León la vio veinte años antes
Arturo Jaimez Lucchetta

Porteño de toda porteñidad, hijo de inmigrantes polacos, le decían el ruso. Se crió en Villa Crespo, el más judío de los barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Jugaba bien al fútbol pero le gustó más el básquet. Sin embargo, con los años fue mejor entrenador que jugador, mejor inventor que director técnico y, sobre todo, mejor amigo y persona.
Un loco de 1,76 que parecía petiso a la par de los lungos que dirigía, fue el más grande. Indudablemente el personaje más importante de la historia del básquetbol argentino de todos los tiempos.
Desde que el canadiense James Naismith inventó el básquetbol tirando sus bocetos al cesto de basura, allá por 1891 en la ciudad de los Simpson, este deporte ha sido el más cambiante, dinámico y justiciero con sus vencedores y vencidos. De esa actividad novedosa para jugar bajo techo en los inviernos nevados de Springfield, solo quedaron los tres metros cinco de aquellas canastas de melocotones colgadas de los balcones del salón.
En la misma sintonía que aquel profesor y capellán de la Asociación de Jóvenes Cristianos en los Estados Unidos, León Najnudel se cansó de componer bocetos, pero no era él quien los tiraba a la papelera, sino los dirigentes de la Federación Argentina y los interventores de la dictadura setentista.
80 años más tarde y en Buenos Aires, el Ruso proponía federalizar los torneos de una actividad cuya meca vernácula estaba en el interior del país.
Como Naismith, que se valió de la historia de los juegos de pelota precolombinos de América, Najnudel abrevó en los Juegos Evita y el proceso que el peronismo realizó, de la mano del profesor Jorge Canavesi para ganar el Mundial de 1950. El ruso jugó los Evita en 1955 y se sumó a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) meses antes de la revolución fusiladora. Era un adolescente militante de aquella organización de estudiantes que apoyaban al gobierno del General Juan Domingo Perón.
Un judío futbolista, que se pasó al básquet en una iglesia católica creó la revolución federal más importante de la historia del deporte argentino.
Un personaje de perfil bajo que aclaró, de manera tajante, no ser el dueño de la nueva Liga, aunque las iniciales de su nombre coincidieran con ella. Liga Nacional con L de León y N de Najnudel. Hasta sugirió cambiar el nombre para evitar la referencia: "La Liga no es de nadie, ya está. Nos vamos a olvidar de los que la forjamos, nos vamos a olvidar de los que se opusieron, que incluso hoy se oponen. La Liga se juega y eso es lo que importa y no es de nadie, es del deporte argentino".
León propuso una competencia de 10 meses, de alto rendimiento, donde todos dejen la vida. Como en la NBA o en la Liga española. Una competencia que muy pocos países del mundo tenían. 16 equipos representantes de sus provincias y no siempre desde sus capitales. Una Liga igualitaria e inclusiva, con cupo máximo de dos extranjeros, seis mayores profesionales y cuatro juveniles para promover las inferiores.
León defendía a rajatabla esta ley igualitaria, que aseguraba un torneo parejo y competitivo, que promovía el bien común y el reparto equitativo de la riqueza. No estaban tan errados los milicos que intervenían la Federación, la palabra liga les parecía marxista.
Como buen genio, León era desordenado para describir su creación. Lo tenía más claro en el pensamiento que a la hora de presentarla, por eso necesitó el apoyo del periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas (firmaba sus notas con el seudónimo O.R.O), quien desde la revista El Gráfico, diseñó los afiches para que el Ruso pueda explicar la Liga más organizadamente. Durante un evento organizado por la propia revista El Gráfico, llamado "El mes del deporte", Najnudel presentó la idea preguntando y preguntándose: "Es la Liga Nacional la solución para nuestro Básquetbol?"
La participación de O.R.O fue indispensable y quizá sin saberlo, ayudó a León Najnudel a hacer realidad aquella frase del General: "La organización vence al tiempo".
