El Indio es Gardel

10.07.2026

Arturo Jaimez Lucchetta


Imagen generada por IA (Gemini)
Imagen generada por IA (Gemini)

Es Gardel, se dice en Argentina cuando una persona se transforma en la mejor de cualquier actividad. La frase se usa incluso para nombrar al más capo de la barra de amigos. Ser Gardel se sigue usando 100 años después del comienzo de su popularidad. Ser Gardel sigue siendo algo grande a 90 años de su muerte.

Puede que a muchos tangueros no les guste que este cronista use a su máximo exponente para adjetivar a un líder roquero. Puede que a los roqueros tampoco les caiga bien que use a su ídolo para recordar al Zorzal. Sin embargo creo que la analogía va en serio y que Carlos Solari bien merece ser entronizado a niveles gardelianos, aunque nunca haya cantado fuera de los límites de Argentina y Uruguay. Estoy convencido también que el Morocho del Abasto es digno de santidad para las misas ricoteras, aunque no haya habido pogos más grandes del mundo, allá por los años 30.

El Indio Solari es Gardel. Estoy seguro que no le hubiese molestado el adjetivo. Gardel es la argentinidad menos discutida. Gardel que conquistó París y Nueva York, con la misma idoneidad que los suburbios del conurbano, que los arrabales porteños. Como el Indio, cautivó a los jóvenes primero, a sus padres después, a sus hijos también y hasta a sus abuelos, atravesando clases sociales y colores políticos y futboleros.

"Todo el pueblo lo lloraba
y cuando un pueblo llora
que nadie diga nada que está todo dicho".

Pudo haber escrito sobre el Indio, Raúl González Tuñón, pero eso escribió Tuñón sobre el multitudinario cortejo que despidió a Carlos Gardel en en cementerio de La Chacarita.

"Todo el pueblo lo lloraba". Todo el pueblo lo cantaba, en Avellaneda en una caravana que sólo puede compararse con las interminables jornadas, día y noche, que despidieron a Evita en Julio de 1952. Las multitudes que acompañaron a Gardel en Febrero de 1936, desde el Luna Park hasta el panteón de los artistas. El Morocho había muerto en Medellín, Colombia el 24 de junio de 1935 y fue repatriado casi ocho meses más tarde.

Es difícil y no tiene sentido contar los cuerpos, cuando las almas son infinitas. Más de un millón de personas, fueron a llorar, a cantar cerca del féretro de Solari, millones cantarán sus canciones en 2126 cuando pasen 100 años de su muerte. Millones siguen cantando "El día que me quieras", millones siguen abrazados a la esperanza del "Volveré y seré millones".

La analogía no es caprichosa, es pertinente y realista. "El cortejo fúnebre del Indio Solari es solo comparable con los de Eva Perón y Carlos Gardel", comentó el historiador Felipe Pigna, quien también incluyó la sorprendente despedida de Ringo Bonavena en mayo de 1974, realizando similar recorrido que el Zorzal, desde el palacio de los deportes del bajo porteño, hasta el cementerio más popular de Buenos Aires.

Un Solari nace cada 100 años y necesita una década infame de gestación.

Cómo Gardel entre el 25 y el 35, mientras se batía el parche del granero del mundo, nuestro pueblo hambreado acompañaba la sinfonía prodigiosa de una garganta que sonaba como el mejor instrumento creado por el mayor de los luthieres. El Indio acompañó el veranito democrático de los 80, la hiperinflación y las promesas de salariazo y revolución productiva transformadas en neoliberalismo y desocupación en la nueva década infame de los 90.

Como a comienzos del siglo 20 el Informe Bialet Massé desmentía a Julio Argentino Roca y destacaba las deplorables condiciones de los trabajadores reducidos a la esclavitud, con jornadas laborales interminables y malpagadas, sin asistencia médica, trabajo infantil, niños desnutridos y mujeres sin el más elemental derecho; en los 90 se propalaba con grandilocuencia y obscenidad el ingreso al primer mundo y las relaciones carnales con Estados Unidos, así como antes con Gran Bretaña.

"... Cuando no tengas ni fe
ni yerba de ayer
secándose al sol

Cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar
la indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
Recién sentirás..."

Cantaba Gardel, pensaba Enrique Santos Discepolo. No hay registros que indiquen que Carlos Romualdo haya manifestado que su arte era un arte de resistencia, no hace falta, el Zorzal usaba para eso la melodía de su voz perfecta y la letra filosófica de los poetas que hicieron "tronar el escarmiento" junto al pueblo, una década más tarde.

Carlos Alberto sí manifestaba su condición de "artista, peronista". En ese orden. El Indio entendía que la lucha estaba en la ética y estética de sus canciones. Cada quien tiene su lugar en la lucha y Solari se reconocía un artista comprometido, integrante de una "banda de combate" evitando entretener a la gente mientras el poder real se apodera de sus sueños.

"Obligados a escapar,
somos presos políticos,
reos de la propiedad,
los esclavos políticos"

"Todo preso es político", cantaron en Jesús María Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, última banda del Indio, mientras las pantallas mostraban la fachada del edificio de San José 1111, donde cumple prisión domiciliaria la dos veces presidenta mandato cumplido Cristina Fernández. Esto fue el 23 de mayo de 2026, a pocos días del fatídico 5 de junio.

El líder de los Redondos mantuvo siempre una relación de afecto y admiración por Cristina. También se reunía con su hijo Máximo Kirchner y el gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof.

La muerte del Indio cicatrizó, al menos por un rato, la grieta interna del justicialismo, para organizar su velatorio, en el Polideportivo José María Gatica de Avellaneda. Fue Viru Mones Ruiz, su compañera, la que agradeció a Máximo y a Axel por la "última misa ricotera", soslayando un versus que impresiona inoxidable.

Del chico de la calle en el Abasto, nacido en Toulouse, que conquistó al mundo, al preceptor de escuela, que laburó hasta transformarse en el artista más influyente de los últimos 40 años, Gardel y Solari, atravesaron las décadas infames acompañando al pueblo, haciendo menos dramáticas sus crisis, militando a su manera. Priorizando el arte. Incluyendo a todos. La villa y el centro. El obrero y el estudiante. El linyera y el cajetilla. Interpelando e interpelándose.

Carlitos seguirá asegurando que 20 años no es nada. Que 100 años no es nada. Algunas vidas no son solo un soplo, sino huracanes que siguen arrasando. El Indio también cantará cada día mejor, conforme pasen las décadas, más aún si se repiten las décadas infames, más todavía si vuelven las décadas ganadas.

Siempre quedan las canciones, verdaderas "pinturas de guerra", que nos acompañarán a todas las marchas. A las que conmemoran derrotas dolorosas, a las que evocan victorias heroicas. "Cantando. Sólo seguir cantando" convencidos que "si la adversidad triunfa dolerá porque fuimos felices".





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