La literatura en tiempos de pasión

10.06.2026

Luis Rodeiro


Horacio González, uno de los grandes pensadores argentinos, sugería que era necesaria una reescritura de la historia de la lucha armada y además con una valoración muy probablemente positiva. Hay quienes lo señalan como una suerte de error histórico, pero no es mi propósito hoy analizarlo desde la historia política del país. Más allá de las críticas políticas, que he ejercido en distintos textos, lo que quiero recordar es el hecho social de un compromiso, de una pasión, que contagió principalmente a amplios sectores de la juventud, pero que trascendió hacia una sociedad que resistía la nueva y vieja dictadura. Hubo pasión y esa pasión dejó el dolor inmenso de 30 mil desaparecidos y el testimonio de los que dieron la vida por una causa. Sería injusto decir que esa pasión fue solo montonera. Otras organizaciones, incluso no guerrilleras, aportaron lo suyo. Cincuenta años después es memoria viva todavía.

En todas las luchas populares, en todos lados donde se desarrolló una experiencia de lucha popular, cuando era intensa, se reflejó siempre en la poesía y en textos literarios que evocaban acciones heroicas y recordaban a sus mártires, escritas por inmensos autores. Por reconocidos y por noveles poetas, que en muchos casos, es posible que hayan sido sus primeras poesías. La guerra civil española está repleta de cantos libertarios.

Este tema me nace de un libro, que me regaló el amigo Pérez Villalobos, del que había sentido hablar, pero no había leído: Campana de Palo, de Roberto Baschetti que fue publicado en el 2000 y reunía una inmensa colección antológica de poemas, relatos y canciones de 35 años de lucha (1955-1990, edición ampliada), que habían surgido en la historia de un peronismo que resistía, a pesar de sus muertos, de sus torturados, de sus presos, convencido que esa literatura apasionada, servía para creer, recordar, hacer memoria, según sus propias palabras. El título elegido por Baschetti evocaba al Martín Fierro, cuando decía: "Para él son los calabozos, / para él las duras prisiones, / en la boca no hay razones / aunque la razón le sobre; / que son campanas de palo / las razones de los pobres". Su tapa, como no podía ser de otra manera, mostraba un dibujo vigoroso de Ricardo Carpani.

La sorpresa, que motivó aún más mi obligación de traerlo a la memoria en esta ocasión, fue que encontré varios textos míos, escritos en la cárcel y firmados con un seudónimo preventivo –M. Josana- y que luego, ya libre, recogí en mis libros navegantes.

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Ahora, sólo aporto recuerdos de un tiempo de violencias, desde la literatura. La palabra, la tienen los poetas consagrados y los escritores nóveles y su pasión poética en aquellos tiempos violentos. Más allá de los criterios políticos e incluso de su calidad, es lo que traigo subrayado. Poesía militante, la define Baschetti. No tengo más remedio que elegir algunos textos, siguiendo el correr del libro. Son muchos, desde Evita a Serrat. La pasión hecha verso. Y cito un anónimo, escrito a fines de 1955, durante la dictadura que se llamó a sí misma Revolución Libertadora y que el pueblo rebautizó como Revolución Fusiladora: "Que hay libertad nos dicen diariamente / en discursos, arengas y sermones / y lo afirma una prensa complaciente / mientras llenan de gentes las prisiones". Baschetti, después de citar textos de Evita, del general Valle encarcelado y fusilado, de Cooke, se detiene en José María Castiñeira de Dios, poeta, escritor, discípulo de Marechal, Premio de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, con su obra Del ímpeto dichoso, donde exclama: "Yo era en un tiempo / Juan Pueblo… / ahora soy Juan Guerrillero". No lo recita en los setenta, tiempo de guerrilla; lo dice en 1957, tiempo de resistencia. "Hoy mi patria es un frontón / de muerte y fusilamiento; / los chacales se alimentan / con sangre de nuestros muertos, / pero mi pueblo está firme / y ellos temblando de miedo".

