Los ensayos en clave feminista de Marina Porcelli
Juan M. Saharrea
Marina Porcelli en El tranvía que no paraba nunca. Sobre crímenes, fantasmas y pesadillas (2024) toca varias puertas a través de un pasillo que reúne: el ensayo literario breve. Siguiendo la tradición de Otras Inquisiciones de Borges, una curiosidad surgida de las lecturas de la escritora, adquiere la forma de un signo de crítica literaria. Cada ensayo aventura una tesis, una idea a defender. Esas afirmaciones, a menudo, convergen, se amplifican o se refuerzan de un ensayo al otro. Emerge así un cuadro con una unidad espiritual, un tono y una visión personal de la lectura. La génesis de la publicación es la escritura de una serie de "ensayos policiales", que tuvieron su primera aparición en Revista Casa de Tiempo de México, entre 2019 y 2020.

Valga una larga enumeración a modo de muestreo de la ambición de El tranvía…: historias verídicas de asesinos confesos que matan a sus parejas o a sus madres. Historias verídicas de escritores y escritoras muertos a causa de su oficio, de su compromiso, de sus lecturas. Historias verídicas de feminicidas o víctimas de feminicidios. Historias verídicas de militantes –de las primeras militantes anarquistas de la región. También historias de aparecidos, de fantasmas, de muertos que vuelven. Ficciones de asesinos. El vínculo conceptual entre feminicidio y literatura policial. Lectura política de los géneros, de los personajes, de las tramas, del compromiso al escribir. El peso del error en la escritura. Las condiciones materiales de la escritura. Literatura postconolonial. Una lectura provocativa y admirada de la obra de Edgar Allan Poe.
A modo de carnadura de toda esta arborescencia hay factores unitivos. En esta reseña me gustaría exponer cuáles son, a mi juicio, esos flejes y juzgar algunas derivaciones de esas propuestas que convierten a este libro en una intervención crítica, más allá del universo sonoro donde se ubica que tiene relación con lo terrorífico, lo mortuorio, lo orillero, lo popular.
Antes de abordar el punto central, cabe decir algo de los antecedentes de Porcelli. Residente del prestigioso International Writing Program in IOWA (en Estados Unidos) –honor concedido a escritores como Gamerro, Casas, Gorosdischer, Cristoff o Libertella–, es una escritora de carrera. Así que prepárense para otra larga colección, en este caso, de méritos: con base en el periodismo cultural y la historia, ha publicado en diversos medios de Iberoamérica. Además del libro en cuestión tiene publicados varios libros de ficción y ensayos. Ha sido becaria de prestigiosas instituciones tanto públicas y privadas. Ha sido seleccionada para hacer residencias en Ciudad de México, Montreal y Shanghái. Ha obtenido varios premios literarios. Los dos más destacables son quizá el premio de cuento Edmundo Valadés (otorgado por el gobierno de México y en homenaje a un excepcional cuentista admirado, entre otros, por Rulfo) y el Premio Internacional de Novela Rosario Castellanos con su novela De la ansiedad. Ha obtenido una mención en el premio Casa de las Américas en la categoría ensayo. Ha dado talleres en el Observatorio de violencia contra las mujeres, en Salta, y el Seminario de Narrativa en la Universidad de Salta. Cuenta con obra traducida al inglés, alemán y chino. Los últimos años Porcelli escribe sobre boxeo femenino. Recientemente acaba de publicar Boxeadoras (2025) que es un relato histórico sobre el boxeo femenino en la Argentina que se propone, entre otras cuestiones, poner en entredicho la narrativa periodística en torno de las mujeres que pelean.

