Entre-Nous, la sociedad de las aristócratas
Víctor Ramés

Datos que no estábamos buscando
Dedicamos unas páginas a averiguar en qué consistía la sociedad Entre Nous (Entre nosotras), una asociación femenina que se formó en Córdoba a ejemplo de otras ciudades y países, a comienzos de la segunda década del siglo veinte.
Lo que disparó nuestra búsqueda fue la información aparecida en dos números de Caras y Caretas: el del 3 de agosto de 1912, y el del 18 de agosto de 1913, que nos alertaron sobre el tema del título. Las páginas del número más temprano traen cuatro fotos, y la de 1913 una, con sus respectivas notas al pie. Se puede visualizar en ellas a un grupo de mujeres, señoras y señoritas de la sociedad cordobesa, reunidas para alguna ocasión. Son todas damas, se ven sombreros grandes y caros, alhajas, y vestidos que seguramente competirían unos con otros.
El ejemplar de 1912 refiere a un encuentro para un aniversario de la Sociedad Entre Nous, sin mencionar cuántos años se celebraban. Por su parte, la foto de 1913 muestra a un "Grupo de distinguidas señoritas de la sociedad «Entre Nous», en el pic-nic con que, en el Parque Sarmiento, se conmemoró la fundación de la aristocrática institución." Agosto era, pues, el mes fundacional. Y tenemos al menos, hasta aquí, a) la existencia de una agrupación y b) la marca de una distinción de clase.
La caracterización de "aristocrática" es fundamental para indagar sobre esa iniciativa cordobesa. Tras una serie de lecturas, se puede constatar el protagonismo nacional que solía concederle en sus páginas el semanario porteño a esta sociedad femenina que actuaba en el interior de país, ampliando referencias a una Sociedad Entre Nous de Rosario, y a una de Buenos Aires. Aparecen, así, ciertas rimas y, más aun, el círculo se abre para hacer visible la existencia de una Sociedad Entre Nous en Montevideo, que contaba con la atención de "Caras".
Al buscar más allá de los lacónicos pies de página del semanario, se descubre que funcionaban también una Sociedad Entre Nous en Santiago de Chile y otra en Lima, e incluso en ciudades más pequeñas y con menos prensa. Ya ampliaremos sobre ellas.
El cuadro general de interés para "hacer hablar" a las fotos de la revista y de las fechas en cuestión, tiende un panorama de entre 1907 y 1919. Ese arco de años cubre el tiempo de mayor expresión de las sociedades Entre Nous sudamericanas y, al asomarnos a ellas, se comienza a comprender que mujeres en diversos lugares se sintieron atraídas por ese formato asociativo, expresión de una necesidad común. Existían, a la vez, determinadas tipologías nacionales y provincianas. Se buscaba formar un espacio hasta cierto punto independiente de otras instituciones, y se enunciaban fines concretos a realizar, lo que les ofrecía una cierta forma de ciudadanía, aun muchos años antes de ser juzgadas responsables para emitir el voto; y se diría hoy, en suma, empleando el término de manera anacrónica, para empoderarse. La permanencia de estas sociedades trascendió en varios casos el año 1919, pero ese es el límite de la mirada que incumbe a estas notas.
Cómo poner la historia en común
El cuadro invita a buscar un origen conceptual e ideológico común de esa forma asociativa femenina que se instituye en diversos puntos del continente. Una hipótesis fuerte apunta al reflejo de la cultura francesa en nuestra región. Es real que hubo un pico alto en la invasión de la aristocracia, al menos la argentina, a París en esos años -un gesto de dispendio económico visible y con aspiraciones a cultivarse. Algunas jóvenes fueron llevadas por sus familias a París en una belle epoque que estaba próxima a concluir porque ya tronaba la Primera Guerra Mundial. Algunos fueron contactos suficientes para encender, al menos, en jóvenes uruguayas, chilenas, peruanas y argentinas que respiraron los aires de la ciudad luz, las chispas de unas aspiraciones femeninas, mientras en la sociedad seguía enquistada la mentalidad resistente y patriarcal. Aun así, quedaban resquicios, ejemplos y oportunidades para imaginar otros valores, en particular a las mujeres de una posición económica bien consolidada.
