Entre el borde y el encuentro

10.06.2026

Poesía: Fronteras (donde recordé que temblaba), de Renata Díaz


Santiago Pfleiderer


Renata Díaz propone una poesía intimista, personal y genuina. La palabra navega, susurra, y brota entre las orillas. El recuerdo se hace cuerpo, y la historia se cuenta más allá del río.

Renata Díaz (Gentileza)
Renata Díaz (Gentileza)

Casi siempre la territorialidad se lleva como el ADN, como un tatuaje, como una mancha de nacimiento. En esa marca de vida hay identidad, recuerdos, aromas, voces, texturas, olores, sabores, paisajes. También hay un huir, pero también un extrañar; una metamorfosis de la propia existencia en el tiempo y en los kilómetros recorridos, en la ausencia y en la distancia.

Renata Díaz nació en Posadas, provincia de Misiones, en octubre de 1994. Es Profesora de Danza por la UPC (Universidad Provincial de Córdoba), y alterna su labor docente con la poesía y las artes escénicas. Es una joven voz muy potente y activa en la realidad poética actual, y recientemente -en marzo de este 2026- presentó Fronteras (donde recordé que temblaba), en el cálido Sao Bar, a orillas de la Cañada.

La poesía de Renata, reunida en este libro –su primer libro-, nos da una pauta de lectura que nos invita a hacer de las palabras un viaje al recuerdo corporal, a memorizar con las células una experiencia vital forjada en el ser que habita y deshabita, que es y fue, que está y no está.

Hay un eje muy claro y latente en su escritura: el paisaje que deja huella. Los recuerdos y la sensación permanente de difuminarse en esos límites marcados por el río Paraná y por la memoria que no deja de reescribirse. La selva, el guaraní, las costumbres ancestrales de una cultura que no tiene fronteras, el mate compartido. Una poesía suave que se mece entre el cálido aire subtropical, el río marrón, la tierra rojiza, la yerba mate; una poesía donde la belleza y las palabras no tienen pasaporte.

Fronteras… fue editado por Lago Editora, y cuenta en su contratapa con las palabras del poeta Jorge Carranza. Desde Tierra Media hablamos con Renata Díaz para que nos cuente un poco más acerca de cómo es vivir la poesía desde esa vitalidad tan litoraleña como cordobesa.

¿Cómo nace Fronteras?

Fronteras nace en un proceso largo de irme varias veces de los lugares que consideré y considero "mi casa", que son Posadas y Córdoba. Después de un proceso migratorio y un regreso hubo algo que terminó de cocinarse y asumirse en este "ser de una frontera". Criarse en una orilla trae todo un modo de vida, que pareciera ser de paso pero no, que vino conmigo a todos los lugares por los que anduve y ando.

En ese camino de asumir mi identidad, o una parte de ella, se fue escribiendo y, finalmente, -tomando tu palabra-, nació Fronteras, que además es, como dice el subtítulo: un lugar donde en mí todo tiembla.

¿Cómo vinculás la danza y la poesía?

La danza fue mi forma de entender y significar el mundo, desde esa infancia pequeña en la que uno va poniéndole nombre y palabra a las cosas. Para todas aquellas cosas innombrables, difíciles de decir y para las cuales la palabra pareciera no ser suficiente, comencé a danzar, a entender cómo el cuerpo que soy en el con-texto que estoy. Y ahí todo se fue entrelazando un poco, sin darme cuenta hasta la adultez. Danza y poesía son lenguajes, son modos de habitar y mirar el mundo, y ahí se cruzan y encuentran, al menos para mí.

¿Cómo te habitan y cómo habitás los bordes?

Los bordes me habitan en muchos sentidos, aunque creo que geográficamente es el más fuerte, y explícito. Hoy en día nada pareciera tener borde, todo es diluido y transdisciplinar, y parece un desafío pensar los bordes de las cosas. Así y todo, a cada categoría, formación y des-formación, termino por encontrarle un borde sobre el cual oscilo, porque nunca puedo decir que estoy parada sólo desde dos puntos separados. Para mí, las fronteras son en realidad encuentro, ¿o acaso un río puede ser sólo una separación de tierra? Me parece de los mejores accidentes geográficos que, entre muchas otras cosas, convoca y hace confluir especies, temperaturas, sensaciones, texturas y un sinfín de cosas que, se supone, estarían separadas.

¿Tu poesía sería posible sin Misiones?

No sabría responder si mi poesía sería posible sin Misiones; seguramente no, o no así como es. El paisaje va con uno siempre, y eso es una suerte de transducción que se deja ver indudablemente. Yo no lo escondo, me encanta habitar a ese Misiones que me traje conmigo y que va cambiando también.

¿Para vos es posible escribir sin situarse en un lugar, o pensás que cada poesía también es geográfica?

Yo creo que ninguna práctica (artística, social, cultural) puede ser pensada sin situarla. Escribir, además de ser un hecho artístico, es también un acto político, y en ese sentido siempre será situado, desde determinado lente y forma de ver y entender el mundo.

¿Qué te inspira a escribir hoy?

Lo que me inspira a escribir hoy es el mismo acto de estar escribiendo. Hay una idea de que la inspiración te baja casi como un evento espiritual, y yo creo que es un poco más que uno la llama con rituales y acciones. Prender una vela, ciertas comidas, bebidas, músicas, aromas, recuerdos. Yo escribo mucho desde lo corporal, lo sensorial, lo emocional. Y quizá allí haya mucha tarea de percibir eso que nos pasa corporalmente como algo que inspira. Temblar, por ejemplo.

Renata Díaz escribe:

Cuerpo mojado
abrigo mojado
casa inundada
La creciente
todo lo moja
y no hay
refugio
donde no ahogarse.

Renata Díaz (Gentileza)
Renata Díaz (Gentileza)




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