Encuentro en el Taravella
Para Miguel Peirotti
Luis Eliseo Altamira

Para comprender la historia que voy a contar, es necesario conocer primero el argumento de Los 8 más odiados, la película de Quentin Tarantino. Es éste:
En las solitarias montañas de Wyoming, el ex oficial de la Unión y caza recompensas negro, Marquis Warren, sentado sobre tres cadáveres, detiene a una diligencia alquilada por otro caza recompensas, un tal John Ruth, quién lleva - a él unida mediante esposas - a Daisy Domergue, una asesina que ha capturado para que sea juzgada en Red Rock. Warren, quién también se dirigía a Red Rock, le pide autorización a Ruth para subir a la diligencia
Ambos caen en cuenta de que se conocen y Ruth accede al pedido. Ya en el viaje, Ruth le pregunta a Warren si lleva consigo una carta de Abraham Lincoln en la que se expresa la amistad que lo unía al presidente. Warren le dice que sí y se la da para que la lea. Más adelante, encuentran a Chris Mannix, un ex oficial de la Confederación y flamante sheriff de Red Rock - aún no asumido - que ha quedado varado en la nieve. Ruth accede a llevarlo.
Mannix y Warren (que se conocen de mentas) se trenzan en una discusión en la que ambos se acusan del desempeño criminal que tuvieron durante la Guerra de Secesión. Al atardecer la diligencia arriba a La Mercería de Minnie, una posada cercana a Red Rock, regenteada por Minnie Mink y Sweet Dave, una pareja de negros. Pero no son ellos los que los reciben sino Bob, un mexicano que dice haber quedado a cargo de la posada.
En el interior de La Mercería… se encuentran con tres hombres más. Uno que dice ser Oswaldo Mobray, un inglés que se dirige a Red Rock a ejecutar a un prisionero, y otro que dice ser Joe Gaje, un vaquero que viene a visitar a su madre. Que dicen ser, porque en realidad son Pete Hicox y Gruñón Douglass, integrantes de la banda de Jody Domergue (hermano de Daisy), llegados hasta allí para liberarla.
Estos hombres, conjuntamente con Bob, el mexicano, y el mismo Jody Domergue (que permanece oculto en el subsuelo del recinto), arribaron por la mañana a La Mercería… y, simulando ser pacíficos viajantes, asesinaron a Minnie, Sweet Dave y al resto de las personas que se encontraban en el lugar, a excepción de Sanford Smithers, un ex general de la Confederación que se hallaba de paso para poner una lápida en la tumba simbólica de un hijo desaparecido.
El primero en sospechar de las identidades de Mobray y Gaje es Ruth. El segundo (de la de Bob, el mexicano) es Warren, sabedor de que si hay alguien a quién Minnie no dejaría su posada a cargo, es a un mexicano. En un momento Ruth les dice a Warren y a OB (el conductor de la diligencia en la que vienen viajando): "Uno de esos hombres no es quien dice ser y está aquí para liberar a Daisy. Quizás dos de ellos. Y para lograr ese objetivo, matarán a todos aquí..."
Mannix, en tanto, desconocedor de la advertencia de Ruth, reconoce al general Sanford Smithers y se deshace en elogios y atenciones. Pero Warren también lo reconoce: Smithers es quien, en la batalla de Baton Rouge (en la que Warren participó en el otro bando), capturó a un comando de hombres de color y los mandó a fusilar. Warren se lo recuerda y le hace saber que fue él, el que mató a su hijo desaparecido. Azuzado por las palabras de Warren, Smithers intenta dispararle, pero el negro es más rápido y lo mata.
El caso es que, mientras Warren provocaba a Smithers, Gaje echaba veneno en una jarra con café de la que todos se servían, sin que Ruth, Mannix y OB lo advirtieran. Ruth y OB se sirven entonces de la jarra y, ya envenenados, comienzan a vomitar de una manera espantosa (Ruth, antes de morir, le advierte a Mannix que no tome el café que acaba de servirse).
