El recurso de las metáforas y las secretas simpatías del lenguaje
Omar Hefling

¿Nos ayudarán los algoritmos a mejorar el uso metafórico en el lenguaje mediático? Es una pregunta que me hago y tengo mis dudas, soy más bien escéptico.
Es válida la apelación al recurso de lo que se cree que es fácil de construir, pero también es válido pensar que no siempre se resuelve favorablemente.
El apaleo al lenguaje es constante en el uso corriente de funcionarios del gobierno nacional que padecemos. Y lo más grave resulta que quién ejerce la máxima responsabilidad del poder ejecutivo de la nación sea un acróbata del ejercicio metafórico escatológico.
La gran capacidad demostrada por el Presidente en formalizar ataques hacia toda institución o persona que disienta con su opinión tiene su efecto cascada en la deriva violenta de esta sociedad.
En esta época libertaria la corrosión del lenguaje es parte de la "batalla cultural", el Presidente de la nación se muestra como el abanderado en el uso recurrente a "metáforas" escatológicas referidas a violaciones y con cierta fijación anal.
Un tanto más simpático resulta el sorprendente esfuerzo que le ponen periodistas deportivos en general, con excepciones claro, y también en el ámbito del periodismo político. Estos rubros encabezan el ensañamiento en la metaforización del mensaje.
En el campo del fútbol tanto relatores como comentaristas a menudo sufren de incontinencia metafóricas. Pero también los hay aquellos que se distinguen en el uso de la metáfora en medio del frenético devenir del juego. Yo tengo un preferido que siempre ilustra y recurre con acierto a una traslación de un sentido de voz a otro figurado en virtud de una comparación. El periodista al que me refiero es Arturo Jaimez Lucchetta, también columnista de Tierra Media.
Fin de la hora libre, ingresemos al aula
Desde un punto de vista retórico, la metáfora se suele considerar una comparación abreviada que se basa en una semejanza entre dos entidades o conceptos.
Etimológicamente el sustantivo metáfora se deriva del verbo griego metaphéro, que significa 'llevar algo a otro sitio, trasladarlo'. Esto es importante porque nos da una idea del mecanismo básico que subyace a la metáfora.
En el corazón de todas sus definiciones encontramos la noción de que se entabla una relación entre realidades pertenecientes a dos ámbitos diferentes.
En cualquier arte los artistas persiguen la idea de que la mejor de sus obras sea una metáfora de su tiempo.
Hay por ejemplo una película de otro tiempo realizada por Federico Fellini que es una metáfora en sí misma: Amarcord, en ese "me recuerdo" de Fellini están todos los miedos, los deseos y los sueños de una época. Vivir sin más nos propone en ese fluir de imágenes. La huella que había dejado el fascismo en Fellini adolescente fue exorcizada por el cineasta en esa película. Hay una escena extraordinaria que simboliza a modo de una gran metáfora de la vida, el modo que encuentran los pueblos de alimentar un sueño. En ese tiempo que describe el poeta Fellini el sueño era América. La escena en la que todos salen con las barcas para ver pasar el trasatlántico con lo que significaba América entonces, ese sueño desconocido. Y esperan, cantando, durmiendo, tocando algún instrumento después aparece el barco inmenso, lleno de luces, sin mostrar nada de lo que lleva dentro para mantener el sueño, sólo el inmenso casco lleno de lucecitas y pasa como si ellos no estuvieran ahí y ellos aplauden y la música toca para recordar ese baile continuo que viven. Alimentado el sueño, vuelven a su vida que se sostiene gracias a él, mujeres guapas, ambientes elegantes, bailes a la luz de la luna, en definitiva, situaciones vivibles, que hagan creer que somos dignos, que estamos bien.
No es necesario el realismo para contar la realidad, pero sí tenerla en cuenta, la metáfora siempre busca llegar a lo más íntimo de la realidad. Entonces es cuando conmueve.
De la historia de la eternidad para este lado
A pesar del empuje irresistible de los algoritmos que entusiasma el orgullo por alimentar la ignorancia, tal vez para encausar a la manada hacia el redil sea necesario recurrir al pastor Jorge Luis Borges.
En las obras completas revisadas por el mismo Borges y editada por EMC en 1974 incluye en "Historia de la eternidad" (1936) el texto "La Metáfora". Mucho tiempo después Borges vuelve a ocuparse del tema en seis conferencias dictadas en Harvard durante el curso 1967- 1968. Las conferencias dictadas en inglés, a los editores españoles de Crítica-Letras de Humanidad les cuesta creer que esas páginas brillantes fueran dichas y no leídas, el libro se titula Arte Poética donde Borges reflexiona sobre los misterios y tesoros de la palabra poética. En la línea del ensayo imaginativo y levemente irónico estas conferencias deslumbrantes recuerdan a sus mejores inquisiciones donde Borges desnuda su preferencia por ciertas metáforas, la fuerza y la dignidad de la épica, género narrativo preferido para el escritor por sobre la novela, la belleza que se esconde en las traducciones más felices, la corta distancia que media entre el buen poema y el malo, o la impronta que la tradición deja sobre cada imagen, cada palabra y cada lector.
