El psicoanálisis te ayudará...
Gerardo Máximo García

La revista Idilio que apareció en Argentina a finales de 1948 estaba destinada a un público juvenil y femenino. El consultorio sentimental tenía ya una tradición extensa como espacio mediático ligado a la intimidad de mujeres con corazones anhelantes y en ocasiones destrozados. Pero lo novedoso es que Idilio invitaba a sus lectoras a relatar no solo sus miedos y frustraciones sino fundamentalmente sus sueños los que serían abordados desde la perspectiva del psicoanálisis. La empresa que conllevaba ese aspecto disparatado tuvo sin embargo una respuesta inmediata. La redacción de la revista se inundó de cartas enviadas por las lectoras que narraban sus sueños quedando a la espera de su interpretación. Estos sueños constituyeron la materia prima de la columna que sostenía la inefable promesa: El psicoanálisis te ayudará.
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Ahora, ¿Cómo sostener el compromiso de que la respuesta tuviera consecuencias beneficiosas en las consultantes? ¿Cuál fue el dispositivo que se montó para dar respuesta eficaz a una demanda que no se sabía dónde comenzaba, si en los promesantes o en las consultantes? Una estructura que podía semejarse más al oráculo griego que a los diálogos socráticos encontró dos vías de respuesta.
Por una parte Gino Germani, sociólogo de origen italiano, sería el responsable de interpretar los sueños, mientras que el psicólogo social Enrique Butelman (uno de los fundadores de la editorial Paidós) se ocuparía de responder a las lectoras.
Por otra, Grete Stern, fotógrafa y artista alemana, sería la encargada de construir una versión visual de cada uno de los sueños relatados. ¿Pero, de qué manera se ilustra un sueño, cómo se aborda la frágil materia del olvido y el recuerdo?
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A tal fin, Stern por su formación en la escuela de diseño de la Bauhaus y su cercanía con el surrealismo utilizó la técnica del fotomontaje modificando las proporciones y las perspectivas. En el fotomontaje se recurre a fotografías ya existentes o bien se toman otras con la finalidad de juntar elementos inverosímiles que dan una nueva composición. Sus modelos fueron personas de su familia, particularmente su hija que era adolescente en esa época. También retrató a amigos y vecinos y recurrió a imágenes de su propio archivo. La mayoría de sus fotomontajes dejan de lado lo anecdótico privilegiando la condición de testimonio. Una obra centrada en la opresión y manipulación de las mujeres en la sociedad. Ese es el tema privilegiado en los 140 fotomontajes que realizara para la revista Idilio. Es difícil seleccionar unos pocos de ellos para que el lector pueda apreciar la afirmación que formulamos. Nos decidimos por tres. Uno que se titula Cansancio en el que una mujer arrastra una enorme piedra sujetada con sogas a sus espaldas subiendo una empinada montaña. Podemos caracterizarlo como una versión moderna del mito de Sísifo. De los fotomontajes de la serie Sueños de libertad elegimos aquel en que una mujer trata de huir remontando los escalones de una tabla de lavar de dimensiones gigantescas. El tercero de los fotomontajes escogidos pertenece a la serie de Los ideales Frustrados. Una joven empuña un violín con su mano izquierda pero con la derecha en lugar del arco porta una escoba.


Stern ubicaba como antecedencia en el uso de las fotografías y su relación al fotomontaje no a los fotógrafos sino a los artistas plásticos que participaron del dadaísmo y el surrealismo. Unos pocos años antes, en 1945, Alfred Hitchcock había convocado a Salvador Dalí para que realizara cuatro paneles en torno a la temática del sueño. Era uno de los primeros intentos en el cine de abordar el psicoanálisis. La película se tituló Spellbound cuya traducción aproximada sería hechizados o cautivados y en la Argentina se la conoció con el nombre más sensato de Cuéntame tu vida.
Hitchcock estaba fastidiado con la representación habitual de los sueños de forma borrosa, vaporosa, anhelaba que la representación fuese luminosa. Le interesaba lo agudo de la arquitectura de Dalí, el infinito de las distancias, las líneas que convergen en la perspectiva. Los sueños representados por Dalí serían rodados en exteriores para que todo estuviera inundado de sol.
Pidió asesoramiento a los analistas norteamericanos de la época, que podemos llamar postfreudianos. La película resultó un fiasco. Sabemos que los americanos pueden destruir de un solo golpe el psicoanálisis, el surrealismo, el suspenso en Hitchcock y también el fútbol.
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Dalí tenía familiaridad con el universo onírico. Cuando joven se sintió impactado por la lectura de La interpretación de los sueños lo que lo condujo a encontrarse en Londres con su autor en 1938. De ese año data el célebre boceto que realizara de Freud durante el breve intercambio que mantuvieron.
La relación surrealismo y psicoanálisis estuvo de inicio marcada por el malentendido. Breton intentó establecer la conexión entre la escritura automática y la asociación libre y Freud, por el contrario, mantener la independencia de cada discurso y sus respectivas prácticas.
Roger Caillois, miembro original del movimiento surrealista y luego disidente del mismo, sin la impaciencia de aquellos que intentan decirlo todo de inmediato, señalaba que el psicoanálisis ha debido sufrir persecuciones para ganar su derecho a la vida. Remarcaba el valor y la tenacidad de quienes tuvieron confianza en el método y debieron vencer los prejuicios temibles que, al principio, ahogaron su mensaje. Pero en estos días, nos dice, es como si estuviera protegido por un poder difuso y solapado, análogo al que tuvo que neutralizar en sus comienzos para que se reconociera el valor de sus aportes.
