Fernando López

10.07.2026

El desafío es escribir cada vez mejor


Gabriel Abalos


El de Fernando López es un nombre consolidado en la literatura argentina y obras suyas han conocido traducciones, con enfoque especial en su aporte a la literatura policial y el género negro, que tiene peso propio en una obra prolífica. Hasta ha transitado el humor y la parodia del policial, lo que hizo en su saga Philip Lecoq, detective, que abarca seis títulos. Especie de Marlowe cordobés, Philip Lecoq –cuyo documento está a nombre de Felipe Gallo- es un personaje barrial que arrastra su figura antiheroica entre los males del delito y los de la vida cotidiana, en la ciudad mediterránea donde no hay un peso para producción. 
Entre sus libros bien de género, con trama policial, hay obras que plantean una honda reflexión como Arde aún sobre los años, El mejor enemigo, Odisea del cangrejo o Un corazón en la planta del pie. De hecho, Fernando obtuvo desde el arranque los premios literarios Latinoamericano de Narrativa Colima (México, 1984), por El mejor enemigo, que explora el thriller político y Premio Casa de las Américas (Cuba, 1985) por la novela Arde aún sobre los años, que aporta un temprano relato de la marca de la guerra de Malvinas en las vivencias de un grupo de jóvenes en el interior cordobés. Por su parte, Odisea del cangrejo (2005), que tiene su continuación y segunda parte en Áspero cielo (2007), releva la vida de un anciano juez que se encuentra en coma y que repasa, desandando su memoria, los años sesenta y setenta combativos, y un posterior aburguesamiento y agobio personal.

Otros destacados títulos suyos son La sombra del agua (2004), Bilis negra (2005), Falsa rubia con tacones (2012); Animales de la noche (2012), No te rías si me muero (2013).

Y queda por mencionar la "otra mitad" de su aporte a la literatura negra, que es su creación del ciclo Córdoba Mata, el primer Encuentro Internacional de Literatura Negra y Policial argentino, que dio inicio en 2014 y tuvo un gran crecimiento, hasta convertirse por varios años en el espacio "estrella" de la Feria del Libro de Córdoba. Los encuentros que se sucedieron nuclearon a escritores, editores, periodistas, cineastas y lectores del género policial y la novela negra en torno a numerosas actividades que dieron movimiento y visibilidad al género. El ciclo cobró importancia nacional y también estrechó vínculos con emprendimientos de otros países, algunos muy instalados como Santiago Negro, de Chile, Medellín Negro de Colombia, el Acapulco Noir mexicano, o el Getafe Negro de Madrid, lo que incluso permitió vehiculizar un Concurso Internacional de Novela Negra. Actualmente realiza convocatorias el Premio Córdoba Mata de Novela Negra y Policial.

La novela más reciente salida del universo de Fernando López se llama Dientes de leche, cuyas escenas transcurren durante un cerco policial en torno a un humilde jardín de infantes de niños con diversos tipos de enfermedades. Aunque en sí misma la situación puede verse como una parodia, cuyo extremo es ese operativo que moviliza a comisarios, jefes, fiscales de turno, médicos forenses del poder judicial, una jueza de menores, efectivos policiales, bomberos, excavadores, expertos en explosivos, helicóptero, carros policiales, hasta drones del tamaño de insectos, en una siesta que parece interminable, el relato también fustiga la inepcia institucional, la desidia, la violencia, los prejuicios y el abuso infantil. Y, por fortuna, aun entre las capas tristes que se atraviesan, hay humor, hay acidez y lucidez en varios personajes, y sobre todo hay rasgos de amor, que es el único antídoto que se puede prescribir para sobrellevar este valle de lágrimas. Ubicada al pie de una bajada de la avenida de Circunvalación, al sur de la ciudad de Córdoba, entre campos sojeros castigados por el glifosato u otras pestes, el centro del operativo no merece que se mueva ni un dedo de semejante despliegue, ya que el foco de todo es el amor de un abuelo por su nieta enferma, a quien quiere poner a salvo del abuso intrafamiliar.

En Dientes de leche, el realismo se apropia del relato, y se pregunta el lector si no se tratará de algún caso real. Es la primera pregunta que le derivamos a Fernando López.

– Por supuesto que siempre hay relación con algunos hechos verídicos, no digo reales, pero sí verídicos, y que toda novela es como un tapiz, donde se van juntando distintos trapos, distintas tramas, distintos personajes hasta que se va completando. Yo no estuve personalmente en ningún operativo de ese tipo, pero sí he visto algunos noticieros, donde eso es posible. Y el lugar, de alguna manera, se refiere, aunque siempre reitero que es ficción, al tema de las madres de barrio Ituzaingó. Sobre todo, por el tipo de enfermedades de los chicos. Pero nada más, esos son los únicos ingredientes reales, verídicos, de una novela que es pura ficción. Que ojalá despierte a los lectores, los haga pensar sobre las cosas que no tienen que pasar."

La ocasión de tomar contacto con el autor, al presentar su nueva novela, invitaba a conversar con él ampliando la mirada a una serie de inquietudes de lector frente a un escritor, que muy posiblemente interesen a los demás lectores, los de Tierra Media.

Le preguntamos a Fernando qué leía cuando muchacho, y cuáles fueron sus autores en el altarcito literario del noir, incluido el cine de ese género.

