Agua, corriendo en el tiempo

10.09.2026

Crónica de viaje


Andrés Dunayevich


El trabajo de salir a mirar va de adentro hacia afuera. Nos encontramos con las imágenes. En cambio, el sonido viene hacia nosotros. Son dos actitudes, dos direcciones distintas. Sin embargo, en una entrevista también se requiere una escucha activa: aguantar la ansiedad, conectarse con lo que nos están diciendo, Sentir lo que nos está contando. Y recién entonces, si hace falta, hacer una repregunta que nos puede abrir las puertas para profundizar en la historia que queremos contar.

Este es nuestro segundo viaje de crónicas desde El Camboyano Producciones que hacemos por el Gran Chaco Argentino. Salimos nuevamente a buscar historias que tengan algo para decir sobre la transformación social. El punto en común de este viaje fue el agua.

El Bañado de la Estrella

El Bañado de la Estrella es un humedal de unas 400.000 hectáreas, en Formosa. Es uno de los humedales más importantes de América, después del Pantanal, en Brasil, y los Esteros del Iberá, en Corrientes. Lo ideal para llegar hasta allí es hacer base en la localidad de Las Lomitas, nos dice Héctor Martínez de Fundación Gran Chaco y guía turístico.

En pocos lugares se disfruta tanta diversidad junta. Es un paisaje casi surrealista: palmares y champales, atardeceres únicos, colores intensos, aves, el sonido del agua que corre y la quietud de una embarcación avanzando lentamente.

— Te transporta a otra dimensión nos dice Héctor mientras nos lleva a toda velocidad en la camioneta. Yacarés, carpinchos, víboras y una enorme variedad de aves aparecen en medio de un paisaje que parece pertenecer a otro tiempo.

Pero este paisaje no apareció de la nada. En 1967, el río Pilcomayo se desbordó en la frontera entre Salta y Formosa y comenzó a inundar el territorio formoseño. El Bañado tiene su propio ciclo. Durante diciembre y enero, el agua se evapora y las palmeras pueden volver a entrar en contacto con la tierra firme, algo fundamental para su supervivencia. Ese ciclo es, justamente, el que le da al paisaje su particularidad con los árboles saliendo por la extensión de las amplias lagunas.

El vertedero de la Ruta 28 funciona como barrera de contención y reservorio de agua dulce del Bañado, generando un lago de unos 160 kilómetros.

Visitamos la comunidad Pilagá de Campo del Cielo y compartimos el recorrido con las mujeres artesanas. Ellas nos llevan por los senderos que realizan habitualmente para obtener sus recursos: la cosecha de las hojas de palma, de donde extraen las fibras que luego se transforman en hilo y permiten elaborar distintos tipos de cestería.

Nos cuentan que deben internarse todas juntas en el monte por la presencia de animales salvajes y víboras. El calor abrasador las obliga a cuidarse entre ellas. Es un verdadero trabajo colaborativo. El tejido termina siendo mucho más que una artesanía. Es también una forma de encuentro. Una manera de sostener a la comunidad.

En El Descanso, en la zona norte del Bañado, navegamos en piragua, antes llamado "cachiveo", bote de tronco ahuecado, una tradición ancestral de la cultura Pilagá. La baja profundidad del agua solo permite utilizar en una vara larga para clavarlo en la tierra y hacer palanca para empujar la navegación, en vez de remo o motor, y en todo caso ultimar a algún yacaré que pueda asomarse.

Finalmente llegamos a Fortín Soledad, el lugar más reconocido. Una escena digna de Jurassic Park, una tierra remota donde navegamos entre formaciones de champales —enredaderas que trepan por los troncos secos. El sol empieza a caer. Por un momento parece que no hubiera nada más que hacer que quedarse allí.

Pero detrás de esa belleza aparece una pregunta inevitable: ¿cómo se puede vivir o desarrollar un territorio sin destruirlo?

El desafío del Bañado de la Estrella quizás sea, en realidad, mucho más grande: encontrar una forma de desarrollo que permita crecer sin destruir los territorios frágiles que sostienen nuestra propia vida y que, al mismo tiempo, ofrezca servicios de calidad: infraestructura hotelera, accesibilidad y buena gastronomía.

El Impenetrable

De Formosa pasamos a la provincia del Chaco, con destino a El Impenetrable.

El nombre ya parece una advertencia. Monte autóctono tupido. Calor sofocante incluso en invierno. Caminos de muchísima tierra y tanto barro cuando llueve que lo hace realmente intransitable.

Ludmila Duk, de la Fundación Gran Chaco, nos pasó a buscar en su camioneta. Debíamos llegar hasta una zona rural llamada La Fidelidad para conocer el trabajo realizado por la comunidad para obtener agua y desarrollar sus actividades productivas.

