Travellings

10.10.2026

Gilgamesh, el primer viaje


Nelson Specchia


Gilgamesh by Lucho Olivera
Gilgamesh by Lucho Olivera

El libro de Gilgamesh es el relato de viajes más antiguo de la historia: se remonta a mediados del tercer milenio antes de nuestra era, hacia el año 2500 antes de Cristo.

Las tablillas, conservadas todas hoy en el Museo Británico, presentan, en caracteres cuneiformes, los extractos de una narración acadia sobre la persona y los viajes del rey sumerio Gilgamesh.

El conjunto de extractos de las tablillas de terracota cocida, muy desgastadas (especialmente en los bordes) y con trozos enteros de material faltante, ha sido descubierto y traducido, de una manera progresiva, desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, en que el proceso continúa. Aunque en las tablillas no conste un título específico, en las versiones impresas que han ido apareciendo, en diversos países y lenguas, se lo ha presentado a veces como "El poema de Gilgamesh" (porque, aunque el texto cuneiforme se presenta en forma de prosa corrida, por el ritmo puede colegirse que está estructurado como una poesía); o como "La epopeya de Gilgamesh", entre otros títulos. Yo prefiero obviar la caracterización "ex ante" del texto en su título, pero sí mantener el ritmo de versos en el cuerpo del libro; en definitiva, durante mucho tiempo, antes de terminar fijándose en un escrito, fue una tradición oral. Y para recordar una buena y larga historia se la ha de memorizar en versos.

La leyenda muestra a un rey despótico, de orígenes semi divinos, que gobernaba Uruk (la ciudad sobrevive hasta hoy, con el nombre de Warka, en el Irak contemporáneo) hace unos 6.000 años, en el fértil valle mesopotámico entre el Éufrates y el Tigris. Un rey que gobernaba con mano de hierro y que ejercía sobre sus súbditos una lujuria sin freno.

Así, según el texto, el rey somete por igual a los varones y a las mujeres a sus caprichos sexuales; los pobladores de Uruk se quejan a los dioses de estas violaciones, y éstos responden creando a Enkidu, un coloso salvaje, de porte y fuerza descomunales, para que se enfrente con el rey y lo elimine. Pero cuando ambos titanes se cruzan en combate, en vez de aniquilarse uno al otro, se despierta el afecto entre ellos y se convierten en amigos, en amantes que yacen juntos y, en definitiva, en una pareja. Emprenden conjuntamente una serie de viajes y aventuras, como dar muerte al Toro del Cielo (enviado por la despechada diosa Inanna, a quien Gilgamesh rechaza para quedarse con Enkidu). Como castigo, los dioses llevan a éste a la muerte, en plena juventud.

La desaparición de su amigo y amante -núcleo sentimental del poema- y el duelo "como a una esposa" es lo que empuja a Gilgamesh a ese primer viaje: viajar en la búsqueda de la inmortalidad, travesía que lo conducirá hasta los confines del mundo conocido. El relato de esa travesía constituye el primer diario de viaje de toda la historia.

Aun así, el rey fracasa en su intento: una serpiente aprovecha su cansancio (su debilidad) y le roba la inmortalidad; tal como, muchos siglos después, otra Serpiente los privará de la suya a Adán y a Eva en el jardín del Edén, que debe haber quedado por ahí cerca. En todo caso, Gilgamesh se persuade de que la inmortalidad sólo está reservada a los dioses, y vuelve, para terminar sus días en la imponente ciudad de Uruk. Antes de cerrar su historia, el héroe hace la crónica del diluvio universal, un relato oral común a los pueblos de la antigüedad y que también, como la historia de la serpiente, guarda un paralelismo con la versión que, veinte siglos más tarde, recogerá la tradición judía en el Bereshit, primer libro de la Torá, del Pentateuco, de dónde pasará también a la tradición cristiana en el Génesis, libro inicial del Antiguo Testamento.

Los primeros poemas sumerios se remontan a la tercera dinastía de Ur, en la época del "renacimiento sumerio" (circa 2100 antes de Cristo). Las tablillas de la antigua Babilonia (circa 1800 antes de Cristo) son las más antiguas que se conservan del relato del rey de Uruk. Estas tablillas babilónicas -y versiones posteriores en acadio y en hitita- se utilizan actualmente en forma cruzada para llenar las muchas lagunas existentes, por la pérdida de trozos de la terracota arcillosa soporte de los textos cuneiformes.

Se ha establecido, en nuestros días, entre los especialistas arqueólogos y filólogos una versión consensuada de la historia de Gilgamesh, que consta de once tablillas (más una undécima con otro relato independiente, pero también protagonizado por Enkidu, el amante del rey).

Estas tablillas quizás fueron transcriptas, tomando referencias de tradiciones verbales que ya entonces tenían un milenio de antigüedad, por un escriba llamado Sin Léqi Unninni, que pudo haber vivido en algún año entre los siglos XIV y XI antes de Cristo.

