Apuntes del encuadernador de Bagdad
Omar Hefling

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Ni genios ni iluminados /Resguardan una cultura/ involuntariamente cientos de trabajadores/ montan un pensamiento/ pensamientos que vienen hacia nosotros y con ese caballo/ pensando/ vemos pasar el mundo/ y para disimular esa angustia/ laboramos/ hacemos algo. Tal el caso del encuadernador de Bagdad que vivió en el siglo X. Al-Nadim. Este hombre había aprendido de los iraníes quienes inventaron el arte de la encuadernación. Al- Nadim, encuadernador de culto, calígrafo, sintió un gran amor por los libros que encuadernó, tanto que leyó todos los manuscritos que recibió por su trabajo para luego escribir un resumen de cada libro leído y encuadernado. Una investigación de un erudito iranólogo sobre el encuadernador de Bagdad descubrió que la mayoría de los libros que Al- Nadim encuadernó/ desaparecieron. Solo han quedado sus resúmenes, su catálogo, que se llama al-Fihrist./ El inestimable trabajo sin pretensiones de Al Nadim nos legó al menos esas historias perdidas. / Esos libros olvidados.
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Los pensamientos vienen hacia nosotros
Un panfleto escrito para los gauchos, una carta escrita a una dictadura militar, un resumen de obras hoy todas perdidas, alcanzan para transponer el tiempo desquiciado. Las acciones involuntarias del tiempo desplazan al sentido primero para lo que fue escrito una obra literaria. Lejos del carácter sagrado y con aspiraciones aristocráticas, los escritores a veces no hacemos más que reproducir ecos de cientos de libros, el rumiante murmullo de la contaminación sonora en voces oídas en un aparato de televisión, de meros comentarios radiales y lecturas de periódicos. Estos textos no son más que eso. Como las anotaciones de Al-Nadim, que no tuvieron aspiraciones literarias y menos aún, de trascendencia.
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Al-Nadīm ibn Abī Ya'qūb Ishāq ibn Muhammad ibn Ishāq al-Warrāq erróneamente conocido como Ibn al-Nadīm/ no fue un biógrafo como se dice por ahí/ fue un encuadernador que se pasó la vida leyendo/ en medio de las razones, las redenciones y las resurrecciones se llevaba el alma a la boca y de aquello que leyó/ aquellas vivencias/ transformó en recuerdos que finalmente escribió.
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Lleno de méritos, sin embargo poéticamente, habita el hombre esta tierra (Hölderlin)
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"En literatura, la unidad de sentido es ilusoria" (Ricardo Piglia)
Un niño, una mañana a mediados de la década del sesenta, recorre los caminos de guadal de una región rural en el sudeste de la provincia de Córdoba sobre un breque tirado por dos caballos trotadores. Los recuerdos no muy precisos dicen que debía ser el mes de agosto. El viento, el paisaje de pastos secos y los cardos rusos rodando en contra del sentido de su marcha, el viento frío de finales del invierno acompaña el trayecto del niño hacia el destino de todos los días. Sobre el carro lleva seis o siete tachos de leche de cincuenta litros cada uno. Es la leche que ha ayudado a ordeñar desde la madrugada junto a sus padres. Su figura es pequeña, no debe tener más de nueve años, ante la fuerza de los caballos y la magnitud de la carga. Al niño no parecen afectarle, el viento frío, el guadal que se le va metiendo en la boca, mira con atención, con ansiedad el camino, a los cardos rodando porque cada tanto, entre los cardos vienen hacia él pedazos de diarios viejos. Nadie sabe cómo esas hojas enormes de diarios viejos han llegado hasta allí, ni quién las ha arrojado en el camino. La aventura del niño, aquello que lo hace inmensamente feliz, es detener la marcha de los caballos, saltar del carro y atajar con sus pequeñas manos, las noticias viejas que viajan escondidas entre los cardos. A esas hojas arrugadas que pesca cada tanto en el camino, las extiende con cuidado debajo del cojinillo de cuero de cordero que cubre el asiento del carro. A veces regresa con cuatro o cinco de esas enormes hojas o pedazos de ella, a veces con solo una y a veces, por días ni una se ha echado en el camino. Cada día al regresar, si es que ha tenido suerte, oculta debajo de su almohada los restos de diarios que los viajeros arrojan al camino. El niño, luego de almorzar galopa en su caballo alrededor de dos leguas hasta la escuelita rural donde ha aprendido a leer y a escribir, y en el leer una extraña felicidad que le hace olvidar la dura vida de un hijo de un peón de campo. Ya de regreso, al atardecer va en busca de aquel tesoro que ha ocultado debajo de la almohada. Y con la última luz del día lee asombrado en las hojas arrugadas acontecimientos de un mundo que desconoce y que ni siquiera ha podido imaginar. El niño, sin saberlo, leyendo restos, trozos sueltos, fragmentos ha descubierto que la unidad de sentido es ilusoria. El niño, sin saberlo ha puesto en acto una escena de Cervantes, imaginada varios siglos atrás en el Quijote: Leía incluso los papeles rotos que encontraba en la calle.