Warren, revólver en mano, conmina entonces a Gaje, Mobray y a Bob, el mexicano, a poner sus manos contra la pared. A Mannix le dice:
- Tú no eres el que envenenó el café, porque casi te lo bebiste. Pero uno de ellos sí lo es. O dos. O los tres. Así que si alguien hace algo, y quiero decir lo que sea, lo matas.
Warren comienza con Bob, el mexicano, a quién, con inobjetables razones, acusa de ser uno de los asesinos de Minnie y Sweet Dave. Después de matarlo, continúa con Gaje y Mobray, a quiénes les dice:
- Si no oigo una confesión veloz de uno de ustedes, voy a tirar esta jarra de café por la garganta de esta puta (refiriéndose a Daisy Domergue). ¿Quien envenenó el café? Bien, corre el tiempo.
- ¡Detente! – le dice Gaje -. ¡Fui yo!!
En ese momento, Jody Domergue, el hermano de Daisy que permanece oculto en el sótano, dispara a través de las maderas del piso a los testículos de Warren, quién cae al suelo, retorciéndose de dolor, Mannix se da vuelta, alarmado por sus aullidos, lo que es aprovechado por Mobray para dispararle. Mannix, que recibe el balazo en la pierna izquierda, dispara a su vez a Mobray y le apunta a Gaje, quién le ruega no le tire, fundamentando estar desarmado.
Mannix, apoyándose sobre el respaldar de una silla, se acerca a Warren quién, pistola en mano y recostado en una cama, le dice a Jody Domergue:
- Tú, hombre del sótano. O te rindes cuando cuente hasta tres, o le disparo a Daisy en la cabeza.
Jody sale del sótano con las manos en alto y cuando se da vuelta para mirar a su hermana, Warren le vuela los sesos.
- ¿Qué hiciste? – grita Daisy, desesperada -. ¡Se estaba entregando!
Mannix, apuntándolo a Gaje, lo conmina a que cierre la tapa del sótano. Gaje lo hace y le dice a Daisy, compungido:
- Lo siento, cariño…
Daisy inicia entonces el trabajo de convencer a Mannix de matar a Warren. Le dice que ella, Gaje y Mobray son integrantes de la banda de Jody Domergue y que, cuando salga el sol, otros quince miembros del grupo que se encuentran en Red Rock esperándolos, vendrán a la posada y lo matarán.
- Y, Chris – agrega Daisy -, no has hecho nada aún que no podamos olvidar. Así que hagamos un trato. Toma tu pistola y mata a ese negro. Luego nosotros volvemos a México y tú a Red Rock, a recibir tu estrella de sheriff.
- ¿Y si los matamos a todos y cobramos las recompensas? - le retruca Mannix.
- Pueden matarnos a todos – le responde Daisy - pero nunca tendrás un centavo de ese dinero. Cuando esos quince asesinos se encuentren contigo en posesión de todos nuestros cadáveres, van a matarte a ti y a este negro. Entonces, mata al negro.
Warren le dispara a Daisy en el pie y dice, haciendo caso omiso a sus gritos de dolor:
- ¿Alguien más quiere hacer un trato?
- El trato está aún en pie – le responde Mobray, displicente.
Warren mata entonces a Mobray y, junto con Mannix, a Gaje, quién se aprestaba a dispararles con un arma escondida. Finalmente, con las pocas fuerzas que les quedan, ahorcan a Daisy ("Dispararle es demasiado bueno para ella", dice Warren). Exangues y próximos a morir, Mannix le pide a Warren la carta de Abraham Lincoln. Mannix la lee en voz alta, enterando a los espectadores de la gran admiración que sentía Lincoln por el negro, y la película llega a su fin.
*

El sábado pasado fui al bar de la Shell y me encontré con Julián Frías, el director del cineclub La Luna, y el ingeniero Eduardo Figueroa. Me invitaron a su mesa y después de charlar un rato, me propusieron ir a Córdoba con ellos.
- ¿Qué van a hacer?
- Vamos a buscar a una persona - dijo Eduardo.
- ¿Y a qué hora van a volver? Porque tengo que hacer a la siesta.
- Dos, dos y media a más tardar, estamos acá.
Acepté.
