La invención turística de las sierras

10.02.2026

Víctor Ramés


Una oferta de descanso y salud, y sobre todo un lujo para altas billeteras, caracterizó a los grandes hoteles que en el siglo XX vieron surgir algunos destinos serranos de Córdoba. Tiempos de modernización, crédito, abundancia y distinción en Punilla, Paravachasca y otras alturas.

El hotel Eden en un avisos de revista El Hogar, Buenos Aires, octubre 17, 1930.
El hotel Eden en un avisos de revista El Hogar, Buenos Aires, octubre 17, 1930.

A comienzos del siglo veinte, los gobiernos conservadores inscribían alegremente a la Argentina en un modelo agroexportador, pactado a cambio de capitales inversionistas europeos. En el marco del proceso generalizado de modernización y crecimiento económico del país, Córdoba se incluiría en la dinámica del "progreso" obviando siempre la distribución equitativa de esas mejoras, en términos sociales, cuando transcurrían tiempos de inmigración masiva. Parte del desarrollo del sistema tuvo su expresión en ciertos cambios de tendencias y prácticas culturales en el seno de las clases privilegiadas, entre ellas la adopción generalizada del desplazamiento turístico, uno de cuyos polos (el otro era la costa atlántica) debía concentrarse en las sierras de Córdoba, que ocupan un tercio del territorio provincial. La "conquista" de las sierras, sin embargo, no ocurrió de un día para el otro: faltaba el impulso a la inversión hotelera para que la aristocracia primero, y luego la media burguesía cordobesa, comenzaran a veranear en los destinos serranos.

Como índice de esta nueva construcción de un veraneo ideal en las sierras, la autora Elisa Pastoriza señala en La conquista de las vacaciones - Breve historia del turismo en la Argentina (Editorial Edhasa, 2011) que las compañías concesionarias de trenes de la región serrana de Córdoba invirtieron en establecimientos hoteleros a comienzos del novecientos, y que sus primeros destinatarios fueron jerarcas británicos del ferrocarril, que pronto pudieron trasladar a sus familias y su personal de servicio. Muestra de esa tendencia fue la construcción en Córdoba del Sierras Hotel de Alta Gracia, el Hotel Yacanto de Villa Dolores y el gran hotel Edén de La Falda, para visitantes de alto poder adquisitivo. Se destacaban sus lujosos salones, y el número de habitaciones y servicios que aspiraban a las normas de calidad del viejo mundo.

La construcción de grandes hoteles sirvió también a la estrategia de remarcar más aún las distancias entre clases, poniendo el alojamiento en las sierras cordobesas en un nivel inaccesible para quienes no fueran aristócratas, o nuevos ricos. Una forma comprensible de ganar turistas en lo alto de la gama. 

En otro enfoque, Gabriel Garnero -en Socio-naturalezas hídricas, turismo y espirales de riesgo ambiental: Las sierras de Córdoba durante el siglo XX- indica que "la práctica turística avanzó y creció en la agenda política (fue regulada, promovida, organizada) por convergencia con aquellos dispositivos del pensamiento higiénico y modernizador".

Ambos principios se ponen en manifiesto en el proceso de fortalecimiento turístico de numerosas localidades de las sierras de Córdoba, yendo del impulso vacacionista aristocrático local a una convocatoria del turismo nacional (e incluso internacional) con argumentos sanitarios.

Elisa Pastoriza, describía, refiriéndose a un plano más amplio que el cordobés -aunque lo incluía- que, a tono con el higienismo de la época, "los sectores más adinerados de la sociedad empezaron a frecuentar las estaciones termales, por un lado, y los centros balnearios, por otro. Lógicamente, se trataba de una minoría pudiente, con recursos suficientes como para poder permanecer fuera de su residencia habitual durante varios meses. En este sentido, el papel de las altas clases sociales, a la hora de promocionar un lugar, fue determinante."

Debido al empuje de un turismo saludable en ciernes, zonas de Córdoba florecieron y ejemplo de esto fueron las aguas de Mina Clavero, de Capilla del Monte, o Saldán, que se volvieron sinónimos de salud y destinos para veraneantes.

La oferta en términos de higienismo trataba sobre reponerse de la fatiga del año, en un clima benéfico, disfrutando del veraneo sin correr riesgos de contagio de una enfermedad tan de la época como era la tuberculosis. Ese impulso canalizó inversiones para erigir hoteles como el de la ciudad de La Falda, el mítico Hotel Edén, que en 1907 era un punto de atracción de la alta sociedad, en particular de Buenos Aires. O el caso del Sierras Hotel de Alta Gracia, fundado en 1908, que alcanzaría sus dos años de máximo rendimiento entre 1914 y 1916. El bienio coincidía con el período en que la ley cordobesa permitió incorporar un gran casino a su ya fastuoso edificio con 76 habitaciones y lujosos ambientes.

