vale de su propia carta de navegación: siete mandamientos a saber, el Oficio, el Rumbo, la Identidad, la Embarcación que crea a través de las enseñanzas de don Leopoldo Marechal, el Viento y los Enemigos.
Pero para tentarlos, para que salgan corriendo hacia las librerías les adelanto un fragmento, el comienzo en verdad de este gran texto que componen 367 páginas editado por la editorial Caterva (nombre que nos remite al mar Juan Filloy).
El libro abre fuerte, Rodeiro te pone al tanto de lo que te propondrá en tu propia navegación. Tira el primer golpe al hígado, te dobla las piernas y caes de rodillas:
Periscopio / 1
Decretaron la inutilidad de la poesía.
En el mar Andrés Rivera, pude verlo claro a él, junto a su amigo Baudelaire, cuando apuraban un vino y escuchaban atentos y con los ojos cerrados, a Madame Cabarrús, a quien no conozco, y no sé por qué después hablaron de cómo fue que la burguesía se apoderó del control económico, político, moral y social de Francia, de Inglaterra, y de los Estados Unidos. Y decretó, así como así, la inutilidad de la poesía. Y los poetas no tenemos alternativas, se dijeron.
Podemos aspirar, aquí, a un limbo pequeño e higiénico: ser los escribas de un banquero, por ejemplo. O se nos sospechará siempre, por lo que hacemos y decimos, de enemigos del orden y la propiedad, como a los obreros peronistas, socialistas, combativos, lo cual es excesivo desde donde sea que se nos mire.
En verdad la burguesía siempre es excesiva. Siempre. Que ejerzan sus planes con disimulo o que los ejecuten con tanques y fusiles o acudan a motosierras y licuadoras. Siempre, la cultura es delictiva porque abre los ojos y esclarece las ideas.
Que viva la poesía, siempre, aunque "vengan degollando". Esa poesía que clama, que denuncia, y nunca calla.

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Este libro elaborado en una sucesión de textos, la mayoría breves, nos contribuye hoy a través de la mirada lúcida de Luis Rodeiro a revisar la historia reciente desde los años 60 a nuestros días aunque no sólo eso, que no es poco, sino también otros hechos de la historia desde el siglo 19.
Hace algunos años, cuando buscaba información sobre el delito económico me encontré con una investigación que daba cuenta de quienes habían sido los ganadores en el campo intelectual, y esta investigadora (de la que lamentablemente no recuerdo el nombre también por mi impericia en manejar mis archivos, algo que, por lo que vemos, no le ocurre a Rodeiro) esos ganadores habían sido los economistas al crear un meta lenguaje en torno a la economía.
Cada época de infamia tiene o crea su lenguaje hegemónico. En un capítulo Luis Rodeiro se toma el trabajo de detectar algunos de esos recursos que el neoliberalismo tan bien utiliza para el engaño, aquí una pequeña muestra del autor:
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Periscopio / 25
El nuevo diccionario del truchaje (algunas palabras de ejemplo)
Ajuste: la palabra se utilizaba para hacer referencia a un problema menor, como mejorar, por ejemplo, la imagen de la tele, mejorar el sonido de un equipo de música, retocar una hornalla de la cocina, etcétera. Ahora es una medida fundamentalmente económica, que le caga la vida a un trabajador, que justifica cesantías, que lleva los precios por las nubes.
Dialoguismo: se llama así a la repetida y persistente actitud de gobiernos débiles, de origen popular, de convocar a "dialogar", vanamente, a corporaciones patronales, que llegan a un supuesto acuerdo que nunca, pero nunca cumplen.
Unidad Nacional: dos palabras que unidas y repetidas hasta el cansancio expresan –una suerte de obsesión etérea– de convergencia de proyectos antagónicos.
Eso es lo que ve mi periscopio y me parece que tiene razón.
En abril 2025, lee un texto que Ezequiel Adamovsky escribe y que Rodeiro reconoce como superador de su intento:
"Cuando hay gobiernos de derecha no se devalúa: se flota. No se declara default: se reperfila. No sube la inflación: disminuye la velocidad en que baja. No aumentan los precios: se corrigen. No suben las tarifas: se sinceran. Y se toman préstamos que -curiosamente- para el diccionario trucho, no te endeudan."
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Página tras página el marinero Rodeiro te humedece las mejillas con el agua salada de tus lágrimas, lágrimas que saben a sus amigos, Horacio González, Kundera, el Milan (que no es un club del fútbol italiano), de Manuel Rivas y sus clases para manejar un lápiz de carpintero, al fantasma impiadoso de Walter Lippmann que aparecía siempre ante cada round ganado con una exclusiva en la redacción les recordaba: "No olviden muchachos, que sus exclusivas de hoy servirán para envolver el medio kilo de bifes mañana", a las citas para pulir el oficio de periodista, así aparecen el escocés Carlyle, el argelino y siempre extranjero Camus, el colombiano ese famoso por la extensión de la soledad, García Márquez, hasta el ahora innombrable Lenin que creía que el organizador colectivo del Partido, que el sujeto de radical transformación fuera un diario. Y otros tantos amigos del marinero Rodeiro de aquí y de los tiempos.
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Periscopio es un caleidoscopio, ese juguete óptico que creara el Deivi Brewster un Sir del siglo diecinueve para hacer felices a los purretes. Al girar ese tubo con espejos angulados, las páginas de Periscopio, crean simetrías cambiantes y fascinantes de fragmentos, lo que en el tubo se ve: vidrios y otros objetos de colores, también sucede en la lectura, das vuelta una página y ahí Rodeiro te hace ver como él lo vio a Julio Cortázar en el pleno despelote de su juventud, un desordenador de la realidad, antes de llegar al cielo de Rayuela, poner al mundo culo para arriba.
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El periscopio del marinero Rodeiro te hace sentir la felicidad que te embargaba cuando de niño rompías la piñata del cumpleaños y veías entre la nube de harina caer hacia vos, hacia tu mano brillante, un caramelo. Un largo abrazo que el escritor dedica a sus compañeros de ruta y militancia, desarmando las jaulas antidemocráticas siempre abiertas para el pájaro corrupto que va por alpiste ajeno. Y cada tanto las imágenes que jalonan el libro, miradas de la gente, miradas de pueblo y grito con la leyenda que se repite: ¡Ojo con esos ojos! ¡Más cuidado!
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