O-Bri (Osvaldo Brizuela)
Un hombre sensible
Jackie Bini
En un repaso ligero de su bio, podemos decir que O-Bri es un compositor, guitarrista, cantautor, docente de guitarra y productor cordobés de vastísima experiencia. Un artista multidisciplinario, con variadas producciones musicales y audiovisuales.
Pero acercándonos más a Osvaldo Brizuela, reconocemos a un trabajador incesante de la cultura local, un referente para muchos profesionales y aficionados, un hombre con un gusto artístico exquisito, un permanente generador de proyectos y un alma sensible, que abraza y conmueve.

¿Cómo fue tu entorno familiar?¿Fue allí donde descubriste tu vocación musical?
Nací en Córdoba capital, en un entorno familiar de madre, abuela y tía costureras. Por eso amaba ver botones de colores, de formas especiales, los coleccionaba y luego se los regalaba a las personas que me caían bien, creo que intentaba compartir tesoros.
A la vez fue un entorno familiar muy rico en sonidos.
Mi padre era trompetista, de ahí escuché mis primeros discos de jazz; despertarse un domingo con una big band en el garage de casa fue mágico.
Mi tío guitarrista clásico y siempre la obra "Canarios" de Gaspar Sanz y "Guárdame las vacas" de Luis de Narváez escuchándose entre fotos de Narciso Yepes y Andrés Segovia.
Por mi hermano escuché rock, pop, y por el barrio, barrio Los Paraísos en Córdoba capital, escuché mucho cuarteto y folclore. Todo eso de alguna manera estimuló la búsqueda musical. Siempre estuvo esa curiosidad de jugar con los sonidos, desde muy niño, golpear tachos, sillas, cubiertos y escuchar la soledad encerrado en la habitación con la guitarra en la mano como amiga.
Desde pequeñito tuve un sillón hamaca que me regaló mi madrina de bautismo y desde allí acompañar la escucha de la música meciéndome en ese silloncito de mimbre, fue como estar en mi mundo. De alguna forma siempre necesité crear otros mundos desde el sonido, todo el tiempo.
¿Cuáles han sido tus diferentes etapas de formación musical?
Inicié mi aprendizaje con el maestro Castro, que vivía al frente de casa. canciones de folclore como Copas del valle, Carpas de Salta, Luna tucumana, Piedra y camino, algún rasguido doble en las mañanas de invierno en ese garage helado, mañanas de teoría y solfeo…
De adolescente comencé con la música clásica en la guitarra, pero iba y volvía, me costaba la disciplina, mi tío y su paciencia; aprendí que la mano derecha podía ser una orquesta que me ayudara a contar historias.
Quise aprender trompeta y cuando mi viejo salía de casa, a escondidas intentaba algún sonido, pero finalmente me enganché más con la guitarra y esa deuda pendiente siento que la saldé con los años, al tocar guitarra sintetizada con un timbre similar a la trompeta, algo del mundo de mi viejo visité.
Estudié un tiempo en Collegium, cuando Collegium recién comenzaba.
Ahí llegó mi primera obra, "Miyomo, breve historia de largos días", una obra que de alguna manera compuse, invitando a profes, alumnas, alumnos a ser parte, una experiencia de pantomima, puesta y música, evento que sin duda marcó mi búsqueda.
Después escuché a la Big Band de la Colmena, en el año 86, 87 por ahí, y quedé impresionado, quiero estar ahí me dije. Me di cuenta que eso era lo que quería, tener una formación en música popular, no solamente clásica. Después formar parte de la Big Band de La Colmena fue algo muy maravilloso, con mucha magia, conocer a Oscar Pato Pedano como director, al maestro Luis Lewin, a mis queridos maestros Daniel Corzo, Horacio Burgos, que tanto me enseñaron…
¿Cuáles fueron tus primeras presentaciones? ¿Qué género abordabas?
Las primeras presentaciones fueron con una banda de amigos y músicos que admiro, Darío Iscaro en guitarra, Sergio Audisio en flauta, Juan Herrera en flauta y Claudio Duverne en teclados. Recuerdo la primera presentación en un bar del Paseo de las Artes aquí en Córdoba capital y fue algo maravilloso. Yo no podía creer que por fin estaba haciendo lo que amaba y lo podía mostrar.