Además de Orcasitas, el entrenador de fútbol, Carlos Timoteo Griguol, el preparador físico Luis Bonini, los entrenadores de básquet Julio Lamas, Horacion Seguí, Antonio Chiche Gornatti, Yoyo Caballero y los periodistas Adrián Paenza y Marcelo Nogueira; formaban parte de las largas noches en el café El Dandy, donde León perdía la cuenta de las horas y de los whiskis, persuadiendo a los persuadidos. Esa era su barra. Esos los soldados de la vanguardia. Junto a León no temían las represalias que amenazaban desde la redacción de los medios, la federación y los ministerios.
Griguol admiraba tanto a Najnudel, que iba a ver los partidos de básquet del Ferro de León y hasta adaptó al fútbol, algunas tácticas del Ruso para dar la vuelta olímpica con el Verdolaga, en 1982. Timoteo y Najnudel coincidieron un par de temporadas en el club de Caballito.
León vivió toda su infancia y adolescencia en Villa Crespo, era un tipo de barrio, con calle, por eso podía entrar a Harlem como uno más de los jóvenes afroamericanos discriminados y marginales de aquel gueto negro y temido de Manhattan. Allí se mezclaba entre cubanos, puertorriqueños y estadounidenses afrodescendientes. Todos lo conocían, lo reconocían y lo escuchaban cuando hablaba en fluido slang, ese lunfardo yanki que León aprendió mejor que el inglés tradicional. Para él, ese era el idioma del básquet. En ese barrio donde nació y brilló el básquet callejero que el mundo conoció en su caricatura más espectacular con los Globe Trotters, el Ruso reclutó varias figuras de la Liga.
Del gimnasio del Harlem College, hasta las baldosas del Rucker Park, Najnudel se abrazaba a Mark Jackson, figura del los New York Knicks y contaba la historia del barrio que vio nacer a Karim Abdul Jabbar y Kobe Bryant, glorias de Los Ágeles Lakers.
León se sentía cómodo con los afro del Bronx, también fue feliz en Zaragoza, dirigiendo al campeón de la Copa del Rey, pero su casa era Buenos Aires, por eso siempre volvió, despreciando contratos millonarios en Europa, o acuerdos de vida tranquila en el interior de la Argentina.
En sus idas y vueltas, mientras militaba y rosqueaba su Liga, León dirigió las inferiores y el equipo mayor de la Selección nacional, Ferrocarril Oeste, Sport Club de Cañada de Gómez, Racing Club de Avellaneda, CAI Zaragoza de España, Boca Juniors. En cada uno de estos clubes dejó su impronta creativa. Mostraba videos en VHS de las ligas europeas, de la NBA, del básquet ruso; implementaba novedosos movimientos tácticos, buscando mejorar el rendimiento. Buscaba jugadores altos, subir la estatura era una premisa del baloncesto argentino. Terminar con décadas de frustraciones, juntando a los mejores todos los fines de semana y no 10 días al año.
Los resultados no fueron automáticos. La Liga Nacional no transformó la Selección argentina de un pelotazo, pero si fue indudablemente la responsable del éxito de esa revolución que como dice la canción de Zitarroza, nunca es "termprana" y "crece desde el pie".
Muchos lamentan que León no haya visto la consagración de la Generación Dorada, pero, en realidad si la vio, y la vio 20 años antes que todos. "Los jugadores de ahora son infinitamente mejor que los de antes. Los entrenadores de ahora son mucho mejores que nosotros", expresó tiempo antes de su muerte el 22 de abril de 1998.
León Najnudel viajó hacia la inmortalidad 6 años antes de la consagración de la "Generación Dorada" en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, venciendo a las grandes potencias del mundo incluyendo al Dream Team de la NBA. Cuando la partida era inminente, juntó a sus amigos en la clínica y les dijo que la muerte iba a hacer sonar la chicharra: "Me sacó de la cancha 10 años antes" expresó, como presintiendo la década ganada que se perdería.
