Editorial Enero 2026
Enero siempre es joven

Esa sensación del renacer cada vez de un mundo ya viejo y cansado de hacerlo tantas veces. Una revista que atraviesa otro verano con la naturalidad con que todos escribimos, porque no podemos dejar de hacerlo, y de preguntar a otros, de aproximarnos a otros para saber de ellos y ellas, cada quien una astilla del sentido de ser en la superficie resbaladiza del tiempo.
Sacando la energía que otrora nos rebasaba, y ahora hay que juntar de a pedacitos, viendo tanta ignorancia que, en lugar de pedir, quita; en lugar de escuchar, dicta fallos y, sobre todo, fallas. Como eso del mundo viejo que vuelve a tropezar donde antes parecía haber comprendido o conquistado una sabiduría más. Como si la humanidad no siguiera siendo por opción humilde. La conjura de los necios cada vez descubriendo las mal habidas mieles del poder.
Nada de eso aquí. Con suerte, juventud, con suerte, madurez; con suerte, el hacer, el seguir haciendo cada día. Con suerte, los dones, los que se recibe, los que se entrega, los que se pasan al otro, pues es su turno. Con suerte, la palabra que pide permiso para entrar, para decir, incluso para callar.
Algunas cosas hemos comprendido, humanidad. Hemos visto aquella película, descubierto aquel sentimiento del que no avergonzarnos. La dignidad de la vida que camina tanteando, porque estamos de paso. Un hilo de palabras para sostener la esperanza, o al menos saber irnos sin ella, hermanos y hermanas en el dolor, en el desconcierto.
Saber que el sentido de las cosas muchas veces se esconde, y en ocasiones se revela con el sonido de un "¡Ah!", que ni siquiera esperábamos. De eso se trata tener un lugar desde el cual contemplar lo malo y lo bueno, y siempre seguir aprendiendo, soñando, amando, deseando sencillamente que todo mejore, sin ingenuidad ni soberbia. Un lugar desde el cual hacer preguntas abrazando la duda, la fiel y vieja duda ante el universo, muchas de cuyas leyes ignoramos, hasta la siguiente vez.
Gente que estamos aquí, cada uno y cada una, ese estar intenso como el que se siente que puede ser para siempre, aunque no ya para todos, porque nos vamos yendo, tras aprender, tras enseñar, tras pasar como pasamos por aquí.
Todo eso late en el corazón de esta Tierra Media, en el de cada Tierra Media, un espejo donde se demoran nuestros rostros, mirando más allá.
Sean bienvenidos, aquí, junto al fuego, también hay dioses caprichosos.
Comentarios
- Gastón: Doloroso, como todo nacimiento, el del hombre nuevo, sabrá a su tiempo el niño geopolítico de Dalí. Nada nace y nada muere sólo porque lo indique uno de los posibles calendarios, caprichoso como los dioses.
Qué alegría que Rodeiro invite a leer El infinito en un junco, es una maravilla. Y ojalá todos tuviéramos nuestra pequeña Alejandría.
Estampas nítidas de la pobreza, Dos historias de Navidad. La del carnicero contagia miedo, desazón.
Qué buena semblanza del libro de Cristina Boixadós, Gaby. Estuve en la presentación, la edición del amigo Álvaro Figueroa es estupenda. Y tus mismas preguntas me cuestiono siempre, ¿qué será del fárrago de fotos y videos del cotidiano actual, esa demasía? ¿Para qué sirve, además de la instilación de dopamina?
Preciosa la foto que encabeza Una mariposa en la telaraña, y, como en cada número, un placer la escritura de Marta García. (Y por cierto: también yo, también con actitud, le hacía a mi hija Mora trenzas como salamines... y ambos debíamos resignarnos a deshacerla, cejar en el intento y dejar nomás el pelo atado como cola de caballo, con una gomita infamante, "peinado" que ambos llamábamos chuleta.) Conmovedora su forma, desde la simpleza de esta historia, de llegar hondo.
Ahora, gracias a Hefling, volveré a ver Trenes rigurosamente vigilados, y voy a leer Una soledad demasiado ruidosa.
La revista es cada vez mejor: prolijísima, curiosa y contagiosa, amplia, abierta, bien cuidada.
Les mando un abrazo, y buenos vientos para las singladuras de todo el año. Tierra Media y ustedes los merecen.
Deja tu comentario

