Acerca del caos
Silvia Barei

Las teorías del caos desarrolladas en los años 50/60 por Edward Norton Lorenz disgustaron sobremanera a Albert Einstein, quien en una carta a Max Born había escrito su famosa frase: "Dios no juega a los dados", descartando la noción de azar referida al orden del Universo. Paradójicamente, su teoría se desarrollaba en medio del caos conceptual que atravesaba la física de su época y en medio del caos de las dos guerras mundiales y el ascenso del nazismo. Una época en la que parecía- al menos para la gente de a pie- que no quedaba lugar a donde esconderse o a dónde huir.
Para referirse a la que luego se llamaría "teoría pos cuántica", Einstein señalaba : "Ha surgido una nueva moda en la física". Se quejaba de lo que era en realidad, una torsión teórica que introducía el azar como elemento importante para considerar la transformación de los sistemas.
La teoría del caos era más que una teoría, un paradigma que supuso en su momento una revolución científica, al considerar que muchos sistemas hasta el entonces pensados como deterministas y previsibles tenían severos límites en dicha previsibilidad. Es decir, que no eran tan ordenados como se creía a la hora de pensar eventos futuros. Muy importante giro ya que uno de los fundamentos de la ciencia consistía, al menos hasta la primera mitad del siglo XX en confiar en su capacidad de eliminar incertidumbre sobre lo que podría pasar.
Iniciada por el francés Henri Poincaré y popularizada gracias al trabajo del estadounidense Edward Lorenz, la teoría del caos es ampliamente conocida por lo que se denomina "el efecto mariposa" , según el cual la existencia de una variable concreta puede provocar o alterar otras, influyéndose progresivamente hasta obtener un resultado fuera de los esperado.
En síntesis, la teoría del caos establece que pequeños cambios en las condiciones iniciales pueden crear grandes diferencias respecto al resultado final, con lo que una gran mayoría de los sucesos y sistemas no resultan totalmente predecibles.
Estas teorías ya largamente estudiadas se han aplicado al clima, a la psicología, la ecología, la ingeniería, las crisis pandémicas, la sociología y me sirven a mí, ahora y en este preciso momento político para expresar metafóricamente lo que me parece que (en parte, tal vez) sucede en nuestros días en esta esquina del mundo que llamamos Argentina y que es justamente la esquina de aquí a la vuelta: una manera en gran parte cruel e inhumana se ha hecho del poder en nuestro país, una forma despectiva e indiferente de pensar (o ignorar ) las necesidades más importantes de un pueblo y los fundamentos que creímos más sólidos: la educación, la salud, la legislación sobre los mismos derechos para todos, la justicia social. Casi como decir: la democracia en el patíbulo.
Nuestro problema radica en que parece que hemos dejado de entender lo que sucede a diario, en la percepción de que aquello que era considerado "normal", cotidiano, de todos los días, se ha vuelto inaudito y está regido por el caos. Tal vez esta percepción comenzó en la pandemia donde un virus desafió los límites de toda lógica y volvió a casi todo el planeta un lugar extraño. Tan extraño como los "atractores" que Lorenz teorizó como representaciones visuales del comportamiento en sistemas que se caotizan.
Benjamin Labatut lo expresa mejor que yo:
"Esta pequeña ciudadela, el castillo de razón y orden que hemos construido, está rodeada por todos lados, y sus muros, sin importar cuán alto los elevemos, pueden ser fácilmente derrumbados, no solo por quienes los asaltan desde afuera, sino también por las fuerzas que los embisten desde adentro…¿Cuándo dejamos de entender el mundo?"
Porque lo que percibimos cotidianamente (en las redes, frente al televisor, en charlas de amigos, en ideas fragmentadas) es que diferentes lenguajes y acontecimientos violentos irrumpen en nuestro mundo cotidiano vinculando la irracionalidad del poder de turno con la racionalidad extrema de una tecnología que nos seduce y no nos deja advertir (aunque lo digan a viva voz científicos e intelectuales) su poder de control y su corazón inhumano.
Y aunque suene innecesario, hay que recordar que la literatura ya lo había anticipado : Erewhon (S. Butler), Yo robot (Asimov), El señor de las moscas (W. Golding), 1984 (Orwell), 2001 (Arthur Clarke) y más recientemente, Máquinas como yo de Ian McEwan.