Sobre el Hotel Edén de La Falda, el semanario porteño Caras y Caretas reflejaba en 1907 las aspiraciones de la alta burguesía en una página publicitaria que promovía la localidad punillense como destino vacacional para un clase turística top. En la presentación que se hacía del establecimiento, se resaltaba la calidad higiénica del hotel, benéfica para recuperarse no de una enfermedad sino del cansancio acumulado; se dejaba en claro, a la vez, que no se trataba de un alojamiento para tísicos: "Como estación climatérica, propia para retemplar el organismo fatigado por la labor cotidiana y como paraje ideal para pasar la temporada primaveral y veraniega, ninguna ofrece las ventajas del «EDÉN HOTEL» de La Falda." Y por otro lado, se advertía: "«Edén Hotel» no es sanatorio, ni admite enfermos contagiosos."

Al Sierras Hotel de Alta Gracia, Caras y Caretas le dedicaba sus recomendaciones pagas en 1914, cuando la anexión del casino definió un gran salto para la empresa, multiplicando su público no ya proveniente solo de la alta burguesía terrateniente y ganadera de la pampa húmeda, invitando a conocer el gran hotel casino enclavado en el paisaje excepcional del valle de Paravachasca. Argumentaba que allí se encontraría con un lugar tan refinado como en Europa, pero sin "las exageraciones de precios" que tendrían que oblar por lo mismo en el viejo mundo. El semanario exhibía desplegados en las fotografías de dos páginas, los nuevos espacios inaugurados a la palaciega construcción: ruletas y mesas para juegos de naipes, un bar, salón de estar, habitaciones y hasta una sala de teatro para conciertos y proyecciones, sin obviar un lugar para las ocasiones danzantes. Los juegos de apuestas y de azar ampliaron la base social de la concurrencia,  multiplicando la afluencia de visitantes, ya que era posible ir a apostar al casino y volver en el tren a la nochecita, sin correr con el gasto de alojarse en el hotel.

Dos años más tarde, Un visitante norteamericano, el viajero y escritor Henry Stephens advertía, en 1916, a los lectores de su libro Journeys and Experiences in Argentina, Paraguay, and Chile para que no se dejasen engañar por los avisos en las estaciones de trenes que realzaban los encantos de las poblaciones en las sierras de Córdoba. Para Stephens, Alta Gracia no era más que "un gran establecimiento para apuestas", donde solo hay "un hotel grande, una aldea y una vieja capilla".

Ambientes del Hotel Sierras y Casino, páginas del semanario "Caras y Caretas", septiembre de 1914.
Ambientes del Hotel Sierras y Casino, páginas del semanario "Caras y Caretas", septiembre de 1914.

En lo referente a la distinción entre casas de salud y hoteles serranos, no siempre la misma era percibida por el público con claridad, y muchas veces era confusa la prensa, como puede ver reflejado en una nota de 1902, en la que Caras y Caretas comentaba la experiencia de una nevada en Capilla del Monte, ciudad a la que comenzaba caracterizando por su proximidad con La Falda (unos treinta km.):

"Capilla del Monte con su hermoso hotel de la Falda que todos los inviernos congrega a un núcleo numeroso de aristocráticos enfermos, no podía sospechar la inesperada visita de la nieve; y, no obstante lo crudo de la temperatura, como el espectáculo era raro y bello, los convalecientes se arriesgaron a gozarlo emprendiendo alegres caminatas por las afueras."

Prosiguiendo la mirada a centros turísticos de Punilla, he aquí algunas palabras sobre la ciudad de Cosquín. Esta localidad fue centro de un importante movimiento de turismo terapéutico, desde que la llegada del ferrocarril en 1891 impulsó temporadas veraniegas en ese pueblo serrano, el más antiguo del Valle de Punilla, dando lugar a inversiones en grandes hoteles y chalets. Sin embargo, Cosquín debió atravesar períodos de baja respuesta en visitantes, debido a la cantidad de personas enfermas de tisis que llegaron a concentrarse allí, provocando temor al contagio. En referencia a las propiedades curativas del aire coscoíno, Bialet Massé las había resumido a principios del siglo 20 de la siguiente manera:

"El ozono condensado del invierno todo lo quema, no hay microbio que resista y que no se acabe." La fama del saludable aire serrano, escribía Bialet, fue tal que "atravesó el continente, llegó a Boston, y su universidad mandó a estudiar las alturas curativas de la América del Sur, a uno de los hombres más sabios que han pisado la República Argentina, médico, naturalista, químico, geógrafo, todo lo que puede saber un sabio lo tenía en su hermosa cabeza el doctor Amán Rawson."