En El Tranvía… los ensayos están organizados en base a un modo de concebir la literatura que es político. Porcelli, en tal sentido, se sustrae de la apoliticidad tan marcada en la literatura sub 30, sub 40 que exhibe, a lo sumo, una política cultural de sentido común que no incide prácticamente nada en el total de los méritos estéticos que la singularizan. Para Porcelli lo político emerge como el espacio de lo común y de la enunciación. Quién dice y desde qué lugar lo dice resultan cruciales para entender los alcances de una obra literaria. En "Los Zapatos de Joaquin Penina", por ejemplo, Porcelli parte de un insulto en contra de Erdosain, hacia el final de Los Lanzallamas, para poner de relieve una operación narrativa con tintes políticos "[Arlt] reubica la historia del personaje en el campo ideológico" (p. 93). Esa operación permite advertir del uso y justificación políticos de una muerte, algo que Porcelli ejemplifica en la historia de Penina, un militante cuya historia "[s]i Rodolfo Walsh [la] hubiera conocido […], muy posiblemente, y por ciertas similitudes que dan cuenta de un accionar sistemático en la represión, lo hubiera incluido como antecedente de Operación Masacre (1957)" (p. 96). Esta visión, este modo de leer, va trazando una trayectoria común que se mantiene a lo largo del libro. Desde una referencia mínima a un cuadro general perfectamente inteligible y polémico.
Pero es en su análisis de "Los Crímenes de la Calle Morgue", donde Porcelli muestra con mayor ahínco su modo político de concebir la literatura. Apela a la idea de "mímesis" para interpretar al orangután asesino como un reflejo de la violencia contra las mujeres. La tesis aquí es que, además de ser el disparador del cuento policial moderno, los crímenes de la calle Morgue "funcionan como representación de los feminicidios en la literatura" (p. 36). ¿De dónde ha sacado la bestia asesina, que actúa por imitación –Poe lo explicita así– su violencia si no es de la violencia machista? (cabe reconocer que este vínculo entre mímesis y violencia está ratificado en la obra del antropólogo y crítico literario Rene Girard). Porcelli conecta esta idea con la noticia policial que inspira otro texto de Poe y que es, sin más, un feminicidio. Su convicción es que no hay forma de saber si Poe quiso exponer esta idea al escribir su relato. El caso es que si uno sigue el razonamiento, una inferencia factible es que en el germen del policial moderno hay una fascinación por los feminicidios. En este sentido, Porcelli sugiere algo que Rita Segato ha puesto de relieve: el cuerpo de las mujeres es un territorio de una guerra (un conflicto) de la que no son parte. Este anudamiento entre relato policial y opresión se replica en otros ensayos, como el referido al análisis de la obra de Chester Himes.
Alejada del mito romántico del artista auto creado, Porcelli conecta la politicidad de la literatura con las condiciones de producción. En su ensayo sobre el burro de Sancho Panza ("El burro de Sancho que desaparece") reflexiona sobre un hiato narrativo: la abrupta desaparición del animal que el ladero del Quijote tenía en la primera parte y de cuyo destino no sabemos sino hasta bien entrada la segunda parte, donde reaparece sin mayor explicación. Este "error" en un genio como Cervantes es leído como un índice de una forma desesperada de escribir. Porcelli extiende esta desesperación no solo citando otros célebres casos de yerro (la variación cromática en los ojos de Emma Bovary) sino tematizando las condiciones de la escritura en general. Su tesis, en este caso, es que errores de referencia o similares no horadan los méritos literarios de una obra. Tal vez, podría pensarse, constituyen un mal necesario en tiempos que urgen. Un error que podría significar demérito en la ciencia o en un ensayo estilo paper, en una obra de ficción se postula casi como una oportunidad de apertura, como un resquicio para el deleite. En la actualidad muchos y muchas docentes aguardan el error en las producciones de sus alumnos y alumnas para no ver el rastro del Chat GPT en la hechura del texto. Del mismo modo, los errores en la narrativa confirman la humanidad en la producción, comprueban que el genio es resultado de un trabajo. Y no hay trabajo sin gasto, sin roturas, sin imprevistos.