"Nunca nos costó tanto llegar a La Fidelidad". Nos perdimos en el camino, entre senderos de tierra muy angostos. Comenzamos a preocuparnos. Tuvimos que sacar el dron para intentar descubrir desde el aire por dónde continuar.

Así fue como comprendimos realmente por qué se llama El Impenetrable.

Pasamos por la estancia llamada La Fidelidad y allí nos contaron una historia macabra: el asesinato del dueño de la estancia.

Miguel Roseo, de 76 años, era uno de los mayores terratenientes del país y dueño de una de las estancias más grandes del Chaco y Formosa: La Fidelidad, de unas 250.000 hectáreas.

La estancia había pertenecido al empresario Jorge Born, vinculado al grupo Bunge & Born. A comienzos de la década de 1970 fue adquirida por los hermanos Miguel y Manuel Roseo, de origen italiano, quienes hasta ese momento se habían dedicado a la industria textil. El negocio de la estancia no prosperó, entre otras cosas porque no conocían el negocio ganadero.

Después de la muerte de su hermano, Miguel quedó como único propietario. No tenía hijos que pudieran heredar aquellas tierras. La propiedad se convirtió entonces en un botín codiciado por algunos de los personajes más ambiciosos de la región. Entre ellos estaba una de las personas más sangrientas y temidas de Formosa y Chaco: el "Gusano", Luis Raúl Menocchio.

No era casual el apodo. Asesino, estafador y narcotraficante. También llamado el hombre de las mil caras. Un personaje casi salido de una película, que se había sometido a cirugías estéticas en el rostro y había adulterado sus huellas digitales con ácido, para rehuir al encuentro con la justicia e Interpol que lo buscaban por el crimen del productor de cine y televisión Claudio Nozzi.

El Gusano ya se había contactado con Miguel Roseo y le había ofrecido comprarle la estancia. Pero Roseo llevaba una vida austera y no quería vender.

Menocchio intentó entonces, a través de otra persona, realizar una falsa operación de compraventa de la propiedad. Como no logró concretar la estafa, llegó hasta la estancia acompañado por dos sicarios. Entre los tres asesinaron a Roseo y a su cuñada, que también vivía allí.

La idea era apropiarse de las tierras y venderlas por 40 millones de dólares. Pero un peón que había presenciado el crimen los delató y finalmente terminaron presos. Menocchio fue condenado a dos penas de prisión perpetua.

Después de la muerte de Roseo, La Fidelidad se convirtió en el Parque Nacional El Impenetrable. Es el mismo territorio por el que acabábamos de pasar.

Finalmente llegamos a La Fidelidad

Allí nos esperaba Horacio Duk, ingeniero y referente social, hermano de Ludmila. Llegamos justo en el momento en que la comunidad rural estaba inaugurando la torre de agua. ACUPCI. Asociación Civil Unión de Productores Criollos del Impenetrable.

Fue uno de esos momentos únicos de enorme satisfacción después de mucho tiempo para lograr distribuir una red de agua para todos los vecinos.

Vimos cómo comenzó a caer el agua con fuerza desde la torre, que parece un fortín en medio del monte. Tiene energía solar y permite enfrentar uno de los grandes problemas de la región: las sequías prolongadas.

Sin agua no hay animales. Sin animales no hay ganadería. Y sin ganadería no hay desarrollo económico para estas comunidades.

Nos hablan de agricultura regenerativa.

En todo el Gran Chaco, el monte está altamente degradado. No solo por la tala indiscriminada, sino también por el pastoreo descontrolado, que impide que los árboles vuelvan a crecer. Frente a esta situación, desarrollan lo que se conoce como agricultura regenerativa. El ganado puede ayudar a regenerar la tierra: activa el suelo, dispersa las semillas. Luego se retiran los animales y, con el tiempo, ese suelo puede transformarse en un vergel. En cinco o diez años, este sistema puede cambiar positivamente la vida de los criollos y, al mismo tiempo, contribuir al cuidado del medioambiente.

Pero para eso se necesita agua.

Este viaje llega a su fin. Pasan los días y la rutina de la existencia eclipsa lo milagroso de ella...Pero en el camino aparecen esos momentos de quietud, intermedios, en los que toda la alegría y la tristeza parecen profundas, aunque solo sean profundas para nosotros.

Y una pregunta que vuelve una y otra vez:

¿qué necesitamos para seguir estando vivos?

A veces la respuesta parece demasiado sencilla.

Agua.


Gracias, Tato Muffins | Cámara y Drone por acompañar en esta aventura Camboyana.
Gracias, Tato Muffins | Cámara y Drone por acompañar en esta aventura Camboyana.

El Camboyano Producciones
www.elcamboyano.com.ar




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