Al cerrar su cariñosa reseña punillense, daba Bialet una interesante versión ilustrativa sobre cómo el movimiento de huéspedes de la ciudad de Cosquín había llegado a decaer, de lo que le costó años recuperarse:

"Ese gran hospital natural está hoy casi perdido. Ni se sabe aprovechar, porque se busca en verano lo que se tiene en invierno, ozono que quema, sol que vivifica y días apacibles, y mano alevosa lo hizo aparecer como antro que mata a los sanos. El caso es digno de conocerse. Un repórter llega a un hotel, al cabo de unos días se despide, la dueña le pasa la cuenta, "¡Cómo! ¿A mí pasarme la cuenta?", exclama. "¿Y por qué no? Como a otro cualquiera". La cuenta fue pagada, pero a los tres días el diario decía horrores de Cosquín; la prensa de toda la República lo reprodujo y Cosquín murió por las manos alevosas de un repórter logrero."

Otra encantadora localidad punillense ofrecía sus atractivos en el concierto de las opciones turísticas serranas. En un número de la Revista El Hogar de 1906, dedicado a las sierras de Córdoba, se leía respecto a Valle Hermoso: "Es un pintoresco lugar (…) que se halla aislado de toda población, dotado de una oficina de correos y telégrafos, luz eléctrica, teléfono; posee hoteles y casas de pensión. Existe allí la capilla 'San Antonio', que fue construida hace trescientos años por los jesuitas."

En otro artículo de la misma publicación se afirmaba que "Valle Hermoso es riquísimo en paisajes, nuestros pintores hallarían en él numerosos motivos para llevarlos al lienzo."

La nota pasa revista a lo que tiene Valle Hermoso para ofrecer: "Hay algunos hoteles envidiablemente ubicados, uno de ellos en medio de un anfiteatro de sierras boscosas a novecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar. Otro se encuentra a doscientos metros de la estación del ferrocarril. (…) Su altura permite a esta localidad disfrutar de un aire puro muy saludable y de una temperatura media normal apropiada para tonificar el sistema nervioso. Si a esto se añade que se halla aislado de toda población donde pudiera haber contagios peligrosos, se explicará que Valle Hermoso sea uno de los lugares preferidos por los veraneantes."

Esta localidad que había prosperado en función del turismo, sería en 1913 el foco de un gran proyecto de inversionistas representado por la Compañía Sudamericana de Tierras y Construcciones, Sociedad Anónima. Revistas como "Caras y Caretas" y "Fray Mocho" se explayaban en tono entusiasta ese año, sin duda frutos de una estrategia publicitaria de la citada compañía.

Así se presentaba en "Fray Mocho" el negocio que publicitaba a Valle Hermoso como "la joya de las Sierras de Córdoba, situado a 72 kilómetros al norte de Córdoba y a 3 al sur de La Falda, se compone de 1.000 hectáreas divididas en 10.000 lotes, con 4 kilómetros de frente a la vía del ferrocarril Argentino del Norte."

El siguiente párrafo corresponde a una nota de Caras y Caretas del 23 de agosto de 1913, que se hacía eco de la oferta de la compañía de capitales ingleses:

"Conocíamos por referencias la poderosa impulsión que en los Estados Unidos ejercen ciertas empresas que se dedican a colonizar y subdividir grandes porciones de tierra, sobre todo en las zonas adonde es probable atraer al colono, por las múltiples ventajas que le ofrece el suelo. Y nos había parecido que las vastas regiones de nuestro país vendrían a ser emporios de producción y centros de vida laboriosa, cuando aquellas empresas fuesen llevadas a cabo. No hay duda, ese pensamiento no era un mito; ya tenemos planteada la obra. La Compañía Sudamericana de Tierras y Construcciones la lleva a cabo mediante los más perfectos sistemas y la experiencia de los hombres que la dirigen, todos ellos expertos en la difícil especialidad a que dedican sus loables esfuerzos.

(…)

Esta empresa colosal se especializa en la compra de grandes extensiones de tierra en todo el país, para luego hacer subdivisiones apropiadas a las ventajas del terreno, según sea apto para chacras, quintas, lotes o poblaciones; teniéndose gran cuidado en seleccionar estas porciones de tierra, a fin de que en las operaciones de venta se beneficie el comprador en forma positiva y con gran número de ventajas."

