Sombraitoro, la banda sonora del sur de Punilla
Cuando late el pulso musical de las sierras
Santiago Pfleiderer
Ahí donde se encienden los fogones, donde se habitan los patios descalzos, donde los mates y las botellas giran alrededor de un fuego, Sombraitoro despliega un arsenal de amor atómico en forma de canciones que nos conectan con nuestras luces y sombras. La banda del sur de Punilla brota con la lluvia para recordarnos que encontrarnos –todavía- es sentirnos vivos.

Los días de verano pueden resultar sofocantes y más, sobre todo cuando el cuerpo se calcina en el cemento de las ciudades. Entonces no cabe otra opción que la de armar la mochila y escaparse a cualquiera de los hermosos rincones que ofrecen las serranías cordobesas a muy pocos minutos de la ciudad capital.
El arte no se puede disociar de ciertos espacios físicos. Todos somos fácilmente localizables en algunos lugares que nos identifican. Nunca faltan esos reductos con buena música, tragos frescos para el calor y tragos calientes para el frío. Nunca faltan las amistades y las buenas charlas. Son un refugio, nada más, cuando la calle quiere expulsarnos de sus veredas.
Pero cuando la ciudad se convierte en un perro malo -de esos que buscan morder los tobillos- no queda más remedio que buscar nuevos rumbos. Hay días en los que la ciudad asfixia, cachetea, te tira de las orejas, del pelito de la nuca. La gota gorda en la frente es señal de que necesitamos un respiro, de que tenemos que ensuciarnos un poco los pies y mirar el cielo que las luces anaranjadas no nos dejan ver. Pero, por suerte, la ciudad nos ofrece una autopista cercana que es el canal irremediable a destinos de contemplación y alivio.
Saliendo por la antigua ruta que une a Carlos Paz con Traslasierra, más allá del lago y de los pequeños cerros pero antes de las Altas Cumbres, existe una mágica comarca que los mapas modernos han denominado como el sur del valle de Punilla. Estas tierras de cerros dorados, de ríos de cobre y de cielos volcánicos nos convocan al viaje místico por los pasillos de nuestras fantasías hacia esos rincones que sólo existen en las amarillas páginas de los libros olvidados bajo el acero de la industria y el ritmo vertiginoso de los relojes.
Imaginen un lugar donde las curvas se pierden en los calurosos montes de espinillos, algarrobos, chañares y quebrachitos, donde los pinos también se erigen en el pedestre paisaje incendiado por la tarde. Los ligustros y los paraísos van dibujando la silueta de los ríos iodados por los misterios de las sierras altas. Desde sus fauces se desprenden arroyos y ríos que forman la lengua de iodo capaz de curar –o al menos de aliviar- los males del mundo.
Más allá del lago, donde el valle se termina para dar comienzo al sinuoso camino de montaña, existen lugares para disfrutar de las sombras y del viento que baja desde los viejos cerros, corriendo por la larga y serpenteante cuenca del viejo río San Antonio. Las pircas y los espinillos nos recuerdan que esas tierras fueron de hombres vestidos de cueros que aprendieron a volar junto a los jotes y a los cóndores.
Pero cada lugar tiene su banda de sonido, y las canciones que identifican al sur de Punilla vienen de la mano de un grupo más serrano que la peperina: Sombraitoro, una banda de reggae, reggae serrano y chuncano -como lo definen sus integrantes-, funk, rock, y canciones que trascienden los géneros.
Sombraitoro es una banda que tuvo sus orígenes allá por los años noventa cuando Magú Appella junto a Raúl Pandolfi, Diego Lucientes, Pablo Perazolo y Lucas Ramírez decidieron hacer una banda de reggae que fusionara sonidos latinoamericanos denunciando los abusos del neoliberalismo; esta formación grabó un disco titulado Colectivo al Infierno. Luego, el proyecto quedó en pausa y, años más tarde –allá por 2007- resurgió con una reformulación tanto en su formación como en su búsqueda sonora.
Ya compuesto por Magú Appella (guitarra y voz), Nacho Appella (bajo), "Rama" Zárate Gigli (cello), Diego Sánchez Galeassi (batería) y Gonzalo Altamirano (guitarra), Sombraitoro comenzó a desarrollar una carrera sostenida en el tiempo que le daría tres discos: Reggae Chuncano (2010), La Magnífica Puesta en Escena del Universo (2014) y Siete (2019). En 2020 lanzaron un sencillo titulado "Tardará Generaciones".
Con el paso de los años la formación volvió a modificarse, incorporando a coristas y a otros músicos. Actualmente la banda está integrada por Magú Appella (guitarra y voz), Nacho Appella (bajo), Gonzalo Altamirano (guitarra) y Diego Sánchez Galeassi (batería).
Desde San Antonio de Arredondo, Mayú Sumaj, Icho Cruz y Cuesta Blanca, toda la mística ancestral de las sierras cordobesas se complementa con un sonido arraigado a la tierra y, a la vez, abierto al cosmos. Reggae, funk y aires de música folklórica y latinoamericana se nutren de una poesía genuina y vernácula con alto contenido social, y con todo el sabor del aire de las alturas y la frescura del río viejo.
Los tres discos de la banda desarrollan un universo conceptual de dimensiones profundas y filosóficas donde la identidad inicial del reggae es ampliamente superada. No se trata de una búsqueda experimental forzada, sino de una integración sólida y de la excelente implementación de matices musicales de la América profunda y ancestral, el folklore, la cumbia, y buenos coqueteos con el funk y otros brotes de la música negra.
El nombre de la banda proviene de un arbusto que es de una belleza y de características muy particulares, y que se localiza en las sierras de Córdoba cuyo nombre es Sombra de Toro o Peje, y es utilizada desde tiempos inmemoriales para curar trastornos digestivos, heridas y afecciones vinculadas a la piel. Una planta medicinal que, como la música del grupo, sana desde lo profundo.
Como muchas propuestas musicales que abundan en estas tierras, y que logran sobrevivir a la erosión del tiempo, a las tecnologías y a los malos gobiernos, Sombraitoro es de esas bandas que nos demuestran que hasta las etiquetas más prefijadas y establecidas resultan pequeñas, y hasta inútiles. Reggae Chuncano es la denominación del género que esta banda realiza, según sus protagonistas. Chuncano, en este caso, denota un sonido con tintes acústicos pero psicodélicos y profundos, olor a madera, a tierra vieja, piedras y espinillos.
Sombraitoro es una banda de músicas y de sabidurías ancestrales. Sus canciones encierran el tiempo y el paisaje: mica, amor seco y ríos iodados. Revisan una historia de injusticias olvidadas, un presente inconforme y un futuro de hermandades. Son, también, el fresco murmullo del río, un mapa de memorias colectivas y el vuelo majestuoso del cóndor.
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La banda se presentará el viernes 20 de febrero en el CCCA (Centro Comercial a Cielo Abierto) de la localidad de San Antonio de Arredondo, para quienes anden paseando por las sierras. La ubicación es sobre la costanera del río San Antonio, Avenida Cura Brochero sin número (Ruta 14) a la altura del puente peatonal. El evento comenzará a partir de las 20 horas y habrá foodtracks y atracciones variadas, además del show de Sombraitoro y su arsenal de amor atómico. Encontrarse es vida.
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