Aiveremos, cabrito y fin del mundo
Fernando Vélez

El origen de la última película que Sergio Schmucler comenzó, y no pudo terminar, se inicia con la muerte de otro amigo en común. Dardo Alzogaray fue socio mío en la carpintería, compartimos trabajo, risas, aventuras y cariño familiar. Pero Dardo fue más conocido como profesor y Vice Decano de la Facultad de Artes de la UNC, universidad a la que pudo retornar después de sus años de exilio en Méjico donde, justamente, se había encontrado con Sergio que atravesaba la misma situación que él. Ya eran, o se hicieron amigos entre ellos y sus parejas e hijos en Méjico, nunca pregunté el origen de esa relación. En septiembre de 2015 yo estaba parado frente al cajón de Dardo observándolo por última vez; estaba lindo, había mucha gente y ruido en la sala velatoria. La gente lloraba a mares, también reían, cantaban y había alguien tocando un cuatro. Varios estábamos borrachos desde la noche anterior, desde la previa del velorio oficial. Uno de los beodos le ordenó al personal de la sala velatoria que quitara el cristo en la cruz de la sala y la tapa del cajón. Al ratito un funebrero se acercó con un taladro a baterías y realizo el trabajo. Alguien apareció por detrás y me abrazó. Giré levemente y vi el rostro de Sergio con los ojos enrojecidos al igual que yo. Nos quedamos viéndonos un instante y volvimos nuestras miradas a Dardo nuevamente.
-Qué bien que vivió, la puta madre!- dijo Sergio secamente.
-Sí!
-Sabés una cosa Fer, se me ocurre que viéndolo al culiado este ahí… y nosotros acá….
Lo observé con atención mientras hablaba, en esa pausa parecía haber una intención de palabras que no terminaban de brotar de sus labios. Sergio me miró nuevamente y se acarició la barba.
-¿Sabes cuánto hace que no como un cabrito? - continuó
-No… - dije ocultando mi asombro.
-Desde la presentación del documental de Bonino.
-¿Me estás charlando?
-No te estoy charlando! Pongamos fecha. Es más, pongamos una fecha fija, una vez por mes. Yo invito dos personas y vos invitas dos; eso sí, todos hombres, ninguna mina. Yo te doy la plata y vos conseguís el cabrito y lo haces, el resto lo compartimos entre todos.
Mientras lo escuchaba atentamente seguía mirando cada parte de la cara y las manos muertas de Dardo para no olvidarlo. En ese momento no pude imaginar que "Las veladas del chupacabras" iban a ser muchas, que Dardo se las iba a perder a todas y tampoco imaginé que todo este asunto sacrificial terminaría convirtiéndose en la última película que Sergio iba a rodar junto conmigo. Tampoco su hijo Federico se imaginó que iba a terminar de armar una película que quedó trunca por la muerte de su padre. Tampoco nadie se imaginó que todo iba a terminar siendo una cuestión familiar. Mi familia de parte materna no tiene descendencia en Argentina. De parte de mi padre, la más voluminosa, vive en el interior rural de Santiago del Estero, cuna del Chupacabras y lugar de origen del libro que escribió mi padre: Aiveremos.
Primero: ¿Fue ese cabrito durante la presentación del documental sobre Jorge Bonino el inicio del inicio? Eso trató de un regalo que le hice a Sergio, sin saber que ese gesto después tomaría otra forma muchos años después.
Segundo: ¿Fue Dardo desde su cajón el testigo imprescindible y mentor espiritual del inicio de un ritual sacrificial?
Tercero: ¿Fue la seguidilla de rituales donde Sergio empezó a darse cuenta que existía una diferencia notable entre los sacrificios que venían directamente de Santiago del Estero y los que provenían del mercado norte de la ciudad?
Cuarto: ¿Fue el libro Aiveremos, escrito por mi padre sobre su lugar de nacimiento y crianza en Santiago del Estero, lo que lo terminó de cautivar? Ese fue un libro que Sergio leyó por obligación por el vínculo afectivo que ya habíamos construido entre nosotros, pero que al leerlo se llevó una enorme sorpresa.
Quinto: ¿Fue el viaje que hicimos con Sergio, mis padres y mi ex novia a la tierra del Chupacabras, en Santiago, el detonante? Ese viaje lo cambió todo. Sergio estaba trabajando en su último libro: "La cabeza de Mariano Rosas". Después de estar un fin de semana con nuestra familia de Santiago, Sergio me llamó para decirme que primero íbamos a reeditar el libro de mi padre (Aiveremos) que había sido incinerado durante el secuestro y muerte de Alberto Burnichón el 24 de marzo de 1976 y que después que él concluyera con toda la presentación por todo el país de "La cabeza de Mariano Rosas" íbamos a filmar la película del Chupacabras.
Sexto: ¿Qué importancia tuvo en Sergio el hecho de saber que mi padre había abandonado no sólo la carrera de escritor, si no la escritura por completo, al enterarse que la muerte de su amigo Alberto había sido de tres tiros en la garganta con la presencia de uno de sus hijos?
