De brújulas culturales

10.09.2026

A propósito del aniversario de Tierra Media


Luis Rodeiro


1)

Habitar, en pleno siglo XXI, el continente de Tierra Media, donde se suceden mes a mes, historias fantásticas, poemas alucinantes, cuentos de muchos colores y sabores, casi siempre intensos, sin dejar por eso el gris, reflexiones del pensar, amores y odios, críticas y elogios a las innumerables manifestaciones del arte. Es un orgullo pertenecer a un séquito que inventa nuevas luces para ese continente, que busca rescatar tesoros literarios guardados en viejas vasijas o escondidos bajo piedras o en el fondo del mar. Un continente ficticio, pero real. A veces más real, que la propia realidad.

Las 38 ediciones de la revista digital Tierra Media es un eslabón de lujo en una larga cadena histórica que se repite, pletórica de revistas que fueron son y serán siempre un espacio para pensar, para decir escribiendo, para leer y gozar, para conocer a los protagonistas de la cultura que conviven en un momento, en una época, en una realidad, y que dejan sus huellas indelebles en el amplio mundo de la cultura. Nació en julio de 2023, cuando Córdoba cumplía 450 años. Su edición digital, con su diagramación exuberante, mes a mes, se fue convirtiendo en algo que se espera, que se goza, que se anhela y que permite una mirada abarcadora del arte y la cultura de nuestra época, a la que pertenecemos de algún modo. Es repito, un honor y un orgullo, habitar ese continente que se recrea cada tanto con otros nombres, pero en ocasiones con los mismos nombres de los hacedores del prodigio, en la continuidad de esas revistas culturales, de ese continente ficticio en el que viven para siempre. Siempre. Hoy por hoy, esa referencia se llama Tierra Media y en su homenaje, quiero recordar aquellos viejos nombres de lucha por la cultura, con que se fueron nombrando, cada eslabón de esa larga cadena a la que pertenece.

Esta lozanía y esta ocasión, me lleva a pensar en esa historia de revistas culturales a la que ya pertenece Tierra Media, como un homenaje porque vino a renovar una tradición propiamente cordobesa. Cada porción de ese continente refleja la realidad de un momento, de una generación tras otra, que lo vive a su manera con compromiso con el presente y con el futuro que se sueña.

2)

Comienzo por Clarín (1926-27), que la imagino como precursora de alguna manera, de la que escribió otro Rodeiro más joven, mi hijo, y en la que escribió otro Rodeiro, también en aquél tiempo más joven, mi padre que hace mucho que no está. Su tiempo y su generación se alimentaba de la experiencia vivida intensamente desde aquella lucha por la Reforma Universitaria de 1918. Vaya momento. Carlos Astrada y Saúl Taborda, dos intelectuales que habían removido las aguas estancadas del viejo pensamiento, la proyectaron y la dirigieron sucesivamente, rodeados de nombres muy caros a la cultura cordobesa como son -aún ahora- los de Emilio Petorutti, Antonio Navarro, Carlos Brandán Caraffa, Juan Filloy, Adolfo Mochkfosky, entre otros, que se reunían a discutir el mundo que moría y a dibujar el boceto del que se deseaba, en aquél sótano del estudio jurídico de Deodoro Roca, precisamente el autor del histórico Manifiesto Reformista del 18.

"Allá por 1926, la Capital Federal puede decirse que por unos meses se trasladó a la ciudad de Córdoba. Un pequeño periódico de pocas hojas irrumpió en la apacible provincia, abriendo los oídos con el pregón se su nombre: Clarín", leyó el Rodeiro hijo, en un recorte de diario que guardó alguna vez el Rodeiro padre, que fue parte de la creación, amarillento ya y sin nombre de fuente y autor.

"Cuatro palabras, decía su primer editorial, que a manera de toque de atención dan al aire la formal promesa de traducir en la afinada sonoridad de nuestro CLARÍN la vital inquietud de estos días grávidos y proteicos. De horizontes estremecidos viene hacia nosotros un nuevo sentir. Acojámoslo cumplidamente en nuestra morada porque él es portador, con radioso mensaje de claridad, de la cálida simiente de flores inéditas [...)".