En el camino nos pusimos a hablar de cine con Julián. Eduardo, que nos escuchaba, me dijo en un momento:
- Yo no soy de ver películas. Me refiero a las películas que ven ustedes. Pero hace un par de meses vi Los 8 más odiados, de Tarantino – que sé, por Julián, es una de tus favoritas-, y el personaje del coronel Marquis Warren me retrotrajo a la historia de Edelmiro Mayer, un tatarabuelo mío del que me gustaría contarte su historia.
- Sí, cómo no. Soy todos oídos
- Hijo de un guardiamarina inglés venido en tiempos de Rivadavia, Edelmiro se enroló en el ejército a los dieciséis años. Participó en las batallas de Cepeda y Pavón, entre otras, y luego se marchó a los Estados Unidos, a consecuencia de un drama amoroso. Allá se presentó en la Academia de West Point, donde solicitó ser examinado para ingresar como oficial del ejército norteamericano. Las altas calificaciones obtenidas le permitieron desempeñarse como instructor. En West Point conoció a Robert Lincoln, uno de los hijos de Abraham Lincoln, con quién trabó una amistad que se prolongó por años y de quién conservo la correspondencia que mantuvo con Edelmiro hasta su muerte.
Durante la Guerra de Secesión - que duró de 1861 a 1865, con Abraham Lincoln en la presidencia –, Edelmiro bregó entre los altos mandos militares, y en artículos publicados en la prensa, por la formación de batallones de negros. Su prédica no solo surtió efecto sino que él mismo terminó conformando la plana mayor del Regimiento 30 de Infantería de Color, con el que participó en el sitio de Richmond y en la batalla de Appomattox, que puso fin a la guerra.
Edelmiro pidió luego la baja y a comienzos de 1866 cruzó la frontera de México para llevarle armas a Benito Juárez, quién luchaba por entonces contra el gobierno del emperador Maximiliano I. La historia de Edelmiro es larga y no es mi propósito abarcarla ahora. Te diré, para terminar, que regresó a la Argentina en 1873; que entre 1874 y 1877 fue diputado nacional; que escribió libros y tradujo a Edgar Allan Poe y que en 1893 el presidente Pellegrini lo nombró gobernador del entonces territorio de Santa Cruz, cargo que ejerció hasta su muerte.
*
Para que corroborara lo que acababa de decirme, Eduardo me pasó su celular abierto en la biografía de Edelmiro Mayer que figura en Wikipedia. Esperó un rato y luego prosiguió:
- Te decía que el personaje de Marquis Warren me retrotrajo a la historia de Edelmiro…
- Sí.
- Bueno. El caso es que me puse a revisar las fotografías, cartas y documentos que mi madre conservaba de él (mi madre era de apellido Mayer). Y entre las cosas, hallé un ejemplar del New York Times con fecha del 23 de diciembre de 1877, que tenía una noticia subrayada a lápiz, con el siguiente titular: Massacre at a Wyoming inn (Masacre en una posada de Wyoming)...
Dos empleados de un almacén de ramos generales de Red Rock, llegados hasta la posada con un pedido, encontraron seis cadáveres masculinos y uno femenino pendiendo de una soga atada a una cama, en la que yacían, heridos, los únicos supervivientes: Chris Mannix, el nuevo sheriff de Red Rock, y Marquis Warren, un caza recompensas negro, ex oficial de caballería de la Unión. El nombre de Warren estaba subrayado con lápiz….
- No te puedo creer…
- Sigo: afuera de la posada, los empleados encontraron seis cadáveres más, entre los que se hallaban los de la pareja propietaria del lugar. La noticia nombraba a Daisy Domergue, integrante de la banda de Jody Domergue; a John Ruth, como el caza recompensas que había capturado a Daisy y la conducía a Red Rock para cobrar la recompensa; a Minnie Mink y Sweet Dave (el nombre de Minnie era Wilhelmina y el apellido de Sweet Dave, Brubeck, como Dave Brubeck, el pianista de jazz), y a los conductores de diligencia, Stephan Nicholson y Oliver Barnes (que, pensé, debía ser OB).
