Copia de Crónicas desde un país en recomposición (quatro)
Pablo Ramos Basta desde Brasil
Escuchar se ha convertido en mi principal actividad. Años de hablar y hablar, entre la radio y las aulas, para ahora dedicarme profunda y activamente a la escucha. Así aprendí a conectarme, a situarme, a enlazar mundos, a crear consciente y paciente el momento de expresar. En tiempos de saturación y aturdimiento andamos perdidos y desorientados, apurados para decir algo, para replicar, contestar, escupir palabras e imágenes, quedamos cansados de ver y oír a la distancia, y dejamos de escucharnos.

Marisqueiras
En el mangue, la tierra transpira y el tiempo no rola. La Maré, deidad anfibia, es una mixtura salada y dulce, barro y agua, peixe y ave, cobra é caranguejo.
No hay silencio si el cuerpo se dispone a la escucha: barulhos, barulinhos, voces y ruiditos; pequeñas epifanías sonoras que despiertan el encantamiento de quien atiende y se deja a-prender.
Marisqueiras, pescadores y ribeirinhos lo saben: el mangue fala en la lengua de la vida. Quien no escucha se pierde, se aísla, muere de a poco abducido por las sirenas de la civilización.
Sintonizamos, en tiempos de gestas íntimas y más que humanas, con un proyecto revolucionario. Las mulheres marisqueiras son nuestras guías para reconectar con el territorio: el mangue es la heterotopía viva que resiste a la urgencia de la certeza digital.
A Maré señala los ritmos, la acción y la espera, el ir y el volver, pero no hay reloj que fije ni cronograma que ordene. Es lo que tiene que ser, porque aquí todo está entrelazado con el todo.
Esto fui aprendiendo, en las excursiones al manguezal, en los talleres con las marisqueiras y en las conversaciones con el equipo interdisciplinario con el que estamos desarrollando el Proyecto MaréMundo. Juliana, cientista y artista visual, nuestra coordinadora, lleva casi 20 años trabajando con la comunidad. Hugo, reconocido a nivel mundial como un referente en seguridad alimentaria, médico guatemalteco, exiliado entre Brasil y Canadá, se mueve como pez en las aguas entre el grupo de mulheres y sus familias que acompañan cada acción. El resto, estamos ahí, enseñando para aprender, conviviendo en un lugar chiquito que se convirtió en un fuerte de la resistencia territorial. Estamos en las zonas bajas de la antigua ciudad colonial de Sao Cristavao, las periferias hundidas en la lama del pantanal. Aquí se sobrevive porque el Mangue sigue dando comida, y con un poco de suerte, algún excedente que vender en el mercado. Aquí son las mulheres las que se meten en las profundidades del manguezal, con un balde, un palito con su tanza y anzuelo, las que llaman a los aratus con sus cantos, las que incrustan sus brazos en el barro, las que adoran marisquear durante horas, escapando de la rutinaria escasez, la hipocresía de los machos y la sórdida errancia del trabajo moderno.
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Escola Pública
Mudar com a família, é um jeito complexo, mais vale la pena. La inserción de Gala en el sistema educativo de Brasil, el año pasado fue ótima. Pero en esta escala de mais tempo, decidimos experimentar con una escola pública, para darle continuidad a su trayectoria previa a la primaria en el Jardín Leda Valladares de Sierras Chicas.
La percepción que tenemos, desde hace mucho tiempo, es que la educación pública en Argentina está muy por encima de otros países latinoamericanos. A pesar de los golpes arteros, los ajustes necios, los desmanejos de las autoridades, la depreciación del salario de docentes, el estancamiento de las metodologías y los trayectos, la imagen es optimista, al menos comparativamente con la región. Sin embargo, sabemos de una decadencia sostenida y gerenciada por los gobiernos, y una gestión a pulmón de la comunidad educativa, padres y trabajadores, para que el declive sea más leve.
Agora, cuando acudimos a una humilde escola primaria del bairro, lo que encontramos fue algo más valioso de lo esperado. Y supera con creces lo que la escuela argentina podría ofrecerle a una familia migrante.
