Leandro Blanco Pighi, viajero y escritor
Entre viajes y crónicas, poniendo al límite la experiencia vital
Santiago Pfleiderer
Año 2022. Cuatro jóvenes cordobeses viajan desde Córdoba hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica). El sueño, la locura: atravesar el continente africano en bicicleta para llegar a Qatar. 10.000 kilómetros, seis meses de viaje, la Copa del Mundo. Leandro Blanco Pighi cuenta en primera persona esa gesta épica en Del Pedal a la Gloria, su nuevo libro. El viajero y escritor repasa quince años de viajes y una historia increíble.

De bitácoras y astrolabios
Muchos hemos admirado desde siempre ese ímpetu rebelde, osado, arriesgado y libre de aquellas personas que deciden, en algún punto, largar todo y volcarse a la aventura.
Quizá no todo viaje sea una aventura, pero hay viajes que se convierten en épicas, no sólo personales sino colectivas, desde ese momento en que una comunidad, grande o pequeña, comienza a seguir con expectativa los pasos recorridos.
Los viajes nos conectaron desde siempre y nos han permitido conocer el mundo desde la remota noche de los tiempos. Los diversos cronistas de esas expediciones, ya sean coloniales, científicas o comerciales, nos han permitido tener una visión particular acerca de los rincones y de las culturas más extrañas de nuestro planeta. En esta nota de la edición de noviembre de Tierra Media realizamos un recorrido acerca del valor periodístico y literario de las crónicas de viaje, resaltando obras y personalidades que siempre siguen empujando a armar mochilas.
Leandro Blanco Pighi es uno de esos tipos que, desde muy joven, se puso al hombro la tarea de recorrer el mundo y de narrarlo. Porque no se trata sólo de ser un turista eterno: el viajero respira mundo, lo vive con el cuerpo. Cada kilómetro es una anécdota, un aprendizaje, una nueva manera de sentir y de pensar. Y cuando, en ese proceso, aparece la escritura, no hay vuelta atrás.
El viajero y escritor Leandro Blanco Pighi nació en la ciudad de Córdoba el 13 de julio de 1990. Estudió Comunicación Social y, en medio de algunos viajes realmente increíbles, publicó tres libros con esas experiencias. Pero no sólo se dedicó a escribir, también descubrió un nuevo camino en la docencia y en la tarea de ser mentor y editor.
Dicen que viajando se fortalece el corazón
En el año 2015, y luego de un apasionante y revelador viaje por la India, Nepal y por el Sudeste Asiático, Blanco Pighi publicó su primer libro de viajes, Viajero Intermitente: de Delhi a Kuala Lumpur. Esa obra ya marca un quiebre: una edición independiente con un diseño e imágenes atrapantes, pero también con las reflexiones humanas, muy humanas, de quien se sabe parte de una experiencia que se vive a nivel celular.
Luego, a comienzos de 2022, presentó Corazón de Planisferio, su segundo libro. Tapas duras, otra gran apuesta de diseño, y 489 páginas que te dejan sin aliento. La escritura de este libro ocurre en Noruega, tiempo atrás, donde el cronista había quedado extasiado con la experiencia de las Auroras Boreales del Ártico. Pero antes de llegar a esos paraísos de luces y hielo, Leandro realizó un viaje de locura: se fue a dedo, haciendo autostop, desde Córdoba hacia el extremo norte de Canadá y Alaska.
Después de haber realizado innumerable cantidad de viajes, desde mayo de 2022 comenzó a formar parte de otra tremenda gesta: cruzó el continente africano en bicicleta -10.000 kilómetros- junto a otros tres cordobeses, desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) hasta Doha (Qatar), y allí presenciaron la gloria mundialista de la Scaloneta. De esta travesía nació Del Pedal a la Gloria (2025), una obra emocionante donde los nervios del viajero se viven a flor de piel. Las emociones, los miedos, las frustraciones, el cansancio y la felicidad extrema. África y Medio Oriente atravesados en bicicleta para poder ver a la Selección Argentina de Fútbol levantar la Copa del Mundo.
Vida nómada
Las experiencias de Leandro Blanco Pighi son tantas, que aprovechamos para leer y reseñar brevemente sus libros, y conocer más en profundidad lo que significó cruzar el continente africano en bicicleta. Pero también para conocerlo a él, su historia y su actualidad. Desde Tierra Media hablamos con Leandro para que nos cuente su vida, una vida de película.