La noticia decía también que uno de los empleados había llevado a Mannix y a Warren hasta Red Rock, donde habían quedado a cargo del médico del lugar, y que había regresado a la posada con el juez, un tal Johnathan Maxwell. En el ejemplar del Times encontré dos recortes de diario de ediciones posteriores. Uno anunciaba la muerte de Warren, a causa de una hemorragia producida por un disparo recibido en los testículos (la noticia decía también que tenía en su poder una carta de Abraham Lincoln), y el otro decía que cuatro de los cuerpos hallados en el interior de la posada correspondían a integrantes de la banda de Jody Domergue, sin especificar los nombres.
A todas luces, Tarantino se había inspirado en el hecho para hacer The hatefull eight, ¿no?
- Claro…
- Ahora bien, ¿quién era Marquis Warren para Edelmiro? Porque el subrayado hablaba a las claras de que, o lo conocía, o lo había escuchado nombrar, por lo menos. La otra pregunta que me hice fue cómo habían llegado a sus manos el Times y los ejemplares de los recortes subsiguientes. Porque para diciembre de 1877, Edelmiro se encontraba en Buenos Aires…
- Ajá…
- Supongo que a través de sus contactos políticos, no lo sé. El caso es que me puse a buscar información en internet. No encontré nada relacionado con el hecho. Me llamó la atención, sí, la existencia de un tal Charles Marquis Warren, guionista, productor y director de cine norteamericano especializado en westerns, ya fallecido. La coincidencia de los nombres, ¿No?
- Claro.
- No satisfecho, busqué en la correspondencia de Robert Lincoln, las cartas con fechas posteriores a diciembre de 1877. Tal vez Edelmiro le hubiera escrito para saber sobre la participación de Warren en el hecho.
- Claro.
- Bueno, las cartas decían que Abraham Lincoln había conocido a Warren en un almacén de ramos generales de Springfield, la capital de Illinois. Warren se había escapado de una plantación de Kentucky siendo un adolescente y, una vez en Springfield, el dueño del almacén lo había tomado bajo su protección. Abraham no tardó en percibir la sagacidad que ponía de manifiesto el negro en las conversaciones de mostrador. Se hicieron amigos y Warren empezó a frecuentar su casa, donde se convertiría en su confidente, además de en un estupendo ajedrecista.
Lincoln asumió la presidencia en marzo de 1861 y un mes después comenzó la Guerra de Secesión. La Proclama de Emancipación por él emitida estableció que todos los esclavos de los estados confederados serían libres a partir de 1863. La Ley de Milicia, en tanto, anuló la disposición que impedía a los negros alistarse en el ejército. Acababan de conformarse las United States Colored Troops, cuando Warren se presentó en la Casa Blanca para manifestarle a Lincoln su deseo de enrolarse.
Abraham le planteó los inconvenientes que podría acarrearle la guerra a una persona de su edad, a lo que Warren respondió: "Puedo morir como cualquier hombre". El negro se enroló en el Regimiento 4 de Infantería de Color, en el que Edelmiro era capitán. Ahí seguramente se conocieron. Por las cartas, sé que Warren participó en el sitio de Richmond, donde tuvo un desempeño heroico. Tras la finalización de la guerra, participó en las campañas militares contra las tribus de las grandes llanuras y ahí Robert le perdió el rastro. Alguna vez oyó decir que había dejado la milicia y que se estaba ganando la vida como caza recompensa. Y entonces ocurrió lo de la masacre
Robert le dijo a Edelmiro que la versión de los hechos de Mannix era la que más parecía ajustarse a lo que podría haber ocurrido en la posada. Las muertes de los integrantes de la banda de Jody Domergue, hubiesen sido como hubiesen sido, estaban exentas de imputabilidad, dado el carácter de sus pedidos de captura (vivos o muertos). Quedaba por precisar quién había envenenado a John Ruth y a Oliver Barnes (OB), y ejecutado a los cuerpos encontrados fuera de la posada.
Para finalizar, nada decían las cartas del general Sanford Smithers (por lo que, pensé, debía ser un invento de Tarantino). Decidí entonces comunicarme con él. Quería contarle mi hallazgo de la noticia en el Times, la relación que Warren había tenido con mi tatarabuelo, y lo que sabía de Warren por las cartas de Robert y que tal vez él no.