Fuimos un lunes a ver como era el sistema, que posibilidades tenía nuestra hija de ingresar, como era el ambiente y todas esas otras cuestiones, algunas sutiles otras dificultosas, que nos preocupan habitualmente a la hora de elegir una institución educativa.
El miércoles Gala ya estaba en un aula. En apenas dos días la burocracia administrativa despejó cualquier inconveniente y facilitó la incorporación. Le dieron dos juegos de uniforme, una mochila con carpetas, cuadernos, agenda y todos los útiles necesarios, todo gratis. Durante las cuatros horas en la escola, desayuna y almuerza con una dieta balanceada en base a alimentos que provienen de productores agroecológicos. La turma y las dos maestras por aula la recibieron amorosamente. Ela fala y comprende el portugues con una rapidez envidiable. Todo el tiempo está corrigiendo mi rústico portuñol.
Pai, assim não se diz.
Mientras va haciendo su recorrido nómada, una experiencia que sabemos enriquecerá sua vida, comparo con la situación en Argentina y creo que estamos mucho peor de lo que imaginamos, aferrados a un pasado con la melancolía de quién sabe que no hay forma de volver atrás, y que hacia adelante, en tanto en el futuro repliquen las campanas del neoliberalismo fascista, ese que entiende que educar es una cuestión que debe gerenciar el mercado y que abrir las escuelas a los migrantes es un crimen, lo que vendrá será ainda cada vez pior.
¡Explodem! Lula contra la maquinaria fascista
Despierto con la sensación única e irrepetible de que estoy en un país mejor, mucho mejor que ayer. Tengo un poco de resaca pero com um sorriso imborrable en un rostro machucado. Estoy en el Nordeste, se respira un cheiro de orgullosa identidad, terra vermelha y alma roja, porque aquí yace el fascismo.
Fue un mes en que el futuro de Brasil, donde vive más de la mitad de la población de América del Sur, estuvo en peligro. Y con la posible deriva hacia otro gobierno de ultraderecha, con el mapa de la región teñido de oscuros autoritarismos, la democracia, ya desgastada y manipulada, parecía herida de muerte.
Mais não, la contundente y épica victoria de Lula, reelegido por cuarta vez, colorea de rojo el horizonte y traza posibles vías para recuperar la mística y la eficacia política de las izquierdas latinoamericanas.
Han pasado apenas unas horas del resultado del balotaje, donde el PT consiguió aumentar su caudal de votos con más de 10 millones de electores. Suficiente para hundir al clan Bolsonaro en una debacle cobarde. Con pai Jair preso, irmão Eduardo fugitivo en el regazo de Trump, Flavio se quedó sin trabajo, sin inmunidad, derrotado y apuntado con un cúmulo de causas de corrupción. Por supuesto no será este el fin de los neo conservadurismos, ni de la injerencia norteamericana, ni del dominio de las corporaciones sobre las comunicaciones en las redes y los medios, pero si es un límite a esa avanzada que se autopercibe irreductible. Aquí el pueblo dijo, otra vez: ¡No pasarán!
Y fue un grito en las calles y en las redes, un coro empecinado en dar vuelta cualquier destino prefijado. Un pueblo que supo recomponer el amor, la solidaridad, la creatividad y la conciencia como valores insustituibles para la política. Pero no, solamente, como entidades discursivas, sino como pactos que requieren la presencia física, la conexión territorial, la empatía transversal, la acción combativa y la invención permanente. En apenas tres semanas se reconstituyó a partir de la derrota en el primer turno, eso que nunca debió perderse, la unidad y la pasión.
Mareas rojas invadieron todas las ciudades, soldados alistados para atacar en las redes, cohesión y organización para desplegar una táctica que era ocupar todos los espacios, materiales y virtuales, para llegar a cada rincón de este gigante geográfico, a cada ciudadano de esta población tan diversa. Si, metáfora de una guerra, porque en estos días heroicos todos fuimos parte de una batalla crucial contra una maquinaria brutal y cruel, que captura la dignidad y los sueños para re-convertirnos en esclavos y defensores de una realidad imposible de transformar. Brasil dio vuelta el juego, dentro de la democracia electoral, ahora tiene que orientar la disputa para que no vuelvan más los violentos vientos, y resurjan brisas jóvenes, alientos ancestrales y aires novedosos, que alberguen algo tan simple y necesario, sentir, pensar y actuar creyendo que si es posible, que el destino sigue en nuestras manos, en tanto seamos capaces de sostener el gesto y el compromiso de luchar.