Un poco de silencio chiques que llega el profesor borges
En Historia de la Eternidad Borges se ocupa allá por 1930 especialmente de la metáfora con la idea de identificar las categorías, escribe: "El historiador Snorri Sturluson compiló a principios del siglo XIII un glosario de las figuras tradicionales de la poesía de Islandia en el que se lee, por ejemplo, que gaviota del odio, halcón de la sangre, cisne sangriento o cisne rojo, significan el cuervo; y techo de la ballena o cadena de las islas, el mar; y la casa de los dientes, la boca. Entretejidas en el verso y llevadas por él, estas metáforas deparan (o depararon) un asombro agradable; luego sentimos que no hay una emoción que las justifique y las juzgamos laboriosas e inútiles".
Sobre la ambición de elaborar metáforas nuevas, Borges se detiene en Benedetto Croce quién acusó de "frialdad íntima" y de "poco ingeniosa ingeniosidad" a los poetas y oradores barrocos del siglo XVII; para Borges, demasiadas palabras no es bueno en el propósito de elaborar metáforas nuevas y de paso mete en la misma bolsa a Lugones, o Baudelaire, que para él no fracasaron menos que los poetas cortesanos de Islandia.
También Borges se detiene en la disquisición entre la metáfora de las cosas y la metáfora sobre el lenguaje.
Borges cita y dice que "en el libro tercero de la Retórica, Aristóteles observó que toda metáfora surge de la intuición de una analogía entre cosas disímiles; Middleton Murry exige que la analogía sea real y que hasta entonces no haya sido notada. Aristóteles, como se ve, funda la metáfora sobre las cosas y no sobre el lenguaje; los tropos conservados por Snorri son (o parecen) resultados de un proceso mental, que no percibe analogías sino que combina palabras; alguno puede impresionar (cisne rojo, balcón de la sangre), pero nada revelan o comunican.
Son, para de alguna manera decirlo, objetos verbales, puros e independientes como un cristal o como un anillo de plata".
Borges indaga "en el Antiguo Testamento donde se lee: Y David durmió con sus padres, y fue enterrado en la ciudad de David. En los naufragios, al hundirse la nave, los marineros del Danubio rezaban: Duermo; luego vuelvo a remar". Hermano de la Muerte dijo del Sueño, Homero, en la Ilíada; de esta hermandad diversos monumentos funerarios son testimonio".
Observa Borges sobre las metáforas en torno al sueño y la muerte: "Mono de la muerte le dijo Wilhelm Klemm, que escribió asimismo: La muerte es la primera noche tranquila. Antes, Heine había escrito: La muerte es la noche fresca; la vida, el día tormentoso... Sueño de la tierra le dijo a la muerte, Vigny; viejo sillón de hamaca le dicen en los blues a la muerte: ésta viene a ser el último sueño, la última siesta, de los negros. Schopenhauer, en su obra, repite la ecuación muerte-sueño; básteme copiar estas líneas: Lo que el sueño es para el individuo, es para la especie la muerte. El lector ya habrá recordado las palabras de Hamlet: Morir, dormir, tal vez soñar, y su temor de que sean atroces los sueños del sueño de la muerte."
En busca de las nuevas metáforas
Borges se pregunta si es ilimitado el número de metáforas o aún hay espacio para crear nuevas "El primer monumento de las literaturas occidentales, la Ilíada, fue compuesto hará tres mil años; es verosímil conjeturar que en ese enorme plazo todas las afinidades íntimas, necesarias (ensueño-vida, sueño-muerte, ríos y vidas que transcurren, etcétera), fueron advertidas y escritas alguna vez. Ello no significa, naturalmente, que se haya agotado el número de metáforas; los modos de indicar o insinuar estas secretas simpatías de los conceptos resultan, de hecho, ilimitados. Su virtud o flaqueza está en las palabras, el curioso verso en que Dante (Purgatorio, I, 13), para definir el cielo oriental invoca una piedra oriental, una piedra límpida en cuyo nombre está, por venturoso azar, el Oriente: Dolce color d'oriental zaffiro es, más allá de cualquier duda, admirable".
Aún así, Borges confía en salvar los errores de las conjeturas hasta hoy: "Algún día se escribirá la historia de la metáfora y sabremos la verdad y el error que estas conjeturas encierran".
