El canto dos veces, la vida y el Comedia
Gabriel Abalos
El movimiento cordobés Canto Popular se vinculó en dos ocasiones al Teatro Comedia. La primera como acontecimiento, la segunda como evocación y, en medio, pasaron cincuenta años. Espíritus diferentes, recuerdos de sí mismo, y algunas voces que van y vienen del pasado al presente. Por fortuna, no se ha fundado aún el teatro Tragedia.

Recordar a rabiar
Los jóvenes de ayer que curtieron los años setenta en Córdoba participaban de diversas culturas, valores y clases sociales. Estos de los que hablan estas páginas, vinculados al movimiento Canto Popular, eran artistas por lo general de clase media, aunque no solo; veinteañeras y veinteañeros, o treintones, que circulaban en torno al ambiente cultural universitario, o a grupos que entonces nadie llamaba independientes. El contexto era peor que el actual, abril de 2026, lo que es mucho decir, y un montón de cosas han cambiado desde entonces. Los militares, en su peor versión, se entrenaron en la Escuela de las Américas, ocuparon el país como un ejército extranjero, establecieron categorías de personas a ser cazadas, secuestradas, torturadas, asesinadas. Formaron tropas de gurkas argentinos de esos como los esbirros de nuestros 1840 que te pasaban a degüello una familia entera. Exactamente eso. De esa gente. Ya operaban desde un año antes del golpe, prácticamente llevaban tendida buena parte de su plan macabro cuando comenzaron a operar sus comandos asesinos.
De este lado, hubo diversas formas y corrientes de resistencia, de la armada a la intelectual, de la militante a la cultural y a la artística, entre otras tantas. El estado, exento de toda ley y justicia en manos de esos psicópatas, se propuso barrer con todos. Aniquilar de raíz.
Ser joven era un problema. Se lo escuché decir a viejos y viejas inteligentes: qué fea época para ser joven. Pero se es lo que se es cuando a uno le toca, y ser joven, al menos para un perfil de jóvenes que se anotaban con la desobediencia, con la mentalidad brutalmente opuesta al cuadro de horror, vuelta hacia el lenguaje teatral, hacia la literatura, hacia la música, hacia la plástica, la danza, el cine… era una bendición. Como en ese cuento que muchos años después contaba tan bien el querido Roberto Videla (otro joven del teatro de entonces), Youth, Juventud, de Joseph Conrad. La épica de navegar, estar asistiendo al incendio de las velas de un barco, como al punto más alto posible antes del cierre del relato: al cénit del hoy, al ardor de la vida, de lo que ocurre alrededor, en que el narrador descubre, al experimentarla, una sensación que no tiene otro nombre sino el de juventud. La plenitud del brillo.
Esos jóvenes expresaban algo que cada uno y una de quiénes se integraban a esa manifestación solían hacer por su lado, pero que sobre todo encarnaba el carácter simbólico de la época precisamente al buscar lo colectivo.
La palabra "popular" tenía un sentido combativo. Como la palabra "trabajador". Lo era hablar de "trabajadores del arte", como en Sitratea, el Sindicato de trabajadores de Teatro que fundaron esos jóvenes y algunos de sus maestros a comienzos de los años setenta. "Popular" tiene mucho que ver aquí, con un movimiento que puso su nombre en el tiempo y aún se lee.
Faltan muchos de esos jóvenes, algunos se fueron menos jóvenes, hoy predominan, cuando hay pelo, el color gris. El color gris era una metáfora de aquellos años, tan presente en la lente cotidiana que una noche, en Tonos y Toneles, Francisco Heredia nos contó abajo del escenario a algunos que lo escuchábamos, que la dictadura había fijado los ojos en esa metáfora y había operaciones para impedirla en las canciones, además de directamente prohibir las mismas canciones. Eran operaciones de "depuración ideológica". Como todos saben, era una época donde solo sabíamos las cosas de boca en boca, a través de los diarios, la radio y la tele, medios fuertemente censurados, salvo escasas excepciones. No había artefactos para contarse algo en unos segundos y que se ponga a circular entre miles más rápido que una porción breve de giro de la Tierra. Mentirnos, nos mentían igual, nos ocultaban cosas. Pero estos jóvenes, los de ayer -imagínenselo los de hoy- tenían las mismas ansias por comerse el mundo que le cabe a esa etapa de la vida, siempre y cuando el mundo no te haya comido a vos antes de darte cuenta.