-¿Qué te motivó a empezar a moverte? ¿Cine, lecturas, o es algo que ya venías masticando?
-Las motivaciones son muchas, de hecho me costaría encontrar una en especial. Por una parte, me parece que viene del ADN, hay algo genético. Mis bisabuelos cruzaron el océano para venir a Argentina, desde Italia y desde Galicia, y ese movimiento entiendo que está en la sangre. Después, el cine y la literatura también me motivaron un montón. Si pienso en el cine se me viene a la cabeza la película del Che y Granados, Diarios de Motocicleta, los dos hicieron un viaje épico en moto por Latinoamérica, eso fue una gran inspiración. Si pienso en lecturas se me viene a la cabeza Juan Pablo Villarino.
Cuando yo empecé a viajar era otra época; no fue hace tanto pero era otra época en cuanto a cuestiones tecnológicas: no había Instagram, no había smartphones, y lo que yo hacía ya desde los últimos años de la secundaria era leer blogs de viajeros, y ahí me encontré con Juan Pablo Villarino que ya había viajado bastante; también con Nico Villaba. Las lecturas de ellos, tan cercanos y argentinos, mochileando y buscando la manera de extender los viajes sin estar dependiendo del dinero o de tener que ahorrar grandes sumas, sino simplemente salir a la aventura.
Después, con los años, aparecieron otras lecturas, otros autores: leer a Facundo Cabral y a Jack Kerouac, leer a distintos cronistas de distinta índole como a José Martí, el mismo Che Guevara y sus diarios de viaje. Si volvemos al cine, Into The Wild también fue un gran empuje y motor para ir a buscar a Alaska.
En Guayana Francesa leía Papillon, de Henri Cariérre, que transcurre en gran parte justamente ahí en la Guayana. El cine y los libros me hicieron buscar lugares, y todavía hay otros tantos que aún quedan en el tintero, como Comala, Zihuatanejo, y tantos otros.
En definitiva, hay mucha literatura y muchas películas que motivaron todo lo que sucedió después.
-¿Cuándo hiciste el 'click' y decidiste armar la mochila?
-El primer viaje fue a Europa, un mes de mochila, con ahorros. Junio de 2011. Mis primos y mi amigo Marian, que me esperaba en Barcelona, me motivaron mucho a hacerlo. Y ya en viaje me descubrí en una faceta de aventurero que me encantó. Durmiendo donde sea, incluso en la calle, compartiendo largas charlas con linyeras y desconocidos varios por Holanda, Inglaterra, España, Francia y Portugal.
Y dentro de ese viaje es que surge el 'click', en Porto (Portugal). A días de tomar el vuelo de regreso a Córdoba, me prometí vivir así, de viaje, explorando y buscando.
-Sos Comunicador Social y escritor. ¿Cómo empezaste a vincular tus viajes con la escritura?
-El vínculo entre viajes y escritura surgió cuando fui a la India. Con veintidós años viajé con un amigo a Asia, y todo lo que veía y sucedía era completamente opuesto a lo que nosotros, desde nuestra cultura occidental, estábamos acostumbrados a ver, y surgió una necesidad imperiosa de compartir y de comunicar todo eso que estaba viviendo. Ahí creé un grupo de Facebook donde iba subiendo a diario las crónicas del viaje.
Ese grupo comenzó con familiares míos y de mi amigo, y amigos en común, y se fue sumando más gente que quería leer esas crónicas. Esos textos, alentado por ese grupo de gente, se convirtieron en mi primer libro, Viajero Intermitente: de Delhi a Kuala Lumpur. Ambas pasiones fueron creciendo de la mano, porque de los viajes que vinieron después surgieron crónicas para diferentes medios; empecé a escribir para diarios, revistas y sitios web. Después vinieron mis otros libros, y en el medio hubo toda una promesa de fondo que me hice de vivir por y para las palabras, un poco en rebeldía por escuchar a tantos escritores que vivían la escritura como un hobbie; esa cosa de que se necesitaba un trabajo estable y, si te quedaba tiempo, escribir y vender tus libros, y a mí eso me chocaba mucho. Yo quiero escribir y vivir de las palabras, y fui buscándole la veta para poder encaminarme en ese propósito.