Y fue en la bella y esplendorosa Nínive, con ese nombre que hace volar la imaginación, donde aparecieron unos 15.000 fragmentos de tablillas cuneiformes: fueron descubiertos en 1850 por el arqueólogo inglés Austen Henry Layar, que las embaló, las cargó y se las llevó todas consigo a Londres, siguiendo una de las más acendradas tradiciones piratas, y las depositó en el Museo Británico, donde se las puede consultar aún hoy. El estudio sistemático de la epopeya comenzó dos décadas después: en 1870 el Museo contrató al erudito George Smith, que comenzó a estudiarlas, catalogarlas, clasificarlas y efectuar las primeras traducciones, que presentó por primera vez en 1876.

En 1891, Paul Haupt recopiló el texto cuneiforme en una primera edición homogénea y, ya en el siglo XX, el orientalista Peter Jensen generó una edición completa. De esta compilación estandarizada, desde su versión inglesa, he realizado los recortes que traigo ahora a esta revista nuestra, en una versificación subjetiva y discrecional de la historia de Gilgamesh, de sus viajes y de su crónica del diluvio. Y como voy a citar tan solo fragmentos de fragmentos, los iré hilando con pequeñas notas en itálicas para seguir el guión.

Los poemas sumerios han continuado como objetos de investigaciones desde la presentación del profesor Jensen. A fines del siglo pasado, en 1998, el asiriólogo Theodore Kwasman descubrió, en los fondos del Museo Británico, la pieza que contiene el primer versículo (el trozo de tablilla había sido hallado en 1878, pero no analizado por nadie por más de un siglo); el fragmento dice: "El que lo vio todo, que fue el fundamento de la tierra, que supo todo, fue sabio en todos los asuntos: Gilgamesh"; con este verso, el último descubierto, comenzamos nuestra edición en la serie Viajes de la editorial CLARICE.

Hoy, la existencia histórica de Gilgamesh se da por probada.

Traduzco para estos TRAVELLINGS de Tierra Media algunos de los versos en que se fue registrando el diario mítico de ese primer viaje:


(…)
Su cara era como la de un viajero llegado de lejos.

Gilgamesh se levantó; había tenido un sueño. Le dijo a su madre:

"Mamá, durante la noche me sentí alegre y anduve en medio de los nobles.

Las estrellas aparecieron en los cielos. La esencia de Anu descendió hacia mí. Intenté levantarlo; ¡pesaba demasiado para mí!

Intenté moverlo; ¡pero no pude! La tierra de Uruk lo rodeaba, mientras los nobles besaban sus pies.

Lo levanté y lo traje a ti".


Su madre, que todo lo conoce, le dice a Gilgamesh:

"Ciertamente, hijo mío, uno como vos nació en la estepa, y las colinas lo criaron.

Cuando lo veas, como de encima de una mujer te regocijarás.

Los nobles besarán sus pies.

Vos lo abrazarás.

Y lo conducirás a mí".


Gilgamesh se acostó y tuvo otro sueño. Dijo a su madre:

"Mamá, vi otra cosa en la confusión:

En las calles de Uruk, de amplios mercados, había un hacha,

y se habían reunido alrededor de ella.

Singular era la forma del hacha.

En cuanto la vi, me sentí feliz.

Me gustó, y como si fuera una mujer, me atrajo.

La recogí y la coloqué en mi costado".

Su madre, que todo lo conoce, aconseja a Gilgamesh.


La madre del rey le aconseja que vaya a buscar a ese que había nacido en la estepa y que habían criado las colinas. Era Enkidu. Y era un peligro (un hacha) para Gilgamesh; aún así, ella le dice que vaya y que se juegue. En Uruk se encuentran.


Cuando (Enkidu) se detuvo en la calle de Uruk, el pueblo se juntó, diciendo de él:

"¡Es como Gilgamesh en persona!,

aunque de talla más baja, tiene los huesos más recios.

Es el más fuerte de la tierra, ¡tiene vigor!

La leche de las criaturas salvajes solía mamar.

En Uruk habrá un constante resonar de armas".

(La alegría de los nobles respondía a que el hacha de Enkidu cortaría la tiranía que sobre ellos ejercía Gilgamesh)

Los nobles se regocijaron:

"¡Un héroe ha aparecido para hombre del mismo porte!

Para Gilgamesh, igual a un dios, su igual ha comparecido".


(Pero, una vez frente a frente, los dos colosos, en vez de destruirse, se enamoran)

En el Éufrates los amigos se lavaron las manos,

se abrazaron a medida que caminaban, atravesando la calle comercial de Uruk.

La gente de Uruk se reunía para contemplarlos. Gilgamesh a las tañedoras de lira de Uruk les dice estas palabras:

"¿Quién es el más espléndido entre los héroes? ¿Quién el más glorioso de los hombres?"

"Gilgamesh es el más espléndido entre los héroes, Gilgamesh es el más glorioso de los hombres", dicen ellas.


