Milton Arias, la vida en clave de Fa

10.03.2026

Jackie Bini


La figura y el nombre de Milton Arias son ampliamente reconocidos en todo el país, por su talento, su trayectoria y la diversidad de proyectos en los que participa desde sus inicios. Compositor, bajista y docente, el músico cordobés navega por distintos géneros pero mantiene una relación profunda y visceral con el jazz.

Milton Arias (ph: Franco Capelli)
Milton Arias (ph: Franco Capelli)


Estudió con maestros como Alejandro Herrera, Osvaldo Brizuela, Alejandro Demogli, Oscar Giunta, John Stowell, Tim Collins, Juampy Juárez y Mariano Loiácono, entre otros.

En 2011 editó su primer trabajo audiovisual llamado Milton Arias Trío, compuesto por un disco y un DVD grabados en directo, al que le siguieron 64. Antes del Fin (también en directo y en un formato de CD +DVD) y 50. El caldero, en 2018.

02. La falta, el más reciente trabajo (2024) que presenta el músico cordobés –siguiendo su costumbre de titular a sus obras inspirándose en el I Ching– está integrado por canciones compuestas, arregladas, producidas y escritas por él mismo. El material fue madurado durante una gira de pequeños conciertos que contó con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes y se grabó en dos jornadas en Sonoramica. Los músicos que participaron en esta grabación son: Daniela Dalmasso: Flauta y voz, Ismael Avecilla: Saxo soprano, alto y tenor, Julián Gómez Cuello: Piano, Rodhes y voz, Mateo Marengo: batería y bombo legüero, Martín Dalmasso: Guitarra e Ignacio Sánchez: Guitarra.

A lo largo de su carrera, Milton Arias ha integrado diferentes grupos relacionados con el jazz, el rock, el folclore y la música latinoamericana.

Ha actuado, además, en ciclos y festivales en toda la Argentina, como el Festival de Jazz de San Luis, el Festival Nacional de Jazz de Salta, el Ciclo Disco es Cultura y el Festival Internacional de Jazz de Córdoba, por ejemplo.

Con él dialogamos para Tierra Media.


¿Cómo llega la música a tu vida? ¿Había un estímulo familiar o de amigos, o fue una búsqueda personal?

Supongo que como a la mayoría de los músicos, porque está latente en el mundo, porque está sonando en el mundo la música. Creo que no debe haber ser humano que no esté en contacto con la música de alguna forma. Primero como oyente, porque son necesidades muy primarias, me parece que la voz, cuando está escindida de la palabra, básicamente está haciendo sonar una especie de música desorganizada. Cuando uno nace, que recién está empezando a tener contacto con el lenguaje y a entender las palabras, lo que entiende son sonidos. Que como gestos sonoros nos comunican algo. Bueno, eso es música, básicamente para mí. Pero de todas formas, en lo concreto y en la vida material, creo que lo importante en mi caso y lo importante en muchos casos que veo también, porque los veo como docente, es la disponibilidad de los instrumentos. El hecho de tener cerca instrumentos sin que necesariamente vengas de una familia de músicos profesionales o reconocidos, estudiosos, pero la mera disponibilidad de un instrumento cuando sos chico es súper importante para el estímulo. Y algo que vengo remarcando hace años, en los que estamos en una crisis complicada económica en este país, es lo privativo que se está volviendo la música, el ejercicio de la música para una determinada clase social, justamente por la dificultad de acceder a las herramientas materiales para producir música. Imagináte que en mi familia no hay ningún músico profesional. Ni de la generación anterior, ni de la misma generación mía, ni de las que siguieron. Pero sí, tenía un abuelo que, sin ser bandoneonista, tenía un bandoneón. Un papá que sin ser músico profesional tenía un piano, tenía una guitarra. Un tío que es bajista y tenía su banda, pero también, sin ser músico profesional, sonaba un bajo en su casa. Imagináte que en una situación en la que se complica tanto el acceso a las herramientas para producir música, haga que en una familia no haya ningún instrumento de ningún tipo, las probabilidades de que los hijos de esa familia tengan la intención de ir a formarse, estudiar o la inquietud de ejercer música, aunque sea de forma amateur, es muy poco probable. Entonces me parece que en los últimos años, con la crisis económica, el ejercicio de la música se está volviendo privativo de una sola clase social y eso está produciendo una inclinación estética de la producción musical. Sin hacer juicio de valor, si es buena o si es mala, más allá de eso, porque puede haber expresiones muy buenas y otras pobres, eso no es relevante, pero sí es relevante que expresan solo las necesidades estéticas de una sola clase social y nos estamos perdiendo de otros discursos que enriquecen la cultura argentina.

¿Por qué el jazz como género predominante?