-Viajero Intermitente es tu marca, tu sello personal. ¿Cómo nació esa idea?
-Lo de Viajero Intermitente es muy gracioso, de hecho no sé si alguna vez se lo conté a su autor intelectual. Yo estaba estudiando Comunicación Social, y uno de los profes con los que más onda tenía era Eduardo De la Cruz, y para no interrumpir los semestres de la facultad trataba de promocionar todas las materias y me iba de viaje en los períodos de vacaciones. Un día estaba entrando a clases y escuché que Eduardo, que estaba dando una clase de apoyo, me gritó "¿cómo anda el viajero intermitente?". Y fue muy loco porque yo justo estaba buscando el título para mi primer libro. Siempre me costó encontrar los títulos, y estaba en esa búsqueda. Cuando escuché lo de "viajero intermitente" dije "¡Claro, es por ahí", y quedó. Después pasó el tiempo, llegó Instagram, y hoy en día hay gente que me saluda como Viajero y no sabe mi nombre.
-Actualmente te dedicás a formar escritores, enseñás a editar libros y das charlas motivacionales. Contáme un poco más acerca de eso.
-Todo eso surgió de esa promesa de vivir por y para las palabras, y porque me gusta mucho enseñar, transmitir y compartir conocimiento. Mucha gente me preguntaba cómo había hecho para publicar mis primeros libros, y así surgió el deseo de compartir esa experiencia a través de talleres de escritura creativa, luego talleres que enseñaban cómo publicar libros propios. Eso hizo que gente que llegaba a mis talleres tuviera la necesidad de seguir puliendo sus textos, y ahí surgió mi rol de editor. Empecé a acompañar a personas que ya tenían su libro pensado y a otras que simplemente tenían una idea, y había que acompañarlas desde cero.
Publicar un libro es el sueño de muchas personas, y cada vez llega más gente a mí desde ese lado y me encanta. También llega mucha gente que busca la escritura como un canal terapéutico, y doy talleres desde ese costado también. Cada vez estoy más abocado a vivir por y para las palabras, a transmitir el poder que tiene la escritura como herramienta literaria y creativa, como también terapéutica y catártica.
Las charlas motivacionales llegan más del lado de la experiencia, de cómo poder realizar viajes de la manera en la que los hice. Hubo algunos viajes que fueron realmente épicos, como irme a dedo desde Córdoba hasta Alaska, o cruzar África y Medio Oriente en bicicleta para llegar al Mundial de Qatar. Ambos viajes, y casi toda mi vida tiene mucho eso, buscar desafíos grandes y cumplirlos. Entonces ahí se desprende lo de las charlas. Me encanta ir a escuelas y poder transmitir las diferentes formas de vida que hay y, sobre todo, dejar en claro que todos nosotros tenemos un potencial infinito dentro, y que somos capaces de hacer lo que queramos. Ese es mi slogan, mi lema: sos capaz de todo lo que quieras. Y la idea no es sólo demostrarlo desde mi experiencia, sino fomentar desde las charlas que la gente se anime a soñar y a cumplir sus sueños.
-¿Escribir es como viajar? ¿Te libera de algo, o te carga?
-Te libera, al cien por ciento. Está comprobado que después del llanto, la escritura es la segunda acción que más libera emociones.
-En 2022 realizaste un viaje en bicicleta de más de 10.000 kilómetros desde Sudáfrica hasta Qatar atravesando todo el continente africano, con la idea de llegar a ver a la Selección de Lionel Scaloni en ese Mundial. ¿Cómo se gestó esa travesía y con quiénes la llevaste a cabo?
-La travesía a Qatar la hice con tres amigos: Lucas Ledezma, Silvio Gatti y Matías Villarruel Vercesi. El viaje surgió porque Lucas, desde el año 2014, sigue a la Selección en los torneos más importantes, en bicicleta. Empezó en el Mundial de Brasil, y después siguió por Copas América, Juegos Olímpicos, y Mundiales. Lo conocí en 2019. Yo venía de pedalear en el invierno europeo y él de pedalear en el Mundial de Rusia 2018. Nos conocimos recorriendo en bicicleta el Camino de los Siete Lagos, en nuestra hermosa Patagonia, y ahí empezó la idea medio en joda de "si vas a Qatar lleváme, lo hagamos en bici cruzando África", y así. Fue pasando el tiempo y la idea fue leudando. Se acercaban el 2022 y el Mundial y dijimos "eso que deliramos una vez hay que concretarlo". Se sumaron el resto de los chicos y ahí empezó todo.
