Joao, la chica y el perro de Ipanema
Luis Eliseo Altamira

Joao Gilberto tenía catorce años cuando agarró una guitarra por primera vez. Seis años más tarde se trasladó a Salvador, con la intención de convertirse en cantante de radio. Continuó luego hacia Río de Janeiro, dónde alcanzó cierta fama como vocalista en el grupo Garotos da Lua, del que fue expulsado por su carácter indisciplinado.
A mediados de los años cincuenta, haciendo variaciones al tema Rosa morena, de Dorival Caymmi, inventó el ritmo, el tratamiento armónico y la estética de lo que después se denominaría bossa nova. Joao mostró sus hallazgos a Antonio Carlos Jobim, quién compuso varias canciones en ese estilo, algunas de las cuales integrarían Chega de saudade, el disco con que ambos pondrían patas para arriba la escena musical del Brasil.
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A principios de los ´60, Jobim y Vinicius de Moraes acostumbraban a reunirse en el café Veloso, cito en la esquina de Prudente de Morais y Montenegro, en el barrio de Ipanema. Se cuenta que una chica pasaba todos los días por allí, rumbo a la playa, perturbando a los concurrentes. Vinícius y Tom le hicieron una canción. El tema, cuyo nombre original era Menina que passa, fue incluido en la comedia musical Dirigível y grabado en el disco E todo bossa, de Pery Ribeiro. Posteriormente, Norman Gimbel la adaptó al inglés para la versión que figura en el álbum Getz / Gilberto (cantada por Joao, con Jobim al piano y Stan Getz al saxo), la que la internacionalizó dando renombre mundial a la playa carioca.
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Por entonces, un pescador del lugar apodado Kabinha (que le había enseñado a Jobim los secretos de los anzuelos), descubrió bajo su mesa del bar Jangadeiro a un perrito callejero. El pescador pidió una cerveza helada para el animal y el perrito se la tomó. La escena se repitió al día siguiente. Barbado, tal el nombre con que lo bautizó Kabinha, terminó recorriendo muchos de los bares de Ipanema y aceptando muchos de los chopps que le ofrecían. Su creciente popularidad llevó a un director de teatro a incluirlo como actor en la puesta de una obra de John Steinbeck. Al parecer, el perrito llegaba a horario, esperaba en bambalinas y nunca ladraba fuera de momento. Incluso el crítico Fausto Wolf, de A Tribuna da Imprensa, destrozó la puesta en su columna pero elogió la actuación del animal. En 1970, Barbado desapareció. Vavá, uno de los mozos del Jangadeiro, lo encontró meses después en la ruta, en un bar de camioneros. El mozo quiso regresarlo a Ipanema pero el perrito prefirió subirse al vehículo de un nuevo amigo. Fue la última vez que lo vio.
Comentarios
- Yamil Galasso: Sorpresa y agrado de la mano llenan el alma de una fresca sensación de encuentro. Esto me acaba de suceder. El tema de Joao, tantas veces compartida con papá, especialista en 'hacer que una guitarra cante con la cadencia de la bossa', la imagen de tan mencionada y por ende conocida jovencita más la historia de ese perrito, simpática por cierto, que de alguna manera enlaza un tiempo de bonanza musical con referentes de la talla de Joao, a quien ví hace años en La Trastienda, cuando viniera a Buenos Aires... pues... simplemente me llenó el corazón de esa ternura que llega con esa cierta paz de 'lo grato'. Gracias, Luis! 🙏🏻
- Mario Saieg: Obrigado, por tan bello relato, da alegría leerlo.
- Carolina Bepmale: Hermosa historia. Me imagino al perrito yendo ilusionado a buscar nuevas aventuras.
- Alicia Romero: Muy bella historia para recorrer.Gracias!y ese perrito callejero que gana también su protagonismo.
- Luis Eliseo Altamira: Obrigadisimo, meus caros amigos!
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