El género que abordaba siempre fue como un género indefinible. Era como sacarle instantáneas, como fotos, a lo que el alma dictaba. Entonces se mezclaba el jazz con el rock, con el pop, con la canción, con lo experimental, con el arte sonoro, la música clásica, la fusión de la época, y la frase que siento que me salvó "Ser original es volver al origen" y allí comenzar a aceptarse.
Has formado y también fuiste parte en distintos proyectos colectivos.
He tenido y participado de múltiples formaciones, Cielo de Judas, Té con Orangutanes, Dream Jazz, Falla de Origen, Real Time, No Tune Up, ABCDE, Faltan grises, Toys, música con juguetes, obras multidisciplinarias como El niño cíclope, Ausencias.
A la vez, tu trayecto solista es muy rico y extenso.
En mi carrera como solista la canción manda. Contar una historia en tres minutos y tratar de universalizar lo singular de la experiencia de la canción, que la gente pueda escuchar y sentirse identificada, es algo que me sigue maravillando y me hace explorar mi propia alma. Soy autor, compositor, inquieto. Disfruto tanto de componer como de interpretar la obra, pero me gusta mucho la cocina, sentir y llegar a plasmar, y cuando después veo lo que plasmé y me emociona digo, bien, vale la pena, sirvió. Me parece muy importante eso.
¿A quiénes consideras tus referentes?
Varios. David Bowie, Bjork, Kate Bush, David Lynch, Tim Burton, Spinetta, Pat Metheny, Bill Frisell, Bill Evans, Juampy Juárez, Charly García, Cortázar.
¿Has incursionado en la literatura también?
En cuanto a libros editados tengo uno solo, Ahídaluz, libro de cuentos y breves relatos, muchos textos escritos en largas caminatas terapéuticas para calmar ansiedades de aquellos días.
La docencia ocupa un lugar central en tu vida profesional. ¿Desde cuándo sos profe y cómo es en la actualidad?
La docencia es muy importante. Amo acompañar a que las personas, en este corto tiempo que es la vida, se animen a ser lo que vinieron a ser. No me gusta la palabra docente, ni maestro, ni profesor, ni alumno. Me gusta sentirme un humano que acompaña a humanos a que se animen a ser lo que desean.
Desde ese lugar di clases desde muy chico, a los 19 años empecé, y después en La Colmena, desde fines del 89 hice una suplencia y en el 90 ya quedé como efectivo. No puedo creer la cantidad de años que pasaron acompañando a muchos guitarristas y artistas. Algunos hoy están en grandes escenarios.
También en la Improvisación para Vocalistas, materia que doy en La Colmena Escuela de músicos, en los Talleres de Canción para la Universidad de Villa María, en las producciones para otros artistas, disfruto esa intención de acompañar procesos.
¿En qué proyectos estás en este 2026?
En este 2026 estoy en seguir haciendo mis canciones y compartirlas.
Tengo varios trabajos editados, que se pueden escuchar en mi canal de YouTube, en Spotify y en las demás plataformas digitales.
Acabo de lanzar un EP, "El sentido de lo que existe", ese título tiene que ver con creer que muchas veces la magia no está en crear algo nuevo sino en encontrarle el sentido a lo que ya existe, que lo que existe haga eco en el alma de cada uno, como si uno fuera un vitral que refleja los colores. Ahí está la magia, en encontrar el sentido de lo que nos rodea, un abrazo, una flor, un paisaje, una mirada.
También tengo otro EP para lanzar en estos meses, junto a Celina Luna, cantante de Villa María, música que es una experiencia más bitonal, instrumental y con voz.
¿Hay un género musical en el que te sientas más cómodo?
Me siento cómodo en el jazz contemporáneo, en el arte sonoro, en las canciones, en lo experimental, en hacer música de película, como cuando hice la música para "Sobre las nubes" film de María Aparicio o para las obras teatrales "El Infierno" y "Los Pecados de Shakespeare" con dirección de Cheté Cavagliatto.
¿Cómo te defines como artista?
Si tuviera que definirme como artista, diría que soy, ante todo, un ser humano sensible que no se conforma con el mundo tal como se ve o me lo describen y que necesito transformarlo —aunque sea por un instante— a través del arte, creando nuevos espacios habitables.
Aún la frase que siendo un niño le dije a mi vieja; "Mamá, me duele el mundo" cobra sentido cuando necesito contar este mundo, de otra forma, una y otra vez.

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