No se trataba del despertar de las trabajadoras, por supuesto. Una cosa muy distinta sería hablar de quiénes en definitiva hicieron la historia poniendo el cuerpo para llevar esas ideas a la práctica. Pero en este caso, a las damas cordobesas, como a las de otras ciudades sudamericanas, les cupo el privilegio de pensar y de hacer, dentro de unos límites establecidos, en el seno de su clase social. Y el pensamiento, los propósitos, los idearios sostenidos por las asociaciones nacidas de ese impulso, se relacionaron con las artes, la educación, y con la caridad. A esos elementos se sumaron formas de figuración de clase, como las de juntarse a tomar el té en el salón de un lujoso hotel, o la celebración de un aniversario en el parque jugando cricket. Y salir en las revistas y secciones sociales de la prensa.
Esto último se ve en otras fotografías del número de Caras y Caretas del 3 de agosto de 1912. Sus pies de foto y las imágenes que acompañan las notas dan una buena idea: tres aristocráticas señoras sentadas a la luz vespertina, en el aniversario de la Sociedad Entre Nous de Córdoba, y escrito al pie: "Señoras Beltrán Posse de Juárez, Mujica de Granillo y Vázquez de Barros, que tuvieron a su cargo la organización de la fiesta." Las dos fotos siguientes se centran en las socias más jóvenes presentes en la actividad: "Señoritas Mujica y Ortiz, apuntadoras en la partida de cricket, que se jugó en la fiesta" y, la última, "Señoritas que tomaron parte en la partida de cricket, que se jugó con todo entusiasmo."
Es oportuno recordar que, en la página del semanario que estamos citando, el primer epígrafe calificaba como "señoritas" al pleno de mujeres posando durante el evento ante la cámara de Caras y Caretas. Esto sin duda no debe tomarse al pie de la letra y puede ser leído como una galantería. Pues sí había damas mayores y también señoras casadas en Entre Nous.
Tal vez sea oportuno precisar un poco más el contexto, para notar la aparición de las señoras y señoritas cordobesas en el ámbito de la cultura, uno de los principales objetivos a que se destinaron esfuerzos y fondos en este tipo de sociedades. Y, paralelamente, a la necesidad de recaudarlos, mediante iniciativas diversas que solían inclinarse a una función tradicional acordada al género femenino: la beneficencia.
La conquista social del sentimiento
Las sociedades de damas que, de comienzos al primer cuarto del siglo veinte, florecieron en Sudamérica, se inspiraron en ideas y en nuevas prácticas femeninas desarrolladas sobre todo en París, donde desde fines del diecinueve se abrieron salones literarios y las mujeres ávidas de cultura y conocimiento, las de las clases altas, se abrazaron a la lectura, a las artes, a la filosofía y a la discusión, generando ese gesto impacto en las capas de mentalidades. El panorama de lo ocurrido en los países vecinos sudamericanos, muestra ejemplos de iniciativas anteriores y también contemporáneas de las asociaciones argentinas.
En orden cronológico, hay que comenzar por la creación de la Sociedad de Señoritas Entre Nous en Montevideo en 1907. Su primera presidenta fue Rosa Guerra Stewart. El periódico El Siglo retrataba, ese año "una interesante reunión que tuvo lugar ayer de 1 a 5 de la tarde en la Sociedad Entre Nous, con motivo de ser el día que dedican a la costura para los pobres". Una de las integrantes de la sociedad sería Josefina Lerena Acevedo, más tarde escritora, ensayista y periodista, quien había aspirado en París, adonde viajó junto a su familia, el encanto, la elegancia y las conquistas culturales de las mujeres en la vida parisina. A poco de regresar a Montevideo, otra joven con inquietudes, Juanita Ramírez, la invitó a unirse al proyecto de la Sociedad Entre Nous, donde Josefina pasó a ser la Secretaria de Actas. En dicha sociedad no se permitía el ingreso de hombres, refiere María Carolina Blixen en su ensayo titulado "El pecado de la lectura", dedicado a Lerena Acevedo: "las mujeres bordaban, hacían caridad, programaban reuniones sociales. Todo eso era lo que se esperaba de ellas, pero también descubrían que podían valerse por sí mismas, que podían pensar y actuar en forma independiente, que podían ver a los hombres desde fuera y juzgarlos." Además de las reuniones semanales dedicadas a coser para los pobres, Entre Nous organizaba en Uruguay la distribución de los premios a la Virtud, según se lee en el diario El Siglo del domingo 6 de junio de 1909. El mismo periódico, el 5 de noviembre de ese año, informaba sobre la organización de una fiesta femenina de la primavera, un "pic-nic a celebrarse en la quinta de la familia de Morales en el Puente de las Duranas, y cuyo producto se destinará a la beneficencia".