En mi caso, apareció en mi vida relativamente temprano, porque mi papá es muy melómano, entonces muchos discos de jazz sonaban, eran como banda sonora de su casa, y tuve contacto con eso desde muy temprano, pero la elección de encarar el estudio y la práctica del jazz en mi vida fue más tardía, después de los veinte. Y también, como muchos otros casos, me parece que se dio más que nada por el recorrido previo y una característica que yo identifiqué en mí, que es cómo una vez descubiertos los trucos y, una vez descubiertos los hilos que manejan un determinado discurso, me empiezo a aburrir y necesito otra cosa que me plantee un desafío. Y ese impulso me fue elevando de un tipo de música a otra, al principio siempre vinculado con el rock, entonces, cada vez discursos un poco más complejos dentro del universo del rock, y cuando abordé el estudio de los lenguajes más ligados al jazz, me encontré con un universo que parece no tener límite. Es tan dinámico y además propone la creatividad y el dinamismo como valor en sí mismo, que encontré ahí una forma de entender la música, de escuchar la música y de ejecutarla, que puede ser un desafío en sí mismo cada vez y cada proyecto nuevo me puede estimular a encarar ideas nuevas, conceptos nuevos. En parte, me parece que es que estos significantes, digamos, que atraviesan algunas disciplinas, influyen bastante, y en el caso del jazz, a veces muy mal entendido, pero esta idea de que es una música libre y qué sé yo, ayuda mucho eso, a que haya mucha creatividad, a que haya siempre una apertura, a que no sea un género de estructura cerrada, digamos, a diferencia de otras músicas populares, que tienden más a conservar una tradición. En el caso del jazz, me parece que cuentan ambas cosas, la conservación de ciertas tradiciones, porque no se puede estar inventando la pólvora todo el tiempo, y el desafío de crear una propuesta propia y novedosa de cada artista. Entonces, es un universo prácticamente inabarcable, cada vez que se produce algo dentro del jazz es algo novedoso, y a mí eso me estimula mucho.

Tuviste grandes maestros y mentores. Comentános un poco sobre ellos y su influencia en tu proceso de formación

Sí, yo soy muy agradecido con los maestros. La verdad que la mayoría ha sido gente muy consciente del ejercicio de la docencia y han sido muy generosos. Así que nada, siempre los nombro, siempre los convoco, cada vez que me piden un currículum están todos. Algo que suelo remarcar, y me lo he planteado en algún momento, es la ética de la docencia. Debido a que no tengo forma de devolverles la generosidad que han tenido conmigo mis maestros, básicamente, porque no tengo nada para enseñarles yo a ellos, ¿se entiende? Entonces, me parece un deber ético hacer que esa rueda siga girando y enseñar a gente que sí, de repente les puedo ayudar a que hagan su proceso de acercamiento a la música y que se perfeccionen y que mejoren. Entonces, una forma de agradecimiento hacia mis propios maestros es enseñar a otra gente, hacer correr la voz que ellos hicieron correr por mí antes.

Te conocimos con aquel Milton Arias Trío que tuvo un destacado recorrido hace más de una década. ¿Por qué ese formato?

Si, yo arranqué tocando mi música trío, concretamente cuando volví de vivir en Villa María, que estuve estudiando ahí, y porque es el formato que más me gusta. Sigo tocando música trío, a veces nos presentan con nombres diferentes, pero para mí es el formato donde más disfruto tocar, trío con piano, bajo y batería. Es donde encuentro más espacio, digamos el espacio que a mí me gusta ocupar en un grupo, que no me aburre, que me estimula, donde puedo desarrollar un discurso propio y, a la vez, interactuar con el resto. Y me siento muy cómodo en ese formato, con esa formación, y siempre toqué mucho y sí, la primera experiencia de salir a presentar mi propia música fue así, con un trío.

También has incursionado en otros géneros, recuerdo la invitación a formar parte de Tórax con Titi Rivarola, tu acompañamiento a Lucas Heredia o con el colectivo afroperuano de A la Mucurú. ¿Cómo te sientes en esos otros territorios musicales?

Toco muchos estilos, cada vez menos. La verdad que cada vez me dedico más a tocar mi propia música o a cosas ligadas al universo del jazz. Pero sí, como amante de la música, escucho muchas cosas diferentes y también me dan ganas de tocar cosas diferentes. Entonces a veces me llaman para tocar otro tipo de música y por lo general acepto. Amén de otras situaciones que son más laborales, bueno, que las agarro porque hay que pagar las cuentas (risas). Pero muchas veces surge hacer otro tipo de música como proyecto, como cosas así, y la verdad lo disfruto mucho.

Sos docente y un apasionado de la dirección grupal, de la conformación de ensambles. ¿Cómo surge esta inquietud?