Abordó con delicada ironía la desmesura de aquellos analistas para lo que todo estaría sujeto a sentido lo que llamó, no sin humor una doctrina irrefutable:
"En los últimos años del siglo XIX, nos apunta, un médico de Viena, el sabio profesor Freud, señaló que el hecho de olvidar alguien su paraguas, no es un acto de carácter tan anodino o inocente como parece a primera vista".
Por lo tanto emite la ingeniosa hipótesis:
Una persona olvida su paraguas para tener la ocasión de ir a buscarlo, es decir, la oportunidad de volver a ver a la persona en cuya casa había olvidado el pintoresco utensilio. Sentía sin duda, una simpatía secreta por la referida persona. Busca la simpatía y va a su encuentro.
Otra, olvida su paraguas en casa de alguien a quien detesta. Pero, se reprocha, sin duda, odiar a una persona por la cual no tiene razón alguna para hacerlo. Ahora para castigarse, olvida su paraguas con el fin de obligarse a volver a verlo."
Pero luego los analistas pueden proseguir con la lista del maestro:
X...olvida su paraguas en la casa de alguien. Se lo oculta a sí mismo, pero en realidad ama o detesta a esa persona que él afirma le es indiferente.
O bien, poco importa que no olvide jamás su paraguas o que no lo use: esto no carece de significado sino que revela una tensión anormal del espíritu del susodicho que es capaz de empujarlo un día a una catástrofe quizás inminente.
El ejemplo nos sirve para ilustrar y cuestionar ese caprichoso y absurdo uso de la interpretación. Un discurso toma su sentido de acuerdo a la estructura del relato lo que implica que su significación sea entonces imposible de reducir al arbitrio. Nos preguntamos si el carácter antojadizo y abusivo que Callois destaca de manera tan divertida no estaría presente en las interpretaciones de la dupla Germani- Butelman. De allí que agregáramos los puntos suspensivos en el título de este artículo respecto a la afirmación el psicoanálisis te ayudará.
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Caja Negra Editora publicó hace ya un año el libro Los sueños donde se abordan justamente las interpretaciones que realizara Gino Germani en la revista Idilio entre 1948 y 1951. A la vez nos presenta una selección de los fotomontajes realizados por Grete Stern en ese período. La edición estuvo al cuidado de Syd Krochmalny y Marina Mariasch quienes también escribieron el prólogo. El resultado lo podemos decir de inmediato: un libro precioso. Primero por el trabajo de recuperación de un material que no es de fácil acceso y luego por la lectura ingeniosa que los prologuistas hacen del conjunto de la obra de Germani. El prólogo lleva el título La escritura de los sueños de Gino Germani y el primer apartado Del diván a los medios de comunicación de masas lo que nos orienta en el desarrollo que eligen abordar. Pero sabemos que el diván no está en juego en el dispositivo diseñado. Advertimos en el título la ambigüedad respecto de si los sueños son de las lectoras o bien de Germani. Lo que se sugiere también al final cuando nos dicen que Richard Rest, el seudónimo de la dupla Germani – Butelman, roba sueños, relatos quizás inventados. Ahora, al margen de esa inferencia lo concreto es que contamos con las respuestas de Germani a sus lectoras y no de las cartas enviadas y en el psicoanálisis lo que importa más allá de la respuesta es el estatuto ético de la pregunta.
En los apartados previos a esa conjetura abordan los sueños y los movimientos culturales ubicando a Germani como un artista conceptual y sus textos considerados objetos estéticos que articulan el psicoanálisis, la teoría de género y los medios masivos de comunicación. La hipótesis es seductora, pero desde la práctica y el discurso del psicoanálisis podemos plantear algunas objeciones que por supuesto no invalidan el abordaje realizado. Qué haya una indeterminación entre el sujeto que relata su sueño y aquel que lo recibe lo ubicamos como una dificultad. Ese acercamiento que lleva a la confusión implicaría una aspiración ciertamente patética en su ingenuidad. Pero desconfiamos del candor cuando está precedido por una promesa de felicidad o al menos de bienestar. Por supuesto que esa demanda es válida en la persona que consulta por su malestar pero no hay razón para que el psicoanálisis sea garante de una promesa en el punto de partida. Ese espejismo está habitualmente ligado al plano político y no podemos soslayar que la revista Idilio era publicada por la editorial Abril. Si bien se caracterizaba por su antifascismo, muchas de sus publicaciones estaban signadas por su antiperonismo y la alineación a los ideales democráticos norteamericanos.
En cuanto a la teoría de género, podemos destacar que los sueños son disímiles en su temática pero constatamos que hay una interpretación que se reitera con insistencia: la joven estaría enamorada de tal o cual hombre pero no lo sabe, reprime su deseo. Siempre interviene el mismo fantasma que no sabemos dónde situarlo, si en la consultante o en el intérprete. Se le revela a la mujer su deseo "real" cayendo entonces en la paradoja de la moralización del deseo: el imperativo de desear.
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Para concluir, la elección del fotomontaje de Grete Stern que ilustra la tapa del libro nos parece un enorme acierto y no solo por su belleza. Se titula Made in England. Un pincel con esa inscripción delimita el rostro de una mujer expresando, quizás, una de las formas más antiguas de la infatuación del amo pero que no deja de tener actualidad, la fantasía de que el hombre formaría a la mujer. O bien, el intérprete a su consultante.
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