Guía incompleta de exploradores patagónicos

10.09.2026

Javier Marín


Desde comienzos de siglo, Occidente ha revalorizado la literatura de viajes con reediciones de gran calidad, estudios académicos complementarios y un renovado interés lector, acentuado durante la pandemia pero hoy en competencia con formatos digitales y audiovisuales. En la Argentina, esto impulsó la publicación de libros sobre exploradores del territorio nacional, especialmente de la Patagonia, junto con textos académicos, ensayos y novelas históricas que revisan críticamente la exploración y conquista de la región en el marco de una reevaluación general del legado colonial y poscolonial.

Fotograma de "Fontana, la frontera interior", dirigida por Juan Bautista Stagnaro
Fotograma de "Fontana, la frontera interior", dirigida por Juan Bautista Stagnaro

Hasta comienzos del siglo XX, la gran mayoría de los viajeros y exploradores de la Patagonia fueron testigos circunstanciales, aventureros, comerciantes, naturalistas y cartógrafos, no conquistadores ni colonizadores. Sin embargo, los viajes de negocios, la exploración científica y la cartografía sirvieron, voluntariamente o no, como la primera fase de la conquista posterior de esos territorios. Tras los viajes de los primeros exploradores llegaron sin solución de continuidad las enfermedades infecciosas, las armas, el alcohol y los vicios sociales, los balleneros, los cazadores de focas, los ejércitos, los colonos ocupantes, los terratenientes y los misioneros. Por ello, para la memoria colectiva de los pueblos originarios patagónicos, los exploradores aún son considerados un símbolo de los estragos que trajo consigo la llegada de la civilización, no tanto por lo que hicieron u omitieron hacer, sino por todos los problemas a los que, de manera justa o injusta, se los ha asociado.

Una introducción a la literatura de viajes por la Patagonia no necesariamente requiere de amplios conocimientos históricos; los libros suelen estar acompañados de prólogos y estudios preliminares muy completos y precisos, que brindan un contexto sociohistórico a las crónicas de los exploradores. Los expertos suelen incluir en sus listas canónicas los textos de los británicos Musters, Darwin, Fitz Roy y Beerbohm, de los franceses D'Orbigny, De la Vaulx y Ginnard y de los exploradores argentinos Fontana, Lista y P. Moreno. A estas listas podrían agregarse varios libros más, sobre todo, de autores que investigaron las andanzas de expedicionarios que no dejaron una obra consistente, sino fragmentos, diarios, testimonios y otras marcas de su paso por las regiones australes. Hemos elegido detenernos aquí solo en algunos de esos autores, haciendo énfasis en las distintas miradas y objetivos de cada uno de ellos.


Charles Darwin

Sin lugar a dudas que El viaje del Beagle (1839) es la primera elección de entre los numerosos textos de Darwin en que hace referencia a la Patagonia. En ese libro, el lector puede encontrar descripciones del valle del río Santa Cruz, Puerto Deseado, el Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego. Además de las encantadoras descripciones de la flora y fauna local, El viaje del Beagle incluye sus observaciones sobre los pueblos originarios de estas regiones, como los tehuelches y las tribus fueguinas, así como referencias muy agudas a la idiosincrasia y las costumbres de los gauchos y de las numerosas colonias extranjeras que por ese entonces comenzaban a poblar la región.

George C. Musters

En el libro Vida entre los patagones (1871) el explorador inglés narra con una prosa ágil y sagaz su periplo de más de dos mil kilómetros realizado entre 1869 y 1870, acompañando a una tribu de tehuelches que se desplazan desde el Estrecho de Magallanes hasta el río Negro. Lo que más se destaca del libro es que combina con mucho acierto el relato de viaje con observaciones etnográficas, lingüísticas y cartográficas. Musters dejó una descripción muy valiosa de las costumbres, movilidad, relaciones sociales, lengua y entorno natural de los tehuelches. Su mirada está lejos de los prejuicios y rasgos caricaturescos que les atribuían los hombres blancos de la época. Solo basta con citar el retrato grotesco que José Hernández hace de los indios en el Martín Fierro, cuya primera parte se publicó solo un año después del libro de Musters.