La Asociación Entre Nous del Perú nació en 1911. Su fundadora, Francisca Benavides Diez Canseco, había vuelto de Francia, donde permaneció varios años junto a su padre. Al volver, "Paquita" Benavides pudo constatar "el estado de modorra en que se acomodaba un sector de la sociedad limeña", según indica el autor peruano Roberto Cores en un artículo de El Expreso dedicado a la Sociedad Entre Nous, y en 1911 decidió comunicar a sus conocidas la idea de fundar una asociación. Esto se concretó aquel año, en un acto realizado en el Casino de Chorrillos, un balneario próximo a la ciudad de Lima de gran atractivo para la aristocracia limeña. Uno de los primeros pasos fue crear una biblioteca: "La biblioteca de Entre Nous nació rompiendo esquemas de arcaicos pensamientos que consideraban un atrevimiento que una mujer pudiera querer y tener una biblioteca para su propio uso." En el mismo sentido habían actuado las mujeres montevideanas, que lograron reunir volúmenes en donación para crear la biblioteca de su asociación al poco tiempo de fundada.
Una iniciativa que caracterizó la orientación cultural de las mujeres peruanas de Entre Nous fue la organización de un concurso literario en el que resultó premiado un cuento de César Vallejo, Mas allá de la vida y de la muerte. Fue gracias al importe de ese premio que el poeta pudo publicar, en 1922, su segundo y fundamental libro de versos, Trilce.
Por su parte, llama la atención la extraordinaria caracterización que hacía en Chile, en 1917, La escritora, ensayista y periodista Inés Echeverría Bello, chilena de gran prestigio en la época, sobre la situación de las mujeres de la oligarquía en su país: "A nuestra mayor sorpresa, ha aparecido una clase media que no sabíamos cuándo había nacido, con mujeres perfectamente educadas, con títulos profesionales y pedagógicos, mientras nosotros apenas sabíamos los misterios del rosario. Entonces sentimos el terror de que, si la ignorancia de nuestra clase se mantenía dos generaciones más, nuestros nietos caerían al pueblo y viceversa."
Esta mirada arroja luz sobre el afán de las mujeres por cultivarse, desarrollando a la vez la tradición femenina hecha carne en su clase social, la caridad hacia los pobres. Las primeras señales de esa tendencia fueron la creación en Chile, 1915, del Círculo de Lectura de Señoras fundado por Delia Matte de Izquierdo, y del Club de Señoras dirigido por Luisa Lynch de Gormaz. Esta última definía sus fines como altruistas, por encima de todo. Se lee en Memoria Chilena -página de la Biblioteca Nacional de Chile, que "su fundadora, junto a un grupo de señoras distinguidas, instaló un centro de reunión culto, agradable y útil para reemplazar las tertulias sociales que experimentaban un declive. Inspirado por iniciativas similares de mujeres en el extranjero, como Les Dames de France, la Escuela Profesional de Mujeres de Argentina, Entre Nous en Uruguay y los clubes de mujeres de Estados Unidos, el club local fue concebido como un círculo de fomento a la educación y la cultura de las mujeres de élite."
El panorama referido confirma la incidencia europea y la tendencia internacional que tomaba forma, en tanto gesto modernizador y con una cuota feminista, en Sudamérica. La revista argentina Caras y Caretas, como se dijo, reflejó con cierta continuidad, en la segunda década del siglo veinte, actividades realizadas por la asociación uruguaya, y por las argentinas que actuaban en Buenos Aires y en Rosario, organizando similares actividades culturales y benéficas.
Entre la reunión social y la acción
Para no perder de vista el panorama de la Sociedad Entre Nous de Córdoba, se precisa de una búsqueda más completa. La atención brindada en Buenos Aires por Caras y Caretas a la asociación cordobesa ayuda a contar con datos sobre lo más próximo, la ciudad de nuestro interés.
