Del 1 al 5 - Crónica de una moraleja disfuncional
Fernando Vélez
Las moralejas son propias de las fábulas y siempre se develan al final de la historia. Tenés dos caminos: leer hasta que te aburras o llegar al final.

Jueves 1° de enero de 2026, 16,30 hs.
Aunque los servicios metereológicos habían avisado la tormenta, no me esperaba lo que iba a venir. Desprevenidos nos encontramos en la puerta de mi casa mirando cómo el pequeño patio era destruido por la piedra que caía en seco desde tres de los cuatro puntos cardinales. Las piedras estallaban y se desgranaban contra todas las superficies. El destrozo me dejó como saldo: vidrios rotos, el techo de mi cochera/taller inservible, la camioneta abollada y el tanque de agua y los caños de bajada a mi casa y el departamento perforados. Esa tarde ingresaban al departamento de alquiler por día dos pasajeros. Lo primordial era el estado de la pérdida de agua para saber si podía recibir los huéspedes o tenía que derivarlos. Subí al techo a las 18 hs y comprobé que el caño de bajada de agua se había fisurado. Era 1° de enero, no había nada abierto para comprar un repuesto. Lo único que pude hacer fue vendar el caño con un rollo de streach que tenía. Deduje que aunque hubiera una pérdida, mientras siguiera ingresando agua al tanque estaría todo bien hasta que pudiera repararlo al día siguiente. No les avisé del inconveniente a los pasajeros y les dije que los esperaba. Llegaron a las 20 hs del primer día del año. Era una pareja de unos 45 años, en un buen coche, manejaba la mujer. Al descender nos saludamos, el hombre demoraba así que su pareja acudió en su ayuda. El hombre estaba enyesado de su pierna derecha, desde la rodilla hasta el pie, se movilizaba con dos muletas. Instintivamente, casi de un modo premonitorio, me agarré la cabeza.
-No! –exclamé- ¿Qué te pasó?
-Me corté el tendón de Aquiles.
Los hice ingresar y me puse a su disposición. A las 23 hs la mujer me llamó al celular.
-Hola Fer, ¿Cómo estás? Te cuento que estamos en el baño con mi marido, lo estoy lavando para la cirugía que tiene mañana a las 6 de la mañana…y vos sabes que lo tengo acá todo enjabonado y no sale agua. ¿El baño funciona así?
Lo que respondí no viene al caso porque eran una infinidad de disculpas, algo había fallado en mi conjetura. Inmediatamente subí al techo con dos escaleras para comprobar la integridad del tanque. En el camino, entre medio de las tejas mojadas, me crucé con la comadreja que visita mi cocina casi todas las noches, le tiré una patada a lo lejos. Llegué hasta el tanque y comprobé que estaba vacío; el flotante no tenía la boya y además estaba trabado. Es decir que mientras el caño de bajada se iba en aguas, en el tanque no ingresaba una gota de agua. Mi conjetura de una rotura que podía funcionar como una especie de fuente permanente no había funcionado. No sólo eso. Era un espanto para el pobre tipo enjabonado en el baño que se tenía que operar al día siguiente.
Viernes 2 de enero de 2026
Por la mañana temprano llamé al plomero, porque si bien yo hago esas reparaciones, a esta altura ya no confiaba en mis capacidades. Yo tenía mucha urgencia y estrés porque a las 16 hs. Ingresaba una pareja por 6 noches. La piedra había destruido todo eso, pero también había roto todas las plantas y las hojas habían caído en el techo de teja colonial, que también había sido castigado. Pasado el mediodía el plomero solucionó los problemas de agua. Cuando terminó, bajando de una escalera, me preguntó:
-¿Cuántas chances tenés que las piedras te pinchen el caño y al mismo tiempo se tranque el flotante del tanque? Te hiciste el año, culiado!
-No sé….si!
El plomero se fue y me quedé muy contento. Era viernes 2 de enero.
Llegó la pareja que iba a vacacionar, dos mujeres que estimo de unos 30 años, Victoria y Lourdes. Llegaron en Uber. Se habían quedado esperando en un Mc Donalds cercano hasta que estuviera el departamento listo.
Sábado 3 de enero de 2026
Me desperté muy temprano, vi las noticias de la invasión de EEUU para llevarse a Maduro y su señora. Eso me trastornó. Estuve viendo noticias mucho tiempo. Finalmente hice fiaca y al mediodía fui al supermercado para hacer las compras. Al llegar a la esquina de la farmacia y la avenida me encontré con un perro perdido. Era joven y bonito. Cruza de bóxer con desconocido, pelaje corto color miel, muy atlético, de temperamento nervioso pero dócil, llevaba collar de cuero color suela. Me dejó tocarlo. En el momento tuve un impulso por rescatarlo inmediatamente. Reconocí mi alerta interior que ya conozco y le dije:
-Ya vuelvo, no te muevas.