Porque lo que esta narrativa muestra es que en el siglo XX no habíamos vivido en ningún paraíso (tal vez soñamos con él cuando las utopías de los 60 y 70) y ahora sabemos claramente que éste se aleja cada vez más hacia una oscuridad impredecible en la que la idea de apocalipsis nos ronda a diario.
Originariamente este término griego significó descubrimiento, revelación pero se ha resignificado (según la RAE) como algo oscuro, enigmático, terrorífico, espantoso, amenazante.
Dicen también que esta evolución negativa se debe a que el libro 'Apocalipsis' de la Biblia está escrito en un estilo misterioso que anuncia el fin de los tiempos, de manera tal que hizo que lo "apocaliptico" terminara por significar todo lo opuesto en su origen.
Lo opuesto se encabalga sobre los desastres naturales (terremotos, inundaciones, aumento de los océanos, terribles calores, muertes e incendios), la destrucción planificada de grandes porciones de humanidad, el engranaje aceitado de las pandillas, el narco tráfico y el terrorismo, la amenaza nuclear y en estos días, la advertencia de un fenómeno climático como "El Niño" que pareciera ser devastador en breve. Sobre estos datos del mundo se fundamenta el pronóstico agorero y tal vez cierto de muchos científicos: "Disfruta tus últimos 35 años antes de que todo termine" dijo hace unas semanas David Gross, premio Nobel de Física, poniéndole fecha al fin de la humanidad.
Todo ello está atravesado además por la aparición de un tecno medievalismo que pretende una humanidad sin seres humanos (antilogia brutal) o al menos, una sociedad digital controlada por las máquinas y un puñado de tecnócratas ultra ricos y millones de seres empobrecidos y esclavos.
"Algo está mal, sé que algo está muy mal" dice un personaje del cuento "Bienvenida a la comunidad" de Samantha Schweblin, cuya escritura remite siempre a una especie de tragedia inminente sin que pueda atisbarse una esperanza de futuro. Al contrario.
Cuando le digo a un amigo que me parece (a veces me parece, otras estoy convencida) de que tenemos un presidente con graves problemas psiquiátricos, ese amigo me contesta que estos son tiempos de locos.
Entonces yo ajusto mi discurso y digo: tiempo de locos, gobernados por locos que vuelven loca a la gente y que se expresa un lenguaje de locos que ya no se entiende.
Porque lo que creo realmente es que tenemos un problema con el decir, con el habla cotidiana, con el lenguaje: éste se nos ha vuelto insuficiente para dar razón (nunca más ajustada la expresión) de lo que sucede a diario y para lo que seguimos usando términos comunes, casi ensimismados, hechos de memorias y de restos de otros tiempos. Hay un desajuste entre la posibilidad de pensar y analizar lo que sucede y el lenguaje que tenemos disponible y que se revela insuficiente. ¿O será también porque el lenguaje que ha contaminado la escena pública es el de la mentira, el destrato, el desprecio y el insulto?. ¿Será que vivimos nomás en el corazón del caos y que lo que sucede en términos políticos, pero sobre todo en nuestra vida cotidiana, es imposible de predecir y de decir?.
Le pasaba también a Roberto Arlt en los años 20/ 30 del siglo pasado. Esos años en que Einstein vino a la Universidad de Córdoba codeándose con Lugones, Borges publicaba sus primeros libros, se produjo el primero de una serie de nefastos golpes de estado cívico- militares, medio millón de personas se volcaba a las calles para despedir a Irigoyen, en un accidente moría Gardel a los 44 años, Alfonsina se arrojaba al mar pero nacía en Avellaneda Alejandra Pizarnik, y la patria se vendía al mejor postor, entre otras cosas.
Le pasaba digo, a Roberto Emilio Godofredo Arlt quien escribía:
"Ellos se habían construido una ciudad grande, tumultuosa y apiñada, como conviene que sea una ciudad de hombres crueles, débiles de piernas y ágiles de manos para contar dineros".
Ellos. ¿Están de regreso o nunca se fueron?. ¿Será esto un resultado fuera de lo esperado como dicen las teorías del caos? . ¿O más bien un caos inteligentemente planificado por gente tumultuosa y apiñada?
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