Encontré una dirección en la web, pero cuando comencé a escribir me topé, una vez más, con mis limitaciones para el inglés escrito. Así que lo llamé a Julián.
- Cuando me dijo para quién era la carta y de qué se trataba – me dijo Julián -, pensé inmediatamente en vos. Pero Eduardo me pidió la más absoluta reserva.
- Así es. Le envié el mail el 3 de septiembre y el 7 me contestó. Te traduzco una parte: "Es muy interesante todo lo que cuenta de su tatarabuelo, aunque me cuesta creer que el hijo de Lincoln se haya carteado con un argentino que, además, fuera el impulsor de los primeros batallones de negros de la Guerra de Secesión (siendo, él mismo, ¡un oficial de la Unión!). Y en lo que concierne a la masacre de la mercería, debo decirle que Marquis Warren y el resto de los personajes, así como la masacre misma, son invenciones mías. Admito que la ficción pueda coincidir con la realidad, pero no en el grado al que usted hace referencia".
- ¿Invenciones de él?
- Sí. Yo podía entender que descreyera que Edelmiro se hubiera carteado con Robert y, más aún, que fuera el impulsor de los primeros batallones de negros siendo, además, un oficial de la Unión, como él dijo. Pero que negara la existencia de la masacre y sus protagonistas, al punto de atribuirse su invención… Era algo que no se lo podía dejar pasar. Así que fotografié la página del Times, los recortes y las cartas, y se los mandé.
El 12 me llegó la respuesta. Te leo: "¡Estoy shockeado! ¡Que la masacre haya ocurrido con los mismos protagonistas, y que hayan tenido los mismos nombres! ¡Y las cartas del hijo de Lincoln hablando del pasado de Warren! Le cuento que fui a la Biblioteca Pública de Nueva York, a pedir los ejemplares del Times de diciembre de 1877, porque no lo podía creer… ¡Y ahí estaba la noticia! (¿Habré sabido esto en algún momento de mi vida que he olvidado?)".
Más adelante me dice: "Quiero disculparme por el descreimiento expresado en el mail anterior, y hacerle saber lo que me avergüenza que haya pensado usted que fuera yo un plagiario". Y termina diciendo: "Le cuento que el fallo del tribunal declaró inocente a Mannix y que el único personaje de la película que parece no haber existido es el general Sanford Smithers. (...) Para finalizar, quiero manifestarle mi intención de hacer una película con la vida de su tatarabuelo. ¿Podré contar con su colaboración? Estoy barajando la posibilidad de viajar a la Argentina".
Más vale que le contesté que sí, que podía contar conmigo en lo que necesitara. Y entonces recibí una llamada telefónica de su secretaria, informándome que arribaría al aeropuerto Taravella, de incógnito, el 20 de septiembre a las 12: 45, en un vuelo de Argentina Jets. Me dijo cómo estaría vestido y me pidió que…
- ¡Hoy es 20 de septiembre! – lo interrumpí a Eduardo, exultante.
Los dos me asintieron sonrientes.
Anuncio importante a los lectores
Nos dice Luis Eliseo Altamira:

Hola, amigas y amigos, quiero anunciarles el lanzamiento de mi novela El sueño de Maximilian (Diario de Butch Cassidy en la Argentina), sobre los años en que el asaltante de bancos y trenes más buscado de los Estados Unidos se refugió en nuestro país junto al Sundance Kid, uno de sus secuaces, y Ethel Place, la pareja de éste.
Para que el libro sea una realidad, he iniciado su preventa hasta el 20 de este mes. La novela se imprimirá en los talleres de Gráfica del Sur, en la ciudad de Córdoba, entre el 10 y el 15 de agosto, la que, a continuación, pasaré a entregar personalmente.
El valor de cada ejemplar es de 18 mil pesos y las transferencias pueden hacerlas a mi CBU 02003168110000123645, o a mi alias CANELA.TIGRE.RUIDO
El número de mi celular es 3547 – 501702.
Desde ya, muchas gracias!!
Dejá tu comentario


