Sueños

10.09.2026

Luis Eliseo Altamira


Luis Buñuel
Luis Buñuel

Sobre el final de su vida, Luis Buñuel decía que si le dieran la gracia de vivir veinte años más, la aceptaría con la condición de soñar veinte horas diarias y disponer de las cuatro restantes para recordar lo soñado. Porque el sueño, aseveraba, solo existe por el recuerdo que lo acaricia.

Digna de un corto cinematográfico (de un dibujo animado de Looney Tunes) era la pesadilla con el tren, que el aragonés soñó cientos de veces. "Voy en tren - nos cuenta -. De repente, el tren entra en una estación y se para. Yo me levanto para estirar las piernas por el andén y tomar una copa en el bar de la estación. No obstante, soy muy precavido, pues he viajado ya muchas veces en este sueño y sé que cuando ponga el pie en el andén el tren arrancará bruscamente".

"Pongo lentamente un pie en el suelo - prosigue el cineasta -, miro a derecha e izquierda silbando para disimular, el tren está quieto, otros viajeros bajan tranquilamente, entonces me decido a poner el otro pie y en aquel momento, ¡zas!, el tren sale disparado como una bala de cañón. Y, lo peor es que se ha llevado mi equipaje. Largo un buen insulto, me he quedado solo en un andén que se ha vaciado de repente y me despierto".


Osar Niemeyer
Osar Niemeyer

Con el espectáculo escultural de los edificios destinados a los tres poderes erigidos en amplios espacios vacíos, y las manzanas de 400 metros cuadrados en las que se privilegiaba el espacio público, Oscar Niemeyer y Lucio Costa materializaron la imagen del Brasil del futuro, de país posible que tenía la generación del treinta. Para el primero, todo terminó el día de la inauguración de Brasilia, el 21 de abril de 1960: "No subí al palco de las autoridades. Me quedé con los peones que habían construido la ciudad en la que no podrían vivir. El mundo soñado era imposible. Dejábamos de ser iguales"

La arquitectura puede dar la alegría y la maravilla que provoca la forma bella, pero - creía el gran arquitecto brasileño - no cambia la vida de los hombres. "La arquitectura no tiene ninguna importancia. Lo importante es la vida, los amigos, la mujer amada y la necesidad de luchar para cambiar este mundo injusto". En la pared de su estudio había escrito un grafitti con su puño y letra, que decía: "Cuando la vida se degrada y la esperanza huye del corazón de los hombres, la revolución es el camino a seguir".


El documentalista chileno Patricio Guzmán participó como fotógrafo y cineasta de la Unidad Popular, tanto durante la campaña que llevó a Salvador Allende a la presidencia, como a lo largo de su gestión. Prisionero en el estadio nacional de Santiago tras el golpe de estado del ´73, al documentalista lo animaba un solo deseo: salvar el celuloide que contenía la prueba del sueño despierto que había vivido con Allende. "Salí al exterior con esas bobinas - relata Guzmán en su documental Salvador Allende - y cuando terminé la película (La batalla de Chile), entré al exilio".

Durante el largo tiempo que permaneció fuera del país, el director chileno fue cayendo en cuenta de la incidencia que había tenido Allende en todo ese proceso histórico, y quiso saber, entonces, quién era ese hombre y cómo se podía ser demócrata y revolucionario al mismo tiempo. Con ese propósito regresó a Chile en 2003. El documental Salvador Allende comienza mostrando lo poco que, del ex presidente, se podía ver en el país trasandino por entonces: una billetera de cocodrilo con dos cheques dentro, una funda para anteojos con sus iniciales, su carnet del Partido Socialista y el ensangrentado lente izquierdo de los anteojos que llevaba puestos en el momento de volarse la cabeza.

"El poder cultiva la amnesia - apunta Guzmán - pero el recuerdo emerge". Víctor Rey, ex ministro, amigo personal del ex presidente y testimonio de una calidad humana excepcional, comienza hablándonos de la influencia del abuelo Ramón Allende (creador de la primera escuela laica de Chile) en la orientación política de Salvador. Sergio Vuskovic, ex alcalde comunista de Valparaíso durante su gestión, estima que, por encima de todo, Allende era un hombre que creía en los tres valores de la revolución francesa. Niega que haya sido marxista en el sentido clásico, aunque, reconoce, compartía con esta teoría la preocupación por los trabajadores y los pobres y la idea de igualdad. "Y lo que sí no era - remarca Vuskovic -: leninista; ya que no aceptaba el rol del partido único del gobierno y el concepto de dictadura de proletariado".

