Ritmo, movimiento, monte y piel

10.05.2026

Sed de Magia, el nuevo álbum de Joshua Katari


Santiago Pfleiderer


Joshua Katari no es un nombre, es un concepto que conecta las raíces profundas con la espiritualidad cósmica. La música al servicio del cuerpo, y las ideas al servicio de la libertad. Sed de Magia es el primer álbum solista de Joshua. Un festín de ritmos calientes y perfumados como el monte y ciertas noches.

Hay personas que logran camuflarse, confundirse con un entorno, mimetizarse hasta ser parte de un paisaje. Y hay otras que son parte del paisaje, que no necesitan más que existir para respirar naturalidad en aquello que habitan y de lo que forman parte.

Tal es el caso de Joshua, un artista íntegro, curioso y con altas dosis de creatividad y talento que logran sorprender tanto por la calidad de lo que generan, como por esa personalidad "fluyente", como si fuera una persona de agua y aire.

Joshua –bautizado originalmente como José- nació en mayo de 1984 en la ciudad de Córdoba. Sus 41 años vienen cargados de mucho groove ya que con su bajo a cuestas ha formado parte de numerosas y reconocidas bandas, como por ejemplo El Paso Verlika, La Colgada, Cocomanga, Narciso Crack, La Cipolla, y Mortal Latin Funk.

En julio de 2025, bajo el concepto artístico de Joshua Katari, el bajista lanzó un álbum impresionante cargado de funk, coqueteos afros, y letras que convidan a una sensualidad caliente y a la vez a reflexionar sobre el entorno natural que nos precede. Es que el artista vive, desde hace varios años, en el Valle de Traslasierra, y desde allí nos propone este material potente y contundente tanto en la cuestión musical como en la búsqueda de su mensaje.

Sed de Magia es el primer álbum solista de Joshua Katari, y desde Tierra Media charlamos con él para que nos cuente más acerca de este viaje interior cargado de luces, aromas y fogatas musicales.


Sos un bajista muy completo pero también un gran compositor, ¿estudiaste música formalmente?

A los 11 tomé clases de teclado en el barrio; luego a los 13 entré unos años en el Conservatorio de Piano Johann Sebastian Bach. A los 15 estudié bajo en Collegium con José Gómez, y después hice un año en La Colmena. También tomé clases de bajo con el gran Ají Rivarola.

¿Hace cuánto que estás en Traslasierra y por qué decidiste irte para allá?

Me vine a finales del 2020, necesitaba un cambio y volver a la naturaleza después de toda una vida en la jungla de cemento. En Córdoba vivía en un sótano sobre una avenida muy transitada, ahora vivo en un pueblito de calles de tierra, rodeado de algarrobos y quebrachos, pura inspiración.

¿Qué es Joshua Katari? ¿Cómo nace ese concepto artístico?

Joshua me comenzaron a decir mis viejos cuando era muy chico. El nombre apareció por un sketch de unos humoristas españoles. Katari surgió después de unos viajes de iniciación que hice en Perú, donde conocí las plantas maestras y tuve muchas revelaciones. Katari significa serpiente en Aymara, es como una de las fuerzas básicas de la naturaleza. En la plandemia grabe mi primer EP de música étnica, El Rayo del Yatiri, bajo ese pseudónimo. Hay un libro muy interesante que siempre tengo a mano: Suenhos Tupamaros, de Xuan González, donde cuenta la historia de las revoluciones indígenas en la cual hay toda una dinastía de los Katari en las luchas por la resistencia de los pueblos originarios.

¿Cómo empezaste a componer y a grabar los temas de Sed de Magia?

En mi casa-estudio de las sierras, en 2024. Durante años había consumido agua de una acequia que resultó estar contaminada. Casi me voy para el otro lado. Hice muchos tratamientos de limpieza, había bajado como 10 kilos, y encima me acababa de separar. Estaba literalmente en la lona. Fue ahí cuando esta música surgió y me ayudó a mantenerme de este lado. Agradezco infinitamente a la música por darme la fuerza en un momento tan delicado de mi vida.

Por lo que me contaste alguna vez, a los temas los grabaste vos solo, ¿cómo hiciste? Hay cierta complejidad en las canciones, con muchos climas instrumentales.