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Francisco "Paco" Urondo, nació en 1930, poeta, periodista, escritor y guionista argentino, figura clave de la literatura de los años '60 y '70. Autor del libro La Patria Fusilada, una larga entrevista a los sobrevivientes de la Masacre de Trelew. De la poesía y la literatura pasa a formar parte de la guerrilla y fue fusilado por la dictadura cívico-militar, en 1976. Su poesía militante, se mantiene tanto en su vida de poeta como en la de guerrillero. Baschetti rescata su poesía dedicada a Raquel Liliana Gelin, guerrillera fundadora de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), muerta en un tiroteo con la policía. Paco grita poéticamente: "Como un viejo guerrero, tirando / un manojo de luz a la cara / de los sombríos, ha muerto / una chica de veinte años; / pudo ser mi hija. Avilantez / sobrevolaban su vuelo, amarraron / su aire, no es la muchacha / colgada del frágil designio // Aquí habrá batalla como en los campos / de Córdoba, rayo de dolor, escalofrío / donde murió valientemente una chica / de veinte años; hijIta mía, / palomita tremenda, duérmase / mi niña, duérmase mi son que ya nadie / la va a molestar. El Cuco será derrotado / y sus hermanitos y padres cuidarán / de su jardín, regirán los reflejos de su pasado. // Que haya paz en su memoria / por la que vive. Que haya eterna / gratitud por su generosidad eterna. //

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Vicente Zito Lima, un luchador incansable en defensa de los derechos humanos, defensor de presos políticos, pero fundamentalmente poeta, escritor y periodista, nació en 1939 y falleció en 2022. Recibió el Premio Literario Rosa de Cobre. Fue rector de la Universidad de las Madres. Baschetti rescata de él  una oración leída en la tumba de María Angélica Sabelli, guerrillera de la FAR, detenida en 1972, salvajemente torturada y asesinada en la Base Almirante Zar de Trelew. En algunos de sus párrafos de la oración que Zito le dedica dice: "Señor no sé si María Angélica creía / o no creía en vos / tampoco sé si al final / eso sirve para algo / pero no dudo que estuviste a su lado / cuando la torturaron / en la comisaría de Villa Martelli / y que fuiste vos quien trajo / un poco de paz / a su cuerpo enloquecido / por la picana / Señor ella tenía 20 años el pelo negro / y alguna vez había escrito en las paredes: / Perón Vuelve / como quien dice / vuelve la alegría, / vuelve a limpiarse un poquitito / el cielo / o mejor aún como quien siente / que la patria es un grito / que no cesa / un murmullo / un aliento que tiembla / una arenita que se queda / para siempre en los dedos / Señor recuerdas / cuando en la cárcel de Villa Devoto / ella se subía a / la ventana / y miraba / miraba la muerte / que le venía pronto ? / Miraba / esos pasos que no daría? / Ese mar silencioso que la esperaba? / … / Señor, primero fue un tiro en el brazo / después le destrozaron la nuca / y aunque ya estaba muerta / volvieron a pegarle un balazo / en la cabeza / … / la sonrisa de quien tenía 20 años el pelo negro / alguna vez había escrito en las paredes en los pisos / su grito de vida / su grito de tempestad / su grito por el grito de los 16 asesinados / por su sangre en las paredes en los pisos / en las caras en las manos en el país / Señor, la joven viajera no se resigna / no se resignará Señor / ¿Señor esperas de nosotros el olvido? / el olvido Señor? / y así perder el amor de ella? / y así perder la revolución de ella?" / (…).

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Fermín Chávez, un reconocido historiador revisionista, no puede guardar silencio ante el asesinato -en 1974- de Julio Troxler, militante peronista, sobreviviente de la masacre ordenada por la dictadura en los basurales de León Suarez en 1956. Su poesía se titula "Paredón de Barracas" y dice: "Cuando te mataron / sabían por qué. / Te maniataron para desangrarte / por una cosa que empieza con P / (…)". Sin duda, en ese tiempo del a favor o en contra, la literatura de esos tiempos violentos tuvo una referencia en Perón. Montoneros, FAR y FAP, lo tenían –más cerca o más lejos- como referente. Ramiro de Casabellas, periodista que fue director del diario La Opinión, le dedica a su muerte una elegía: "Yo no sé, General, en que andaba usted ahora / si a derecha o a izquierda, si en paz o en la guerra / pero eso de venir a morirse en su tierra / es cosa de gigantes, bella y desoladora // (…) / Yo no sé, General, no sé más que inclinarme / al lado de su muerte de patriota y de amigo. / Yo no era de los suyos, por eso se lo digo / por eso la elegía, por eso el acercarme // Yo no sé, General, si usted partió contento, / bajo la lluvia gris del otoño. No sé. / Pero ese mismo día mi juventud se fue / en la ruda cureña batida por el viento".