El portunhol de los viralatas
Desde la práctica intensiva del portunhol que invoco y defiendo en cada conversa, como identidad fronteriza, errancia voluntaria y nomadismo guerrero, amplié las referencias a las voces orales, escritas y cantadas que se mixturan para destruir la inaudibilidad entre personas que habitan en los límites coloniales, abrazan la contaminación de las lenguas, la impureza gramatical, a través de la escucha y la lectura.
El portunhol literario cuenta con una genealogía de resistencia. Néstor Perlongher teorizó y practicó el portunhol como la jerga inestable del exilio, la lengua de la supervivencia, el desvío y el deseo. Perseguido por la dictadura por zurdo y puto, desde São Paulo creo poemas, ensayos, estudió y fue un relevante antropólogo de la UNICAMP, en un portunhol barroso, de barrio y trinchera, en lo que el definió como un ataque simultáneo a las dos lenguas pero para poder entenderse, hacer contrabando de sentidos, ingresar en un deslizamiento perpetuo.
Más tarde, el brasileño Douglas Diegues inventaría el portunhol selvagem como una fuerza poética y política cargada de guaraní, trama en la que también se inscriben nombres como Edgar Pou y Joca Reiners Terron.
Así llegué, mediante envío del amigo uruguayo Ernesto Donas, a la obra de Fabián Severo, nacido en 1981 en el confín de Artigas. Para Severo, escribir en el portunhol fronterizo de su infancia no es un adorno estético ni una pose vanguardista; es una necesidad existencial. Es la lengua de la casa, de la calle y del barrio, el dialecto en el que piensa, siente y recuerda a los suyos. Su literatura parte de la escucha como ética y como método: atender los rezongos de la madre, las conversaciones de los vecinos en la vereda y las canciones que sonaban en la radio. Un rescate de la memoria comunitaria de un pueblo abandonado que convierte la cicatriz de la pobreza y el dialecto bastardo en un gesto poético de resistencia.
El título de su obra autoficcional Viralata (Premio Nacional de Literatura de Uruguay 2015) es una declaración ontológica. El término viralata nació para designar al perro callejero y mestizo, aquel que vira o da vuelta la lata de basura para sobrevivir. El habla coloquial lo usó con desprecio para señalar a las personas de baja condición económica, y el dramaturgo brasileño Nelson Rodrigues acuñó en los años cincuenta el famoso complexo de vira-lata para describir el sentimiento de inferioridad frente al mundo.
Sin embargo, en un impecable ejercicio de reclamo y reapropiación, Severo invierte la violencia del estigma. Al asumir el insulto, el sujeto fronterizo desarticula el marco normativo que pretendía inferiorizarlo. El viralata deja de ser el desposeído para convertirse en el símbolo del mestizaje, el habitante de un entre-lugar que tiene todas las razas. La frontera misma se vuelve viralata: tiene el pelo lacio de un país y la cara preta del otro.
Tal como las mercancías cruzan los ríos por pasos no declarados, su escritura filtra el portunhol indócil en la literatura culta, cuela la oralidad en la página impresa e introduce la memoria de los nadies en el archivo de la nación. Entender la lengua no como un recinto sagrado y vigilado por aduanas académicas, sino como un puente nómade en permanente fuga. Las palabras, como los perros mestizos, no necesitan certificado de pureza para nombrar el dolor, el amor y el deseo. Es un acto de desautomatización que desconcierta al Gran Hermano Colonizador y reivindica una lengua sin dueño ni diccionario oficial. Frente a las fronteras levantadas por los imperios, el portunhol y la identidad viralata nos recuerdan que la mezcla no es una pérdida ni una carencia, sino una forma urgente, doliente y plena de existir en el mundo.
