No ir ahí

10.10.2026

Tres puntos sobre los Relatos reunidos (Interzona, 2026) de Sergio Bizzio


Diego Vigna



1

Intento asumir con esto una tarea inútil, que no me salió antes de tan literaria que es: explicar, con mi escritura, la escritura de Sergio Bizzio, utilizando como excusa la publicación de sus Relatos reunidos. Leo a Bizzio desde comienzos de este siglo y, por lo que tengo entendido, es la primera vez que un volumen con su firma compila textos de libros anteriores. Quizás eso solo justifique este comentario pero, como todavía me gustan las cosas hechas por personas humanas, me largué al intento de poner en palabras por qué su "procedimiento" me parece distinto, o al menos original (las comillas son por vergüenza). También podría decir que lo distinto u original es su narrativa, en general asociada al ritmo, el oficio, el humor, lo fantástico, la realidad distorsionada; denominaciones que suelen aparecer en las reseñas y que, en suma, ya se acercan a una costumbre. Creo que la originalidad de Bizzio va más allá de su narrativa (es decir, de una prosa que secuencia acciones en un determinado orden, respetando o subvirtiendo convenciones): hay algo en su forma compositiva que convierte a la escritura en Una Sola Cosa (gran tema de Spinetta), sin reparar en los géneros o registros con los que discute o coquetea. Incluso esa forma compositiva, sobre todo en los últimos años, quizás vaya más allá de la literatura, y también tenga que ver con las pinturas y los collages que produce solo y con otros artistas.

Por lo pronto (entonces), no habría ninguna necesidad de hacer esto. Nadie pide explicar lo que hace Bizzio con su escritura, y menos que menos él. De hecho, si algo enseña su obra es que cualquier intento de sistematizarla no debería ser más que un gesto pretencioso, sobrante, hasta masturbatorio para las buenas costumbres de la profesión. Aun así, la autosatisfacción impera, sobre todo en la literatura, y el volumen de los Relatos reunidos, que se solapa con la aparición de otro libro (La primera vez que escuché reggae, publicado por RHM), creo que debe ser pensado como un acontecimiento. Hasta el encuadernado lo dice: tapas duras y engomadas, y esquinas romas, que materializan el cruce de textos publicados a lo largo de 22 años, si no calculo mal, y que toman como casos más "viejos" dos cuentos de Chicos (2004): "Magia" y "Un amor para toda la vida".

En los Relatos reunidos se mezclan textos largos, medianos, breves; con mayor o menor distancia de eso que malamente solemos nombrar como realidad o, mejor dicho, con distintos modos de irse del realismo, o de explotarlo por dentro (entre paréntesis, recuerdo un comentario que hizo Carlos Schilling durante un podcast que compartimos sobre la novela Rabia [2004]: dijo que los acontecimientos, en Rabia, no es que están en el orden de lo fantástico, sino que están fuera de orden). Eso es lo primero que sucede con esta reunión de dos décadas de textos. La sensación de estar, desde el comienzo, fuera de un orden que sin embargo nunca se extraña. Entre los textos más breves del índice aparecen los que fueron publicados en En el bosque del sonambulismo sexual (2013); entre los más extensos, alguno que incluso fue editado por separado, como "Un amor para toda la vida", y otros como "Viaje al único" y "Estancia", que compusieron el libro Dos fantasías espaciales (2015).

De modo que estos Relatos reunidos están hechos de una suma variopinta de ¿qué? ¿Cuentos, novelas cortas, relatos, prosas? Esa es otra de las preguntas que surgen al leer, y que intentó responder Francisco Garamona en alguna contratapa de su editorial. Él llamó "piezas" a estas entidades, y sostuvo que las historias de Bizzio comienzan simplemente porque tiene que haber algún comienzo, y que se multiplican sobre la marcha, evolucionan en espiral, y se esfuman muchas veces sin concluir o sin redondear un final. Sobre el índice, me divierte imaginar el criterio que utilizó para seleccionar y ordenar las piezas: el volumen abre y cierra con dos textos de Bongo fury (2022), pero están los mencionados de Chicos, con más de dos décadas, y entre medio los que formaron parte de Dos fantasías espaciales, En el bosque del sonambulismo sexual, La pirámide (2019), La conquista, Iris y Construcción (2019), y hasta un texto que quizás sea inédito porque no lo encontré en ningún lado: "Perdición". Un orden nuevo, fuera de cualquier lógica lectora esperable. ¿Hubo, en ese nuevo orden, algo de lo que viene experimentando con su obra plástica? ¿Una forma de montar, mezclar, adicionar o alternar porque sí? No tengo idea, pero también me divierte pensar que el índice de los Relatos reunidos huele a una selección de piezas por vía sincrética, orientada por la experiencia revivida de las frases más que por la unidad temática, la sucesión cronológica o la búsqueda de una regularidad. Algo parecido al lugar que puede ocupar la imagen en desmedro del sentido. Algo que se traslada, a su vez, a lo que pretendo explicar, y entender, sobre la escritura.