3)

Este recordar publicaciones culturales, a propósito del aniversario de Tierra Media no es –advierto- una historia completa, sino una mención a las más cercanas de quien esto escribe. Por eso, me salta a la memoria Umbrales, que se presentaba como crónicas del fin de siglo, editada por el Círculo Sindical de la Prensa, entonces bajo la conducción de Juan Carlos Giuliani. Elijo la edición 11, abril de 1999, dirigida con toda la experiencia periodística de la inolvidable María Rosa Grotti, secundada nada menos que por Roberto Reyna, y las esperanzas jóvenes de Bettina Marengo, Fabricio Esperanza, Guillermo Posada y Rosana Guerra. Y más atrás, la sombra del "Tío" Ponsati, frondoso árbol de periodismo cordobés, asomando con sus luces. Este número que memoro, estaba dedicado a un nuevo aniversario del histórico Cordobazo, que marcó hondo a otra generación y dio la carnadura a la revista de 114 páginas diseñadas por el gran Sarlanga. En el dossier de ese recuerdo yo escribí sobre el Cordobazo como ejercicio de memoria, con el título de "Los guerreros y las vísperas"; en tanto el Negro Reyna hurgaba en las raíces de la rebelión y Luis Reinaudi se encargaba de la crónica del estallido. La revista se internaba en una realidad cultural, que incluía la política, la economía, lo social, y José Aricó nos hablaba de "Imaginarios y Cultura a fines de los '60". No faltaron, por cierto, los testimonios en ese número del Negro Atilio y el Gringo Tosco. Y la crónica literaria se expresaba a través de Gabriel Abalos, sí el mismo, nuestro actual director de Tierra Media junto a Jackie Bini, con invitados como Juan Gélman que nos decía: "el chiquito pordiosero del tren pide no más que una moneda / ¿el chiquito pordiosero del tren pide no más que una moneda/ (…)?". Y cerraba la Glauce Baldovín, con un estrofa amorosa: "El amor supo cuánto debió esperar / cuándo desaparecer. / Sabe ahora / nosotros también lo sabemos / cuál fue su equivocación: / Nunca debió dejarnos, / Nunca debió pensar que alejarse era salvarnos. / Jamás pedimos nuestra salvación / sólo vivir y morir en el incendio". Me pregunto, ¿no estaba ya insinuada Tierra Media en aquél Umbrales que memoro?

4)

Una mención especial merece Letras Mediterráneas, nacida en 2010, con la dirección de Horacio Lonatti. Por esas cosas del destino me tocó hacer su presentación y señalé que el grupo cómplice de la aventura ponía en nuestras manos nuevamente una revista de cultura, una revista de letras. Una revista para leer, para gozar, para reflexionar, para dialogar. Se estructuraba a partir de una nota de tapa, dedicada a la obras de una figura específica. La primera edición le tocó a Daniel Moyano, el autor del Trino del Diablo y de El Vuelo del Tigre. Y acudí precisamente a un cuento de Lonatti sobre un personaje que había llegado a la ciudad y había quedado maravillado de la visita a un parque donde había visto, junto a su compañera, malabaristas que hacían proezas imposibles, un gaucho que con los ojos vendados bailaba un malambo en medio de varias filas de botellas sin tocar ninguna. Pero el asombro mayor se lo produjo un artista que tomó unas 20 agujas y se las introdujo en la boca, cortó una hebra de hilo, la aspiro por la nariz y ante el estupor del público, sacó por su boca todas las agujas enhebradas. El visitante había encontrado su vocación, si ponía todo el esfuerzo. Pero no fue la única, cuando se hizo la noche, vio avanzar a un hombre de abrigado sacón y bufanda protegiéndose el cuello y que caminaba entre el público con una bolsa gigantesca. Ese hombre metió la mano y le entregó una revista. Se internó en ella, la devoró con avidez y otra vez se maravilló. Pasaba una y otra vez de la prosa de Pancho Colombo, a los versos de Julio Yofre y a la reflexión de Croce y la frescura de la poesía del cubano-cordobés Tomás Barceló Cuesta. Así descubrió su segunda vocación: seré un lector, un sostén, un suscriptor y un protagonista de esa maravilla que descubría. El hombre de la bolsa era Horacio Lonattti y la revista Letras Mediterráneas. Una maravilla que unía a protagonistas como Susana Arévalo, Susana Cabuchi, María Teresa Andruetto, Oscar del Barco, Alejandro Nicotra, entre otros, con aires de Tierra Media que aún no había nacido.

5)

Otro eslabón, otro hito. Cuando Sergio Schmucler "volvió" otra vez del exilio, cuento en mi libro Textos Viscerales, inventó de la nada, como Maradona ante los ingleses, la revista con el nombre de La Intemperie, pensó que sería el punto de reunión de "los que queríamos buscar en la memoria, en los olvidos, en el afecto, ideas que nos vuelvan a enamorar, que nos ayuden a encontrar el camino de la posible y necesaria rebeldía", escribió en el primer editorial. Otra realidad, otro eslabón, otra brújula, otra revista. Participé de ella, esa vez, con la definición que el diccionario da a la expresión a la intemperie: "a cielo descubierto, sin techo". Haciendo explícito ese tiempo entre la derrota, la dictadura y la democracia recuperada pero débil, no dejaba de preguntarme: "¿Qué cuántos éramos los que nos sentíamos a la intemperie? ¿Somos muchos? Sí, somos muchos los que andamos destemplados. Somos muchos los que andamos a la intemperie, que caminamos a cielo abierto, que no tenemos techo que nos cobije. Que estamos a la intemperie, pero fieles a nuestra idea de justicia y libertad; que rechazamos de cuajo los valores con que lo poderosos moldean nuestro mundo, que no renunciamos a la convicción de que otro mundo es posible. Estamos enteros, pero sin cobijo". Otro tiempo, otro eslabón, otra revista, otra brújula que señalaba un futuro.