Doy clases, mucho, pero a mí me gusta trabajar más en grupo. Doy clases particulares desde hace casi veinte años, de instrumentos, he dado clases de armonía, de improvisación, de audioperceptiva. Pero me gusta mucho trabajar en grupo. Es otra dinámica que, bueno, después de tantos años en enseñar clases particulares, ahora me divierto un poco más. Y también, volviendo un poco a lo que te decía al principio, esta cuestión de que se está complicando el acceso a la praxis de la música y a los recursos educativos y materiales para hacer música. Hace un tiempo ya largo que vengo viendo que baja mucho la inscripción en las escuelas de música popular, que acá en Córdoba son casi todas privadas, y esas escuelas algo bueno que tienen es la posibilidad que abren de hacer una praxis grupal de la música. Y mucha gente que no puede pagar las cuotas de esas escuelas y que va, toma clases solo particulares o estudia solo por su cuenta, se pierde esa parte, que me parece super importante y que realmente marca una diferencia. Que cuando alguien estudia solo, a la hora de trabajar en grupo, se nota. Se nota que alguien que ya tiene una experiencia tocando en grupo marca una diferencia en cuanto a lo laboral, en cuanto a la dinámica de trabajo, en cuanto al clima de trabajo. Entonces, bueno, me planteé hace un tiempo largo ya, pero el año pasado me decidí y lo encaré, de abrir un espacio de ensamble dentro de lo que puedo transmitir yo, de lo que más sé, que es la música de jazz. Un espacio de ensamble para, básicamente, habilitar a tocar grupalmente, a hacer música con otros, y que la música no termine siendo una cosa tan individual, de gente tocando sola en su pieza y subiendo videos, que es medio lo que está pasando, ¿viste? De alguna forma, un poco una resistencia a esta dinámica del TikTok y del famoso Instagram, que son básicamente gente que toca sola, con tracks, con lo que vos quieras, con participaciones, pero siempre grabadas. No es igual, no es lo mismo, pareciera que sí, pero no es lo mismo. El hacer música en tiempo real con otros te da una conciencia de la importancia de la interacción y de la comunidad que hay que es irremplazable, no se puede reemplazar con otro tipo de prácticas.
Porque cuando hacés eso, te das cuenta que al otro lo tenés que sostener y el otro te sostiene a vos. Y eso me parece una metáfora muy importante para la vida misma, en comunidad de una sociedad.

Milton Arias (ph: Sofía Kors)
Milton Arias (ph: Sofía Kors)

En tus últimas ediciones musicales, has vinculado el nombre de la obra con el I Ching. ¿A qué se debe esta elección/decisión?

Lo del I Ching es porque mi vieja tiraba el l Ching, y un día estaba grabando, estaba haciendo mi primera incursión, grabando mi música, y me gustó mucho poéticamente. Es una fuente de inspiración, no lo tomo como un dogma, como una doctrina. Es poesía. No hay que darle más valor del que tiene, que es que puede ser muy inspirador, nada más. Y como mi orientación siempre fue producir música instrumental, no solamente, pero la gran mayoría de la música que produje es instrumental, muy poquita música con letra, me costaba mucho nombrar las composiciones sin que caigan en algo descriptivo. Algo descriptivo sería, por ejemplo, no sé, bueno, este es el bossanova en do menor, este es la zamba en siete por ocho, boludeces así, que no me gustan esos nombres, ¿viste? No es que tengan nada ni bueno ni malo, sino que a mí no me gustan. Me parece muy choto, o sea: decíme algo. Ya que la música no tiene palabras, pensá en algo que describa esa situación, qué sé yo, no sé. Entonces encontré ahí en el I Ching como una manera, una fuente de inspiración para nombrar las cosas. Eso nada más.

Estás presentando 02. La Falta. ¿Con qué se va a encontrar el oyente en el disco?

Es un trabajito que, sin ser pretencioso, me propuse el objetivo de que sea más conceptual, que no sea un disco de seis, siete canciones, sino que tengan una continuidad discursiva. Yo estoy muy contento, para mí es el mejor trabajo que grabé, pero siempre el último es el mejor. Y espero que siga siendo así, que el próximo sea mejor que este. Sí, estoy muy contento por el grupo que se armó, el compromiso que tuvieron mis compañeros, el talento que tienen, la banda es alucinante. Y con la banda con la que estoy tocando en vivo, que cambió algunos miembros, pero también gente muy talentosa y que toca muy bien, que interpreta muy bien la música. Y, estéticamente, nada, es un viaje, qué sé yo. Mi intención fue hacer un trabajo que te diera ganas de escucharlo de nuevo una vez que terminara. No me parece un trabajo largo, dura cuarenta y algo de minutos, porque generacionalmente estoy acostumbrado a escuchar discos largos y obras largas, no solamente discos con muchas canciones, sino música que a veces tiene cuatro movimientos, pero es de largo aliento y dura una hora, una hora y veinte. No me parece un disco largo, pero entiendo que con los tiempos que corren la gente dispone de menos atención. Pero espero que, aunque sea a alguien le haya funcionado así, que alguien lo haya escuchado de punta a punta, de principio a fin y le dieran ganas de escucharlo de nuevo una vez que termine.


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