2

Creo que la originalidad de la ficción de Bizzio se apoya en eso que con vergüenza llamo procedimiento (no sé qué otro nombre ponerle). Y ese procedimiento se apoya en crear ejercicios especulativos que sean lo más desafiantes posible. El motor de la escritura parece una provocación incesante: apretar, aflojar y dejar aflorar la relación que las personas y las cosas pueden tener con uno y mil entornos, casi como si Bizzio tensara una y otra vez una cuerda fabricada por él mismo, sin ningún tipo de certeza sobre cómo fue que la fabricó, con qué materiales ni con qué grado de resistencia. Para ilustrar mínimamente esto basta con trascribir las primeras frases de sus piezas/textos: "Todo lo que deseo se cumple." ("Todos los deseos"). "—Yo leo el pensamiento —dijo Julián." ("Magia"). "La mayoría no estaba de acuerdo conmigo. Para ellos Lisa no era la chica más linda del pueblo." ("Un amor para toda la vida"). "Al departamento de al lado se mudó un escultor. ¡Y trabaja ahí!" ("La escultura"). "Cuando yo era un niño mi abuelo invadió China. Él, más un ejército de 50.000 hombres." ("La conquista"). "Ariel volvió de Marte a principios del verano." ("El regreso"). "Después de décadas de trabajo, año tras año y tras año, cada uno de ellos con sus días y sus noches y sus fieras y sus 'sus', logré entrar en mi mente." ("Se va armando"). "'Ya es hora de volver al resentimiento, de donde nunca debí salir', se dijo el monje (aunque no era un monje) y abandonó el templo." ("El cuerpo"). "La única manera de llegar al único planeta en el que la especie humana podía vivir (y está bien dicho 'manera', ya que en las últimas décadas se había resuelto absolutamente todo lo demás) era con un plan, más que con una tripulación; el viaje llevaría trescientos años." ("Viaje al único").

Esto es un pequeño muestrario de la exploración permanente sobre lo que puede hacer una frase. Si algo cruza a estos Relatos reunidos (como destilado de toda su literatura) es la convicción de que la frase, al servicio de la narración, es capaz de borrar todos los contornos que la crítica pretende hurgar, como la recurrencia de un género, o el funcionamiento de un mecanismo lógico/ético, o el resultado mismo de lo que un texto propone. En la búsqueda de la forma de la frase hay algo que excede a las acciones, a cualquier premeditación sobre cómo se articularán escenas, problemas, subjetividades, y que tiene que ver con los posibles sentidos y sonidos que cada una de esas "unidades" le imprime al texto. Una forma poética que compone la prosa, y que pervive en el gesto de universalizar el contenido que la frase puede poner en juego en medio de otras frases (con las que baila). Esto no es nuevo en su narrativa, aunque parezca acentuado en los últimos libros. Ahora entiendo que Bizzio siempre puso esto arriba de la computadora. Tampoco me gustaría llamarlo "estilo", para evitar la romantización: es una poética que encastra sus elementos gracias a la gracia especulativa; es una gracia que se explica por ese uso de la lengua y de la sintaxis.

Entonces, la escritura parece impredecible (y lo es), pero el punto cero del narrar (la forma en que amanecen los textos) da cuenta de una constante: cómo seguir. El desafío de Bizzio se pregunta siempre cómo seguir. No adónde seguir, o hacia dónde ir; no es sólo eso. El asunto es el cómo. La forma por encima del destino. El destino de las tramas parece siempre cuestionado por voluntad estética y política: después de haber leído casi toda su obra, la mirada panorámica que me otorgaron estos Relatos reunidos me sirve para ensayar respuestas. ¿Dónde está la clave estética, en la escritura de Bizzio? En la decisión de no ir ahí. Y ¿dónde está la clave política, en la escritura de Bizzio? En esa misma decisión de no ir ahí. Se me aparece algo spinetteano (ya que lo invoqué antes), en el sentido de querer correrse siempre de lo que el ojo oidor prefigura, y en no gastar un ápice de energía en abordar el vínculo solemne con la trascendencia. No hay dirección esperable, no hay secuencia iluminada de acordes; hay infinitos matices en el devenir de lo que sugeriría el normal transcurso de las cosas. La escritura dice, al mismo tiempo, que no es ahí, y que todas las posibilidades pueden ser al mismo tiempo.

