Editorial Junio 2026
Avanzar hacia atrás

Dicen algunos amigos de Tierra Media, sin la menor conspiración, que es una revista anacrónica; otros, coincidentemente, la encuentran muy del siglo veinte. Creemos un halago tener al menos un carácter en lugar de ninguno, y sentimos propositiva la idea. Encontramos que ese desplazamiento de al menos un cuarto de siglo, si no más, es favorable en el sentido de cubrir desde más atrás en el tiempo una secuencia cultural, ya que en el presente se percibe cada vez más una huida hacia adelante. ¿Se parece huir hacia adelante a avanzar hacia atrás? Es más, ¿huimos o avanzamos en absoluto? O un reloj de la tierra nos acerca a cumplir cálculos previos de aceleración y nos cruzamos en las escaleras, en los pasillos, en las calles, torpemente, huyendo todo el mundo hacia adelante y hacia atrás, o bien avanzando un tanto a ciegas. No somos excepciones. Simplemente puede no haber señales de parar ni de seguir. Amantes de los guiones rotos, de los rompecabezas de cristal, de la resistencia a los moldes, asusta un poco la fragmentación del mundo en dispositivos capaces de banalizar incluso El Aleph. Pero el viaje apremia y por momentos se parece tanto a olvidar unas olas tras otras de sentido, como a la posibilidad de ensayar la certeza de que las estelas del olvido son jirones de nosotros mismos de los que nos desprendemos en nuestra carrera que conduce a un triunfo pírrico de la razón.
Igual todo eso resulta grandilocuente ante los hechos mismos, más acá de su aceleración. Y correrse, corrernos a la anacronía, le otorga perspectiva al relato. Puede producir un dejá vu. Una revista como las viejas ferias de artesanos, cada quien tiende su tienda, los días intentan parecerse unos a otros y a cada segundo todo cambia, un hormiguero de micro cambios que ni sorprenden ni confirman el sueño en que estamos. Una revista escrita el siglo pasado, como yendo hacia atrás para mirar mejor el cuadro. Un cuadro al que tanto vale no ponerle como sacarle una pincelada. Un gesto detenido antes del pentimento.
No lo sabemos, no. No sabemos hacia dónde vamos, incluso si nos llevan, lo cual ya es verdad antes de averiguarlo. Pero no vamos solos, eso es seguro y gracias, muchas gracias queridos y queridas terrícolas contemporáneas por aceptarnos en sus filas. Vayan yendo, llegamos despacio. Todo esto igual ya ocurrió el siglo pasado.
Comentarios
- Gastón: Ya desde el editorial, estoy con ustedes, como desde el primer número: "Amantes de los guiones rotos, de los rompecabezas de cristal, de la resistencia a los moldes, asusta un poco la fragmentación del mundo en dispositivos capaces de banalizar incluso El Aleph".
La nota de Cristina Gómez Comini es estupenda: completísima, contextualizada, rica en ejemplos, portentosa, didáctica incluso en su guía de obras a ver. Acabo de enviársela a mi hija, Mora, actriz y ex alumna de Cristina.
Qué bien escrita la nota de Yael, ya desde el comienzo: "El mayor y más agudo pecado de juventud, en su doble resonancia, es tal vez la ignorancia. Provoca detención y propulsión. Si se es joven el no saber es condición de ese estado. Una condición de búsqueda y de apertura del deseo. Otras veces la ignorancia detiene, obtura, petrifica". Y, como con cada número de Tierra Media y la nota anterior, me lleva a nuevas lecturas: ahora a buscar Guardia Blanca, de Rivera, no la conocía, yo que creía haberlo leído en obras completas...
Porque me llevó a pensar en mi padre, me emocionaron las historias de Zappa y de Dalí en la nota de Altamira. Sobre mi padre será siempre la novela que debo escribir, aunque no lo haré con la IA, como en la nota anterior, incluso sólo porque no me gustaría a mí. Y seguís Tierra Media y la emoción que mixtura padre y escritura no se va, porque ahí nomás llega el poema de Adrián.
Releo estos dos párrafos y aprecio más que nunca el modo en que editan la revista: eso es editar, realmente: proponer una conversación en torno a un tema, presentar cada número como un conjunto pensado, que incluye también a la manera precisa de ilustrar.
En la reseña de Gabriel Abalos sobre Para hacer una película sólo hace falta un arma, es justa la imagen del fantasma del padre de Hamlet, y la apreciación toda de esta enorme película, tan conmovedora.
Fuerte abrazo, gracias cada mes.
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