Tita de Racing

10.01.2026

Arturo Jaimez Lucchetta


Tita Mattiussi, pionera y mártir de la Academia, a la vanguardia de la mujer en el fútbol argentino

Tita Mattiussi  (ph: Diario Olé)
Tita Mattiussi (ph: Diario Olé)

"Racing es todo para mi. Mi familia es Racing. Le doy gracias a mis viejos. Me queda poco tiempo de vida pero daría todo lo que tengo para solucionar los problemas de Racing", dijo la Tita, quien tenía 79 años cuando se declaró la quiebra del club, cinco meses antes de morir.

Para los que conocen de cerca la historia de la Academia, Tita Mattiussi es más importante que los ídolos y la dirigencia. Sin Tita no hubiese habido Chango Cárdenas, ni Intercontinental 1967, ni equipo de José. Tal vez por eso, los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores de aquella final, hicieron una vaquita y le pagaron el pasaje, tanto para el encuentro en Glasgow, como para el tercer partido en el Estadio Centenario de Montevideo. La Tita se paseó por Londres y por la capital de Escocia, con la misma indumentaria que caminaba las callejuelas angostas de Avellaneda, acompañando a sus jugadores.

Tita no podía faltar a la cita más importante de la historia de Racing y no faltó. Cómo no iba a estar esa figura materna que la mayoría de los futbolistas del plantel le debían el cariño, el apoyo, la comida y hasta la ropa limpia. "Tita fue una madre para mi, era un placer hablar con ella", recuerda Alfio Basile, uno de los referentes de los campeones del mundo.

Elena Margarita Mattiussi es un cimiento fundamental de la Academia, esto es literal; porque Tita nació en la casilla que ocupaban sus padres César y Aída, ubicada debajo de una tribuna del viejo estadio de Alsina y Colón. En ese mismo terreno donde se inauguró el Cilindro Presidente Perón en septiembre de 1950, estaba la cuna de Titina, como le decían de niña. En esos campos poco poblados creció, vivió una infancia humilde, ayudando a su madre con la tarea de lavado de indumentaria y cocina para el plantel superior y las divisiones inferiores.

Tita jugaba con los pibes de la pensión del club y hasta se enamoró de alguno. "Tita nació, aprendió a caminar y a hablar en Racing. Tita aprendió a decir Racing antes que a decir mamá. Tita se enamoró, sufrió por amor y murió en Racing", cuenta Marcelo Izquierdo, autor del libro Tita, 100 años de la madre de la Academia.

"Tita Mattiussi es la persona más importante de la historia de Racing. Decir que es la mujer más importante es minimizar su importancia. No hay jugador, ni técnico, ni dirigente que sea más importante que ella. Tita fue protagonista de las ocho décadas más gloriosas de la Academia", asegura el escritor, con el valor moral de ser un investigador riguroso y un racinguista consuetudinario.

Tita es la pionera de las mujeres en un mundo tan machista como el mundo del fútbol. Ella no fue sólo la hija del canchero y la lavandera. No se quedó sólo con su función doméstica, hereditaria cuando doña 'Ida' se fue poniendo vieja. Tita fue la madre sustituta de todos los pibes de la pensión que venían de otras ciudades y provincias. Fue la confidente de los adolescentes frustrados en momentos duros, lesiones, mal de amores, mal de olla, mal de distancia.

También era la que los bajaba a la tierra cuando se agrandaban.

El santiagueño Juan Carlos Cárdenas, autor del gol más emblemático de la historia de Racing, recordaba a Tita Mattiussi como una figura maternal y esencial en la vida de los jugadores, una hermana mayor que te brindaba todo su cariño: "La Tita te daba consejos hasta sobre fútbol, te decía cómo tenías que jugar. Te levantaba el ánimo cuando algo te salía mal. Para los chicos como yo, que veníamos de lejos y extrañábamos el pago, su presencia era vital", cuenta el 'Chango', emocionado.

No hay jugador que no la recuerde, no hay futbolista que ella olvide. "Yo los quiero a todos. A alguno más y a otros menos, pero los quiero a todos. Me enojo cuando no me vienen a ver, cuando no me llaman", declaraba Tita en una imperdible nota con el periodista Osvaldo Ardizzone, para la revista El Gráfico, en 1973:

"¿Sabe quién me escribió el otro día? Escalante. ¿Se acuerda de ese chico?... ¡Pobre! Anda solo allá por Guatemala... Se van, ¿vio? Esa es la pena que me da... Y todo por la maldita plata a veces... Pero no es culpa de los muchachos... Usted también los conoce... Uno es joven y quiere ganar... Quiere triunfar... A mí nunca me interesó la plata..., ¿por qué será?... Como mi papá... Soy igual que él... Siempre trabajando... Pero estoy contenta, igual estoy contenta... Solo me enojo y me pongo triste cuando algunos no me escriben ni me hablan o no me vienen a visitar".

A Tita no le importaba la plata, le importaba que todos tuvieran un plato de comida. Le molestaban las injusticias, por eso era una militante de la justicia social. Por eso mostraba con orgullo los cuadros de Evita y de Perón en el comedor de su casa. En ese lugar sagrado recibía, hablaba de política, de familia y de fútbol, o mejor, de Racing, que para ella era lo mismo.

Allí desfilaron figuras como Roberto Perfumo, el Panadero Díaz, el Coco Basile, Rubén Sosa, Juan José Rodríguez, Ubaldo Matildo Fillol y hasta el gran Juan José Pizzuti, director técnico de los campeones intercontinentales.