– Desde los doce años leí con voracidad toda la colección de novelas de Salgari que me compraba mi abuela. También las de Julio Verne, de Stevenson, Quiroga. Recién comencé a leer género negro cuando me entusiasmé con las versiones de Dashiell Hammet, Horace McCoy, Patricia Highsmith y Jim Thompson en el cine, con una estética en blanco y negro contrastado que me maravillaba sin saber por qué, hasta que entendí que era la forma adecuada para describir un mundo en el que las fronteras entre el "bien" y el "mal" estaban difusas. Entonces entendí también por qué los personajes eran tan ambiguos, inclasificables, todos sospechosos como en las novelas de Agatha Christie. El género "negro" nació en un contexto histórico muy especial, durante el proceso de transformación de una sociedad rural en la potencia económica y militar que es desde entonces Estados Unidos. Pero se le llamó "negro" por primera vez en Francia entre los años 1930 y 40, cuando se produjo el aluvión de películas producidas en Hollywood y la editorial Gallimard comenzó a publicar esas novelas, con portadas de color negro, para diferenciarlas de los otros géneros.

Otra incógnita a develar directamente con el autor, tiene que ver con los puntos de contacto entre el género policial y su experiencia como juez, y si esta le fue útil en términos literarios.

– Una vez un lector me dijo como halago que escribía como un juez. Me causó gracia. Me halaga mucho más advertir que mis novelas producen adhesiones y rechazos extremos, por distintas causas, ya sea por las temáticas duras que exploran las pasiones, las traiciones, las ambiciones de los seres humanos sin concesiones, o por el uso de un lenguaje que desborda el coloquial en las descripciones de las pasiones más íntimas de los personajes. Alguien susurró alguna vez que "no es necesario ser tan explícito". Intento que cada personaje hable y actúe de acuerdo a los usos y costumbres de la clase social a la que pertenecen. La magistratura me enseñó a conocer a la gente y algunos se transformaron en personajes.

Una pregunta cajonera se infiltra en el cuestionario, sobre los mejores y las mejores escritoras del panorama actual en materia del policial. Y recibe una merecida respuesta:

– No podría elegir. Hay millones de escritores y escritoras en todo el mundo, cada cual con su estilo, en Estados Unidos, México, Cuba, Colombia, Chile, Uruguay, Argentina, España, Francia, Alemania, China, Corea, Rumania, por mencionar solo algunos de los que conozco y no los he leído a todos. Yo cambiaría eso de que "todo va en cuestión de gustos" por "todo va en cuestión del punto de vista que compartimos".

Referido al ciclo Córdoba Mata, quisimos saber qué le dio esa realización a su vida, y cómo fue la experiencia de tomar contacto con tantos autores y autoras de tantos lugares y de diversas generaciones.

Córdoba Mata me dio la posibilidad de conocer a muchísimos escritores argentinos y de varios países, de todos los continentes. Algunos realmente maravillosos como Elmer Mendoza, Leonardo Padura, Ángel de la Calle, Mariana Enríquez, Ramón Díaz Eterovic, Juan Sasturain, Giorgio Ballario, Gianlucca Campagna y tantos otros, y con muchos de ellos nació una hermosa amistad. Con la gran mayoría estamos en contacto permanente. Con respecto a los nuevos, "a los que vienen pechando", de todas las provincias, en Córdoba Mata les hemos concedido un lugar junto a todos los consagrados que nos han acompañado, sin distinción de rangos. A muchos de los nuevos, que son tantos, todavía no los conozco. El ciclo, que ya cumplió doce años, me dio muchas satisfacciones, aun cuando no ha sido fluida la relación con las editoriales.

Sobre su obra, y su oficio como escritor, nos intrigaba cómo encara hoy los proyectos literarios y si hubo un momento en que sintió que ya había aprendido lo suficiente, y podía considerarse preparado para más desafíos.

– Creo que lentamente me voy acercando a la excelencia, trabajo mucho cada palabra, cada encuadre, la voz de cada narrador. Quiero a todos mis libros, aunque no todos han tenido suficiente difusión y algunos están más logrados que otros. La experiencia de obtener dos premios literarios internacionales con mis primeras novelas, El mejor enemigo y Arde aún sobre los años, me decidió a seguir escribiendo. La sombra del agua y Odisea del cangrejo están entre las mejores, según mi criterio. Odisea gustó muchísimo y también disgustó a algunos lectores por la crudeza del lenguaje. Fue finalista del premio Planeta de Argentina hace más de veinte años. He comprobado que los lectores no han sido indiferentes a ninguna de mis novelas ni a mis cuentos, que de alguna u otra manera han tenido repercusión. He tenido la suerte de viajar con ellos a festivales en varios países, publicaron mis textos en revistas literarias y puedo seguir editando. Y el mayor desafío es escribir cada vez mejor.

Atentos a la paciencia del entrevistado, le transmitimos la última pregunta, que contiene varias: en que se basa su capacidad de concebir detalles de los cuadros que narra y describe. Y a su vez, referido al mundo delictivo, a lo político, a lo social presentes en sus novelas, la corrupción, la violencia y la crueldad, quisimos saber si no le quedaba la sensación de que ganaron los malos, o si cree en los anticuerpos sociales.

–Estudio mucho y leo mucho mientras escribo, investigo cada tema en sus distintos aspectos antes de sentarme a producir. Es apasionante percibir lo que se aprende leyendo y escribiendo. Sostengo que escribir una novela es como construir un edificio de varios pisos y hay que hacer un plano de cada detalle. También, creo haber aprendido mucho en un breve taller de fotografía en cuanto al encuadre, la ubicación de los personajes y la iluminación de cada escena. En cuanto a si ganan los malos, ganan, sí, pero siempre hay revancha. Preguntáles a los franceses, preguntáles a los vietnamitas, preguntále a quien quieras.





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