Sí, los temas los compuse y arreglé yo solo. No hay ningún robo de acordes ni samples de otras canciones (risas). Me conseguí unos buenos packs de batería y percusión y empecé desde cero metiendo bajos, guitarras, teclas y aprendiendo a hacer arreglos de vientos. Fue un trabajo muy artesanal donde aprendí mucho de producción y edición. También me animé a cantar y a componer las letras, cosa que nunca había hecho antes. Todos los FX están hechos con emuladores de sintetizadores clásicos.

Los temas van coqueteando con el funk, el soul, el afro beat... ¿Qué otros géneros te inspiran para componer? ¿Cuáles son tus influencias más fuertes?

Sí, el funk y el afro beat son los dos géneros principales de este disco. Siempre me gustó el rock, el reggae, el ska y el punk también. Ahora, casualmente, estoy terminando mi primer tema con guitarras y bajos con distorsión. Mis influencias son variadas: desde Fela Kuti a Red Hot Chili Peppers, sin olvidarme de Spinetta, Charly y Cerati. Estoy escuchando mucha música africana, jazz, y también géneros nuevos de electrónica muy futurista.

Las letras de las canciones reflejan una inquietud por el cuidado del medioambiente, temáticas sociales, pero también hay una gran búsqueda de climas seductores, tribales y ancestrales. ¿Con qué te conectás para desarrollar esa búsqueda?

Muchas de las letras fueron inspiradas por la vida en el monte nativo. Hubo un hecho ocurrido hace tres o cuatro años donde terminé enfrente de unas topadoras escrachando a la gente de Vialidad y al mafioso de Oscar González en una obra ilegal donde querían hacer una ruta de asfalto en la base del Cerro Champaquí, de ahí el tema "El monte no está muriendo". Otras letras fueron inspiradas en unos libros muy interesantes: El Asalto al Hades, de Casilda Rodrigáñez, donde habla mucho del deseo y el placer. La búsqueda ancestral viene desde chico, no sé cómo explicarlo. Es como un llamado que a veces sucede que me lleva a otro tiempo y espacio.

Volviendo a que al álbum lo grabaste solo, ¿tenés pensado armar una banda que refleje en vivo lo que suenan las canciones grabadas?

Sí, tengo ganas de armar una banda para tocar estos temas, pero tampoco estoy apurado. Sé que requiere mucho tiempo, energía y dedicación para salir a las tablas. Por suerte en el Valle está lleno de músicos, así que en algún momento la voy a armar y espero tocar en Córdoba también.

Además de ser un músico con talentos indiscutibles, también tenés una gran faceta de viajero. Allá por el 2017 o 2018 hiciste un viaje por Latinoamérica en moto. Recuerdo tu paso por Vallegrande -Bolivia- y por La Higuera, lugar donde asesinaron al Che. ¿Qué experiencias viajeras te marcaron fuerte? ¿Te pica el bichito por seguir viajando?

Efectivamente, hice dos viajes por el norte argentino, Bolivia y Perú en moto. Sin duda mi vida cambió después de esos viajes épicos. Fui dos veces a la Higuera, es un lugar muy movilizante, tuve sueños con la guerrilla y conocí a uno de los últimos viejos campesinos que había visto a los guerrilleros. Otra experiencia que me marcó fuerte fue conocer a una comunidad Shipibo en el río Ucayali al norte de Perú, convivir con ellos y hacer varias tomas de ayahuasca; eso fue como volver a nacer, prácticamente. Conectar con la gente de esas pequeñas comunidades fue una experiencia muy enriquecedora. El año pasado tuve la oportunidad de ir a Brasil y conocer lugares nuevos, como la hermosa e imponente mata atlántica. También fui a dos festivales de Psytrance del género Forest, que allá son gigantes y duran varios días. Me terminé dando cuenta que soy un gran bailarín y la transformación que siento luego de bailar durante más de diez horas es muy sanadora y transmutadora. Varias letras de los temas nuevos están inspirados en la buena onda de la pista de baile. En junio me voy de nuevo a otro festival que se llama Pulsar, en Minas Gerais, que dura como seis días.

¿Cuáles son tus próximos pasos con respecto a la música?

Estoy terminando cinco temas para sacar pronto. Hay un funk con un sonido medio Jamiroquai, otro tema con violas distorsionadas, y algo más lento también tirando al soul.

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