El Pato Fillol, arquero campeón del mundo en Argentina 1978 destacaba a Tita por los valores que inculcaba a todos los chicos de la Academia, incluso a quien ya era un futbolista consagrado y reconocido como el mejor portero del mundo:

"Tita y su familia vivían al lado de la cancha y ella se desvivía por los chicos, ofreciendo apoyo incluso cuando no había mucho para comer. Más allá de la comida que hacía con tanto amor, Tita era una consejera fuerte y honesta, que te preguntaba por la familia y nos mantenía con los pies en la tierra. Tita es Racing. Es la esencia misma de Racing, alguien que construyó un espacio propio en un mundo machista y que fue fundamental en la historia del club. Sin su apoyo yo no habría sido lo mismo", agradecía Fillol, quien conoció a Tita siendo un juvenil de 21 años que llegaba a Racing, luego de jugar para Quilmes en la Primera B y que volvió a la Academia siendo ya un veterano de 37.

El 'Pato' volvió al club, luego de brillar en la Selección, en River, en Brasil y en España, para darle a la Tita y a toda la grey blanquiceleste, la Supercopa Sudamericana en 1988.

Una vez más y, a pedido del plantel y cuerpo técnico, Tita viajó con la delegación y fue testigo de la gesta del Mineirao, en Belo Horizonte.

Podríamos decir que Tita Mattiussi dio la vida por Racing y por sus convicciones. Porque también mostró sus ovarios enfrentando a la dictadura, protegiendo a los chicos de la pensión. Aquel 22 de febrero de 1977, cuando un comando conjunto de la policía de Buenos Aires y el ejército fusiló a seis personas contra los muros del Cilindro de Avellaneda, Tita salió al playón de la cancha para ver lo que estaba sucediendo.

"Tita quedó cara a cara con los asesinos de la Dictadura Militar para defender a sus pibes, a uno de los cuales tuvo que contener porque quería ir a hacer la denuncia a la comisaría. Imagínate cómo hubiera terminado eso. Tita le salvó la vida a ese pibe", contó el escritor Marcelo Izquierdo.

Tita tenía 58 años y se enfrentó al grupo de tareas que acababa de perpetrar la masacre, en la que murieron cuatro hombres y dos mujeres, cuyos cuerpos aún no se han podido identificar, según versa en un cartel ubicado en las inmediaciones del estadio Presidente Perón.

El pelotón apuntó y amenazó a Tita quien volvió a entrar al estadio, que era su fortaleza.

Tita Mattiussi sintetiza el amateuriso y el profesionalismo de Racing, porque nació bajo el maderamen del viejo estadio, antes de que el fútbol fuese profesional, quizá de esa infancia le haya venido el desinterés por lo económico. Con su adolescencia, en 1931 llegó el profesionalismo a la AFA. Y ella era una verdadera profesional, que se levantaba a las seis de la mañana para poner todas las cosas en orden. Pero también guardaba ese sentimiento profundo de los potreros, que abundaban por la zona. Sobre su pieza y los tablones del viejo escenario que cuidaba su padre, César, Tita vio erguirse el estadio más imponente de esos tiempos; o sea que la casilla de los Mattiussi es la piedra basal del mítico Cilindro.

Tal vez por esa condición tan humana y rigurosa, tan eficiente y tan aficionada, Tita era respetada hasta por los hinchas de Independiente, en tiempos en que al Cilindro y la Doble Visera, los separaban los baldíos y la rivalidad no era una guerra.

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Dicen que se enamoró un par de veces, que una iba en serio, pero que el fulano, un rosarino que jugaba para Racing embarazó a otra piba y le rompió el corazón. Otros prefieren pensar que ese romance fue un mito y que la Tita solo se enamoró de Racing.

Lo verdaderamente importante es que al amor eterno entre Racing y Tita nadie pudo destruirlo. Ni la quiebra que puso en jaque la continuidad del club en marzo de 1999. Tita pronosticó que "nadie podrá matar a Racing" y no se equivocó, aunque tal vez esa etapa trágica en la que estuvo a punto de ser desalojada, aceleró su partida el 3 de agosto, cinco meses después de la presentación del quebranto por parte del presidente del club Daniel Lalín.

La Tita no quería grandes reconocimientos, se hubiese opuesto de plano al monumento que se yergue en su honor, a la par de las estatuas de Juan José Pizzuti y Reinaldo Carlos Merlo. Seguramente le caería mejor que se haya fundado un nuevo predio para las divisiones inferiores con su nombre, porque ella prefería quedar en el inconsciente colectivo de Racing y del fútbol argentino, por esa condición que tan bien describe el poeta y periodista Osvaldo Ardizzone:

"Uno piensa que la vida produce personas como la Tita. Que sólo aprendió a vivir para los demás. Transfiriéndose siempre. Que nunca duda. Que nunca vacila. Que nunca desconfía. Que nunca oculta sus sentimientos. Que hasta participa de todos los problemas de esos jugadores que pasaron y siguen pasando por ahí... Que conoce cada uno de los acontecimientos de la vida de cada uno... Que sabe de las novias, de los aniversarios de casamiento. Del cumpleaños de los hijos. Que se adhiere al fracaso. Que participa del triunfo... Y comprobó que siente el halago de la visita de los demás y del recuerdo de una llamada telefónica, de una carta que el Pato Pastoriza despacha desde Mónaco..."

A Tita Mattiussi, la mujer que nació, creció y murió en Racing. La mujer que parió a la Academia.

Racing, bendita sea la madre que te parió...





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