Entrevista con Lilia Lardone
Especial para Tierra Media
Marcelo Casarin

Lilia Lardone nació en Hernando, provincia de Córdoba, en 1941. Estudió Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Trabajó en el área de cultura de la Municipalidad de Córdoba y fue por años una de las responsables de la organización de la Feria del Libro de Córdoba. También integró el CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación en Literatura Infantil y Juvenil). Coordinó talleres de escritura y desarrolló una importante tarea de formación, especialmente vinculada con la literatura destinada a niños y jóvenes. Dictó cursos y seminarios para docentes sobre promoción de la lectura y criterios de selección de textos.
En el campo de la literatura infantil publicó Caballero Negro, El nombre de José, Papiros, Los Picucos, Los asesinos de la calle Lafinur, La niña y la gata, La fábrica de cristal, El día de las cosas perdidas, Benja y las puertas, La banda de los coleccionistas, El olor del cocodrilo, La gran persecución y El segundo cajón, entre otros títulos. En narrativa para adultos publicó Puertas adentro, Esa chica y Vidas de mentira. Y en poesía Pequeña Ofelia y Diario del río.
Lilia Lardone falleció el 31 de agosto de 2026.
La entrevista que presentamos a continuación se produjo en el año 2024, en el marco de la asignatura Derecho, literatura y divulgación, del Profesorado en Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Se trata de una propuesta pedagógica que llevamos adelante con Gabriela Macheret y Lisha Dávila, en la que incluimos como lectura la novela Puertas adentro. La entrevista fue elaborada por estudiantes y revisada por el equipo docente.
Sobre la condición de escritora: considera que el hecho de ser mujer hizo que le costara más hacerse conocida u obtener reconocimiento.
Tal vez por una característica de personalidad, nunca sentí que ser mujer me limitara en nada, ni para estudiar, ni para trabajar, ni en mi vida privada. En el caso de la escritura, la suerte estuvo de mi lado cuando gané un concurso internacional de literatura infantil con mi primer libro para chicos, en 1999. Eso me abrió muchas puertas. Los tiempos han cambiado un poco la situación, cuando yo empecé casi no había editoriales en Córdoba y a las de Bs.As. el acceso era prácticamente imposible.
¿Cree que la literatura debe ofrecer certezas o abrir interrogantes?
Sin lugar a dudas, abrir interrogantes. Me inclino por una escritura donde se dejen espacios vacíos, donde no se explique todo, porque confío en el lector y sé que construirá lo no dicho. Como lectora, me gusta que al terminar un libro me queden más preguntas que respuestas. Decía Clarice Lispector: "Que no se tapen con palabras las entrelíneas", y a eso me aferro.
¿Hay algún lugar concreto al que remita el "pueblo" de Puertas adentro?
Puertas adentro transcurre en mi pueblo de infancia, Hernando, plena pampa gringa cordobesa. Ahí viví hasta los 14 años, cuando vine a Córdoba porque quería ser maestra y allá solo se podía en la escuela de las monjas, que yo rechazaba. En 1956, con 14 años, entré al Carbó para hacer 4º y 5º y recibirme de Maestra Normal Nacional. Vivía en una pensión: un corte abrupto en mi vida que me marcó para bien, creo, porque aprendí a ser independiente.
A la hora de escribir la novela, ¿cómo fue el estudio del contexto histórico-social en el que se desarrollan los acontecimientos narrados?
Desde muy joven, la lectura de literatura era mi refugio. En medio del pueblo chato, prejuicioso, conocer mundos variados y personajes diferentes me parecía apasionante, frente a la realidad que me rodeaba. Estudié letras por eso, seguí leyendo, sigo leyendo y alimentándome de literatura ahora que envejezco. Más que estudiar el contexto, para escribir la novela me sumergí en la memoria emocional: soy muy observadora de los entornos, y pude retrotraerme a las propias vivencias de la infancia y adolescencia. Eso me dio el marco de la historia, el tono de la época, más que cualquier investigación. Recuerdo bien el día de la muerte de Eva Perón porque lo viví, lo mismo los acontecimientos del 55 que en el pueblo también tuvieron eco.
Cuándo escribió la novela y cómo piensa la construcción de la memoria colectiva y de esa época tan particular de la Argentina.
En 1993 (o 94, no sé bien) vino Ricardo Piglia a dar una conferencia en la Feria del Libro de Córdoba. Ahí dijo algo que me hizo un clic: "una novela se escribe a partir de un enigma". Pensé enseguida en un hecho familiar que no conocía cabalmente pero que me seguía intrigando cada vez que iba a mi pueblo: en la casa de mi abuela paterna vivía una prima, un poco menor que yo, compañera de juegos, de la que solo sabía que los padres estaban lejos. Sin más explicaciones. Picada por las palabras de Piglia, se me ocurrió reconstruir ese misterio desde la ficción, apoyándome en algunas circunstancias concretas que sí conocía bien. Me aferré a los detalles, que según dicen son la sal de la escritura, para pintar el clima y las costumbres en la casa de mi abuela paterna (que yo sentía hostil, papá había muerto a mis 4 años y no la querían a mamá). Reviví los prejuicios que intuía en el pueblo, un colectivo cerrado, de inmigrantes, un espacio en donde siempre me sentí ajena. No conocía demasiado de mi prima y su historia, solo pocas cosas como que ella seguía viviendo ahí, que no se había casado, que los prejuicios seguían existiendo, y la doble moral sobre todo. Todo fue terreno fértil para la ficción. También conocía, por haberlos vivido intensamente, los años 50´, 60´ y 70´ en Argentina. Sobre todo confié en mi instinto, que es lo que más me ayudó siempre en la escritura.
