Juan Larrea, dulcemente vecino

10.02.2026

(Bilbao, España, 13 de marzo de 1895 - Córdoba, Argentina, 9 de julio de 1980)


Eugenia Cabral


En agosto de 1956 llegó a Córdoba Juan Larrea, escritor nacido en Bilbao, en 1895, cuyo pasaporte decía que era de nacionalidad mexicana, aunque provenía de New York, a bordo del barco Birgitte. El hecho es que anteriormente sí había residido diez años en México, al abandonar la vieja Europa tras la derrota de la guerra civil española y el avance del nazismo. Desembarca en el puerto de Buenos Aires, pero se radica y avecinda definitivamente en Córdoba, esta ciudad netamente mediterránea.

Bajo el signo de Mercurio

Una calle de Bilbao. La calle Henao, casi rozando con Alameda de Mazarredo. En la foto que tomó María Rodríguez en 2022, un portal en el número 2 y una placa nuevita en la fachada. Allí, en el primer piso a la izquierda, nació Juan Larrea aquel 13 de marzo de 1895. 13, pero no de martes agorero, sino miércoles, día de Mercurio, ese dios cuyo nombre latino proviene del significado de mercancía, que protege a los viajeros, los caminos y las fronteras, oficia de mensajero entre los dioses y los mortales, de gran habilidad para la elocuencia y la persuasión, inventor de la lira como instrumento musical. El hermenéutico, que interpreta significados ocultos, pues en la mitología griega era el dios Hermes. De alguna manera, Juan Larrea fue cubriendo esos roles mediante el intercambio de diversas mercancías. Durante su trayecto biográfico fue señalando un entramado geográfico, lingüístico, político y literario-cultural. Escribió poesía, ensayo, crítica de arte; fue docente, investigador, conferencista y gestor de eventos culturales.

Temprano comienzan sus traslados geográficos dentro de España, cuando a los 10 años de edad es enviado por sus padres a estudiar en Miranda de Ebro, una ciudad de Castilla. Estudia Letras en la Universidad de Deusto, País Vasco, pero luego se instala en Madrid, donde trabaja en el Archivo Histórico Nacional y, por consejo de su amigo Gerardo Diego, conoce a Vicente Huidobro y la corriente de su poesía creacionista. En 1926 se traslada al París vanguardista de los años 20 y allí contrae matrimonio con Marguerite Aubry, que será madre de sus hijos. Visita durante dos años el Perú (1930-1931), donde experimenta la revelación de la fortaleza de Machu-Pichu y la cultura incaica. Del Cusco retorna a Paris, aunque su empeño en apoyar a la república española mediante la Junta de Cultura, que integra con otros escritores y artistas, lo lleva a transitar parte de Inglaterra en busca de ayuda para los exilados; regresa a Paris, donde ha trabado profunda amistad con César Vallejo, que muere en 1938. Finalmente, en 1939 abandona Europa rumbo a Méjico, con la "España peregrina" de los emigrados que dará ese título a una revista; en 1949 se traslada a New York para investigar temas bíblicos, hasta que en 1956 accede a la propuesta de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba para dictar cursos sobre historia del cristianismo.

"La Docta": destino final

En Córdoba se instala primero en barrio Cerro de las Rosas y luego, definitivamente, en Jardín Espinosa. Serán veinticuatro años de estabilidad geográfica, pero de mudanzas afectivas, económicas y académicas. Infortunios y logros se suceden uno tras otro, en especial la muerte de su hija, Lucienne, junto con su yerno, en un accidente de avión (1961), quedando a su cargo el pequeño nieto, Vicente Luy Larrea (¿Les suena? A muchos rockeros, seguro que les suena).

En la UNC dicta al principio los mencionados cursos de historia del cristianismo, pero desde un comienzo va a desplegar ediciones y actividades referidas al campo de la poesía y la biografía de César Vallejo. En 1957 publica César Vallejo o Hispanoamérica en la cruz de su razón; impulsa la realización de dos coloquios internacionales (1959 y 1967); crea sucesivamente el Instituto del Nuevo Mundo (1959) y el Centro de Documentación e Investigación César Vallejo (1966); dirige la revista-libro Aula Vallejo (1961-1974). No obstante, también escribe y publica en editoriales locales y de otros países sobre temas de artes plásticas, sobre Rubén Darío, sobre arqueología incaica y sobre tópicos relacionados con su concepto de teleología de la cultura. Se jubila en 1979 y bajo la dictadura los archivos sobre Vallejo y su propia obra desaparecen o son ocultados hasta hace unos años, en que fueron encontrados en sótanos de la universidad.

