El control del gusto
Luis Eliseo Altamira

Los Molina eran una familia culta de perfil bajo. El abuelo de Juana le recomendaba a Conrado Nalé Roxlo que leyera el Ulises de Joyce. Un hermano de aquél tocaba tangos a la manera de Ravel. La abuela acostumbraba a narrar las situaciones cotidianas que le tocaba vivir representándolas (cuando apareció Niní Marshall, su esposo le dijo: "Vos sabés, Odilia, hay una mujer en la radio que hace igual lo que hacés vos"). En fin: la lucidez estética de los Molina (y los valores descalificadores con que juzgaban lo que no era estético) fueron revelándole a Juana la belleza en el mundo, a la vez que una visión excesivamente prejuiciosa. "En casa el chocolate Aero ¡no! – le supo decir a María Moreno, en un reportaje publicado en Página / 12 -. ¡Tenía que ser Suflair!".

"Mi primer recuerdo del control del gusto – rememora Caetano Veloso en Verdad Tropical, su autobiografía -, o de la educación estética por medio de la humillación, o del esnobismo cultural, se remonta a mi temprana infancia, cuando mis hermanos se rieron de mí por admirar sin reservas a Vicente Celestino, sus melodías, su gran voz. En los años cuarenta – por lo menos dentro de mi familia -, los dramones cantados con voz impostada eran considerados ridículamente vulgares"
Es probable que Caetano haya reaccionado ya por entonces - en defensa de la hermosura irreprochable de ciertos estados del sentir que se alcanzan a través del canto - contra estos valores estéticos. Sabemos que en su adolescencia, cuando era el cantante preferido por todos en la escuela de Santo Amaro, "imitaba muy convincentemente el acento portugués y los arabescos vocales de las cantantes de fado, habilidad que conseguía que la platea olvidara cuán ridícula solía considerarse la música portuguesa, se dejara conmover por ella y me ovacionase".
Caetano grabó su primer disco tropicalista, Caetano Veloso, en 1967, y meses antes del golpe de estado de 1968 (por el que se verían obligados él y Gilberto Gil a abandonar su país), Tropicalia, el L.P. manifiesto del movimiento. "En la concepción de Tropicalia - cuenta Caetano - existía el plan de grabar una vieja canción brasileña que estuviese totalmente desprestigiada". Lo considerado vulgar, vergonzoso y hasta despreciable solía ser reivindicado por los tropicalistas, convencidos de que estas manifestaciones eran sintomáticas de algo que estaba por revelarse de la cultura brasileña y del Brasil.
La canción totalmente desprestigiada elegida por los tropicalistas para su disco manifiesto, e interpretada por Caetano, fue la hiper sentimental Coracao materno, uno de los mayores éxitos de Vicente Celestino. "No necesité volver a aprenderla. El arreglo del músico de vanguardia Rogerio Duprat le restituyó la dignidad y le confirió solemnidad a un tema execrable, y eso resaltó mi interpretación, tremendamente sincera y sobria".
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