6)

Esa democracia recuperada, aún restringida, con sus imperfecciones, con sus debilidades, trajo nuevos aires que permitían respirar y bastante más. Emanuel Rodríguez rompió el molde y publicó un dossier anexo en La Intemperie, con un humor nuevo, inteligente, atrevido. Pero no se quedó quieto. Inventó su propia revista de letras, con la complicidad de los que caminábamos buscando. La llamó Diccionario y la definía como "un desafío creativo, un juego, con signos que sugieren palabras, temas, obras". Y anunciaba: "a partir de las letras del alfabeto español, invitamos a artistas de diferentes disciplinas y géneros. Cada uno recibe una letra y una fecha límite como únicas consignas. Una inicial, un capricho, una obsesión, y las posibilidades del azar, librado a un tejido de caos y necesidades; cada número de Diccionario es una intervención colectiva sobre el lenguaje y el mundo". Fue en la primavera de 2007 y explotó desde el primer número, al propio Emanuel le tocó la A y hablo de arte y amplió su contenido, soñando por ejemplo un texto hecho con las letras de los nombres de sus amigas. Y subrayaba que una obra de arte es un significado para el mundo, como sus pelos, sus bocas, sus ropas con que anda, las cosas importante que de vez en cuando dicen (…). Celina Alberto con su B a cuestas eligió temas breves: Bombón, Beibi, Botón. Emmanuel Biset, por ejemplo, a quien le tocó la D, se metió de lleno con Derrida; Ham se dedicó a presentar las fotos de Claudia Tossero. No faltó Cristina Bajo, que cargó con la K y escribió sobre Katterine Mansfiel y el Daniel, sí el Salzano, que le tocó la W, escribió precisamente sobre la W. Y de y…, fue el tema de Ciro del Barco y yo escribí sobre la libertad, porque tuve la suerte que me tocara la letra L. El listado de escribientes es innumerable. Sin duda, otro tiempo, otro eslabón, otra revista, otra brújula.

7)

Por cierto, la política y la ideología forman parte del ancho continente de la cultura. Dos revistas trascendieron los límites de la provincia y se proyectaron a nivel nacional. Una de ellas, Pasado y Presente, dirigida en una primera etapa por Oscar del Barco y Pancho Aricó, con la participación de Héctor Schmucler, Aníbal Arcondo, Juan Carlos Torre, Samuel Kieczkovsky, César Guiñazú, entre otros; quienes se plantearon una revisión crítica del marxismo, rechazando el desarrollo de la experiencia soviética y divulgando el pensamiento del pensador italiano Antonio Gramsci en el debate teórico de la izquierda argentina.

Por otro lado, más directamente vinculado al acaecer político apareció la revista Puro Pueblo, que me tocó dirigir, desde una mirada peronista y crítica de la experiencia militarista de Montoneros. En el exilio, Aricó y varios de los intelectuales de Pasado y Presente, publicaron la revista La Ciudad Futura, que presentó a debate la revalorización de la democracia y que prosiguió en Argentina tras el regreso del exilio, como sustento de los principales planteos del alfonsismo. Cada una en su momento fueron también brújulas del mundo cultural del que la política no es ajena. Sería injusto, en esta línea, no mencionar lo que se llamó el Diario de la CGT de los Argentinos, la central obrera que lideraba Raymundo Ongaro y que a pesar de su nombre era una revista, donde sobresalía la pluma del inolvidable Rodolfo Walsh. Tampoco puede quedar afuera Sur, la revista que dirige Hernán Vaca Narvaja en Río Cuarto y que llega a la Capital, con expectativas de lectura.

8)

Y esta historia de eslabones culturales que hoy memoro, tiene afortunadamente su propio archivo: Revistas Culturales de Córdoba: Andén (1979), Cambalache (1985), Chauchas y Palitos (1982), Contramano (2005), Decires (2007), Duendes de La Cañada (1994), Igitur (1966), Recovecos (1998), Tramas (1995) y muchas más, con sus respectivas tapas. Tierra Media, se suma a esa historia, aquí y ahora. Y al cumplir aniversario, festejo e invito al festejo por sus ya 39 ediciones y por las que van a venir.




Share