Bohumil Hrabal: el ruido de las palabras

10.01.2026

Omar Hefling


Ilustración: artista Selene Cráteres
Ilustración: artista Selene Cráteres

1

Por una cuestión circunstancial estoy nuevamente escribiendo de libros, de acumulación de libros, de la destrucción de libros. Un amigo, Pablo Colman me venía amenazando, por decirlo de algún modo, para que leyera un libro y al observar mi resistencia me lo regaló y no me quedó otra opción que leerlo. El protagonista de la historia se llama Hanta que desde hace 35 años trabaja en una trituradora de papel destruyendo libros y reproducciones de cuadros. Mientras compacta libros, Hanta se emborracha con cerveza dado que para él los libros son muchos más que papel para prensar, se angustia y siempre, cada día, salva algunos llevándoselos en su cartera.

2

El autor de la historia, Bohumil Hrabal nacido en un pueblito cerca de Praga, es el autor de este texto existencial, profundo y con una narrativa, una prosa poética estremecedora. Como verá el lector no nos ocupamos aquí de comentar novedades, este libro es de principio de los años 70. A mí el coso este, Hrabal me sonaba de épocas lejanas, aunque no de la lectura sino del celuloide.

Aunque la película fue realizada a fines de los 60, la vimos aquí bastante después y se convirtió rápidamente en una obra de culto, filmada en Checoslovaquia (en tiempos de la Unión Soviética) los acontecimientos suceden en el marco de la II Guerra Mundial bajo la dirección de Jirï Menzel y con guion del propio director y el autor de la novela, Bohumil Hrabal. La novela de Hrabal y la película llevaron el mismo título: Trenes rigurosamente vigilados.

Durante la ocupación nazi de Checoslovaquia el director de los ferrocarriles del pueblo tiene la misión de proteger ciertos trenes estratégicos, indispensables para los planes de dominación del Führer en Europa central. Trenes rigurosamente vigilados, en definitiva es una divertida y entrañable historia sobre la resistencia frente al invasor alemán durante la Segunda Guerra Mundial, protagonizada por los empleados de la estación de tren de un pequeño pueblo checoslovaco.

3

Las aventuras literarias suelen cabalgar sobre el pastito de las experiencias y las búsquedas del escritor, y este es el caso de Bohumil (El Boumi, como lo llamarían acá en cualquier barrio).

Su padre adoptivo lo condujo por buen camino, como era gerente de una gran fábrica de cerveza en Nymburk, lo crió al Boumi correteando entre los toneles de malta y avena. Estudió derecho, fue ferroviario durante la guerra (Trenes rigurosamente vigilados) viajante de comercio y empacador en una prensa de reciclar papel (Una soledad demasiado ruidosa). Así como Jorge Luis Borges se jactaba, no por lo que había escrito, sino por lo que había leído, Hrabal se jactaba de ser culto a pesar de si mismo. Deduzco que le causaba tanto dolor aplastar y destruir libros, que como pudo fue leyendo, aquellos que por algunas razones cautivaban su atención. Para Hrabal esos libros que él por una paga destruía con una prensa eran mucho más que papel para reciclar, eran toneladas de saber que la humanidad había acumulado durante siglos, así su cabeza, la de su personaje, Hanta, se llenó de grandes maestros rescatados de las ruinas, Lao Tse, Nietzsche, Hegel o Kant. En cada uno de los paquetes que salían de su prensa conviven libros, litografías, ratones aprisionados en busca de alimentos y su propio esfuerzo. Hrabal bebiendo cerveza deambulaba por Praga reflexionando sobre los maestros que se le ofrecieron entre la basura descartada para reciclar. Hrabal llegó a afirmar que solo había vivido para escribir este libro. El personaje tanto como él, son parte de la dolorosa experiencia de los hombres que son dejados al margen de la sociedad.