Crucé la avenida sin mirar atrás, entré al supermercado e hice mis compras. Al salir me encontré con el perro esperándome en la puerta, me había seguido. Le dije que me viniera conmigo. Crucé la avenida sin mirar atrás. El perro me siguió. Al terminar de cruzar la avenida me di vuelta para verlo. En ese momento lo atropelló un auto, una Eco Sport de color bordó. El perro rodó y comenzó a gritar y llorar en un costado de la calle. Dejé las bolsas en el piso, vi que no había sangre.
Me acerqué y se alejó. Lo intenté de nuevo y otra vez se alejó. Junté mis bolsas y lo llamé. De ese modo lo llevé dos cuadras hasta mi casa. Abrí la puerta y esperé que el perro entendiera. El perro entró. Me sentí bien, redimido. "Ahora sí empiezo bien este año" pensé. Me sentí tan bien, pero tan bien que me reía solo. El perro que recién llegaba a mi casa se llevaba bien con las gatas. Tuve la tentación de quedármelo. Pero lo que más contento me ponía era que lo iba a ayudar a encontrar de nuevo su hogar.

Le hice varias fotos y un video. Lo compartí entre mis amigos y vecinos de la zona. Uno de ellos me dijo:
-¡Fer! ¡Conozco a la número uno de los perros! ¡Es como una Abuela de Plaza de Mayo que recupera nietos, pero de perros! ¡Nunca falla!
-De una! Pasáme el dato.
La mujer en cuestión se llamaba Rossana. Le escribí y le dije lo sucedido, también le compartí las fotos y el video del perro. Me respondió enseguida y me solicitó que en una de las fotos que le había mandado pusiera mi celular y los datos y circunstancias del encuentro con el animal. Lo hice y se lo envié. A los cinco minutos me mandó un mensaje diciendo: "!Listo! ¡Ya lo publiqué en todos lados!" Me sentí mejor que nunca mientras miraba al perro aullar en el patio.
A los 5 minutos recibí una llamada por wahtsapp de un número desconocido. Atendí. La charla fue como sigue:
-¡Fer! ¡Fer! ¡Hola Fer! ¡Te llamo por el perro que encontraste! ¡Estoy acá con mi hijo y lo queremos ver! ¡Estamos desesperados! ¿Lo podemos ver? ¿Lo tenés vos? (Mientras hablaba se oían voces y ruidos de ciudad)
-Hola, ¡Si! Yo lo tengo
-¿En serio? ¡No! ¡Me muero! ¿Lo podemos ver? ¿Te puedo hacer una videollamada?
-Si, ¡Más vale! ¿Cómo te llamás?
-Rodrigo ¡Fer! Ya te llamo. Dame un toque y te llamo. ¡Gracias Fer!
Sonó la videollamada por whatsapp y atendí
-¡Fer!! Fer! ¿Vos me ves? ¿Vos me ves?
-No, veo toda la pantalla negra y en una ventana me veo yo.
-Ah!!! ¿Vos tenés Iphone?
-No, qué voy a tener Iphone…
-Ah…ya te llamo de nuevo, ¿Puede ser?
-Sí, dale.
Nueva videollamada de whatsapp
-¡Fer! ¡Fer! ¿Ahora me ves?
-No, está igual que antes.
-Claro! Entonces es una incompatibilidad entre Iphone y Android. Yo te lo soluciono así podemos ver a "Cachito" por video con mi hijo. Te voy a mandar un código de mi teléfono y vos me decís los números que ves, ¿Puede ser?
-Si, dale.
Desde ese momento la charla se trató de un intercambio de pantallas donde en la mía veía una fila de seis dígitos. Rodrigo me pidió que se los dijera, lo hice. Luego me dijo que no había funcionado, que me iba a mandar otra tanda de números y que se los dictara. Cuando iba por el quinto número me di cuenta que era una estafa. Me enojé y exploté en furia. Mucho no podía hacer porque no tenía a mano a Rodrigo. Así que lo insulté de arriba abajo. Le dije que lo iba a matar a él y a su hijo. También le dije cosas mucho peores que no voy a reproducir. Él me decía que no le corte. "¡No Fer! ¡No cortes!". Lo primero que hice fue cortar la llamada y en medio del impulso de ira descomunal pensé que debía desinstalar wathsapp antes que me hackearan todo el teléfono. Lo hice, mi teléfono comenzó a recibir llamadas desde el número de Rodrigo y también de otros números desconocidos. No atendí ninguno. A esa altura del sábado 3 de enero de 2026 mi enojo estaba casi completamente desatado.