La puesta en venta de la tierra y la infraestructura turística de Valle Hermoso a inversionistas, por la Compañía Sudamericana de Tierras y Construcciones Sociedad Anónima, en 1913, era, como todo negocio, mitad concreciones y mitad promesas. El folleto publicitario de una venta de acciones, es un costado tan válido como cualquier otro para releer el turismo de las sierras en tres lustros del siglo 20. Seguía diciendo la nota de 1913 en "Caras y Caretas":

"«Valle Hermoso», situado en un valle de la región serrana, con un clima sumamente sano y un ambiente de vida apacible y dulce, es, sin duda, el punto ideal para instalar quintas de recreo y chalets a donde se pueda ir en procura del reposo anhelado, después de la intensa fatiga que produce la vida de la ciudad. Está situado a una elevación que oscila entre los 850 a los 1.200 metros sobre el nivel del mar, y en todas partes abunda el agua de un sabor y una pureza exclusiva.

Actualmente «Valle Hermoso» tiene un magnífico hotel de dos pisos, cuatro casitas de mampostería, sistema completo de aguas corrientes, con abundancia de agua, 10 mil árboles frutales, 50 hectárea de alfalfa, varios kilómetros de caminos bien construidos, para automóviles, miles de árboles frondosos, una fábrica de ladrillos, caballerizas, galpones, criadero de aves, garage y otras instalaciones adyacentes."

Y proyecta el discurso entonces hacia el futuro, hacia donde se proyectaban las promesas del capital.

"Siendo el propósito de la Compañía propender al engrandecimiento de la zona que se va a subdividir, se están iniciando los trabajos de embellecimiento con obras de arte en las cascadas y en el valle, donde se abrirá un lago que tenga la capacidad suficiente para servir de recreo a los aficionados, así como también se harán canchas para tennis, cricket y otras; de manera que «Valle Hermoso» va a ser el mejor sitio de placer en la república."

El veraneo en las sierras de Córdoba era un tópico constante en Caras y Caretas, como lo eran las vacaciones porteñas en los balnearios atlánticos.

En febrero de 1905, la publicación semanal ofreceía una pincelada cordobesa de esas donde el paisaje natural importaba, pero no más que el movimiento de apellidos y familias veraneantes, sus actividades, sus formas de apropiarse del descanso.

"El veraneo en Ascochinga

Una de las estaciones veraniegas que más prestigio goza entre la gente distinguida es sin duda Ascochinga, delicioso retiro enclavado en las sierras de Córdoba, donde se disfruta a toda hora de una agradable temperatura y de un paisaje encantador aparte de los atractivos que ofrece la compañía de familias pertenecientes a la primera sociedad.
Los señores Carlos y Alejandro Argüello, han realizado una obra de verdadero mérito al instalar entre aquellas quebradas un hotel con todas las comodidades.
Los veraneantes de Ascochinga, no tienen ocasión de aburrirse, pues diariamente se organizan excursiones a los alrededores, verdaderos sitios de recreo, a los que se llega atravesando ríos, quebradas y valles realmente deliciosos.
La Pampa, Santa Catalina, San Jorge y La Paz, son los paseos obligados, pero sobre todo el preferido por el elemento femenino por la grata impresión que goza atravesando el paisaje por aquellos perfumados bosques, es el de la cascada, verdadera maravilla de la naturaleza cuya vista cautiva los sentidos, atrae y nos revela los misteriosos secretos de la belleza. También se organizan cacerías a Los Mogotes que es un pico situado en la sierra a 1000 metros sobre el nivel del mar, y de las cuales toma parte el elemento fuerte. Las noches transcurren en agradables veladas y bailes pues como es grande el número de pasajeros no falta diversión a toda hora.
Las familias que veranean por allí son las de Quintana, Del Barco, Peña, Madero, González Garaño, Tedín, Alvear, Mon, Caeiro, Beazley, Mujica Farías, Martínez, Varela, Demarchi, y se espera la llegada del presidente de la república para el cual se ha preparado un suntuoso alojamiento y en honor del cual se organiza una digna recepción y un programa de variadas diversiones."

De 1910 data el siguiente panorama turístico serrano, donde convivían los apellidos lustrosos y familias de la burguesía:

"Comunican de Córdoba que este año se ven muy concurridas allá las estaciones veraniegas: Cosquín, Ascochinga, Alta Gracia, Totoral, Capilla del Monte, Jesús María.
Los hoteles están casi llenos, aportándoles su mayor tributo de clientes Córdoba, Buenos Aires y Tucumán.
El gobernador, que se encuentra en Cosquín, irá a fines de este mes a Capilla del Monte, para asistir a la bendición del templo local, que se llevará a cabo el 30 y dará motivo a lucidas fiestas.
En Cosquín se trata de hacer un programa de fiestas y paseos, para lo cual se ha constituido una comisión de damas y caballeros. (…) En Ascochinga hubo el domingo por la mañana una fiesta religiosa en la capilla local, y una gran cabalgata por la tarde.
Las familias de Sansinena y Rodríguez Larreta-Quintana dieron elegantes fiestas últimamente, aquélla con motivo del cumpleaños de la señorita María Esther.
En Alta Gracia se hace una vida muy activa."





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