Una fotografía de Caras y Caretas del 18 de agosto de 1913, edición ya citada, llevaba como título "La fiesta de la «Entre Nous», de Córdoba", con el solo agregado de un pie de página: "Las socias fundadoras de la aristocrática sociedad Entre Nous de Córdoba, reunidas después del té que congregó a todas las asociadas, el 4 del corriente."
El contexto revela una reunión más social que societaria. La foto presentaba a unas veinticuatro señoras que lograron entrar en el cuadro de la cámara, en su mayoría mujeres jóvenes y de mediana edad, en finos vestidos y todas con sus sombreros/tocados prominentes sobre el peinado. Varias de las jóvenes sonreían al fotógrafo al momento del disparo. Es claramente una publicación de etiqueta sobre gente "de la sociedad". Nada excluye que, aun en ese marco, se pudiese respirar ideas y construir una confianza colectiva.
Una página posterior del mismo semanario data del primero de enero de 1915, donde se palpa la vida super selecta a la que podían acceder las socias de la agrupación, entre las que abundaban los dobles apellidos, ya que el marco en el que se muestran es uno de los hoteles más exclusivos del país. Su título era "De Alta Gracia (Córdoba)", subtitulada "La excursión de la sociedad «Entre Nous»". El texto agrega lo siguiente:
"Después de varios días de lluvia, el tiempo se ha compuesto definitivamente. Se han reanudado los paseos, cabalgatas y pic-nics en Alta Gracia.
La sociedad Entre Nous, de Córdoba, organizó una animada excursión a esta localidad, a la que concurrieron las señoras: Rafaela Beltrán Posse de Juárez Revol, Virginia B. de Suárez Pinto y Matilde Funes de Beltrán Posse, y las señoritas Liria y María Eugenia Debrus Reyes, Blanca y Robertina Ordóñez, Lidia y Angélica Ortiz, María Emilia, Amalia y Blanca Beltrán Posse, Ramona Ibáñez, Graciela Cristoforetti, Estela Casas, Emilia y Carmen Hartlieb, Etelvina Revol Cabrera y Rosario Galíndez.
Las excursionistas llegaron a mediodía y almorzaron en el comedor de invierno del Sierras Hotel.
Después pasaron al salón del casino, donde se bailó hasta las seis de la tarde.
Asistieron, además, al té del casino, las familias de: Cantilo, Ross, Acal, Marcó del Pont, Griesson, Cepeda, Heguillor, Oromi, Escalada, Ramos Mejía, Demaría, Areco, Bunge, González del Solar, Ereñú y otras de conocido y prestigioso nombre en nuestra sociedad, resultando un torneo de distinción."
Como en citas anteriores, no asoma aquí una genuina orientación de la sociedad Entre Nous de Córdoba hacia la actividad cultural. No aparecía nada que fuese más allá de la reunión de las socias a tomar el té, asolearse en las sierras, jugar cricket sobre el césped y bailar. Tampoco se las veía dedicadas al asistencialismo dirigido a los pobres, al menos en las menciones sociales del semanario.
Es bueno contar con información referida al plano local como la que provee La Voz del Interior en diferentes años. Son dos. En la primera, de 1916, se halla al menos un objetivo de beneficencia mencionado. El diario radical -que entonces contaba una docena de años en la calle- publicaba la siguiente noticia el 12 de septiembre de 1916:
"Fuera de toda duda, ha de resultar una verdadera nota social, el corso de flores a efectuarse el próximo domingo en las primeras cuadras de la Avenida Argentina, donde se han construido numerosos palcos. Este corso de flores, que nos hace creer resultará sumamente interesante, ha de encontrar franca acogida en nuestra sociedad que ha prestado siempre su apoyo decidido a tan simpática fiesta. Por otra parte, la comisión de distinguidas damas y señoritas que lo auspician, trabajan incansablemente por conseguir un éxito completo. Además de los prestigios de la Sociedad Entre Nous, patrocinante del corso, se efectuará con el objeto de recoger fondos para la construcción de un pabellón de sol para tuberculosos, que bien necesita nuestro Hospital de Niños."