Marx grabó una frase en su Dieciocho Brumario que no se aplica a este caso más que como juego de palabras: "La historia ocurre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia". Que yo sepa, y fui contemporáneo de ambas, aun cuando era trágico el contexto, la primera vez de la historia y también la segunda fueron celebratorias, y se dieron en el Teatro Comedia. Y si decimos las dos veces del Comedia, podemos también estar hablando de que, en 2007, hubo un incendio y quedó en ruinas esa sala levantada en 1913, reconstruida 16 años después, en 2023, hoy sala municipal.
Aparte de las dos veces del teatro, un antes y un después, también hubo fuegos, cenizas, reconstrucciones, proyectos políticos en pugna en lo largo de los cincuenta años entre una y otra rima con el movimiento de Canto Popular: en el año 1975 la primera, la original; y la segunda en marzo de este 2026, como conmemoración cultural, en el mismo terreno, en el nuevo teatro. La segunda vez del Comedia, un mes atrás, fue a sala llena un domingo por la tarde-noche. Hubo diversos estadios y fibras del sentimiento que recorrió el público. Un público entre quienes una parte había asistido a reencontrarse con un momento propio. Si hay que elegir una impresión primaria de esa noche, creo que hay que mencionar las ausencias que flotaban en el escenario y en el público, traídas por sus nombres, por sus poesías, por sus canciones. Por el recuerdo. Unas ausencias venerables que más invocaban que evocaban las palabras, las músicas, los cuerpos, cincuenta años más tarde. Sobre esa segunda noche dirán lo suyo otras voces.
Esa sala, la actual, y esa noche reenvían a otra noche de segundo aniversario de Canto Popular en agosto de 1975, en el recinto original. Una unión de artistas cordobeses nativos o por opción que aunaban sus proyectos solistas y grupales en los años setenta para manifestar en tanto colectivo desde diversos lenguajes, los ideales que compartían. Que eran asimismo los del estudiantado cordobés en cuyo número había un público ampliado que aportaba su presencia, por ejemplo, en los Recitales Populares de Radio Universidad, desde los años sesenta, y que también habían sido los estudiantes del Cordobazo, un público que era parte del rizoma cultural de esa porción de vida artística en la ciudad de los setenta, no por nada una década quebrada poco después. Pero estar metidos allí, en ese tiempo original que además grababa recuerdos en la historia, aquella noche de 1975 era una fiesta donde las consignas se hacían dueñas del momento, en un recinto tomado por una juventud resistente, que le cantaba a Latinoamérica, que hacía un teatro pedagógico, a veces dirigido al oprimido, en las plazas o clubes de barrios populares; que mostraba lucidez de su época en sus poesías sembradas de compañerismo, de propósitos hacia el futuro, en sus imágenes de ruptura.
Nadie aspiraba ni aspira al regreso de Canto Popular, sería un proyecto anacrónico. Ojalá pudiéramos elegir el tiempo como quien gira con un dedo las agujas del reloj en sentido inverso. Ya que solo la memoria puede soñar que lo hace, la memoria incluso de los cuerpos, una conmemoración convierte al escenario en una especie de altar. Un escenario es un lugar siempre simbólico, por naturaleza, y en este caso -la segunda vez- presentaba "piezas" del pasado, frutos de ese pasado, fragmentos de un fresco que tanto servía para ilustrar aquellos años, y a dar testimonio de cincuenta años atrás, como a comprobar el simple paso del tiempo. Ese paso del tiempo, esas ausencias, son la piel de la cultura que llevamos los suficientemente viejos para haber respirado la misma noche de 1975 entre artistas y público, y los jóvenes de hoy sensibles al legado. Un legado que no es algo ya hecho, sino algo todavía por hacer, tarea que no tiene fin porque a los paranoicos también nos persiguen y los enemigos se recomponen, se reorganizan y atacan, una vez más, con nuevas herramientas, nuevos guiones, la misma maquinación. Ese paso del tiempo, en sí mismo a la vez trágico y rico en sabiduría, es lo que enciende en nosotros la idea de un mismo destino como humanidad que debe aprender de los errores padecidos; y también la idea de que hay en el pasado cosas que hablan al futuro, que nos cuentan, nos alertan, nos interpelan con una urgencia nueva.