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Quizás muchos no lo sepan, pero el que se une a esta antología de la poesía en tiempos violentos, fue el uruguayo Mario Benedetti, que espía desde su paisito, un 25 de mayo de 1973, a los "buenos y mejores aires". Y dice: (…) "el pueblo andrajoso y bienaventurado / regresa con su olor que acalambra al barrio norte / con su miseria que asusta a los miserables / con su hambre que aterra a los dietistas del imperio // el pueblo regresa puteando alegremente / desanda sus lunas de humillación / traga las desventajas y las muertes / rescata consignas de las alcantarillas / y las escribe a lo ancho del cielo / le da al bombo con su más generoso rencor / y despliega la enorme pancarta de los montoneros / desde la casa rosada donde tiene lugar el exorcismo / hasta la verde memoria del queharán // (…) / por la perpetua Rivadavia / ruedan colmados semi remolques / generaciones casi repletas // frente a los enarbolados rostros de Trelew / hombres condecorados por el aguante y la osadía / dejan en desconsolados desconsuelo / broten por fin los vivos y las lágrimas // (…) / después de todo no está mal / que en su primera faena de poder / el pueblo alias la mersa haya buscado por sí mismo / con más intuición que las computadores políticas / y con más sinceridad que los partidos electrónicos / la libertad para los suyos / (…) //"

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No faltaron religiosos, en esta antología de poemas, relatos y canciones en tiempos de pasión. El cura Mugica, también asesinado por su compromiso con los pobres, escribe en su Meditación en la Villa: "Señor, perdóname por haberme acostumbrado / a ver los chicos, que parecen tener ocho años y tienen trece // Señor, perdóname por haberme acostumbrado / a chapotear en el barro: / yo me puedo ir, ellos no. // Señor, perdóname por no haber aprendido a soportar / el olor de las aguas servidas, / de las que puedo prescindir y ellos no // Señor, perdóname por encender la luz / y olvidarme / de que ellos no pueden hacerlo. / Señor, yo puedo hacer huelga de hambre / y ellos no, porque nadie hace / huelga con su hambre. // Señor, perdóname por decirles / 'no sólo de pan vive el hombre'/ y no luchar con todo para que / ellos rescaten su pan // Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí. / Ayúdame. // Señor, sueño con morir por ellos / ayúdame a vivir para ellos. / Señor, quiero estar con ellos la hora de la luz. / Ayúdame".

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No faltó un obispo, que estaba consustanciado con los pobres. Enrique Angelelli, asesinado en esos tiempos de violencia. Cuando todavía no era obispo en La Rioja, y recorría las calles de su Córdoba apoyando a los trabajadores que resistían a la dictadura, solía visitarnos en la Cárcel, donde un grupo de compañeros estábamos encerrados como presos políticos. El Pelado, como le decíamos, escribió: "Nadie quiere matar a otro hombre, eso no está en la naturaleza humana. Por eso cuando nos encontramos con un juventud casi comenzando a vivir, que no está mezclada con los intereses, la trenzas y los juegos de los adultos, que es capaz de derramar su propia sangre –aunque se pueda discutir si el método que usa es equivocado- esa es un sangre que hay que respetar para poder escuchar la voz que tiene adentro. La voz que dice que algo no camina en esta sociedad. No nos rasguemos las vestiduras. No condenemos. Vayamos a las causas…".