4

El régimen comunista lo prohibió, pero nada pudo con la potencia de la obra de Hrabal tanto que hoy puede ser leída su obra como una fábula sobre la creación artística y literaria, sobre el amor y la soledad, la creación y la destrucción, o la crueldad que alcanza a Hanta, al enfrentarse un día con los cambios tecnológicos, con jóvenes obreros, que representan alegremente al nuevo sistema con nuevos métodos de trabajo que acabarán por sustituirlo, con la misma crueldad que hoy se imponen las condiciones del trabajo.

5

En una visita a un establecimiento modelo de destrucción de libros Hrabal narra la siguiente escena:

"Eché un vistazo abajo donde los niños aprendían a romper libros, en general se salían con la suya con tanto acaloramiento que se tuvieron que quitar las chaquetas y las camisas, sólo un niño y una niña se hicieron daño con algunos libros rebeldes pero una obrera los ayudó, con un movimiento brusco arrancó las páginas Insurgentes y las lanzó erizadas a la cinta mientras las maestras vendaban los dedos infantiles lastimados. El cielo no es humano y yo estaba harto, di la espalda a aquel espectáculo lamentable y cuando ya estaba a punto de salir, alguien gritó… eh Hanta qué te parece todo esto, qué te parece todo esto viejo Topo? Giré la cabeza y detrás de mi, a pleno sol vi a un joven con un gorro americano de color naranja, con una botella de leche y con el brazo teatralmente levantado, como el de la estatua de la libertad a la entrada de Nueva York que sostiene una antorcha, el joven reía, tal vez les caía bien a todos esos jovencitos, tal vez me conocían de antes, tal vez me habían seguido con la vista durante todo el tiempo que erré por la sala tirándome de los pelos y ahora se alegraban de mi derrota… Riendo a mandíbula batiente agitaban sus guantes amarillos y naranjas en el aire; yo escondí la cabeza entre las manos y arranqué a correr para huir de aquella risa amenazadora, huía a través de un largo pasillo ribeteado de millares de paquetes de libros y, a medida que avanzaba, los libros se precipitaban hacia atrás. Al final del largo pasillo me detuve; no pude resistir la tentación de desenvolver los paquetes para ver cuáles eran esos libros que habían ejecutado su venganza hiriendo los dedos de los niños: se trataba de Alicia en el país de las maravillas, en dos tomos, saqué un ejemplar y comprobé que había salido en un tiraje de 150,000 ejemplares así que más de 1/4 de millón de Alicias luchaban con los deditos de los niños…"

6

Bohumil Hrabal a través de Hanta, el protagonista de la novela, vive su calvario, se esmera para que los fardos sean diferentes, debe prolongar su jornada como si quisiera mantener con vida a los libros que debía destruir. Cuenta que había recibido unos 600 kilos de reproducciones de maestros célebres, seiscientos kilos empapados de Rembrandt, Hals, Monet, Manet, Klimt y Cézanne con los que embellecía aquellos paquetes y al anochecer se deleitaba contemplando aquella belleza en fila india delante del montacargas adornado con Ronda de noche, Saskia, el desayuno sobre la hierba, la casa del ahorcado o el Guernica y decía el Boumi que en el corazón de cada paquete descansaba aquí Fausto, allí Don Carlos, aquí, entre cartones sangrientos, Así habló Zaratustra, y que solo él  sabía cual de esos paquetes servían de sepulcro a Goethe y a Schiller, cuál a Holderlin y a Niestzsche. "Yo soy al mismo tiempo el artista y el único espectador, y por eso cada día termino rendido y muerto de cansancio, agotado y trastornado y, para moderar y disminuir ese terrible desgaste de mi mismo, me tomo una jarra de cerveza tras otra y por el camino hacia la taberna Husenský tengo tiempo suficiente para meditar y soñar con el aspecto, con la belleza de mi próxima bala de papel".

Estoy seguro que debe haber pocos finales de una novela tan estremecedores que el de Una soledad demasiado ruidosa, no debe haber lector que no sienta y se sienta interrogada sobre que significa darle sentido a una vida y a un trabajo, y qué significa la entrega total por una causa.

Una parábola que bien podríamos interpolar con el presente.





Deja tu comentario