"Para ir juntos"
Así titula el texto que nos comparte Mariano Medina, poeta, músico, docente e integrante del proyecto payaso Balbuceando Teatro, quien también lleva adelante una investigación histórica sobre Canto Popular. Fue uno de los invitados a sumar su canto en el escenario del Comedia, el domingo 22 de marzo. Nos comparte sus impresiones cercanas, que se entrelazan con el detallado estudio realizado sobre ese tiempo lejano, que se convierte en mosaico de una etapa de la cultura cordobesa.
"Lo ocurrido la noche del 22 de marzo en el Teatro Comedia ha sido nada más y nada menos que un abrazo fraternal. No es poco decir en tiempos como los que corren. Sensibilizados y sensibilizándonos, artistas y público. Sintiendo la presencia de los que no están, emocionados.
El Movimiento Canto Popular de Córdoba fue ninguneado por la memoria ciudadana por motivos a investigar. Fue gestado en el ámbito del Coro Universitario que dirigía Norma Basso -tal vez el primero institucional en incluir repertorio popular y salir a los barrios-; más el ímpetu de Jorge Luján y Rodolfo Taubas, que habían tenido una breve experiencia previa, y habían comentado su motivación tras reunirse en Buenos Aires con integrantes de Canto Popular Urbano. Hablamos de 1973. Los integrantes del Coro Universitario fueron conformando espontáneamente gran diversidad de propuestas musicales: dúos, grupos vocales e instrumentales, conjuntos de folklore, jazz y rock. Se les acercaron otros jóvenes que no eran estudiantes, como Francisco Heredia, Daniel Giraudo (grupo Martín Maguceno, luego Tamboor), y el obrero fabril Carlos Velázquez. Y los apoyaron profesionales como María Escudero, Alberto Sbezzi y Alberto Gambino. Una mañana la ciudad amaneció inundada de carteles verdes y anaranjados con una lista de nombres –en gran mayoría desconocidos- que invitaban a recitales colectivos el 14 y 15 de julio en el auditorio del Sindicato de Luz y Fuerza. Los artistas intentaban reflejar la realidad con sus contradicciones, para ser útiles a sus contemporáneos; "queríamos salirle al paso a la música alienante que los mercaderes de la cultura imponen a los oídos de la gente como una llovizna intermitente, condicionadora de pensamientos y gustos", se lee en un documento mecanografiado.
Los novatos comenzaron a realizar una intensa actividad con ensayos matinales, actuaciones solidarias y reuniones de discusión. Algunas de ellas estuvieron destinadas a analizar lo poético del repertorio, y allí podían presentarse Glauce Baldovin, Gustavo Roldán, Laura Devetach…

En sus escasos dos años y medio de vida como Movimiento, Canto Popular se expandió hasta no poder dimensionar la importancia de sus acciones, muchas de las cuales no están registradas en los diarios de la época. La canción popular –reflexionaron- no la puede realizar un pequeño grupo de esclarecidos. Luján escribirá en un impulsivo día de 1975: "Es fundamental la formación de un amplio movimiento de artistas que se proponga un largo camino de estudio, de compartir la vida del pueblo, solidaridad con sus proyectos y síntesis de sus experiencias". Bajo esa idea, saltaban de los barrios (Ituzaingó, Siburu, Maldonado, Los Naranjos, Colonia Lola, Suarez) a la ciudad de Rosario o a la zafra tucumana. Participan de un Frente Cultural integrado por artistas como Crist y Jorge Bonino, y de la Mesa de Gremios en Lucha. Se mezclan con la movida teatral (LTL, La Chispa, El gato descalzo). Actúan en los multitudinarios Recitales Populares de los SRT junto a Aquelarre, Gustavo Santaolalla, Los Andariegos, Huerque Mapu, Roque Narvaja, Cecilia Todd, Cantoral... Y como hito, organizan en la UNC el Primer Encuentro de la Canción Popular: siete días de música y reflexión que comparten con Leon Gieco, Carlos Di Fulvio, Armando Tejada Gómez, Chito Zeballos, Pichi de Benedictis y muchos otros. El mismísimo Roberto Fontanarrosa les diseña logo: una guitarra cuyo mástil es un puño levantado. Este evento es el puntapié para el Movimiento Canto Popular de Rosario (1975), rizoma de la Nueva Trova Rosarina. Ambos movimientos caminarán con una línea artística ecléctica, sustancialmente distinta a la de los porteños y mendocinos, más encasillados estilísticamente. Si analizamos registros de recitales de algunos artistas representativos (Nora y Delia, Francisco Heredia) comprobamos su apertura estética, atípica para entonces: obras propias de corte urbano y campesino, obras de compañeros del movimiento, como Liliana Felipe; y diferentes expresiones recientes: Paul Simon, León Gieco, Pedro y Pablo, Serrat, Di Fulvio, Leguizamón, Matías Pizarro –grupo Sol de Chile- y canciones que los cubanos Pablo Milanés y Silvio Rodríguez grabaran en simples anteriores a sus primeros LP. Incluso encontramos una canción inédita de Rodríguez, que Nora Zaga, entrevistada, no recuerda cómo conocieron.