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En nombre de esos presos que el Pelado Angelelli visitaba, que en su mayoría veníamos de un cristianismo renovado, escribí una tarjeta de Navidad, en la de 1979, y que supo ilustrar mi hermano. Baschetti, buscador, la encontró. Era una carta, desde la cárcel, que comenzaba así. "Compañero, te escribo porque tengo una noticia para darte. // La María va a tener un hijo. Puede que nazca como para el 25. La patrona la echó porque dice que es 'natural' y no vaya a ser que sea un mal ejemplo para sus hijas. Y la pobre está meada por los perros porque para colmo la desalojaron de la villa por orden del Ministro de Bienestar y anda buscando conchavo donde la puedan aguantar. // El José, con la carpintería, no tiene ni para pagar una partera y para peor no pasa lola con los días de huelga. Y en la maternidad no hay turnos hasta febrero. Algunos vecinos le dicen que aborte nomás. Pero vos sabés como es la María y dice que quiere ponerle Jesús. Y yo que la aprecio, desde la cárcel poco es lo que puedo hacer. Pero he hecho correr la bola entre los cumpas –todos delincuentes, por supuesto- y aunque sea un portal van a expropiar para que nazca el Jesús. Yo tengo unas ganas bárbaras que se apuren porque ya faltan pocos días. Ya le afanaremos algunos juguetes también. La carne y la leche seguro que están. Si estuviere el Hombre y Evita viviera qué distinto sería todo. // Vos desde allá, lo que puedas hacer, hacé y Feliz Navidad". Estaba firmado por Fierro, Guzzo, Vélez. Liprandi, Losada, Soratti y yo. Sorpresa de encontrarla, ahora, en la antología de Baschetti y sorpresa anterior porque la encontró, cuando recuperamos la libertad, en una pared del estudio de Gustavo Roca, el amigo, compañero y abogado defensor.

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Enrique Juárez, obrero, delegado de Luz y Fuerza, dirigente de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Detenido y asesinado el 10 de diciembre de 1976, comienza su texto, con un poema entrecomillado que ignoro si le pertenece o lo hace suyo. Dice así: "Vamos, Patria / a caminar, yo te acompaño. / Yo bajaré a los abismos que me digas. / Yo beberé tus cálices amargos. / Y me quedaré ciego para que tengas ojos / Yo me quedaré sin voz para que tú cantes. / Yo he de morir para que tú no mueras".

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Y la pasión atravesó fronteras. Una vez, el mismo Joan Manuel Serrat, llegó a cantar –pocas veces es cierto- un poema que tituló "La Montonera", que decía: "Con esas manos de quererte tanto / pintaba en las paredes 'luche y vuelve' / manchando de esperanzas y cantos / las veredas de aquel '60. // Con esas manos de enjugar sudores, / con esas manos de parir ternura / con esas manos que envolvieron / la fe en la nueva primavera / bordaba la esperanza montonera. / Con esas manos que pintaban / la historia de celeste y blanco / con esas manos de quererte tanto // (…)".

Roberto Baschetti  (Foto: Tiempo Argentino)
Roberto Baschetti (Foto: Tiempo Argentino)

El trabajo de Baschetti está repleto de estas letras de pasión, pero es hora de terminar. Y lo hago, con una poesía de Alejandro Alonso, un integrante del Movimiento de Lisiados Peronista, que después de la noche oscura, repartía sus versos en los colectivos de Buenos Aires. Lo título "Hijos de un Derrota" y no está falto de pasión: "Más allá de los sollozos, de las venas abiertas, / más allá de nuestra incertidumbre / es cuando la pasión convoca a la alegría / y muestra la belleza hasta las ruinas. / Nosotros, hijos de una derrota, / constructores del sueño y su intento, / paridos en décadas rebeldes / la sangre en torbellino y el espera. / Por suerte, Señor está el deseo / invocando la vida a cada rato / haciéndonos amigos de los miedos / y cantando retruco al desengaño. / Que rara emoción que nos transita / preludiando el amor y su quimera / venciendo a tantas noches y a su ocaso. / Nosotros, hijos de una derrota, / que lo vayan sabiendo los perversos, / los idiotas, / con la dulce señal del optimismo / seguiremos sembrando en primavera.





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