Nadie desconoce la mano de León y de la Liga Nacional en el éxito que convirtió a la Argentina en potencia mundial. Emanuel Ginobili, máxima figura de los campeones olímpicos y subcampeones del mundo, recordó a Najnudel cuando se realizó el homenaje a 20 años de su muerte: "Fue el creador de la LNB, la razón de todos nuestros éxitos".
Del mismo modo declara Marcelo Milanesio: "La liga fue muy importante, nos empezamos a ver los mejores todos los fines de semana. Antes nos juntábamos siete días por año en el Torneo Argentino de provincias.
Andrés Nocioni recuerda que lo descubrió cuando tenía 15 años, viéndolo jugar solo 5 minutos. Manejó cinco horas desde Buenos Aires a Santa Fe para verlo 5 minutos; cuando don Pedro, el papá de Chapu le pregunto por qué se iba, si no le había gustado cómo jugaba su hijo, León le respondió que se iba a comer pescado al Quincho de Chiquito (tradicional bodegón de Santa Fe), que hacía mucho calor y que necesitaba tomarse unos lisos de cerveza, que ya había visto lo suficiente y que la semana siguiente iba a tener noticias; porque Andrés iba a jugar en Racing.
El Ruso también pronosticó la explosión de Luis Scola, capitán de la Generación Dorada, cuando solo era un adolescente novato y longilíneo. "Este va a jugar en la NBA, mirá el físico que tiene, mirá como se mueve y nadie le enseñó nada todavía".
El fútbol, el básquet, el equipo, la historia sufrida de sus padres, su hermano siempre compañero, sus amigos, sus compañeros, el campeonato Evita, la historia de los campeones del 50, sus viajes a los mundiales, a Estados Unidos a Europa, sus retornos obligados, sus whiskis trasnochados, su pucho siempre encendido, su obstinación, su carácter, su pelea, su ironía, su porfía, su militancia, su certeza colectivista, su ambición de justicia en el deporte, sus hijos. Todo eso era León Najnudel.
Todo el tiempo hablando de básquet, todo el tiempo peleando por la Liga. Nunca se cansaba de luchar y de confrontar con los dirigentes. "La culpa era de los dirigentes. En el básquet argentino había solo buenos jugadores que no competían con nadie durante 300 días al año. Ningún profesional se puede perfeccionar en poco tiempo. Comparemos un mecánico, zapatero o un fontanero que solo trabaje 3 meses al año, no puede mejorar, ni corregir sus errores. Las habilidades físicas y manuales deben ser constantes cada uno de los 365 días del año, con sus tiempos de descanso".
León Najnudel hizo una revolución, imitada luego por otras disciplinas. "Hacer jugar a los mejores contra los mejores y todo el tiempo". La calidad, la cualidad, la cantidad, al servicio del progreso. Paridad y competitividad, ética y estética. Él sabía que los talentos estaban, nunca se creyó un hacedor. "Nadie hace a los jugadores, a lo sumo podemos influir en su evolución con aportes tácticos; lo demás lo hace la competencia, el medio en el que se desarrolla. En eso la Liga Nacional contribuyó a generar mejores jugadores y entrenadores".
El Ruso no los vio en los dosmiles, pero ya los veía en los sesenta, en los setenta y mucho más en los ochenta, con su criatura en marcha. No hay que lamentar que León no lo haya vivido, hay que festejar que la vio y que la vivió, porque así son los genios, la ven y la viven antes.
Trabajan para la historia, por eso la historia nunca los olvida.
León murió el 22 de abril de 1998 luego de luchar casi dos años contra la leucemia. Totalmente pelado por la quimioterapia, Najnudel siguió dirigiendo hasta el final. En su memoria, todos los 22 de abril, se conmemora en Argentina, el Día del Entrenador de Básquetbol.
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