Julius Beerbohm

El libro Vagando por la Patagonia (1881) rememora las andanzas del viajero inglés entre agosto y noviembre de 1877 en el sur del territorio austral, entre Chile y Argentina. Es un texto cuyo valor es más literario que científico, aunque no deja de aportar observaciones e información de interés. Beerbohm era un ingeniero contratado para explorar la posible explotación de los mantos carboníferos ubicados entre los ríos Deseado y Santa Cruz. Sin embargo, al llegar a Puerto San Julián se le ordenó volver a Buenos Aires. Desoyendo las instrucciones de la patronal, se unió a una partida de cazadores de ñandúes que viajaba a Punta Arenas con el fin de vender las plumas de estas aves. De tal manera, Beerbohm terminó conviviendo con los paisanos y los indios y se involucró en numerosas aventuras que culminaron en un histórico motín en Punta Arenas, del que escapó con vida de milagro. Sin haberse amedrentado, regresó un par de años después acompañando a la expedición de Florence Lady Dixie, quien también escribirá su libro de peripecias en el sur patagónico.

Grabado de Beerbohm de un campamento tehuelche.
Grabado de Beerbohm de un campamento tehuelche.

August Guinnard

Personaje complejo y difícil de encasillar, August Guinnard parece haber sido, ante todo, un aventurero temerario. Su libro Tres años de cautividad entre los patagones (1864) tiene un título engañoso (en realidad fue cautivo de los mapuches) y adopta un punto de vista sensacionalista al narrar sus desventuras luego de ser "esclavizado por los salvajes" y tomarse casi todas las libertades de la ficción. Las últimas ediciones del libro son bastante breves (unas 80 páginas), pero desde su publicación hace más de un siglo y medio las sucesivas ediciones fueron expurgando aspectos de la historia que se habían vuelto inverosímiles. Sin embargo, el núcleo de su relato es real y muy apasionante, aunque solo marginalmente ocurre en territorio patagónico. Guinnard había llegado a la Argentina en 1856 con la intención de hacer fortuna. Muy pronto se halló enredado en un rocambolesco viaje de negocios que terminó de manera abrupta cuando Guinnard fue tomado prisionero y esclavizado por indígenas del sur bonaerense. En esa condición acompañó a sus captores en largas travesías. Gracias a su innegable inteligencia y audacia, Guinnard se ganó el favor del cacique Calfucurá, estratega genial de quien se volvió consejero personal. En 1859 logró escapar de sus captores y tras un largo viaje a través de Chile regresó a Francia en 1861.

La publicación del libro en 1864 lo catapultó a la fama. En la Sociedad Geográfica conoció a Julio Verne, con quien trabó amistad y le rindió homenaje en Los hijos del capitán Grant e incluso lo convirtió en personaje de una de sus historias.

Facsímil de la primera edición del libro de Guinnard
Facsímil de la primera edición del libro de Guinnard

Luis Jorge Fontana

El militar, naturalista y explorador argentino tuvo una prolífica producción escrita sobre temas tan diversos como los procesos de momificación, la identificación de fósiles o las aves autóctonas de la región de Cuyo. Pero sin dudas su obra más perdurable es Viaje de exploración en la Patagonia austral (1886), libro en que narra su viaje de reconocimiento de un vasto territorio en su condición de primer gobernador del Chubut, entre octubre de 1885 y febrero del año siguiente. La curiosidad de Fontana parecía no tener límites; sus observaciones geográficas, botánicas y zoológicas, etnográficas, geológicas y climáticas, lo ubican como un todo terreno que iba escaneando cada legua que recorría a su paso. La formación de Fontana era amplia, había sido discípulo del naturalista y paleontólogo alemán Hermann Burmeister y al momento de la expedición ya había formado parte de varias campañas militares como cirujano, geólogo y había llevado a cabo una misión científica en las mesetas del río Negro. En contraste con las crónicas de Guinnard y Beerbohm, el texto de Fontana muestra una sólida formación académica y trata de que sus juicios y observaciones tengan una base empírica, desprovista de los prejuicios de la época. Su visión positivista y cientificista estaba por delante de la mayoría de sus contemporáneos.