El segundo hilo conductor que veo en El Tranvía…, tiene que ver con lo que cabe llamar, una crítica literaria en clave feminista. Es, sin dudas, un rasgo atado con el primer punto. Si lo destaco es debido a que se trata de un acento esclarecedor y que hace una diferencia importante. "En un lugar solitario. Mujeres detectives, autoras de policiales" Porcelli analiza la relación entre género y literatura a propósito de las mujeres que escriben policiales y cómo estructuran los personajes de mujeres detectives. En este sentido, no se detiene en la constatación de que en los policiales las mujeres no hacen demasiado y, a veces, hasta son un obstáculo para encontrar la verdad, sino que cuestiona el impacto de este dato en la estructuración formal del género al momento de producir. En sus palabras "[e]s común escuchar, en los talleres de creación literaria, estas confesiones de autoras jóvenes: sin explicarse bien por qué, empiezan escribiendo sobre protagonistas varones. Y pienso que quizá, o sin quizá, esto se deba a que el personaje de la literatura es masculino" (p. 64, énfasis mío).
Esta tesis absolutamente radical pero atendible se orienta no sólo a una presunta reforma experiencial que se seguiría de una lectura crítica. Si conceptualmente lo masculino es la búsqueda de la verdad, la que escribe necesariamente está ante un desafío enorme si pretende poner una mujer como voz cantante. Un desafío, ni más ni menos, de revolución formal. De nuevo aquí política y literatura están imbricadas para abrir preguntas que van más allá de una discusión circunscrita a la teoría política o social. Porcelli nunca se sustrae de un interés directo por la crítica literaria. En tal sentido, uno podría retrucarle, siguiendo esta parte de su planteo, que hay personajes femeninos que llevan la máxima expresión de una obra (Isabel Ascher en Retrato de una Dama, por solo mencionar una notable). Aunque sí podríamos conceder que, en este caso, no es Ascher quien cuenta aun cuando se cuenta desde su perspectiva. Esto sería una matización quizá antes que una objeción.
Otro ensayo que expresa la misma conexión entre género y literatura es "Mujeres Sudacas y anarquistas en cuatro cuadros", una colección de nombres olvidados por la historia (basado en una relectura del libro de Cristina Guzzo Libertarias en América del Sur. De la A a la Z, 2014) de mujeres apresadas por protestar o resistir al orden vigente. En esa reconstrucción Porcelli insiste en poner sobre el tapete dos puntos: 1) nítidamente se ve que la militancia anarquista se ata a reivindicaciones feministas desde principios del siglo pasado, 2) estas mujeres no han sido escritas, sus acciones se han tomado solo excepcionalmente como base para relatos ficcionales o históricos pero sin duda podrían serlo. O más bien, deberían serlo.
Ambos rasgos, una lectura política de la literatura y una clave de lectura feminista que no impugna, no corrige, ni se plantea desde una episteme moral, convierten a la lectura de este libro, en una experiencia de auto-revisión de nuestra historia como lectores y lectoras. En ese sentido, el libro no es complaciente. Interpela sin exigir.
En la introducción a este libro, Porcelli cuenta un encuentro con Abelardo Castillo donde la autora certifica que la literatura y la vida son, a menudo, indistinguibles. Se me ocurren muchos puntos en común entre Castillo y Porcelli: la pasión por el box, la visión comprometida de la literatura, la apelación a autoras y autores injustamente olvidados (un afán justiciero en contra del olvido) y el posicionamiento justificado. Pero el rasgo común que más registré, al menos al leer El tranvía…, es la bellísima obsesión por Poe. Bien mirado parecen convencernos de que everything is in Poe.
En un momento donde toda referencia a libros o autores es tomada como atajos o máscaras para esconder la verdad del yo, este libro de ensayos recupera el valor de la enunciación y se sustrae del gesto escapista a la propia tradición que tan común resulta en nuestro tiempo. La tradición, como la definiera Gadamer, es "una condición fundamental para la comprensión". En Porcelli esa búsqueda de leer su tradición, de hacerse cargo, está presente en cada página. El Tranvía… es un libro de ensayos excelentemente documentado, escrito sin vehemencia pero con mucha pasión contenida en una prosa elegante, puntillosa y cuidada. Es además un libro político, con momentos de provocación y misteriosamente abarcativo. Digo "misteriosamente" porque es un libro lento, difícil de escribir y difícil de olvidar. Postula el gesto contracultural de la revisión, de la relectura, de la visita fortuita que es, a fin de cuentas, la única que nos genera ilusión.
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