Mientras Sergio terminaba su libro sobre Mariano Rosas yo viajaba a Santiago y le mandaba notas, comentarios o videos hechos con el celular de todas las cosas que conformaban la "extrañeza" de ese lugar donde "la gente está viva pero pareciera que está muerta" o viceversa y que, tal vez por ese motivo, el tiempo parece no transcurrir de acuerdo a lo que dicta la ciencia en ese lugar. Todo ese derrotero de unos dos años de duración fue hecho sin planificación ni idea previa, fue puro registro. Un poco fue como acercarle ingredientes a un cocinero para que haga lo que sabe. Sergio comenzó a escribir un guion. Al principio se basó en el libro de mi padre y uno de los videos que le había enviado, realizó una adaptación y creó un personaje de mujer que se vestía como "El Zorro" de la serie de TV que salía por la noche en el desierto santiagueño. Ese personaje se transformó en su musa. Viendo hacia dónde se dirigía su idea le acerqué a Mundo, un fisicoculturista cordobés ganador del premio Arnold (por Arnold Schwarzenegger), como un partenaire de ese "Zorro" trucho. Casi inmediatamente se enamoró de Mundo y desplazó del protagónico al "Zorro" trucho. Tuve que pedirle que mantuviera a Sheila con un papel como co protagónico. Finalmente Sergio escribió un guion y me llamó un 30 de septiembre para avisarme que el rodaje comenzaba el 12 de octubre de 2019. No me voy a detener en detalles de los días de rodaje, fueron muchos, demasiados y, quizás, se merezcan un texto específico.
El equipo técnico era mínimo. Según el propio Sergio era el equipo más chico con el que había filmado una película. Los primeros dos días éramos sólo él, Cristian Roldán y yo. Sergio seguía puliendo el guion y se transformó en sonidista con un equipo prestado mientras que yo oficiaba de productor ejecutivo, director de fotografía y camarógrafo. Cristian era el enlace con el lugar y la gente. Al tercer día llegó el resto del equipo: Atilio Sánchez (sonido directo), Romina Arraya (foto fija y back stage), mi hijo Gonzalo (asistente) y los dos actores no profesionales que fueron desde Córdoba: José Ferrer Santillán (Mundo) y Sheila O´Connor, que ya no era "El Zorro" trucho si no una fotógrafa de moda. El resto del elenco de actores se conformó con miembros de mi familia y pobladores del lugar. Durante esos días de rodaje, en los primeros días de octubre, en Lomitas Blancas hizo 38 grados de temperatura. Se nos rompió de todo. Sergio tuvo diarrea, a mí me mordió una pantorrilla el perro de mi tío. Nos preguntamos si cancelábamos el rodaje, todos dijimos que no. Sergio dejó ver que durante el rodaje de una película le aparecía otra personalidad. Peleamos por un ventilador y una sandía. El rodaje quedó incompleto de acuerdo a lo planeado en el guion que Sergio escribía y reescribía dos veces por día. Emprendimos el regreso según el cronograma. Lo hicimos en su auto porque mi camioneta se había roto en el campo. Durante el viaje de regreso Sergio me dijo que una vez había filmado una película con un fotógrafo en conjunto y que, como no estaban de acuerdo en la idea, habían decidido que cada uno podía hacer una versión de la película con el mismo material. "Te propongo eso", me dijo. Le contesté que se me habían acabado las ganas de hacer cine, que prefería seguir haciendo chupacabras y reírnos. Al llegar a Córdoba Sergio se puso a clasificar y editar el material inmediatamente, nos comunicábamos periódicamente. Cuando finalmente conseguí el repuesto de la camioneta viajé a Santiago con Gaspar, otro de mis hijos. Llegamos a Villa Ojo de Agua de noche del día de los muertos. La ruta estaba cortada a la altura del cementerio. La ruta y el pueblo y el cementerio entero eran un mundo de gente que iban y venían sin cesar. La luz ondulante de las velas dominaban el campo santo generando sombras extrañas y avivando las conciencias de los muertos. Los familiares permanecían junto a las tumbas durante toda la noche. Los fantasmas vagaban libres por aquí y por allá enredados en las ramas de los árboles y en las habitaciones de los panteones. Tomé el celular y comencé a grabar videos. "Sergio! Mirá esto! Tiene que estar en la peli!" decía mi mensaje de wathsapp. Esa noche llegamos tarde al campo, dormimos y al mediodía ya teníamos reparada la camioneta. Decidí quedarme una noche más y volver al otro día. Esa noche hubo una gran tormenta eléctrica en el desierto. Al otro día por la tarde emprendimos el regreso a Córdoba. Llegamos cerca de las 21 hs. del 3 de noviembre. Al dejar mi bolso en el piso de la casa de Sheila sonó mi celular.
-¿Quién es? –preguntó Sheila
-Es Sergio – dije mirando la pantalla del celular - Hola Sergio!
-Hola Fer, soy Oliverio.
-¿Qué haces Oli? –pregunté muy extrañado al comprender que me llamaba desde el teléfono de su padre.
-Fer…se murió mi viejo.
-¿Qué? ¿Es una joda?
-No Fer, no es joda. Se murió Fer. ¿Podes venir?
Ni siquiera me bañé, así como estaba me subí nuevamente a la camioneta y fui hasta la casa en Villa Cabrera donde estaba el cuerpo de Sergio ya sin vida.
Según me contaron dos de sus hijos y su madre, ese día Sergio había estado hablando de la película con ellos. "Estaba muy contento trabajando en eso", me dijeron. Su otro hijo, Federico, estaba en Méjico, tomó un avión y llegó para despedirlo. Días después, con un asadito de por medio, juntos vimos el primer corte de la película que estaba editando Sergio. Hubo un silencio largo.
Sergio intentó hacer una película sobre el fin del mundo.
Ahora la película está en las manos de Federico y en las mías. Federico la está terminando y se pregunta: ¿Qué hacer con la película de un padre muerto?
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