En Puertas adentro hay una fuerte presencia de lo no dicho, de lo que se intuye, pero no se enuncia. ¿Cuál es, para usted, el poder literario del silencio en estos relatos? ¿Y qué papel juega el silencio en la vida de las mujeres que describe?
El silencio, a mi ver, crea una tensión literaria que cuando se logra, enriquece el relato. La aparente sencillez de la sintaxis, el despojo de adjetivos, tienden a poner en valor lo que sí se dice. En la sociedad donde transcurre la novela, el silencio (siempre según mi mirada de niña, que es a la que apelé para escribir) pesaba como elemento de control sobre el otro. A eso lo sabían muy bien las mujeres. Entonces ocultar, enmascarar, callar, formaban parte de las estrategias de un poder oculto para resistir al poder expreso.
¿Qué fue lo que más le costó del texto? Pensando en las voces…
Ah… las voces. Trabajé mucho tiempo hasta saber que necesitaba una primera voz para comenzar la historia. Quería que esa intimidad que da la voz de Ottavia trasmitiera en directo sus sentimientos. Después me costó muchísimo salir de ese punto de vista, estuve trabada varios meses. Debo señalar que esta novela fue mi primer intento literario y borré más de lo que escribí: estaba aprendiendo el oficio, la "cocina" de la escritura. Rehice muchas veces el capítulo inicial hasta conseguir que las palabras mostraran lo que yo deseaba. ¿Cómo seguir después de contar el "adentro"? Para mostrar el "afuera", la voz de Ottavia no me servía. Necesitaba mostrar el pueblo, era esencial al desarrollo. Así que elegí narrar en una tercera persona. Más adelante, cuando la historia se centra en Tesa, quise trabajar con la segunda persona porque me pareció que conseguía cercanía con la interioridad del personaje y a la vez la complicidad del lector, envolviéndolo, interpelándolo también. Hace falta una aclaración: en mis inicios de escritura yo tenía 52 años, me dedicaba sobre todo al activismo cultural, coordinaba talleres literarios, y estaba muy vinculada al mundo de la literatura infantil. En ese medio conocí a María Teresa Andruetto, conversamos mucho y al saber que yo escribía, ofreció que me uniera a las reuniones donde intercambiaba su propia escritura con Estela Nanni. Esos encuentros me enriquecieron muchísimo, ellas eran más experimentadas, escribían ya y habían publicado. Después, sumamos a las reuniones nada menos que a Andrés Rivera, gran escritor que siempre fue muy generoso con nosotras, leyendo nuestras producciones y ofreciendo su opinión. La escritura de Puertas Adentro fue lenta, escuchaba pareceres y tomaba los que me parecían atinados. Corregí mucho, en lo que luego sería siempre mi modo de escribir. Sobre todo, aprendí a ser paciente. No es fácil ni rápido escribir ficción, por lo menos no lo es para mí.
¿Se inspiró en alguien que conoce para el personaje de Ottavia? Llama la atención la manera en que se desenvuelve en su familia con tanta naturalidad dolorosa.
Una de mis tías paternas de Hernando era jorobada y tomé de mis recuerdos alguna de sus características para la novela. Me pareció un desafío estimulante, instalar un personaje que no sale a la calle pero que da cuenta de la realidad circundante a través de las voces de los otros.
En "Puertas Adentro" se vislumbra la libertad de derechos de la mujer. Al final se ve que una protagonista decide sobre su propia vida y no lo que le impone el entorno de sumisión. ¿Cómo piensa este asunto?
Las décadas del 60 ´y del 70 ´fueron en el mundo, y también en Córdoba, definitorias para la mujer. Cito en "Puertas Adentro" a Simone de Beauvoir y "El segundo sexo", libro que al igual que el personaje, leí cuando era muy joven. Y que me descubrió una mirada lúcida y apasionante sobre ser mujer. Eran épocas de transgresiones, de descubrimiento de los límites, de luchas por la libertad. Por eso, en la estructura de la novela, instalé un contrapeso de la obediencia al mandato familiar. Debía filtrar de algún modo, la idea de que un mundo distinto era posible. Por eso Celina, la prima que llega de la ciudad, le da la clave para acceder, mínimamente, a un cierto grado de rebelión. Tesa reniega de la doble moral y decide vivir su vida no como le marca la sociedad, sino de acuerdo a sus deseos.
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