A las 17 horas mi furia estalló contra el perro que había socorrido. Pensé en pegarle. No lo hice. Lo miré fijamente, del mismo modo que los me conocen no quieren que los mire. El animal se dio cuenta y comenzó a aullar desesperadamente. Salí al patio despacio y también despacio le abrí la puerta sin tocarlo. El perro ganó la calle agradecido. "Perro de mierda" dije suavemente en el patio mientras volvía por el pasto crecido. Eso me dio algo de alivio porque me había sacado un problema de encima pero ahora tenía otros. Ya no tenía whatsapp y la estafa se estaba iniciando. En primer lugar le avisé a mi familia, luego comencé a comunicarme con los clientes del departamento a través del messenger de Booking, uno por uno alertándolos de la situación. Después los bancos y aplicaciones de pagos, luego avisar por Instagram a mis amigos y conocidos que curiosamente no había sido hackeada. Así pasé toda la tarde hasta la noche, dando explicaciones, pidiendo disculpas y en otros casos mintiendo. Cuando me disponía a dormir recibí un llamado que lo empeoró todo y me quitó el sueño, pero es algo que no pienso contar.
Domingo 4 de enero de 2026
Desperté resacoso por la mañana. Me fui a caminar por mi circuito del Parque Kempes. Volví, me bañé y me dispuse a mirar el celular. Tenía un mensaje de mi pasajera Victoria que había llegado el 2 de enero. Decía:
-¡Hola Fer! Recién veo el mensaje. ¡Qué Garrón!
-Si Vicky, un mocazo. Cualquier cosa por acá, no por watsapp.
-Si! Yo ayer perdí mi billetera con todo lo que tenía. Plata, DNI, tarjetas, ¡Todo!
-¡Nooo! ¿Dónde?
-En la Reserva del Río Suquía, acá cerca…
-¿Querés que te lleve a la policía?
-No, ¡Gracias Fer! Voy a denunciar las tarjetas nomás
-¿Segura?
-Si
Después de esa charla no pude evitar pensar que estaba sucediendo un conjunto de sucesos extraordinarios. Durante todo el domingo permanecí encerrado e incomunicado.
Lunes 5 de enero de 2026
Por la mañana, al despertarme, ya quería que el 2026 hubiera terminado, "El 2026 está perdido" me dije a mi mismo. Empecé a pensar en el 2027 como si fuera un futuro y me di cuenta que me estaba repitiendo, "También el 2027 está perdido" me dije de nuevo. Mientras cagaba y pensaba eso, agarré el celular y vi que mis trámites para recuperar la cuenta de wathsapp habían dado resultado. El alivio fue doble. Mientras aún hacía fuerza en el inodoro pude ver cómo se actualizaba la lista de chats de la aplicación…era interminable, llena de números desconocidos. Tiré la cadena y me fui derecho a la ducha. Me quedé un rato largo. Fui a la mesa del comedor con el mate y por fin abrí la aplicación en el celular.
Había muchos mensajes, todos inconclusos. Primero leí los de mi familia, amigos, conocidos y clientes a los cuales habían contactado. No hubo estafas concretadas. Todos los que me conocen saben que nunca pido plata, más vale salgo a robar antes que pedir.
Después de ver lo que importaba comencé a mirar lo desconocido, temiendo también que atrás de esos mensajes se encontrara otra estafa, un virus, un hacker, un Trump, o un troll cualquiera. Revisé todos los mensajes, todos eran por el anuncio del perro perdido. Todos eran de mujeres. El único contacto que tuve de un hombre por el perro, fue el de Rodrigo que me hackeo la cuenta de wathsapp. A todas las mujeres les dije que me habían hackeado la cuenta por tratar de ayudar y que el perro se había ido por debajo de la puerta. Algunas demostraron sorpresa al enterarse.
También me encontré con lo menos pensado. Ahí, entre 12 mensajes desconocidos, estaba el de la farmacéutica del barrio, Carolina.
-Hola Caro, ¿Cómo estás? Acabo de ver tu mensaje y tus llamadas perdidas. Ayer me hackearon la cuenta de wathsapp. Recién veo esto porque la acabo de recuperar. ¡Espero que no te hayan estafado! ¡Mil disculpas Caro!
