Alejandro González Dago
Me encontré con la historia de un pueblo
Jackie Bini
Alejandro González Dago nació en Córdoba y desde niño su pasión fue la comunicación. A los 17 años, siendo estudiante de Derecho de la UNC, ingresó al diario Los Principios porque quería ser periodista. Empezó sirviendo café y en la primera oportunidad que le dieron se convirtió en hombre de prensa. Fue redactor especial en La voz del interior, editorialista en LV3 Radio Córdoba, escritor y guionista de radioteatros, autor y director teatral y televisivo, y conductor radial en Radio Nacional Córdoba, Radio Universidad, LV2 Radio General Paz, FM 99.7 y Radio del Plata. Ha sido colaborador de los canales 13 y TN. También fundó y dirigió el primer periódico argentino para adolescentes, el semanario 13/20. Es licenciado en Comunicación e historiador. En 2006 edita El libro de los cuartetos - Historia de un pueblo y su ritmo (Emporio Ediciones), con notable éxito de ventas. Es ganador del Premio de Literatura 2022 de la Agencia Córdoba Cultura, y mantiene cifradas esperanzas de la aparición con vida de la cultura, tal como lo expresa en su perfil de colaborador en Tierra Media.
Este 2026, con el Cuarteto declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, Alejandro presenta en sociedad El Cuarteto Cordobés.
De este y otros temas charlamos con él, café de por medio en el Sorocabana, como corresponde.

¿Cuándo y cómo fue tu acercamiento al cuarteto?
Creo que fue natural, por la curiosidad que sentimos los curiosos para conocer desde adentro lo desconocido o lo mal conocido y todo lo que se mueve o deja de moverse. O sea: por instinto animal de periodista y escritor, y por un hecho impensado al conocer por casualidad a un prócer del Cuarteto. Hasta entonces, para mí el Cuarteto cordobés era la banda de sonido de lo marginal, de lo periférico, de los barrios con calle de tierra donde la gente habla en voz alta, de fin de semana soleado, prittyado con hielo o arremangado, 70/30, cerveza, polleras ajustadas o pantalones al límite las mujeres y camisa desprendida hasta el ombligo los hombres, y, desde otro punto de vista, también era para mí una expresión musical menor. Pero en su historia latía la historia de un pueblo, un pueblo que vive como baila y baila como vive, porque si no baila, no vive.
¿ En qué momento y por qué decidiste escribir su historia?
Desde la tarde misma en que conocí a Miguel Gelfo en LV2. Yo sabía quién era él pero no lo conocía personalmente. Me lo presentaron Luis Pérez Pruneda, Patricio Márquez, y Julio Vaca Chicharrón que estaban tomando café en el café que había en la plaza de la radio. Yo terminaba de hacer mi programa Las Cosas Del Querer y cuando me iba con los discos bajo el brazo, Chicharrón me llamó a la mesa para que pagara la vuelta de café. Entre ellos estaba Miguel Gelfo.
¿Qué líneas de investigación trazaste y qué aspectos te interesaban destacar ?
Orígenes, tiempo, espacio, influencia, y contexto.
Al principio no me interesaba destacar ningún aspecto sino conocer de qué se trataba el Cuarteto. Yo conocía la historia del blues, la del negro spiritual, la del rock, del jazz, y me parecía que tenían algo en común. Y efectivamente lo tenían y lo siguen teniendo. Tal vez el resumen sea pigmentación y marginación, hechos que desembocan en racismo, inquisición, y doble moral de las blancas levas bíblicas.
¿Con qué inconvenientes u obstáculos te encontraste en la investigación?
El primero fue mi ignorancia sobre el tema. El segundo fue el desconocimiento de la propia gente a la que le gusta el Cuarteto y es razonable porque que les guste y que lo bailen no quiere decir que deban conocer la historia; y el tercero la falta de documentación física, escrita. Por lo tanto acudí a la documentación oral que, como corresponde, debe ser más rigurosa que la escrita. Le hice la misma pregunta a cinco personas desconocidas entre ellos, cuando tres de esas personas me dijeron lo mismo, di por cierto la cuestión.
¿Cuánto duró esa etapa inicial y cuánto de redacción?
Miguel Gelfo me contó que cierta vez en una zona rural de la provincia de Santa Fe donde no había casas ni pueblo, a su suegro, Augusto Marzano, se le dio por emparejar un poco la tierra al lado de un corral. Después cortaron una alambrada y sus empalizadas, armaron algo así como cofres de alambre con un afiche de El Cuarteto Leo, se los colgaron a las vacas atando los afiches por el lomo, e hicieron varios disparos con un arma para generar una estampida. La idea era que cuando la peonada viera a esas "promotoras" con afiches y la marca que tenían, sabrían de qué campo eran y que en ese lugar se hacía el baile. Después que me contó eso me preparé para viajar por las provincias de Córdoba, Santa Fe, norte de Buenos Aires, Catamarca, y La Rioja. En total viajé nueve mil kilómetros durante tres años. Y tardé algo más de un año en escribir el libro.