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SI SE PAGA, ALGUNA ANTOLOGÍA NOS RECORDARÁ
Si los escritores no pagasen para ser incluidos, editados, cuántos quedarían en pie? Existe una historia muy graciosa que narra Umberto Eco sobre el principio de pagar para ser incluido. Así un tal Giulio Ser Giacomi autor de un libro que nadie conoce, el volumen contiene su correspondencia con Einstein y Pio XII , contiene solo las que él envió dado que las dos celebridades jamás le contestaron (una genialidad ). Este esfuerzo intelectual no correspondido le valió ser parte del Diccionario biográfico de los italianos contemporáneos.
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Simónides había llegado a la conclusión que era mejor ser rico que ser sabio. Dado que había observado que los sabios pasan la mayoría del tiempo en la puerta de las casa de los ricos.
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Profecías
Creíste en la voz del evangelio original
En el evangelio que ha desaparecido por entero
Creíste en los fragmentos de Lucas Mateo y Juan
Sin saber que existía el evangelio de Tomás
Solo con palabras de Jesús
Creíste en el texto sagrado sin que del texto sagrado original
No haya quedado nada
Y le creíste al padre del futuro poeta Rumi que ante el avance Y la destrucción de los mongoles a su paso por Irán En el exilio y en absoluta miseria Salvó los libros más valiosos Que usó de almohada y vos le compraste
Antes que nadie/
vos le creíste a Ananda
el discípulo de Buda la transcripción en una hojita del sermón de Benarés
Con las cuatro nobles verdades del budismo
Y hubieras acompañado a Mahoma camino al desierto
a las cuevas del monte Hira
Y llegaste hasta aquí herido y maltrecho pero ya no tan inocente Para creer en los profetas de Davos.
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Al-Nadim a menudo menciona el tamaño y el número de páginas de un libro, para evitar que los copistas engañen a los compradores al pasar versiones más cortas. El halcón que se le posaba sobre el hombro izquierdo, sabía contar las páginas, 1,2,3,4 muchas.
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A Milton le pagaron cinco libras por El Paraíso Perdido
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Al- Nadim fue engañado más de una vez/ pagaba algunas monedas a embusteros que trataban de extraviarlo en el desierto/ buscaba y nunca pudo hallar una edición/ la primera traducción con fines literarios/ una Ilíada latina/ 250 AC a cargo de Livio Andrónico.
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La profecía no es una predicción abstracta del futuro, sino que tiene que ver con la inminencia. La inminencia es aquello que el presente deja ver sobre el futuro, el horizonte desde el cual el presente revela una posibilidad en ciernes.
Franco Bifo Berardi
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LA MANO INVISIBLE
(En torno a un texto de Dany-Robert Dufour)
Fui la mano invisible de Dios
Por la predestinación con la que me signó San Agustín
De no ser parte de los elegidos
Sino de los condenados/
Ante la angustia atroz de saberme
Ya en el infierno
Signé el curso de mi vida a amasar riqueza
Sin gozar de ella
A la espera de la redención divina
Me llamaron puritano
Gracias a Martín Lutero y a Juan Calvino
Conseguí
la rehabilitación de la vida laica
Mi tarea de vil comerciante
Tuvo la dignidad espiritual
Reconocida solo
A la vocación de los sacerdotes y los monjes - 14 -
Fui Bernard de Mandeville
Poco importa
hoy me llamo con mil nombres distintos
Pero sigo siendo el mismo
Man Devil
El hombre del diablo
Por haber escrito que todos los hombres
Son más o menos ladrones
Que la prosperidad solo se alcanza
Con la desgracia ajena
A pesar de la mal intencionada
Disposición de Max Weber
Por ocultarme
Como si hubiese querido mantener a salvo
La santidad protestante
Como creadora del capitalismo
Fui yo quien escribió con sangre
El preámbulo de la revolución industrial
Mis principios viciosos
Contribuyeron desde entonces
A engendrar la civilización de los ladrones
De las guerras/ de la prostitución/ de la lujuria
y el lujo obsceno/
de la búsqueda feroz de la ganancia
Soy el Dios de la nueva religión:
(LMIM)
La Mano Invisible del Mercado/
Rezo en los versos de mis salmos
las reglas de imposición, abuso de posición dominante
de los grupos económicos
para el dumping y las ventas forzadas/ - 15 -
Inicio a los advenedizos en el delito de la especulación
Para la absorción y desguace de competidores
De mi imaginación surgen los balances falsos
las manipulaciones contables
los fraudes y evasiones fiscales
