Eran unos Topos
Una de Espías
Andrés Dunayevich

Les voy a contar la historia de mis abuelos, mi versión, la que fui viviendo de niño.
Eva y Jansy hablaban 5 idiomas y tenían un acento raro.
Lo que no entendía bien era por qué mi abuela Eva llegaba con esas túnicas africanas y Jansy con esos trajes de cazador con chaleco y bermudas. Tampoco entendía bien por qué tenía una abuela negra si todos en la familia éramos blancos. Mi madre me decía que de tanto tomar sol en África mi abuela se había vuelto negra.
Eva, con 18 años de edad, tuvo que huir de los nazis en la segunda guerra mundial desde Austria, haciendo escala un tiempo en Suiza con pasaporte falso. En aquel barco hacia la Argentina conoce a mi abuelo Jansy que también estaba huyendo de la guerra y de los fantasmas de su infancia. En una fiesta en el barco, gana el primer premio por su atuendo de vienés y comparte el premio, una botella gigante de Champagne, con mi abuela. Eva queda deslumbrada por la simpatía de este rubio vienés y, en ese instante, deja a su novio, el capitán del barco.
Este es mi recuerdo vago y distorsionado que tengo de mis abuelos. Luego, mi abuela y mi madre escriben sus respectivos libros con dos versiones completamente distintas. Una, la de mi abuela, de un realismo mágico luminoso y desopilante y la otra, la versión de mi madre, dolorosa y realista que corre el manto de muchos años de misterios.
Estos entrecruzamientos me llevan a generar la siguiente teoría infundada que paso a contarles:
Jansy viajó a la Argentina sin más dinero que un billete, "el dólar de la suerte" (USD 100), escondido en la suela de su zapato. El cual nunca quiso desenfundar, a pesar de pasar situaciones muy difíciles. Inventó con su suegro una pintura muy buena, pero dependía de que no lloviera porque se diluía al instante. Ese invento lo llevó a trabajar en la empresa Iggam y luego a ser gerente de Alba, una de las fábricas más grandes de la Argentina. Cuenta la historia que una vez lo llamó Perón por teléfono para hacerle un encargo muy grande y le cortó pensando que era una joda. Trabajó día y noche durante meses para cumplir con el pedido del presidente y, cuando se encontró frente a frente, muy nervioso lo vio venir y unos metros antes sacó un peine de metal. Ese movimiento casi le cuesta la vida ya que los guardaespaldas pensaron que iba a sacar un arma.
No sé cómo supo que a su jefe de apellido Bunge y Born lo iban a secuestrar y le advirtió una semana antes que tuviera cuidado. Tiempo después recordó aquel zapato donde guardaba "el dólar de la suerte". Cuando sacó la plantilla del zapato se dio cuenta que ese dólar ya se había deshecho por tanto caminar. Lo importante es que en su mente siempre tuvo ese dólar por si la necesidad así lo requería. Su historia de vida lo hizo un tipo muy emprendedor, pero por momentos vehemente e incontrolable, siempre con el fantasma del hambre y la persecución que no lo dejaba en paz, aun cuando ya se podía decir que estaba salvado económicamente. Fue muy amigo del secretario de Trotsky, se dice que era el encargado de recaudar dinero para la Internacional del Partido. Aquí es donde se empieza a confirmar mi sospecha de niño. Yo lo veía utilizar una computadora comodore con el monitor verde a altas horas de la madrugada. Cuando en esa época casi nadie tenía computadoras. Eva, mientras tanto, estudiaba antropología en España.
De repente un giro inesperado, dejan todo tipo de confort y se van a vivir a una casa rodante llamada "el Caracol" para vivir como hippies en Níger, África, con la excusa de escribir un libro juntos, con Eva recién recibida. De ahí vienen los recuerdos de mis abuelos llegando a la argentina con sus atuendos africanos. Luego Jansy, por su capacidad de vender y por saber tantos idiomas, comenzó a trabajar en Naciones Unidas. Una vez de niños estuvimos con mis abuelos y mi madre cenando en la casa del mayor traficante o, mejor dicho, vendedor de armas más grande de Francia. Parece que con mi hermano no nos portamos muy bien, no solo por preguntar a qué se dedicaba este señor, sino porque dijimos que era muy rico el paté que nos ofrecieron de entrada y parece que era una comida muy sofisticada llamada foie gras considerado una auténtica delicia culinaria, una especie de hígado engordado. La cuestión es que la esposa del traficante se ofendió. Todo esto para abonar a mi teoría.
En el aniversario de bodas de oro de mis abuelos, hicimos una gran fiesta. Jansy siempre muy histriónico, esa noche se lo veía muy callado, pensativo y un poco confuso. Más tarde leyó un poema dedicado a Eva y brindamos con Champagne, esa misma bebida que los unió aquella vez en el barco de 1939. Pero esa noche hubo algo que me llamó la atención. En un momento, lo vi solo y con la mirada perdida. Me acerqué y me senté al lado. De repente, comenzó a hablar en alemán con los ojos llorosos. Parecía recordar la muerte de sus amigos y familia por parte de los Nazis. Con cara de horrorizado, parecía como si lo estuviera viendo a Hitler. Esa misma noche a las 4 de la mañana mi abuelo Jansy sufrió un ACV.
A partir de esa noche empecé a sospechar que mis abuelos eran espías de la KGB Rusa.
Historias camboyanas
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