(Visto el fracaso de la misión de Enkidu, los dioses le quitan la vida. El lamento agónico del titán ocupa varias tablillas. Luego, Gilgamesh llora la muerte del amigo)

¡Óiganme, oh ancianos, y préstenme atención!

Por Enkidu, mi amigo, lloro, gimiendo amargamente como una plañidera.

Un demonio perverso me arrebató el hacha de mi costado;

la confianza de mi mano;

el puñal de mi cinto;

el escudo que se erguía delante de mí;

mi hermosa túnica de fiesta;

mi más rico tocado.

¡Un demonio perverso apareció arrebatándomelos!


(Gilgamesh comienza el viaje en la denominada "Tablilla X", el contenido de esta placa de barro se ha encontrado narrado en cuatro versiones distintas. Dos de ellas, la hitita y la hurrita, se conservan en fragmentos tan pequeños que impiden una traducción corrida; en cambio, existen considerables porciones utilizables en las versiones babilónica antigua y asiria).

Con las pieles de leones se viste, come carne. Oh, Gilgamesh, lo que no ha ocurrido mientras mi viento empuja las aguas…

Samas estaba perturbado, como le correspondía. Dice:

"Gilgamesh, ¿a dónde vagas tú? La vida que persigues no hallarás."

Gilgamesh le dice al valiente Samas:

"Después de andar y errar por la estepa,

¿descansará mi cabeza en el corazón de la Tierra,

para dormir a través de todos los años?

¡Deja que mis ojos contemplen el sol, a fin de que me sacie de luz!

La oscuridad se retira cuando hay luz suficiente".


(La versión asiria de la "Tablilla X" relata los episodios del encuentro con Siduri y con Sursunabu, y el relato de la travesía de las Aguas de la Muerte, hasta la vivienda de Utnapishtim).

Utnapishtim le dice a ella, a su esposa:

"¡Contempla a este héroe que busca la vida! El sueño lo envuelve como una niebla".

Su esposa le dice a él, a Utnapishtim el Lejano:

"Tócale, para que el hombre despierte,

para que regrese a salvo por el camino que le trajo,

para que por la puerta que salió pueda regresar a su país".


(Gilgamesh ha conseguido la inmortalidad, y con ella se dispone a volver a Uruk. Antes de embarcarse, le pregunta a El Lejano cómo es que se convirtió en dios):

Gilgamesh le dijo a Utnapishtim, el Lejano:

"Cuando te miro, Utnapishtim, tus rasgos no me son extraños; incluso eres como yo. Tú no eres extraño; antes bien, eres como yo.

¡Mi corazón te había imaginado como resuelto a batallar, pero descansas indolente sobre tu dorso!

Decime, Utnapishtim, ¿cómo te sumaste a la Asamblea de los Dioses en tu busca de la vida?"


(Entonces El Lejano le contesta contándole todo el diluvio: fue a él a quién se le encomendó la construcción de la gran barca, con medidas bien precisas: "un acre entero era el espacio de su suelo, diez docenas de codos la altura de cada pared; diez docenas de codos cada borde del cuadrado de la nave", subió a toda la naturaleza a bordo, llegó el diluvio durante seis días y seis noches; al séptimo descansó, y paró de llover. Utnapishtim manda una paloma, pero vuelve; manda una golondrina, pero vuelve; manda un cuervo, y no vuelve. Entonces abre el arca y deja salir a la gente. Tras el relato, ambos inmortales se despiden y Gilgamesh comienza a volver).

Se lavó la suciedad con agua limpia como la nieve.

Se despojó de sus pieles,

el mar las arrastró para que la belleza de su cuerpo se viese.

Renovó la banda que ceñía su cabeza,

se puso un manto para vestir su desnudez, para que llegase a su ciudad,

para que concluyese su viaje.

Gilgamesh y Urshanabi subieron a la barca,

lanzaron la barca a las olas y zarparon.


(En el camino, vencido por el sueño, Gilgamesh se duerme y una serpiente le roba la inmortalidad)

Cuando lo descubrió, Gilgamesh se sentó y lloró,

las lágrimas se deslizan por su cara.


(Y vuelve a entrar en la bella Uruk, solo y simple mortal).


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Nota: todas las ilustraciones de esta nota fueron realizadas por el artista correntino Lucho Olivera, para la revista de historietas "D´Artagnan", que publicaba la editorial Columba. Con guion del propio dibujante, comenzó a publicarse en 1969. Lucho Olivera había realizado una lectura libre del poema: Gilgamesh, en la cumbre de su viaje, había alcanzado la inmortalidad; pero en vez de que se la robase la serpiente junto al pozo de agua fresca, como cuenta el poema, Olivera imaginó que el rey de Uruk se la quedaba, y con este cambio de argumento trazó su historieta, que por eso tituló "Gilgamesh, el inmortal". Lucho Olivera murió en 2005, reproducimos aquí algunas de sus obras, con autorización expresa de su hermana y heredera, Marta Olivera.





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