la ingeniería en pos de la malversación
de los créditos públicos
los resguardos para las comisiones ocultas
el acceso al enriquecimiento ilícito/
Imagino los sistemas de vigilancia
y espionaje
para el chantaje y la delación
y todas las violaciones a las normas del trabajo/
violo los sistemas para la falsificación de datos
que quiebren a la salud pública/
estorbo a la ambición privada de la salud/
urdo las leyes para facilitar el saqueo ambiental
y saciar el apetito caníbal
por las ganancias/
Mis vicios producen virtud
El goteo de las fortunas
Adam Smith no ha sido más
Que un ingrato ladrón de mis principios
Postulados sobre una existencia divina
Que al fin armoniza
Los egoísmos privados
Con una antigua balada inglesa
Que en su estribillo dice:
No hay cosa como la maximización
De los vicios privados
Para minimizar las penas/
Enuncié con crueldad hace siglos
El espíritu gozador y hedonista
Del capitalismo
Convencí para el ritual sacrificial a los pobres desgraciados
A esforzarse y trabajar sin descanso
Para satisfacer eternamente
El placer de los ricos
Oculto en las redes el misterio de la mano invisible,
El privilegio de gozar el control sin autoridad alguna.
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Al-Nadim sabía, se lo habían confesado los astrónomos en la ciudad redonda, que el presente es una delicada línea que nos señala que nuestros actos siempre suceden en el pasado. Desde ese día anduvo con las estrellas en el paladar.
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¿Has caminado alguna vez por el desierto? Has sentido a la luna que cae muerta a tus pies? ¿Te has dejado auscultar algún hueso por la poesía?
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Al-Nadim llegó por sus conocimientos a pertenecer a la corte de Nasir al Dawla , un gobernante de Mosul que promovió el aprendizaje. El califa era el gran amigo de las artes y las ciencias, amaba a los poetas y eruditos hasta les dio salario a los artistas. Además fundó una gran biblioteca. Los poetas dormían desnudos boca arriba espiando al cielo, más preocupados en la poesía que en mantener a la familia, para eso estaba el califa.
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Una de las lecturas preferidas de Al-Nadim, fueron los libros persas e hindúes sobre la adivinación, uno de los maestros que admiraba Abu Sulayman Sijistani hijo de Ali bin Isa, el "Buen Visir", le confesó que dentro de varios siglos nacería en un establo en el Reino Unido, un gran poeta.
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Al –Nadim mientras escribía sus discursos alguna vez pensó si no sería ejecutado por malversación como Esopo, el padre de todos los fabulistas/ no es que el autor de una fábula merezca la muerte, pero autor de muchas ya al menos se puede pensar.
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A cambio de un jarro lleno de aguardiente Li Po podía escribir hasta cien poemas.
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Al-Nadim, que murió un miércoles/ ejercía el interrogante de largarse a los caminos polvorientos/ así pasó por Basora, Kufa, Alepo y en Mosul halló un fragmento de un libro de Euclides y varias obras de poesía.
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El médico Ibn Abi Usaibia (fallecido en 1273), que ante la aparición de una enfermedad secreta le pedía recetas a Dios, menciona a al-Nadim trece veces y lo llama escritor, o quizás secretario de gobierno. Tal vez decía Al Nadim, fue asi, decía arriba de un elefante bajo el cielo con nubes que parecían elefantes.
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Por la orilla del Tigris el filósofo cristiano Al- Khammar caminaba junto a Al Nadim y otros discípulos, un día preguntó: y si Dios es una araña? Mirando escapar del río a las arañas en busca de la arena caliente/ no podría serlo dijo el maestro dado que la seda emana de la araña/ la araña permanece en sí pero la seda emana/ la seda emana para producir la tela y el mundo emana y a la vez permanece en Dios dijo el maestro/ a veces caminando/ a veces cambiando el camino de la araña interponiendo una ramita.
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Según la leyenda, Li Po se ahogó al caerse de un bote, ebrio, cuando se inclinó para besar el reflejo de la luna.
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La mirada de un niño debajo de las formas/ la hermosísima luz de las palabras de los poetas/ piensa Al-Nadim mientras se deja sorprender por el crepúsculo de Bagdad/ leyendo los manuscritos que el mundo conoce hoy a través de sus palabras.
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