Juan Larrea fue la personalidad literaria española de mayor importancia que haya residido larga y establemente en Córdoba, durante muchos años en barrio ya que Rafael Alberti y Pablo Neruda eligieron las serranías (Totoral), no la ciudad, y lo hicieron por breve lapso. Se afincó en esta ciudad considerada cuna de la poesía rioplatense por haber nacido en ella Luis José de Tejeda y Guzmán (1604-1680), en esta ciudad que hoy produce un alzamiento de ultraderecha y mañana una rebelión obrera y popular.

"Dulce vecino" de Córdoba de la Nueva Andalucía

En la plaqueta Oscuro dominio, publicada por Alcancía en Méjico (1934), titula a uno de esos poemas en prosa "Dulce vecino" y así elijo apodarlo, con la cálida cortesía de modales que nos inculcaban en los años en que fue habitante de Córdoba y que Larrea también portaba con naturalidad. Es más, con Vicente nos acercábamos en ese tono.

En Oscuro dominio Larrea publica otro poema, "Atienza", nombre de una ciudad española a la cual, tras largo periplo, dice no haber encontrado: "Estaban allí aquel día unos centenares de casas, pero Atienza no". Prosigue atravesando en el texto un enmarañado sendero expuesto a peligros hasta que toma una decisión: "Vete a buscar tu muerte convencional, a disfrazarte de olvidado en tu cuarto de hotel, con tu máquina de escribir, tu calefacción, tu ascensor y tu gramófono". No obstante, otras peripecias mundanas lo retornan al mismo lugar sin que tampoco logre nuevamente "encontrar a Atienza". Entonces reflexiona:

"Casi me atrevo a asegurar que como tantos y tantos pueblos españoles, como Trujillo al Perú, como Córdoba a la Argentina, Medellín a Colombia, Guadalajara a México, por solo citar los que lograron mejor fortuna, emigró en el siglo español de las emigraciones. Si bien se le busca, en América se le encontrará, a no ser que fuera de aquellos otros más desdichados que antes de arribar a tierra firme zozobraron en los mares aún indómitos. Numerosos pueblos que hace tiempo están reclamando una estadística".(1)

En 1934 todavía no había pisado la Argentina, pero se figuraba a Córdoba como un pueblo que "emigró en el siglo español de las emigraciones". Es un párrafo que casi recuerda al relato de las Las ciudades invisibles que Marco Polo le dirige a Kublai Khan, en el libro de Ítalo Calvino. Ningún republicano español tampoco se figuraba aún que tendrían que volver a emigrar por miles. Tampoco Larrea se imaginaba que 22 años después de la edición de Oscuro dominio se radicaría en Córdoba y permanecería en ella hasta su último aliento. 24 años durante los cuales Juan Larrea sueña, profetiza, se sueña, se profetiza.

Su único volumen de poemas, escrito entre 1919 y 1932, Versión celeste, aparece en 1969 en Italia y en 1970 en España. No eran años de calma, sino de profundos conflictos sociales en Córdoba y en toda la Argentina. La edición pasa prácticamente desapercibida. En lo sucesivo, el olvido del ámbito local y nacional será una constante, aunque contradictoriamente a nivel internacional crece el interés en su producción literaria. Nuestro siglo veintiuno, en que no hay vanguardias artísticas, o no al menos en el sentido de las que hubo en Europa y América durante el siglo veinte, con su carga de euforia transformadora, ve por fin en Juan Larrea y su sentido universalista de la Historia una cuerda sensible al rumbo del mundo. No se trata de coincidir necesariamente con sus conceptos, con sus teorías. Se trata de apreciar la dimensión de su pensamiento y la calidad de sus textos. Hay un poema suyo que parece haber sido escrito hace 10 minutos:

     En la niebla

En la niebla raza de nuestra raza domicilio
de las faltas de convicción de nuestros fantasmas
desde los gendarmes hasta las hipótesis más atrevidas
hasta los almendros obligados a presagiar el porvenir de
                                                                    [nuestra Europa

la nuestra la de los diplomáticos
que subordinan las flores a las secretas inclinaciones de
                                                                          nuestra piel
guardando un equilibrio exento de ociosidad
occidente bello occidente
antes que el sol encuentre la máscara que busca
entre las ramas y que ya se inclina a recoger

El hombre es la más bella conquista del aire

En Versión celeste. Barcelona, Barral Editores, 1970, sección "Metal de voz", pág. 74


(1)  Larrea, Juan. De "Atienza", poema en prosa incluido en Oscuro dominio (1926-1927). Viñeta de Crawford O'Gorman, Cecil. Ciudad de Méjico: Alcancía, 50 ejemplares al cuidado de Justino Fernández y Eduardo O'Gorman, julio de 1934, págs. 5-8.





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