Heredia, que por entonces compuso su canción Aguas de la Cañada, dijo con respecto a ideales y estrategias: "Hablar de Canto Popular en una ciudad como Córdoba donde existe el cuarteto que es popular, era como una afrenta bastante utópica, ¿no? Yo recuerdo que hicimos un dispensario en un barrio. Cantábamos y la entrada era un ladrillo. La gente se organizó e hicimos el dispensario".
El poeta Daniel Curado confesó a Marta Bruno: "Nos sentíamos nacidos en los confines del Sur, de una patria que se llamaba Latinoamérica. Nos queríamos cada vez más hondos y solidarios". Y agregará Caio Viale: "el hachazo del ´76 llegó sin permitirnos madurar".
Siento que en este especial y doloroso 2026, lo que sucedió en el Teatro Comedia el 22 de marzo retoma y refuerza la intención que tuvimos desde Teatro X La Identidad y Abuelas de Plaza de Mayo al editar en 2006 el cd-rom "La Pisada del Unicornio", con un relevamiento de literatura y canción popular de Córdoba que frente a la dictadura fue testimonio, resistencia, militancia y memoria. Aquel trabajo ofreció por primera vez una reunión de material inédito y disperso. Este año, sobre el escenario del Comedia hubo una importante reunión en vivo de aquello documentado. Re-unión. Con sus obvias incertidumbres, diferencias y subjetividades. Faltaron algunas sonoridades esenciales para dar cuenta de la diversidad, algo de jazz y rock, y la sonoridad andina de los Puka Wara. Pero ojalá se salve con nuestros encuentros próximos. Como dije sobre el escenario: los invitados a la celebración nos sentimos muy, muy agradecidos y, más allá de lo musical, con nuestros actos, esperamos ser dignos de la herencia, de ese amplio universo musical e ideológico que nos movilizó Canto Popular hace años, y más allá de los traspiés, hoy se muestra vivo y vivificante. Necesitamos esa energía para afrontar lo que estamos viviendo y lo inmediato porvenir. Vamos juntos."
El gesto medio siglo después
Aporta con igual generosidad sus impresiones y su vivencia histórica el cantautor Luis Alesso, también médico, uno de los músicos solistas que tuvieron papel referencial en la eclosión Canto Popular en 1973-1976, y que volvió a cantar el mes pasado desde ese lugar de la historia, en el "revival" de aquella gesta cultural.
"Sin duda fue una noche memorable e histórica lo que significó el reencuentro, 50 años después, con los compañeros músicos, de teatro, poetas, periodistas y tantos otros de ese movimiento creativo y transversal que fue Canto Popular, movimiento que nació a comienzos de 1973, desde el Coro Universitario que dirigía Norma Basso y que fue sumando artistas en una Córdoba donde el aire olía a revolución, militábamos por un mundo humano, justo y fraternal, como dice el poeta Raúl G Tuñón. Cantábamos y actuábamos en los Teatros, en los Barrios, en la Peñas, en los Café concert… Córdoba era una fiesta de cultura y solidaridad hasta que en 1976 vino esa marea negra que fue el golpe cívico militar en Argentina, con un estado terrorista y genocida. Muchos de los integrantes de Canto Popular fuimos perseguidos y muchos fueron al exilio, dejando ese vacío cultural en una Córdoba que no se recupera.