Volamos desde Córdoba con las bicis en cajas. Llegamos a Ciudad del Cabo, armamos las bicis y empezamos a pedalear. 10.000 kilómetros, seis meses, trece países, y el sueño, que luego se terminó cumpliendo, de ver a Argentina campeona del mundo, ahí, ao vivo.
-Me imagino que habrán recibido ayuda permanente y sponsors para realizar tremendo viaje.
-Sí, tuvimos marcas que nos apoyaron mucho, como Venzo, Treggo, y tantas otras. Pero la ayuda constante de la gente también fue importantísima. En ese momento nos llegaban mensajes de personas que nos decían "bueno, chicos, ustedes con sus historias diarias en Instagram son mi Netflix, así que esto es para ustedes", y nos transferían plata con la app de Cafecito. Eso, de parte de la gente que estaba lejos, pero la gente de los lugares también nos ayudaba un montón. Nosotros cuatro éramos la cara visible de todo ese sueño pero, en realidad, siempre dijimos –y lo confirmo cada vez más- que en nuestros pedales empujaba mucha gente. Era una locura la cantidad de mensajes que nos llegaban de apoyo, recibimos mucha ayuda.
Y más allá de todo lo hermoso que fue ver a Argentina campeona del mundo, lo que más me queda de ese viaje es la gente que conocimos, la que nos abrió la puerta de su casa, desde el que menos al que más tenía. Todos estuvieron dispuestos a compartir. Me quedo con eso en el corazón.
-¿Un momento glorioso y un momento de terror de esa travesía?
-Momentos gloriosos, ¡miles! Muchas cosas increíbles por día nos pasaron. Si tengo que quedarme con uno, quizá sea la aparición de animales salvajes al costado de la ruta en Botsuana. Elefantes, jirafas, cebras, hienas; parecía estar haciendo un safari en bici. Animales increíbles que uno sólo veía en los documentales del Discovery Channel, así que eso fue realmente alucinante.
Después, pedaleando desde El Cairo a Giza, aparecieron esas pirámides gigantes al frente, una cosa increíble.
También nos pasó, en Malawi, de hacer partiditos de fútbol en canchitas, potreros, en cualquier arena, con niños y gente de todas las edades, cuatro contra cuatro, y sentíamos que representábamos a nuestra Selección. A uno lo ganamos. En Tanzania jugamos otro, más formal, pero a ése lo perdimos. Uno a uno (risas).
Una de terror nos pasó en Belén, Palestina. Desde Jerusalén cruzamos el muro que separa a Israel de Cisjordania. Hicimos el "checkpoint" con la milicia israelí, y cruzamos a territorio palestino. Dimos algunas vueltas con las bicicletas, conocimos varios lugares, y nos íbamos a conocer un campo de refugiados porque teníamos unos regalos que llevar a los niños de ahí. Llegando al campo de refugiados vimos que había niños jugando a la pelota en la calle, y cuando nos estábamos acercando sentimos un estruendo gigante. Lo primero que pensé fue: "una bomba". Lo miré a Lucas que estaba medio en shock contra una pared; y los chicos que jugaban huyeron. Al instante se sintió otro estruendo. Cuando miro al cielo, veo que volaba algo de color blanco. No entendíamos nada. Agarramos las bicis y nos pegamos la vuelta por donde habíamos venido. De repente me empieza a picar la garganta, los ojos, toda la cara, y un señor que estaba ahí nos explicó, con toda la calma, que eran gases que siempre tiraban para dispersar. Fuimos a buscar refugio a lo de un palestino que nos había recibido antes, y le contamos lo que había pasado. "Estamos acostumbrados", nos dijo. Y eso me voló la cabeza, la naturalización que uno puede vivir en las situaciones de un conflicto tan largo como ese. Esa historia está en mi libro, porque el palestino que nos recibió nos pidió que contáramos lo que habíamos visto ahí ese día. Eso realmente me impactó mucho.
-¿Qué sentiste cuando la Selección Argentina levantó la Copa del Mundo en Qatar?