El tiempo pasa y la idea persiste
Cerca de cuarenta años después, Borges dicta seis conferencias bajo el título general de Arte Poética en la Universidad de Harvard donde inicia recordando una metáfora procedente del lejano oriente, de China referida a los chinos que llaman al mundo "las diez mil cosas" y eso, conjetura Borges depende del gusto y el capricho del traductor podría ser también "los diez mil seres".
Aquí Borges se muestra más benévolo ante la posibilidad de crear nuevos patrones para combinaciones infinitas de metáforas. Bajo la impronta china Borges supone que podemos aceptar el muy prudente cálculo de diez mil. Seguro que existen más de diez mil hormigas, diez mil hombres, diez mil esperanzas, temores o pesadillas en el mundo. Pero si aceptamos el número de diez mil, y si pensamos que todas las metáforas son la unión de dos cosas distintas, entonces, en caso que tuviéramos tiempo, podríamos elaborar una casi increíble suma de metáforas posibles.
Luego el Hacedor se pregunta por qué los poetas de todo el mundo y todos los tiempos habrían de recurrir a la misma colección de metáforas, cuando existen tantas combinaciones posibles."
En el campo de batalla de los intentos Borges rescata a Leopoldo Lugones que en el año 1909 escribió que creía que los poetas usaban siempre las mismas metáforas, y que iba a acometer el descubrimiento de nuevas metáforas de la luna. Y, de hecho, inventó varios centenares. También dijo, en el prólogo de Lunario sentimental, que toda palabra es una metáfora muerta. Y destaca y reconoce Borges el acierto de Lugones que tal afirmación, es desde luego, una metáfora.
Más adelante Borges discurre sobre la idea de metáfora viva y metáfora muerta y sobre la etimología de ciertas palabras. "Yo diría que lo importante a propósito de la metáfora es el hecho de que el lector o el oyente la perciban como metáfora.
Agrega una conjetura: que podríamos hablar de las metáforas como ecuaciones dado que ciertas metáforas consideradas como modelos, aunque parezcan muy distintas a la imaginación, para un lógico serían casi idénticas.
Y desarrolla la comparación modelo, la clásica comparación entre ojos y estrellas, o, a la inversa, entre estrellas y ojos. Y va desde Platón a Chesterton, al apocalipsis de San Juan.
Luego toma otro modelo diferente; la idea del tiempo que fluye, que fluye como un río. De un poema de Tennyson, Borges rescata un verso: "El fluir del tiempo en medio de la noche". Dice: "Creo que Tennyson ha elegido su tiempo muy sabiamente. De noche todas las cosas son silenciosas, los hombres duermen, pero el tiempo sigue fluyendo sin ruido".
Y recurre también a la famosa sentencia del filósofo griego: nadie baja dos veces al mismo río. "Aquí encontramos un atisbo de terror, porque primero pensamos en el fluir del río, en las gotas de agua como ser diferente, y luego caemos en la cuenta de que nosotros somos el río, que somos tan fugitivos como el río."
Así Borges, cita tras cita, va deconstruyendo el pensamiento constituido sobre cada ecuación de analogías.
También hace un alto en el modelo esencial: "el de la vida como sueño". Aquí Borges se detiene con énfasis en Shakespeare, también en un poeta alemán Walter von der Vogelweide y en el filósofo chino Chuang Tzu que había soñado que era una mariposa y, al despertar, no sabía si era un hombre que había soñado ser una mariposa, o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.
Otro modelo de metáfora que Borges analiza es la construcción del dormir y el morir. Aquí se detiene Borges en las sugerencias que desliza el poeta Robert Frost: "Los bosques son hermosos, oscuros y profundos/ pero tengo promesas que cumplir/ y millas por hacer antes de dormir,/ y millas por hacer antes de dormir". Borges admite que la literatura está hecha de trucos y aún así considera a esos versos como perfectos. Y agrega "si el poeta hubiera dicho lo mismo con más palabras, habría sido mucho menos efectivo. Porque a mi entender, lo sugerido es mucho más efectivo que lo explícito. Quizá la mente humana tenga tendencia a negar las afirmaciones. Recuerden que Emerson decía que los razonamientos no convencen a nadie. No convencen a nadie porque son presentados como razonamientos, entonces los consideramos, los sopesamos, les damos la vuelta y decidimos en su contra".
Dado que me están llamando para tomar la merienda, va la última cita: "Si yo fuera un pensador atrevido (pero no lo soy; soy un pensador muy tímido y voy avanzando a tientas), diría que sólo existe una docena de metáforas y que todas las otras metáforas sólo son juegos arbitrarios. Esto equivaldría a la afirmación de que entre las 'diez mil cosas' de la definición china sólo podemos encontrar doce afinidades esenciales. Porque, por supuesto, podemos encontrar otras afinidades que son meramente asombrosas, y el asombro apenas dura un instante".
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