Por eso el reencuentro de esa noche de Canto Popular renovó la alegría de saber que muchos estamos vivos, creando y trabajando en nuevos proyectos. Norma Basso, desde París, donde sigue con sus Coros, envió un saludo fraternal con la promesa de venir, Caio Viale (Grupo Nacimiento), vino desde Rosario, Dante Andreo (Quintero Gregor), desde Madrid, Nora Zaga (del dúo Nora y Delia), Galia Kohan, (Teatro La Chispa), Luis Alesso, Marta Bruno, José Toledo (Quinteto Gregor), de Córdoba, todos estuvimos en el escenario, acompañados por quienes continuaron en la huella de este movimiento, como Ariel Borda, Horacio Sosa, Mariano Medina, Zurdo Roqué y Tere Ferrero, Carolina Velázquez, Lucero. Algunos integrantes no pudieron estar presentes por diversos motivos, como Francisco Heredia, Roberto Maldonado Costa, Graciela Mengarelli (Teatro La Chispa), Liliana Felippe y Jorge Luján de México, Jorge Cuiza y Miguel Alcalá (Grupo Puka Huara), de Bolivia y otros que ya no están como Chito Zeballos, Colorado Roca, Carlos Velázquez, Chiri Montero, Cacho Ruth, Rolo Taubas (del Grupo Elegía)… todos tuvieron su homenaje en esa noche maravillosa que pretende continuar con otros recitales para no dejar de estar en el escenario, porque si no están los otros, como decía 'El tambor de hojalata'."
En torno a la época de aquel joven movimiento, y a sus inspiraciones, Luis Alesso ha elaborado un resumen de acontecimientos y marcas en la cultura de los años sesenta y setenta como contexto de la decisión de fundar Canto Popular. El conjunto es preciso y se pueden leer sus efectos en las desobediencias posteriores. Para solo mencionar el listado de hitos en la conciencia histórica de la época, enumera el Mayo francés del 1968, el Cordobazo de 1969, los movimientos populares musicales de los años '60 y '70, como la Nova Cançó catalana, la Nueva Trova Cubana, la MPB - Música Popular Brasileña, la Nueva Canción Chilena, todas ellas índices de un estado generacional hijo del joven hartazgo respecto a una época que -como toda época- estaba llegando a su fin.
La historia vuelta documento
Por su parte, los productores de ese reencuentro, Diego Quiroga, Mauro Beccaria, Guillermo Ruibal, trajeron a escena la memoria en el marco de un proyecto que incluía la grabación de este recital en el Comedia, cincuenta años después. El proyecto es parte del material para un documental que se encuentra en producción. Nos transmitieron en entrevista las motivaciones y la proyección de este recordatorio que refrescó en la memoria la Córdoba de los años setenta, este movimiento artístico joven y de espíritu revolucionario, también fugaz, como la historia.
Guillermo Ruibal es actualmente el secretario de Derechos Humanos de la Municipalidad de Córdoba y uno de los impulsores de este homenaje a la cultura cordobesa de hace medio siglo.
"Mi adolescencia fue en los 80, y bueno, de alguna forma esa fue la música que me atravesaba, casi sin referencias de los setentas, una etapa que quedó ahí ausente. Pero siempre estuvo eso, cómo la dictadura cortó estos procesos artísticos aquí en Córdoba, donde había unas movidas muy importantes. Se cortó de repente y pasó a ser algo que ha dejado de estar. En parte, me parece a mí, tiene que ver con los procesos culturales que han surgido, lo que es el mercado del mundo de la música, del arte, de qué se vende, qué se difunde a través de los grandes medios de comunicación, de las radios, etcétera. Lo que ha llevado por ahí a que muchas músicas se hayan ido dejando de escuchar, y si uno inevitablemente se pone a pensarse un poquito más fino, las decisiones comerciales, de qué se consume, de qué no se consume, también son decisiones políticas. Y por otro lado, al tener en mi caso medianamente un conocimiento de que sucedían cosas aquí en Córdoba que a partir de la dictadura dejaron de existir, pienso que hablamos en general de lo que fue el terrorismo de Estado, hablamos del 24 de marzo, hablamos de los desaparecidos, hablamos de las identidades políticas, de quiénes eran, y por ahí, a pesar de que creo que nos falta charlar más aún sobre las identidades políticas, porque la dictadura cayó mucho sobre trabajadores, obreros, sectores populares, etcétera, creo que siempre queda de lado, o no se reconoce tanto, lo que sucedió con los artistas, o por lo menos no aquí en Córdoba. Y acá está el punto que tiene que ver con lo que a mí me corresponde como director de Derechos Humanos de la Muni. Con Diego (Quiroga) veníamos charlando por otros temas, que también tenían que ver con la música, y yo le preguntaba si no tenía información concreta de artistas que hubieran sido víctimas del terrorismo de Estado, más algunos que tuvieron que exiliarse, y ahí empezamos a trabajar y ahí surgió el tema del Canto Popular, como una expresión importante de eso, porque justamente Canto Popular juntó a toda una línea de artistas de distintas ramas del arte que trabajaban conjuntamente, que generaban espectáculos conjuntamente, que recorrían conjuntamente, y que tenían un perfil muy politizado."