Los pibes sin calma
Tengo una compulsión por experimentar el nomadismo sonoro, tender puentes sensibles trazados con una arquitectura musical que hace pie en una orilla y otra, que convida a cruzar, a migrar a enredar raíces para crear novos jardines humanos. Esa es parte de mi religión. Ir y venir con las valijas cargadas de sonidos, de coreografías gestuales, de formas de escucha. En ese andar, entre el insilio serrano y el exilio brasileiro, siempre tiro la red en las aguas para pescar canciones, artistas, historias. Pero también como pescador artesanal, no extractivo, lo que tomo trato de devolver, de ejercer algún tipo de reciprocidad consciente.
Por isso, ademais de pesquisar en bares, radios, sites y recitales sobre a expresiones artísticas que a gente está ouvindo, voy preguntando a parceiros de la escucha profunda ¿qué músicas você conhece de Argentina? Y suele ser bastante decepcionante la escueta lista que lembran. Los clásicos for export y poco más.
Sin embargo en este último tiempo, detecté dos fenómenos musicales argentos que abarcaron públicos masivos en giras recientes por Brasil, produjeron reseñas sorprendidas y elogiosas, provocaron curiosidad para orientar los oídos hacia el sur.
Nada novedoso para quienes venimos asistiendo a ese recambio generacional que está ocurriendo hace varios años en el ecosistema discográfico, que no escapa a la plataformatización de las canciones, con su aplanamiento acústico y sus autopistas de viralización global, pero que aún así, bajo el dominio algorítmico, pueden generar versiones auténticas, disonantes y subversivas.
Me refiero, en particular, a Ca7riel, Paco Amoroso y Milo J., jóvenes representantes de una expansión artística impredecible, que hicieron pie en estas playas, cautivaron audiencias que suelen permanecer indiferentes a los artistas y las sonoridades latinoamericanas, y abrieron un horizonte de interés, una predisposición a escuchar além de lo que la poderosa maquinaria suele demarcar como frontera espacial y temporal para fijar sus cartografías del gusto.
La garotada, la galera rockera, la comunidad erudita, la prensa especializada y las redes sociales se sintieron interpeladas por las propuestas estéticas de ellos, se sorprendieron por la vastedad de su capital sonoro, por las trayectorias divergentes que confluyen en su estilo actualizado, por la actitud irreverente para desafiar el estereotipo del ser argentino.
Una música que invita a bailar sin dejar de pensar. Cuerpos dóciles que habilitan canales sensibles para liberarse de la normalización.
Según Pascal Quignard, oír deviene etimológicamente del verbo obaudire, que significa obedecer. Pero aquí opera una paradoja, en tanto que oír implica dejarse dominar por el sonido montado sobre ritmos y melodías, escuchar, con profundidad y atención, puede inducir a un estado consciente y situado, a una relación de emancipación, que no huye de la música, porque, a veces, la escucha puede ser obediente de la desobediencia.
Ese espíritu insumiso, que parece excomulgado de las liturgias musicales, aplanadas por el algoritmo y la mercantilización, se encarna en estos noveles atletas del arte.
Su paso exitoso y resonancia en varias capitales brasileñas vuelve a poner en relación de forma concreta y vivencial, aquello que la industria tolera con cierta aprehensión, estética y política, placer sensorial y praxis colectiva.
Milo J se posicionó desde sus raíces folclóricas en la identidad marrón, frente a la imagen exteriorizada de un pueblo blanqueado por la fuerza y la invisibilización eurocentrífuga, plantó bandera en el mestizaje latino, esa irreverente mixtura de tierra y cuerpos que las pantallas nunca podrán sintetizar, ni ecualizar.
En tanto, la magnífica dupla de pibes sin calma, militó en tiempos de apatía electoral contra el neo-fascismo, el racismo y el sexismo desde cada escenario material y virtual, con una divertida irreverencia, que repone aquella consigna que solíamos interpretar en los 90s, aunque algo invertida en el orden: ¡baile y luche!
La rompieron donde tocaron, se pusieron serios en entrevistas para hablar de lo que sucede en nuestros países asediados por las ultraderechas, reconocieron la trascendencia cultural de la música brasileira en sus trayectorias. Como no vi, ni escuché antes, se estrecharon en un abrazo fraternal con artistas, causas y públicos sin fronteras.
Las fotos son de autoría de Pablo Ramos Basta
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