Allende, recién recibido de médico, tomó contacto con la pobreza y la ignorancia en los hospitales. Co fundador del Partido Socialista, dirigió la campaña presidencial del tercer frente popular que hubo en el mundo, presidido por Pedro Aguirre e integrado por marxistas, socialdemócratas y cristianos. El mismo Allende se candidateó por primera vez a la presidencia en 1952, con tan solo 44 años. Salió a recorrer el país en tren con el lema "A todo vapor con Salvador". El documental muestra cómo fue conociendo entonces, y enamorando (como dice Ernesto Salamanca, un ex militante de la Unidad Popular) a buena parte de los chilenos.

Había convencido a la izquierda que llegando al poder por la vía electoral era posible poner en marcha una transición al socialismo (léase, estatización de fábricas y empresas monopólicas, nacionalización de los recursos estratégicos, reforma agraria, etc), respetando las libertades públicas, tolerando las ideas y dominando la violencia interna y las amenazas externas de los sectores de la burguesía que serían perjudicados por dicha transición. Allende fue cuatro veces candidato a presidente y otras tantas a diputado y senador. El 4 de diciembre de 1970, después de veinte años de campaña, ganó las elecciones. No tuvo la mayoría absoluta, pero en Chile no había segunda vuelta.

Edward Korry, entonces embajador de Estados Unidos en el país trasandino, cuenta en el documental que el presidente Richard Nixon le ordenó a la CIA la tarea de impedir la asunción de Allende. Antes de que el congreso ratificara en su cargo al presidente electo, el general René Schneider, el principal apoyo que aquél contaba en el ejército, fue asesinado. Una ola de indignación recorrió el país. Finalmente, Allende asumió. Ese día, recuerda y muestra en imágenes Guzmán, la sociedad entera parecía estar en un estado amoroso.

Allende cumplió su programa de gobierno: en un año estatizó fábricas y empresas, y nacionalizó la banca, el salitre, el acero, el carbón y el cobre. En el país reinaba una gran prosperidad. Justo al cumplirse los 365 días de la asunción, Fidel Castro visitó Chile, conmocionando a buena parte de la sociedad y escandalizando aún más a la derecha. La primera gran reacción de esta última llegó en octubre de 1972: la huelga patronal en la que 70.000 camioneros y miles de colectivos dejaron de circular. Se agotó el combustible, hubo falta de alimentos y algunas materias primas no llegaron a las fábricas. "Fue - dice Guzmán - el primer paso de la estrategia de masas de la burguesía". Para calmar los ánimos, el presidente nombró al general Carlos Prats ministro del interior y puso a dos militares más en su gobierno. La huelga fue suspendida. La izquierda más radicalizada le reprochó a Allende estar apoyándose más en los generales que en los trabajadores.

En las elecciones de marzo de 1973, la Unidad Popular recibió un nuevo respaldo de un amplio sector de la sociedad, al alcanzar el 43,4% de los votos. El 21 de mayo Allende rindió cuentas de su gestión en el congreso. La derecha, con su ausencia en el recinto, y la democracia cristiana, con su actitud separatista, muestran en el documental su adhesión a la estrategia del derrocamiento. En junio se produjo la sublevación de un regimiento (Guzmán y su equipo registraron el levantamiento; se ven las imágenes del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen filmando su propia muerte (a cargo de un militar que le apunta y dispara)). En las fábricas, los obreros aguardaban impacientes el plan de lucha del gobierno destinado a contrarrestar el golpe de estado, a todas luces inminente. En la Unidad Popular, en tanto, mientras los comunistas buscaban acumular fuerzas sin romper la legalidad, los socialistas amenazaban con abandonar el gobierno si no se imponía una estrategia armada de toma del poder.

Y entonces se produjo el golpe, el suicido de Allende, los miles de detenidos, torturados, desaparecidos y exiliados. La historia conocida. Después de ver la película, me queda la impresión que el presidente chileno desencadenó con sus medidas revolucionarias una reacción – seguramente previsible para él - que no podía, no quería o no se animaba a contrarrestar. ¿Para qué enamorar a tanta gente, entonces? ¿Para lograr el gran fracaso de una gran idea? No lo puedo dilucidar.




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