Interviene Diego Quiroga, periodista y comunicador en radio, televisión y prensa gráfica, para aportar datos de la investigación sobre las fuentes documentales, fotografías, entrevistas, búsqueda de audios de la época o posteriores, que se han revisado para esta producción sobre Canto Popular.
"Hemos reunido fotos, imágenes de archivo, como por ejemplo del Coro Universitario que dirigía Norma Basso. Casi todos los que participaron el domingo, prometieron pasarnos más fotos. También estamos detrás de algunos audios, teniendo en cuenta que la mayoría o casi todos los de esa época no editaban discos, era muy difícil hacerlo. Entonces hay algunas grabaciones en vivo y después están los discos que salieron unos años después cuando se fueron a Venezuela, a México y ahí está el caso de Nora y Delia que editaron un disco, también el grupo Nacimiento que editó afuera, el grupo de Jorge Luján y que también ahí participaban, por lo menos en las grabaciones, Francisco Heredia, Liliana Felipe, entre otros. Y también tenemos el disco que el Colorado Carlos Roca grabó a dúo con un chileno en México las canciones que hacía en la época de Canto Popular. El colorado Roca es el autor de Quiero la poesía, que era como una canción así muy conocida en esa época, que de hecho también, además de grabarla él, la grabó el dúo Nora y Delia. Y también es el autor junto a Chiri Montero, músico recientemente fallecido, la canción Retumba el árbol, con la que abrió el espectáculo y cerró luego con todos los invitados juntos el día domingo el Teatro Comedia."
Amplía además Diego Quiroga información sobre el punto en que se encuentra el proyecto de documental sobre Canto Popular.

"Ahora empezamos a planear la posproducción. Obviamente estuvimos dedicados cien por ciento al encuentro sobre el escenario, aparte ahí en ese lugar tan representativo, en el teatro Comedia, donde ellos habían hecho un aniversario, donde festejaron dos años de vida en el año 75. De esa noche hay una emblemática foto, que de alguna manera fue como disparador o la que generó, la que nos motivó a nosotros. La foto muestra un final de presentación donde están todos haciendo como un cierre, es una muy buena imagen de lo que era es todo ese movimiento. Después de que empezamos a hablar del documental, dijimos, ¿y si hacemos una juntada, una reunión, una vuelta? Y automáticamente se nos vino la imagen de esa foto, ¿y por qué no? En el mismo lugar, ahora obviamente con el diario del miércoles, es una prueba que ya pasamos y podemos decir que lo hicimos, que fue mucho trabajo entre nosotros tres, pero también obviamente de parte de los músicos que se sumaron a esta propuesta de hacer eso, de hacer una reunión, que estén los históricos y también invitar a otros que tuviesen relación con ellos, y filmar con varias cámaras, cuatro cámaras, y grabar, grabar bien eso, entonces por eso es como que hablamos con el turco Saba, que le gustó la propuesta de hacerlo, y se sumó. Por su parte, porque él en esa época de Canto Popular trabajaba con Mario Palacios, que era el que hacía sonido en esa época, que también era otra persona que básicamente estaba en muchos eventos de Canto Popular que les hacía sonido. Y bueno, en este caso el Turco Saba también quiso participar.
Básicamente lo hicimos. Hicimos una gran parte. Primero armar eso, de alguna manera producirlo, y después se hizo, y se hizo ante público, y aparte lo lindo es que hubo buena convocatoria y todos muy contentos y fue muy emotivo y a la gente le gustó. De hecho, están pidiendo, no a la gente, sino entre ellos también como que se entusiasmaron y les gustaría repetir la experiencia. Pero bueno, eso ya terminó, nosotros recontentos porque se hizo, y ahora empieza la segunda parte, ahora tenemos más tiempo, tomando en cuenta que tenemos otros trabajos, no nos dedicamos exclusivamente a hacer documentales, pero nos quedan entrevistas por hacer al resto de los que estuvieron, y la idea es ir haciéndolas. No tenemos una fecha de estreno, así que a eso lo vamos a ir viendo. Lo que sí, queremos hacerlo muy bien. Nada ni nadie nos corre."