Fontana no se quedó en la Patagonia; también exploró la región del Chaco y fundó en 1879 la actual capital de Formosa.

Como apostilla final, en 2009 se estrenó el excelente largometraje Fontana, la frontera interior, del director Juan Bautista Stagnaro, donde ficcionaliza algunos de los viajes exploratorios del autor.

Bonus Track

Para terminar, mencionamos aquí dos textos muy poco difundidos sobre la Patagonia y bien diferentes entre sí.

El primero de ellos, Una narración fiel de los peligros y desventuras que sobrellevó Isaac Morris (cuya cuidada edición en castellano se publicó en 2004) es el relato en primera persona de uno de los sobrevivientes del naufragio y posterior motín del navío de guerra inglés Wager en una remota isla del sur de Chile, en 1741. Abandonando a su suerte al capitán y sus asistentes, un grupo de ochenta sobrevivientes, entre los que se contaba Morris, lograron a duras penas atravesar el Estrecho de Magallanes en la pequeña goleta Speedwell, que había sobrevivido al naufragio, para luego remontar la costa patagónica hacia el norte en condiciones extremas, acuciados por el escorbuto, la falta de comida y agua potable. Al llegar a las costas de la actual Mar del Plata, entonces territorio deshabitado, Morris y otros siete compañeros nadaron hasta la costa para cazar algunos animales salvajes y así reforzar las escasas provisiones de la goleta, pero de manera inesperada el resto los tripulantes decidió dejarlos abandonados ahí y siguieron viaje rumbo a Río de Janeiro. Durante dos meses Morris y sus compañeros permanecieron como los primeros e involuntarios vecinos de la actual Mar del Plata, hasta que recuperaron fuerzas y continuaron camino hacia Buenos Aires. El relato de Morris cuenta las desventuras que debieron enfrentar en ese último trayecto, atravesando territorios indígenas hostiles y superando pruebas de supervivencia de todo tipo. Exhaustos e indefensos, llegaron finalmente a Buenos Aires, donde fueron encarcelados y esclavizados por los españoles, dado que se negaron a convertirse al catolicismo. En 1746, cinco años después del naufragio, Morris logró regresar a Inglaterra donde lo esperaba un juicio por el motín del Wager, lo que terminó con su carrera militar; se ganó la vida en sus últimos años como un humilde marino mercante.

El libro Diarios del explorador Llwyd ap Iwan (2008) de los compiladores Tegai Roberts y Marcelo Gavirati, recupera del olvido los diarios del colono e ingeniero galés, quien en 1887 encabezó una expedición al oeste patagónico con el fin de evaluar la posibilidad de extender las líneas férreas hasta esa región; sus idas y venidas lo llevaron hasta el lago Buenos Aires, la cuenca del río Deseado y la costa del Golfo San Jorge. Durante estos viajes estuvo en estrecho contacto con los pueblos originarios, llegando a convivir y trabar amistad con algunos de ellos. Paradójicamente, su trágica muerte en 1909 fue a manos de dos asaltantes estadounidenses, cuando era gerente de la sucursal Arroyo Pescado de la Compañía Mercantil del Chubut.

Aunque esta breve antología deja afuera numerosos libros (incluso algunos fundamentales) sobre las exploraciones y viajes por la Patagonia antes de la llegada del siglo XX, trata de repasar aquellos que echan luz desde diferentes ángulos sobre la complejidad histórica, cultural, étnica y social de un territorio que aún hoy permanece casi deshabitado y muy poco narrado.




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