Otro ejemplo puede verse en lo que hace Bizzio con las naves, los platos voladores, los marcianos y toda entidad por fuera de lo tangible o lo terrestre. Presencias que insisten en este libro de pe a pa, casi siempre como elementos centrales, y que también han sido centrales en otros: Planet (1998), En esa época (2001), Gravedad (1996), o los versos de El abanico matamoscas (2002). Mi sospecha es que esas insistencias al margen de lo tangible buscan hacernos saber que, en (la) realidad, no hay nada extraordinario. Y que no podría haberlo. Y que, además, si la literatura pretende inflar su pompa en torno a esas posibles ramificaciones de lo raro o de lo fantástico, buscando el tan mentado "extrañamiento", entonces terminará pecando de ingenua.

Si algo repele la escritura de Bizzio es la ingenuidad y la solemnidad, y por eso en sus piezas/textos no hay una sola rendija por la que pueda filtrarse una reflexión sobre "el objeto", el problema narrativo, o una sutil gestión del énfasis. Lo que hay son frases, una detrás de otra, que construyen una trama y que buscan convencernos de que no existe nada extraordinario en la composición del vínculo con la realidad porque todo, desde su origen, está patas arriba. Esto tampoco quiere decir que no exista la posibilidad de lo extraordinario; en sus textos no está obturada. Se sugiere en todo momento, en cada detalle, en cada "escala material". Digo esto porque lo extraordinario, en la construcción de sus puntos de vista, reside en lo más profundamente nimio y humano que se pueda encontrar. Por eso mi hipótesis es que no existe, en rigor, nada extraordinario en su escritura porque, a fin de cuentas, no podría existir, si las mentes y los estados de percepción son (como efectivamente son) capaces de cualquier cosa.

      Había sido un día de lo más agitado. El cansancio, sumado a lo extraordinario de la        nave en el cajón de la mesa de luz, hacía que los hechos se le aparecieran                         alternativamente como imposibles y verdaderos. Imposibles cuando cerraba los ojos,       verdaderos cuando los abría. Así pasó la noche. [Del cuento "La mancha", p. 239]


3

Dejo para el final la certeza de que los finales de los Relatos reunidos también pueden leerse en esa clave, desentendidos de cualquier intento de crítica (en el sentido más convencional y acartonado de la crítica, es decir, buscando que la letra encaje). Garamona también le dedicó algunas palabras a esto, diciendo que estas piezas "no necesariamente concluyen". De algún modo es cierto. Podría decirse, incluso, que los textos a veces parecen mal resueltos, o haber sido víctimas de la desatención, el cansancio o vaya uno a saber qué otra pasión de la mente. A veces los relatos simplemente se apagan; a veces culminan en medio de un largo y ensimismado monólogo, como en "La propiedad" (recuerdo, ahora, otro maravilloso final monologado en el cuento "Malcom", del libro Chicos, no incluido en este volumen). Y también los finales pueden replegarse para volver a la raíz del procedimiento, desde la más pura contradicción, como quien limpia el hacha para volver a usarla. Los finales, a veces, vuelven a renombrar el desafío. Otro desafío posible después de haber saldado el inicial.

Leer los Relatos reunidos me sirvió para poner en estado panorámico una conclusión bicéfala, en apariencia contradictoria como algunas de las tramas. Por un lado, confirmar que la obra de Bizzio es tan estimulante como formadora, en el sentido de que ese modo de birlar los límites de la escritura no puede llevar a otro destino que a pensar cómo uno podría ser capaz de birlar sus propios límites. Por otro, confirmar que su escritura es imposible de copiar. Una escritura original en su máxima impureza: un negativo, revelado por el autor, que sólo puede reproducir el autor, es decir, quien le hizo estallar sus moléculas. Si se intenta replicar alguno de sus yeites, el patetismo acecha: se frota las manos, achina los ojos, asoma apenas la punta de la lengua.

Si casi siempre, en el juego de la literatura (si no siempre), leer es leer, para Bizzio escribir es prescindir de la cursiva. Escribir es escribir una frase detrás de otra, hasta que el juego recomience. Inscribir, primero, la frase que merece cerrar el paso de lo usual, para intentar abrirlo después en dosis libres y desproporcionadas: lo común como un tic indiscernible de cualquier otra cosa que se pueda imaginar. Y entre toda esa masa expansiva, lo que sintetizó Eddie Vedder en una hermosa canción de Pearl Jam, aquí en traducción propia: "sé que nací y sé que habré de morir/ lo que está en el medio me pertenece".





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