¿Algunas anécdotas interesantes que nos puedas contar de ese proceso?
Bueno una es la que te conté, pero hay miles. Otra vez en Tostado, un pueblo de la provincia de Santa Fe, durante diez días las mujeres del pueblo estuvieron cosiendo bolsas de arpilleras, demarcaron casi una manzana (o sea una hectárea que son 10.000 metros cuadrados) y adentro del sector demarcado armaron un escenario con cajones de vino Tomba, pusieron un camioncito Bedford en marcha, y de su batería sacaron unos cables de donde colgaron foquitos de luz para alumbrar la silueta de ese escenario.
Cuando lanzaste El libro de los Cuartetos ¿qué recepción tuvo entonces? En el público en general y en el ambiente cuartetero en particular.
La recepción de aquél fue muy grande y la de este segundo libro está siendo más grande todavía. Aquella vez – hace casi 20 años – llamó la atención porque fue la primera vez que se publicó la historia del Cuarteto, y esta vez con El Cuarteto Cordobés está superando todas mis expectativas, porque el Cuarteto ya no es marginal sino familiar, y en consecuencia hay más gente que le interesa.
¿El Cuarteto Cordobés es una reedición del libro de 2006? ¿Con qué se encontrará el lector?

No es una reedición. Tomé los hechos más trascendentales de aquella investigación y los amplié con la nueva vida que ahora tiene el Cuarteto. No hay que perder de vista que hace veinte años la gente iba a bailar con el Cuarteto y ahora – al menos en la ciudad de Córdoba – ya nadie baila porque son grandes conciertos con puestas internacionales donde la gente va a escuchar y a disfrutar de esta música maravillosa que hace tiempo adquirió la mayoría de edad. En cuanto al contenido del libro, es la historia de la discriminación de un pueblo que arrastra los pies para bailar y las vocales para hablar. La historia del Cuarteto Cordobés es una llaga de la sociedad, la parte de mal olor de la Córdoba de las campanas, una deuda que de a poco hemos empezado a pagar. El Cuarteto Cordobés nunca fue parte del problema sino que es parte de la solución. En esta parte del mundo, todo lo que el hombre no le dio al hombre se lo dio el Cuarteto. Por eso es una maravilla. Un fenómeno que, además, contiene estallidos de la sociedad.
¿De qué manera se puede adquirir?
Por la Web. En el sitio El Cuarteto Cordobés, en Amazon y en Mercado Libre.
¿Cuál es el impacto que le ha dado a tu trabajo el hecho que el Cuarteto fuera declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad?
Es probable que sea un impacto, pero yo lo siento como una sensación muy fuerte, como una verdadera reivindicación y una identidad internacional..
Recuerdo que sobre el primer libro de la historia del Cuarteto, Eduardo Gelfo, generosamente sin dudas, me dijo: - Más que un libro, vos escribiste la Partida de Nacimiento del Cuarteto. Nosotros andábamos entre anécdotas, pero vos nos diste el documento que no teníamos.
¿Cómo ves la realidad de la música de cuarteto en la actualidad?
La aparición de Eugenia Quevedo en el Cuarteto ha traído un aire fresco y un perfume de mujer imprescindible para esta maravillosa expresión de nuestra Córdoba. Era necesario porque el Cuarteto siempre fue muy machista. Esta realidad ha enriquecido la historia. No hay que perder de vista que el Cuarteto Cordobés es la más empecinada búsqueda de libertad.
En las letras de sus canciones todavía está faltando esa o esas figuras que le pongan poesía o belleza literaria a este ritmo de resistencia y contención social. Así como en un tiempo Rolán y Aldo Kustin crearon temas picarescos y pegadizos, me parece que ahora al Cuarteto le toca abrir las manos y tirar las piedras. Me parece, sólo me parece, que Marcos Bainotti podría ser el Bob Dylan del Cuarteto, o el Serrat, o el Sabina del Tunga tunga. Después de todo, Augusto Marzano, el padre de Leonor, era un pacifista. Creó una música que unió a la gente y reivindicó al que menos tenía. El padre inventó la música, la hija el ritmo.
¿Estás trabajando en nuevos proyectos?
Si, estoy escribiendo una obra de teatro sobre la historia del Cuarteto. Le puse Negros De Mierda y espero que para agosto o setiembre pueda terminarla. Me gustaría mucho que la produzca el Negro Videla que, además del que todos conocen, es un gran productor con alma de creador.
¿Pensabas, revisando tu trayectoria como periodista y escritor, que te transformarías en algo así como "el biógrafo oficial" del cuarteto?
Me queda grande esa consideración. Yo sólo salí a buscar la historia de un ritmo y me encontré con la historia de un pueblo. Una historia de prohibiciones, persecuciones, y censuras durante el gobierno militar, y de silencio absoluto de la prensa que nunca dijo nada de lo que estaba sucediendo. Por suerte el Cuarteto está más vivo que nunca, Está ahí, ahí está. Conteniendo y alegrando a todos por igual. Tiene la fuerza del pueblo que ya se sabe cómo es cuando elige: van todos juntos y para siempre.
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