-¡Fer! ¿Qué pasó? Vos sabés que el sábado me llegó tu mensaje del perro a través de Vivi, tu vecina. Y bueno…viste…yo estoy en varios grupos del barrio, por la farmacia…entonces lo compartí a tu aviso en los grupos que tengo.
-Claro, si. ¡Muchas gracias!
-No, ¡Pará! La cosa es que cuando ya había compartido tu publicación me dijo mi sobrina que vive al lado: "Caro, ese perro está en la puerta de tu casa". Entonces salí y lo vi que estaba ahí en la vereda. Así que busqué una correa y lo agarré.
-¿Y?
-Y bueno, entonces me puse a pensar y dije: el aviso lo hizo el Fer, así que mejor se lo llevo a su casa que es acá a una cuadra. Y le pedí a mi sobrina que me acompañe a llevarte el perro a tu casa.
-¿En serio?
-Si Fer! Fuimos a tu casa y te estuve llamando y gritando y vos nada. No contestabas nada.
-No Caro, yo estaba encerrado adentro de mi pieza y ahí no se oye nada. Además tenía el wathsapp hackeado y no quería salir. ¿Y qué hiciste?
- Y nos volvimos, pero Fer, ¿No viste la foto del DNI que te mandé?
- Todavía no puedo descargar los archivos adjuntos de wathsapp. ¿Qué foto?
-Una chica…María Victoria Panyvino ... .Encontramos su documento en la vereda de tu casa.
-¡No! ¿Me estás jodiendo? ¿En serio? Ella es mi pasajera, ¡Está acá en el departamento!
-¡Si! Lo encontró mi sobrina. Pregúntele si perdió algo más.
-No hace falta, yo te digo. ¡Ella perdió toda la billetera llena de plata, los documentos y todas las tarjetas!
-Bueno Fer, encontramos todo eso.
-Pará un cacho que le cuento a Victoria.
Ya le avisé, ¡No lo puede creer! ¿Cómo hacemos?
-La billetera la tiene mi hermano y solamente se la va a entregar a la dueña acompañada por vos a las 18 hs. Te paso la dirección.
-Dale, ¡Gracias Caro!
En el horario convenido fuimos con Victoria a recuperar su billetera a la casa del hermano de Carolina, la farmacéutica. Caminamos juntos cien metros hasta la casa en cuestión. Golpeamos las manos, al ratito salió un hombre de unos 55 años, de paso cansado, delgado, con cara de nada y una mirada esquiva por momentos. Caminó hasta la reja de entrada de su casa y sin abrirnos la reja desde allí nos interrogó.
-Hola Luis, soy Fer. Venimos por la billetera que perdió Victoria, mi pasajera.
-Hola. ¿Cuál es tu nombre completo? –le preguntó a ella sin ni siquiera mirarme.
-Victoria Panyvino
-¿No tenés otro nombre?
-María Victoria Panyvino
-¿Número de documento?
-treitisietemillonesseteciendosdosmilquinietos
-¿De qué color es la billetera?
-Negra
-¿Marca?
-Isadora
-¿Qué tarjetas tenías en la billetera?
Victoria comenzó a responder sin ponerse nerviosa pero también olvidada de lo que llevaba en su billetera. Yo, por mi parte, no podía dar crédito del interrogatorio que estaba presenciando. Preferí guardar silencio y no reaccionar como con el perro. Por algún motivo Luis, el hermano de Carolina, dio por finalizado el interrogatorio y decidió devolverle la billetera con todas sus pertenencias a Victoria. Nos volvimos en silencio sin decir palabra. Al ingresar al departamento me agradeció amablemente.
A las 20 hs del 5 de enero Carolina me preguntó por wathsapp
-Fer! ¿Mi hermano les dio la billetera?
-Si Caro! ¡Espectacular! ¡Muchas gracias!
-¡Me alegro! De paso, no te conté lo que pasó con el perro…
En ese instante sentí que se estaba iniciando un infarto masivo y que había llegado mi hora. ¿Para qué demorar lo que debe ser? Que sea lo que Dios y la Virgen Santa permitan…
-Contáme Caro…¿Qué pasó?
-¡El perrito volvió con su dueña¡ Una chica de acá cerca, de San Camilo! Lo vinieron a buscar a mi casa.
Me quedé pensando qué hubiera ocurrido si no dejaba salir al perro nuevamente a la calle… ¿Victoria hubiera recuperado la billetera? Carlitos, el perro se llamaba así, ¿Hubiera vuelto a su hogar?
Llegamos al final. ¿Cuál es la moraleja?
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