El Corso de Flores era un formato de espectáculo público organizado por primera vez en 1888, en Buenos Aires. Se señala a Dolores Lavalle, la hija menor del general Juan Galo Lavalle, quien incorporó esa fiesta "a las selectas y próvidas solemnidades sociales que se celebran con fines de caridad", como se lee en un ejemplar de Caras y Caretas de 1899. Vale decir que desde siempre se trató de un suceso filantrópico. Las damas cordobesas remontaban sus iniciativa a antecedentes bien establecidos.
La sección "Hace 100 años" de La Voz destacaba, en 2017, el siguiente recorte del matutino, titulado El baile de percal, publicado originalmente el 13 de septiembre de 1917. La preparación de dicho baile consume el espacio, proponiendo un juego bien aristocrático, con reglas estrictas referidas al detalle textil de las vestimentas. La mención a la intención benéfica está ausente aquí y todo parece llenarlo la propia diversión de jugar ese juego de sociedad, que la nota presenta así:
"Los preparativos. En la última reunión realizada por la sociedad Entre Nous, de acuerdo con la presidenta de la comisión especial encargada de organizar el baile de percal, que se realizará el 4 de octubre próximo, la distinguida dama doña Lola Pizarro de Rius, resolvióse especificar las telas aceptadas por dicha comisión.
Las mismas son las que se podrán lucir en el citado baile.
Las distinguidas niñas que se aprestan a concurrir a esta fiesta pueden elegir las siguientes telas para las "toilettes": percal, cretonas, muselinas, voile de hilo, clarín y tarlatán.
Se ha fijado en 10 pesos la entrada para caballeros al salón de baile, palcos y tertulias, y en cuatro pesos para señoras y niñas, teniendo los poseedores de estas entradas derecho a la confitería."
Es muy posible que estuviese vinculada a una recaudación para caridad, aunque la nota no lo enuncie.

La voluntad artística y cultural
Las mujeres uruguayas de Entre Nous cosían para los pobres una vez por semana; las de Entre Nous en el Perú llegaron a premiar y a pagar uno de los grandes libros de la literatura de ese país en el primer cuarto del siglo veinte. Las damas cordobesas, hasta donde hemos expuesto, eran más bien unas matronas y señoritas oligarcas que aparecían en las páginas sociales por ir a tomar el té en sitios muy exclusivos; por jugar al cricket, por organizar bailes, o por hacer fiestas de disfraces. Había un propósito benéfico, sin duda, pero empalidecía atrás de la figuración, y de los ecos en Buenos Aires, a través de Caras y Caretas. Mostraban una unión, cierta identidad, y hacían todo lo esperable de las mujeres a quienes el siglo veinte aún no había enseñado la existencia de otros modelos sociales femeninos, más desafiantes frente a los privilegios y a la conspiración de una sociedad patriarcal. Ellas eran las mujeres de la clase en el poder y, si bien se cuidaban de romper el estereotipo, habían sentido el instinto de un objetivo, un sentido, aun sin saber del todo de qué realmente se trataba.
No obstante, en 1915, hubo un hecho que casi puso en la historia a la Sociedad Entre Nous de Córdoba, y cuyos ecos se mantienen curiosos y sorprendentes. Nuestras fuentes más próximas y suficientes al respecto son Wikipedia y un texto de investigadoras cordobesas del teatro local.
Las investigadoras son Graciela Frega, María J. Villa y Ana G. Yukelson, quienes aportaron a Historia del Teatro en las Provincias vol. 1, de Osvaldo Pelletieri, el capítulo dedicado a Córdoba. Bajo el título Entre el fervor de la rebeldía y la dependencia del mercado (1913-1928), las mencionadas estudiosas destacan que "el séptimo arte ejerció una fascinación tan grande en el medio que las damas de la Sociedad Entre Nous patrocinaron, con fines benéficos, la filmación de la película Deuda sagrada (1915), dirigida por el dramaturgo local Julio Brünner Núñez -que reunió un elenco de actores improvisados, pero con prestigiosos apellidos."
