Editorial Agosto 2026

10.08.2026

Una flor a fines del invierno

Empieza la tercera parte del invierno y aquí estamos cuidándonos. El número de agosto es una flor que asoma entre el agua de la escarcha, una florcita que ha guardado imágenes en su interior. Laten bibliotecas, se suceden bellos cuadros pintados allá, tan cerca como aquí; perviven gestos de gratitud para con un maestro, un faro.

La florcita transparenta ideas, creatividad para otros cuerpos diferentes. Dormitan poemas sobre poemas de otros, modos de leer.

Palabras recogidas por un interlocutor, palabras que, a su vez, hablan de uno que, por ejemplo, en vez de hablar tocaba la trompeta. Homenajes al buen oír.

Y hay otros homenajes, una alegría de poeta arrancada de cuajo, con esa injusticia de la muerte a manos de otros que odiaban la felicidad que ni siquiera conocían. 

En sus pétalos la flor ha grabado imágenes vividas y admirablemente ofrecidas por, otra vez, palabras, como redes neuronales que interactúan con la ternura. Y se citan líneas bien afiladas por la inteligencia.

Se agitan luego, frente a los ojos, fotogramas tomados por gente invisible que se deja ver por un momento y puede ver también a los demás. 

Tiembla un recuerdo dedicado a los ancestros próximos a la propia sangre, que fluía río arriba. Como pececitos oscilan postales de alguien que compara la vida con las celebraciones de los máximos torneos deportivos, que son, a la vez, vínculos de sangre latiendo ante el mismo partido.

Hay, en los archivos que protege nuestra florcita de invierno, dimensiones que son un ritual: el ritual de recordar lo vivido, lo ganado al mar de las incertidumbres.

Guarda, además, una crónica de viaje atento entre aeropuertos, puertos, ciudades, cuyos detalles atrapan, y se forma una rueda en torno al que relata esa épica de ayer y de hoy.

Hay voces que claman ante el sueño esbozado de una revista invernal vista como una florcita bajo el alero de una piedra, un techo amable ante la helada. La helada pesadilla de allá afuera, y adentro de la flor esperan también la primavera versiones que subvierten las formas de ver las cosas y confirman la posibilidad de entender el horror como una especie de fósil. 

Se acercan cuadros del pasado a desplazar la realidad hacia las modas de otrora que perduran. Y vienen a contribuir pinceladas de versículos escritos como para expresar el centro ilusorio del poema, allí donde la lectura es un acto voraz. Y otro pasado que habitaron gente de letras en poblaciones de benévola altura contado en las puntadas de una buena historia.

Pasan próximas a los ojos que se han acercado tanto como pueden a la florecita donde parece transcurrir una velada inolvidable, imágenes que no necesitan explicación, o tarjetas dibujadas de cálido humor, y en su interior todo se multiplica como el estallido de un pimpollo que a su vez vibrara de vida, intentando en su gesto abrazar al mal tiempo, hasta dulcificarlo.

Todo modestamente, por supuesto.




Comentarios

- Omar: chiques qué buena y sensible editorial, a la flor que surge de la escarcha, felicitaciones

- Gastón: qué precioso editorial, qué delicadeza en la escritura: "Pasan próximas a los ojos que se han acercado tanto como pueden a la florecita donde parece transcurrir una velada inolvidable, imágenes que no necesitan explicación, o tarjetas dibujadas de cálido humor, y en su interior todo se multiplica como el estallido de un pimpollo que a su vez vibrara de vida, intentando en su gesto abrazar al mal tiempo, hasta dulcificarlo. Todo modestamente, por supuesto".

Qué bueno que salió el libro de Meir Bomheker, y me quedo con esta frase de Livia Hidalgo: "Una biblioteca privada no es un catálogo de libros; es el registro personal de un proceso. Yo soy, en gran medida, mi biblioteca". Y también para mí, como lo dice Candelaria de Olmos, "La biblioteca es... la casa". Y Laura: "¿Existen esas dos palabras (mi biblioteca) sin una casa? ¿Existe una casa sin esas dos palabras?".

Hermosa semblanza la de Sergio Schmucler por Liliana.

Y la de Federico y Dalí por Altamira.

Y la de Miles por Marcelo.

Y qué bien Jackie por colaborar con la visibilización, justamente, de los invisibles que recoge Invicines.

"Sin embargo, todo sigue oliendo mal", concluye Marta García, casi casi como si fuera una visita al cuento del número anterior, fíjense.

Dos abrazos. Y gracias otra vez.

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