Un tal Marcos en Bella Vista

10.06.2026

Yael Noris Ferri

Andrés Rivera (Foto: Revista Anfibia)
Andrés Rivera (Foto: Revista Anfibia)

El mayor y más agudo pecado de juventud, en su doble resonancia, es tal vez la ignorancia. Provoca detención y propulsión. Si se es joven el no saber es condición de ese estado. Una condición de búsqueda y de apertura del deseo. Otras veces la ignorancia detiene, obtura, petrifica.

Tenía 19 años cuando cursaba mis estudios en un terciario que terminaba muy tarde. Al finalizar la jornada nos íbamos con una compañera caminando hacia la plaza San Martín donde pasaban los colectivos por la calle San Jerónimo. Compartíamos un cigarrillo entre las dos, a veces solo silencio, otras, alguna cita que nos quedaba dando vueltas de la clase. Una de esas noches me preguntó si quería trabajar en la biblioteca de Bella Vista.

Nos encontramos con un tal Juan y cerca de la Cañada firmamos un acuerdo para ir dos veces a la semana juntas, por el peligro que implicaba el barrio. Bella Vista tenía calles de tierra y la biblioteca estaba al frente de una huerta. Yo servía mate cocido, pan, leía a algunos pibes y me sentaba en el umbral de la puerta a ver la huerta. También observaba a un tipo grande, alto, que los pibitos seguían, abrazaban, se le colgaban. Otras veces se sentaban y él les hablaba o leía. Marcos, así lo llamaban. La profesora de filosofía del terciario nos había fotocopiado algunos capítulos de "La revolución es un sueño eterno" y la bibliotecaria había logrado comprar dos ejemplares que pude leer.

¡Marcos, Marcos!, ese nombre gritaban los pibes.

Marcos tenía un caminar pausado y una mirada clara que resaltaba en la opacidad de la tierra, del paisaje, en la polvareda que dejaba un auto cuando pasaba. A veces no puedo recordar si realmente las calles eran de tierra o la tierra venía de la huerta. La biblioteca era para mí un refugio que podía salvarme de muchos dolores. Cuando la frecuentaba no solo leía a otros sino que también me traía varios libros para leer en el colectivo.

Cuando escribo esto, recuerdo aquel poema de Bukowski llamado "El incendio de un sueño":

"Maravilloso lugar
la Biblioteca Pública de Los Ángeles
fue un hogar para alguien que había tenido un
hogar
infernal…"

Un día de esos, cuando ya casi se terminaba mi contrato con la biblioteca, un pibe de ojos brillantes me preguntó si conocía a Marcos. Los de alrededor comenzaron a reírse como sucede con los secretos a voces y ante mi propia ingenuidad. En ese instante entró Marcos y preguntó por la causa de tanta risa. El pibito me señaló y dijo: "ella no sabe que vos sos El Andrés y que te ganaste el premio".

Frente a mi desconcierto y esa especie de neblina mental, Andrés se acercó y me dijo: "escribo flaca, y uso el seudónimo Andrés Rivera".

Los pibes se reían de mi cara de novata, luego algo dije de la revolución y él asintió con un gesto y se llevó los pibes a la huerta. En el poco tiempo que me quedaba debo haber tenido dos conversaciones más con Andrés. Como los pibes, me sentaba en el piso y tomaba nota. No tenía a quién confesarle mi secreto. Me lo guardé.

El no saber fue y es marca en mi vida. La biblioteca me enseñó a hablar y leer literatura de otra manera. Había una ética y una responsabilidad que se hizo carne en los que pasábamos por allí. Se puede saber de historia, de cultura y ser un especialista, pero se comprueba si eso mismo lo podés transmitir, se lo podés contar a los pibes.

Hace un año estaba en Mar del Plata recorriendo librerías, y encontré una nueva edición de "La revolución es un sueño eterno". Luego comenzó una extraña furia por releer "al Andrés", como le decían los pibes. Leí: "Ese Manco Paz", "Hay que matar", "Punto final", "Cría de asesinos", entre varios más. Y me quedé con mi favorita, "Guardia Blanca", una novela irónica que grafica detenidamente el paisaje de un personaje, un país, sus derrotas, con la pluma afilada de un gran escritor.

La novela está dividida en dos partes, abre Despeñaderos, una novela corta, y cierra Guardia blanca, un cuento largo.

Despeñaderos está protagonizada por Pablo Fontán, nombre del personaje que mira, espera, lee, recuerda y se encuentra con algún amigo en su departamento del barrio de Belgrano, en Buenos Aires. Rivera escribe sobre Fontán: "Es un anciano. Y está solo. Y esa convicción y ese hecho no dibujan una figura patética en el viejo". Desde su ventana mira el Río de la Plata y allí se hacen presente los desaparecidos. En la página veintiuno aparece una fotografía de un grafiti que dice:

Y El Pato?
Y El Chula?
Y Viky?
Y Pablo?
Y Jorge?

Quisiera resaltar algunos detalles orientaron mi lectura. Uno es el gusto que Andrés tenía por el cine. Recordé tarde que los viernes pasaban películas en Bella Vista. Nunca fui. La tapa de la novela editada por Seix Barral es la de la protagonista de la película "El ángel azul".

Aparecen los encuentros con Jorge Onetti, la odisea para verlo, la dictadura de Uruguay y el exilio.

Es imposible no leer, entrelíneas, la carga autobiográfica; detrás del personaje Natalia Duval se entrevé a Susana Fiorito, su compañera de años. Natalia Duval narra su trabajo al frente de la Biblioteca de Bella Vista. Fontán le cuestiona a Duval el origen de la fortuna familiar y la efectividad del trabajo con los chicos de la zona. "¿Una biblioteca, en un barrio de la ciudad de Córdoba, equivale a La Comuna de París?". Esa mujer de 80 años es también "una respuesta a los que presumen tener respuestas a las preguntas más áridas y desventuradas que puedan concebir los que dicen que así se cocina la Historia".

Hay una operación clara y persistente en Rivera, narrar memoria, escribir los crímenes sin perdón. Rivera nombra a María Marta García Belsunce, Nora Dalmasso, Rosana Galliano, relacionados a la cultura de los countries, con los cajoneos del poder en Córdoba, con el dinero que sobrevuela los asesinatos. "Los ricos son diferentes, sí –anota Rivera–. Pero se aburren. Y, entonces, matan."(...) "Emoción, la de matar –sigue–, que se proporcionaron los miembros de las SS y de la Gestapo, los marinos y fusiladores de Trelew. Emoción que viven, hoy, los policías del mundo, no importa el uniforme que carguen, no importa la religión que dicen profesar."

Como parte de su gran obra literaria esta novela narra, a partir de una fragmentación por momentos pictórica, por otros cinematográfica, un continuum temático: la explotación y el sometimiento y, como formas de eso, el dinero y el trabajo, el sexo y el crimen, la política.

Vayan por el libro y recuerden que en esta ciudad tuvimos a Marcos caminando con los pibes por las calles de Bella Vista.



Nació en la ciudad de Córdoba. Lee y escribe. Practica psicoanálisis en un consultorio de barrio Alberdi. Es autora de la novela: "La torre de ángeles" Ediciones del Callejón. Coautora del libro: "Locura y creación" Xoroi Edicions. Ha publicado diversos ensayos, artículos, reseñas que vinculan literatura /psicoanálisis en revistas especializadas y de cultura en Argentina como en otros países. Investiga sobre el concepto de Memoria y derechos humanos, realizando publicaciones como actos en referencia al valor de la Memoria colectiva y a obras literarias que narran el valor del testimonio.



Deja tu comentario

Share