La entrada de la enciclopedia libre, por su parte, agrega que era una película muda filmada en blanco y negro, y aporta importantes detalles como que Julio Brünner usó "su propio guion inspirado en la novela alemana La fortuna de los Harlewigh de J. Edhop" y que "tuvo como actores principales a Rosa Ferreyra, Mario de Tezanos Pinto, María Ignacia Rius y Alicia de la Peña", nombres de la oligarquía cordobesa. Y la fecha de estreno: "el 22 de septiembre de 1915 en el cine Rivera Indarte de Córdoba, y también se exhibió en Buenos Aires y Montevideo". La mayoría de esos datos provienen de Efraín U. Bischoff. La presencia de Rosa Ferreyra era muy probable que se refiriese a la joven que habitaba en el Palacio Ferreyra y luego se destacaría como una importante pintora cordobesa.
Es sabido que los comienzos del cine argentino tienen una cronología sencilla: de 1907 data El fusilamiento de Dorrego, de Mario Gallo, y de 1909 La Revolución de mayo, con actores profesionales. Y aquí retomamos Wikipedia, para puntualizar los antecedentes de Deuda Sagrada, eslabón cordobés perdido de la serie:
"En octubre de 1913 se había estrenado en Buenos Aires la película Nelly, o La primita pobre, una comedia a beneficio del Consejo Dotal de Obreras que conducía María Unzué de Alvear en cuyo reparto figuraron varios integrantes de la clase adinerada argentina que permaneció solamente tres días en cartel. Al año siguiente se estrenó en el Teatro Colón, Amalia, un filme producido por iniciativa de las damas –también de la clase adinerada- Angiolina Astengo de Mitre y Raquel Aldao, para recaudar fondos para sus obras de caridad cuyos intérpretes pertenecían a sus mismos círculos sociales."
Estos dos hechos históricos explican en cierto modo la idea de las damas cordobesas, también "adineradas", inspirada por un proyecto que aunaba la beneficencia y un gesto moderno para la época en materia de lenguaje artístico: una tecnología narrativa que entonces llevaba lo teatral a otra forma de existencia.
Tomada de una nota de La Voz del Interior de septiembre de 1915, la sinopsis refería lo siguiente: "La condesa se refugia en el cariño de su hermano cuando se encuentra ciega, enferma y abandonada por la familia de su esposo. Su hermano, sin embargo, no es el honrado profesional que aparenta ya que se encuentra en las garras de un usurero que pretende que la deuda de dinero sea saldada con un forzado amor. No faltan leyendas fantasmales, fugas que causan vértigo y el cruce del lago a nado por dos enamorados."
Lo que sigue puede verse como un eco de esta modalidad de beneficencia a través del pionerismo cinematográfico, por parte de una asociación de damas de la caridad; o bien como un gesto abarcativo de la época y de una clase social distinguida, que las señoras y señoritas de Entre Nous de Montevideo, tan citadas por Caras y Caretas, llevaron a cabo en 1920.
Se lee en un informe de la UNESCO sobre Mujeres y "New Media", el apartado correspondiente a Cine y Radio, el siguiente párrafo referido a Uruguay: "Durante la era Batllista (1911-1930), muchas organizaciones de caridad de mujeres de la élite se asociaron al estado para proveer asistencia social en especial a mujeres y a niños. A partir de finales de la década de 1910, al menos dos de estas organizaciones realizaron películas mudas para atraer la conciencia y sobre todo fondos para sus respectivas asociaciones subsidiadas de manera estatal. El primer ejemplo del así llamado cine de beneficencia en Uruguay se cree que corresponde al filme de 1919-1920 titulado Pervanche, muy probablemente producido por y para la asociación de damas Entre Nous."
El autor Álvaro Lema Mosca aporta el dato de que el estreno de esa película "sucedió en un abarrotado teatro Solís con la presencia de la crème de la crème montevideana. Si bien el cine propio llegaba tarde en comparación con otros países, el caso uruguayo tiene una particularidad especial: 'Pervanche' fue realizada por un grupo de mujeres y su temática carece por completo de uruguayismos."
Entre Nous fue una instancia de la conciencia histórica de las mujeres sobre su capacidad de cuestionar hasta cierto límite algunos de los roles tradicionales en una sociedad que marcaba una nueva etapa. Se puede tender un arco sobre lo conquistado por estas agrupaciones sudamericanas, que va desde ejemplos de un auténtico compromiso con la cultura, o siquiera el de coser para los pobres, hasta la modalidad de reunirse para seguir ejercitando los privilegios de clase, revelando así una diferencia que, tal vez, una investigación más minuciosa sobre la asociación cordobesa ayude a reconsiderar.
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