-Fue un momento en que se juntó todo. Se empezaron a proyectar en mi cabeza imágenes del viaje, recuerdos de mi familia, de mis amigos de Córdoba, de mi viejo que es recontra futbolero, de gente que fuimos conociendo, de todo lo que sucedió para que pudiéramos llegar ahí, y de todo lo que vivimos en Lusail.
En el momento exacto en el que entró el último penal nos abrazamos, lloramos. Fue un momento en el que todo empezó a cobrar sentido: el viaje mismo y, a la vez, todo lo hecho para realizar ese viaje; pero también todo lo previo, como los viajes anteriores, y poder conocerlos a Lucas, a Silvio y a Mati. Pensé: "todo sucedió de manera perfecta para que hoy estemos acá celebrando este momento, viendo a Messi lograrlo".
Puede que no viaje o que no escriba nunca más, o que mi vida cambie por completo, pero ése es un momento que no se olvida nunca. Toda la existencia cobra sentido en ese instante, en esa milésima de segundo en que la pelota traspasa la línea del arco.
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(Fotos: Gentileza LBP)
-¿En qué andan tus compañeros de viaje hoy?
-Con mis compañeros de viaje, hoy, estamos en una tarea maravillosa que es la de recopilar todo el material de ese viaje para publicar un documental. Las imágenes que tenemos son increíbles porque grabamos con Go Pro, con cámaras profesionales, con celulares, y con un dron. Hoy todo ese material está buscando salir a luz porque hay un deseo muy grande compartir todo lo que vivimos, y desde ahí inspirar a otros a que también se animen a cumplir sus metas, a plantearse objetivos grandes, así que estamos en esa labor.
-Después de ese viaje estuviste un tiempo en España y luego te estableciste en las sierras de Córdoba. ¿Cómo son tus días actuales?
-Hoy estoy viviendo en Santa Rosa de Calamuchita, y me parece, después de tanto andar, el lugar perfecto. Paz. Me despierto escuchando los pájaros; camino un par de cuadras y estoy en el río; para donde mire veo las montañas. Es un lugar realmente muy bello.
Y desde acá guío las mentorías de otros autores, edito otros libros, y siempre estoy escribiendo cosas para mí aunque después no se conviertan en libros. Doy talleres, presenciales y online; brindo dinámicas de escritura en retiros de otras personas. Ésa es la labor de hoy, inspirar a otros, poder poner al servicio de quién lo necesite el conocimiento que fui acumulando y experimentando en todos estos años de viajes. Escribiendo y transmitiendo, es el deseo profundo de compartir todas esas vivencias.
-Has recorrido más de sesenta países, pero, ¿a qué lugares volverías siempre que pudieras?
-Volvería a Tromsø (Noruega), a Mallorca (España), a México -a los lugares en donde ya estuve, y a los que me falta visitar también-. También volvería a Colombia. Y en África, volvería a cada rincón.
-¿Se viene otro gran viaje de cara al próximo año?
-No lo sé. Hoy el viaje es hacia adentro. Estoy intentando procesar los últimos quince años de vida nómada.
-¿Qué actividades vinculadas a tu nuevo libro tenés pensadas para los próximos meses?
-Tengo invitaciones de diferentes municipios para dar charlas en escuelas y en los municipios en general, y es algo que me gusta mucho. Así que, seguramente, cuando vuelva a comenzar el ciclo lectivo van aparecer las charlas en escuelas y universidades, y los talleres. Ahora es tiempo de pausa. Acabo de cerrar el año con un taller de escritura y con una masterclass para gente que quiere publicar su libro y no sabe cómo empezar.
Ahora llega un tiempo de tranquilidad, de respirar, de balance. Un balance profundo, no sólo de todo el 2025, sino de todo lo que pasó el último tiempo en mi vida para realmente saber hacia dónde enfocar la energía en los próximos meses.
-Un breve consejo para quien quiera animarse a viajar y escribir.
-Que lo hagan, como sea, que den el primer paso. Nadie se arrepiente nunca de ser valiente, y la vida pasar por ahí. Sería muy triste llegar a nuestros últimos días preguntándonos "¿qué hubiera pasado si me animaba?" Si sueñan con algo, háganlo. Con miedo, o como sea, pero intenten. No se queden con la duda. Nada malo puede pasar, se los aseguro.
Contacto con el autor: viajerointermitente@gmail.com
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